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El Experimento Wenger

Miércoles, 18 Agosto, 2010

Al poco de comunicarle a Cesc Fábregas que el Arsenal no accedería a firmar su pase al Barcelona este verano, el aclamado y recientemente renovado (acaba de prolongar su contrato con los “gunners” hasta 2014) Arsène Wenger trató de consolar a su capitán y a su plantilla de pimpollos en el discurso de inicio de la temporada: “Ya estáis maduros, ganaremos algún título.” Lo que uno se pregunta a día de hoy es: ¿y qué caray les dijo en los últimos 6 o 7 años? Como pueden comprobar, uno no es un fan del técnico francés ni de su manera de entender un equipo de fútbol, aun a sabiendas de su valiente propuesta futbolística y de la metamorfosis que ha inducido al antaño tradicionalista y vetusto club del norte de Londres. En unos días en que se especula con que Guardiola rellenará los huecos de la actual plantilla del Barça íntegramente con los prometedores chavales de la masía, permítanme reflexionar sobre lo que yo llamo el Experimento Wenger.

No se tiren de los pelos todavía, uno es culé y como tal babea al ver como el primer equipo recibe año tras año la llegada de nuevos talentos salidos de nuestra escuela de fútbol, la más prestigiosa del mundo. Su triunfo es posiblemente el mayor orgullo que tenemos hoy en día los culés. Es necesario resaltar aquí un dato que marca una diferencia capital entre la filosofía Barça y el Experimento Wenger, y que sorprendentemente parece pasar desapercibido a ojos de algunos gurús de la prensa deportiva nacional e internacional:  el Arsenal no tiene cantera.  De entre los grandes clubs de Europa, ¿saben ustedes cuál es el que más dinero invierte en su escuela de formación? Ninguno errará si responde que ese club es el Barça. Parece obvio. Por contra, ¿saben cuál es el club europeo que menos gasta en su cantera? De no ser por los derroteros por los que ya pueden intuir se encaminan estas líneas, pocos de ustedes hubieran adivinado que ese club no es otro que el Arsenal de Arsène Wenger. Se preguntarán cómo es posible que un club que hace 5 años estaba formado por veinteañeros (y que intuyo lo seguirá estando dentro de 5 años más) no invierta ni una pequeña parte del dineral que en los últimos años ha venido ganando venta tras venta en potenciar su fútbol base. La respuesta es inmediata: no lo necesitan.

Tanto los directivos del club como el propio Wenger se mostraron molestos por la, según ellos, desleal forma de proceder de Laporta y su directiva a la hora de intentar traer de vuelta a Cesc al Camp Nou en los días finales de su mandato. No será un servidor el que se dedique a dar lecciones sobre ética futbolística, dejemos los comportamientos caballerescos para asuntos menos viscerales que el fútbol. En cambio sí se puede decir, y es un dato contrastable, que la actual plantilla del Arsenal, con tan sólo 5 jugadores británicos, como las que inmediatamente la precedieron (97′5% de jugadores extranjeros hace tan sólo dos años) han sido adquiridas a precio de saldo tras el constante hostigamiento y saqueo al que Wenger y su aclamada red de ojeadores han sometido a medio mundo futbolístico. Algunos se preguntarán, y están legitimados para ello, que tiene de reprochable que en el Emirates Stadium se tenga tanta fe en los jugadores jóvenes; ¿no es una actitud valiente y digna de ser aplaudida? A lo que uno contestaría: ¿De verdad creen que todos los jugadores que han pasado por las manos de Wenger no hubieran llegado a ser profesionales creciendo en sus clubes de origen? ¿Es que Cesc, que jugaba para el club europeo que más y mejores jugadores promociona des de su base, no hubiera llegado a debutar en el primer equipo del Barça? ¿Hubiera debutado Pedrito en el Arsenal?  (¿Si mi abuela tuviera un pizelo, sería mi abuelo?) Y finalmente, ¿ha valido la pena? Muchos responderán que indudable y rotundamente sí. Déjenme disentir.

