Y moverse como un puma que fuera un león, un negro que fuera azul, un depredador con corona, un líder querido que fuera incomprendido por la temerosa, cobarde hipocresía de una época.
Un verano hace cosa de cinco años un puma llegó a Barcelona con la intención de convertirse en león a base de correr como un negro para vivir como un blanco, hoy se marcha a Milán con la total certeza de haberlo conseguido.
Con convicción de ser blaugrana después de un intenso culebrón, de decir no a muchos, de desestimar ofertas mareantes, de plantar a Florentino y quién sabe que más cosas, empezó a hacer lo que mejor sabía, lo que mejor sabe, marcar goles sin pausa, sin piedad desde el principio, convirtiéndose en el matador del equipo y del campeonato, balones de distintos colores, supremacía en el continente negro, pichichis y otros premios, amén de la gloria robada por messis, ronaldinhos y forlanes desconsiderados y osados, más de 130 que se echarán de menos, un abrelatas de lujo pues entre la colección de alumínicos envases abiertos y templos profanados, figuran Saint-Denis y Stadio Olímpico, París y Roma, dos estadios, dos ciudades, dos finales de Liga de Campeones, dos triunfos históricos a los que Ligas, Copas y Supercopas siguen. Todo aderezado con un factor diferencial, un carácter ganador implacable, un ansia insuperable, un hambre insaciable que le hacen ser quien es y que lamentablemente muchos vieron con malos ojos y que muy probablemente hoy le abren las puertas del Camp Nou para que tarde en volver o tal vez nunca lo haga, pero su legado quedará para siempre en los libros y nuestras memorias y algún día podremos decir que vimos jugar a aquel negro que algunos veían azul, aquel que llevaba el nueve a la espalda inconfundiblemente, , aquel que provocaba gemidos de rabia y arrepentimiento a más de un presidente insensato y prepotente y dolor de cabeza y mal de envidia a toda una afición, a cada gol, con cada pesadilla de un beatificado portero que de seguro tampoco podrá olvidarle, aquel que tenía muchos “hermanos” y un “abuelo” en el mundo del fútbol, aquel que peleaba hasta la extenuación y se partía la cara con cada rival y después les sonreía y acariciaba, aquel que impío fusilaba a cada guardameta y protestaba a cada árbitro y luego les abrazaba y animaba, aquel que abandonaba un terreno de juego abanderado de la lucha contra la lacra del racismo, aquel de corazón humano y causas solidarias que coleccionaba y regalaba coches a las gentes de un país que lo adoraba tanto como él les adoraba a ellos y en el que era más importante que el propio rey, aquel que tan genuinamente se acordó de pedir el saludo del eterno rival en un espontáneo acto que le salió del alma y que también quedará para siempre sin importar platos y manos que dieran de comer en forzados arrepentimientos posteriores, a un tal Samuel Eto’o, al que entonces dirán que fue, el mejor delantero de la historia del Barça.
Después de tantos momentos inolvidables, sólo puedo estar seguro de que en nuestros corazones tus rugidos tan largamente unidos a nuestras sístoles y diástoles tardarán en dejar de sentirse, y gracias parece ahora una palabra demasiado pequeña.
Mucha suerte Samu, mucha suerte campeón.
In the jungle, the mighty jungle, the lion sleeps tonight…




















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