Hace escasos días, la página web del Arsenal anunciaba la renovación de su manager, y este se dirigía a los “suporters”: “Firmar un nuevo acuerdo significa que puedo ver a este talentoso grupo de jugadores alcanzar su potencial. Creedme cuando digo que están preparados para conseguir resultados.” Estarán de acuerdo conmigo que de haber sido la trayectoria del equipo tan exitosa como algunos quieren publicitar, el bueno de Arsène Wenger no tendría ninguna necesidad de dar explicaciones y pedir crédito a su gente. Sus vitrinas no reciben un trofeo des de la Copa Inglesa en 2005, y su última Liga data del año anterior, 2004. (Los que piensen en la final de la Copa de Europa de 2006, y sin pretender quitar mérito al conjunto inglés, déjenme preguntarme qué hubiera pasado si en lugar de enfrentar al Villareal de Pellegrini en las semifinales los “gunners” hubieran tenido que vérselas con el Milan de Shevchenko, al que el Barça derrotó no sin algún que otro apuro, gol anulado incluído.)

Volviendo a Barcelona, la pregunta es si es correcta la decisión de dar por cerrada la plantilla con la incorporación de 3 o 4 futbolistas del Barça B para suplir las bajas de Henry, Márquez, Chigrinski y, sobretodo, Yaya Touré (en una plantilla que recordemos ya se tildaba de corta el año pasado, amén de la aparición estelar de Pedro). Posiblemente pensarán que a tenor de la forma que mostraron a lo largo de la pasada campaña no será difícil sustituir a los tres primeros, aunque nunca es bueno sufrir dos bajas en el centro de la defensa. El caso del marfileño es más peliagudo. Volviendo a Cesc Fábregas,  si el chaval tenía tantas ganas de venir como se decía y un club vendedor como el Arsenal ha logrado retenerlo por imposición, porque el Barça no aprende de una vez y no ha retenido a un jugador clave como Touré, aun en contra de su voluntad? A su llegada uno no era demasiado optimista sobre el éxito del fichaje, pero la verdad es que partido tras partido el colosal Yaya ha ido conquistando el corazón y las tripas de la culerada. Decía B.J. Armstrong, sobre Scottie Pippen, con quien que compartió vestuario y cancha en los legendarios Chicago Bulls de Michael Jordan: “no sé en que posición jugaba, sólo tengo claro que era jugador de baloncesto.” Lo mismo se puede decir de Yaya Touré. Me parece muy osado tratar de suplir un jugador como éste con un debutante de la cantera, por muy sorprendentes y positivos que hayan sido los descubrimientos de Busquets y Pedrito, o por muy prometedoras que sean las carreras de los Thiago, dos Santos, Romeu y compañía, que este año tienen incluso la posibilidad de foguearse en una competición tan exigente como es la Segunda División española.

Si algo ha caracterizado a nuestra exitosa política de cantera ha sido la paciencia. Recordemos que el mismísimo Iniesta no disfrutó de la titularidad hasta hace escasamente dos años y medio: no era ni mucho menos titular en el Barça victorioso de Rijkaard, y no eran pocos los que veían inviable su compatibilidad con Xavi en el centro del campo, algo que actualmente sería considerado poco menos que una herejía. Hoy es considerado uno de los tres mejores futbolistas del mundo. Por mucha fe que tengamos en las decisiones de Guardiola (¡alabado sea!), nuestro club no debería hacer experimentos estilo Wenger, somos mejores y más inteligentes que eso.

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Sobre la Teoría de la Relatividad

Lunes, 26 Abril, 2010

Hace algunas semanas leía en El País un estupendo artículo titulado Einstein o la Teoría de Guardiola, de Juan Cruz (no dejen de pinchar el link y dedicar unos minutos a su lectura). Pueden estar tranquilos, este sigue siendo un blog de temática deportiva (para bien o para mal), pero a pocas horas del choque de vuelta de las Semifinales de la Copa de Europa en el Camp Nou, en que los culés partimos en clara desventaja, permítanme aprovechar la Teoría de la Relatividad de Einstein para esclarecer algunos aspectos de la situación deportiva e institucional en que se encuentra el Club, y que algunos culés (así como la absoluta totalidad de los merengones) debería tener muy presente, se materialice o no la difícil remontada.

Existe la tendencia popular (y el mencionado artículo no es una excepción) de sucumbir a la tentación de resumir el más famoso de los trabajos de Einstein, laTeoría de la Relatividad, en la publicitada y simplona frase “todo es relativo”. Falso. De hecho, inicialmente el propio Einstein bautizó su teoría como lo que en una burda traducción del alemán vendría a ser “la teoría de las cosas invariables”, es decir, todo lo contrario de lo que sugiere el nombre que sus divulgadores se encargaron de publicitar. Por lo tanto, no todo es relativo (¡y menos mal!).

Piensen un momento en las tremendas  implicaciones de esta idea. Lo relativo es aquello que se ve distinto des de distintos puntos de vista, que cambia según el prisma con que es observado. Es cierto, Einstein obtuvo un resultado sorprendente e irrefutable: el paso del tiempo es relativo, es decir, es distinto según se mire des de distintos puntos de vista. En términos físicos, varía según sea medido por observadores en movimiento relativo entre sí. Esto es: el tiempo pasa a distinto ritmo para dos observadores que viajan a distintas velocidades (y no lo duden, es una conclusión completamente cierta, por ejemplo el GPS de su coche no funcionaría sin ella). Seguramente aquí radica el origen del error en que incurre la sabiduría popular. ¡Qué triste sería el universo de ser esta la ley que lo rigiera! La gran noticia que Einstein anunció al mundo es que en el universo existen cosas que no son relativas, es decir, cosas invariables, verdades absolutas, y lo absoluto es universal. La naturaleza nos ofrece pues puntos de apoyo perpetuos, perennes, nuestras únicas herramientas para calibrar el mundo de manera crítica e imparcial, sin la distorsión de lo que es relativo y fútil. ¿No son estas las cosas importantes, tanto en la física como en la vida (y por ende en el fútbol)? Es la estrella polar la que guía al viajero no por ser la más brillante, sino por permanecer estática en todos los cielos de la Tierra.

Sin duda la pregunta que el lector se planteará llegados a este punto será: y cuáles son esas cosas? Si ni siquiera el tiempo es absoluto (no existe un reloj universal), qué podría serlo? Pues si les dijera que el Producto de Minkovski del cuatri-vector Cantidad de Movimiento es un invariable relativista posiblemente dejarían de leer mi palabrería para dedicar su tiempo a mejores ocupaciones (si es que aún no lo ha hecho ya), bien sea porque lo que quieren es leer sobre el partido del miércoles o porque están lo suficientemente formados en física teórica como para saber que la métrica de Minkovski sólo aplica a la Relatividad Restringida, no a la General (para éstos últimos lectores, no se apuren, todo a su debido tiempo). A cambio les citaré el enunciado del Principio de Relatividad General de Einstein: “Las Leyes de la Física son invariables para cualquier sistema de referencia” (entiéndase por sistemas de referencia observadores o puntos de vista). Las Leyes de la Física son por tanto universales (conclusión que lejos de ser trivial podría decepcionar a más de uno por su obviedad, pero que les aseguro trajo de cabeza a todas las generaciones de físicos anteriores a Einstein des de Galileo).

Qué relación guarda todo esto con el desenlace de la eliminatoria contra el Inter? Como ya mostré hace tiempo en mi (aclamadísimo…) post Sobre Tristezas y Famas tras la gloriosa derrota del gigante Getafe contra el minúsculo Bayern de Munich, uno está completamente de acuerdo con Napoleón: “Una derrota contada con todo lujo de detalles es indistinguible de una victoria.” Victoria y a derrota son conceptos rematadamente relativos, y por tanto irrelevantes. Alguno pensará que no existe mayor alarde de hipocresía que el que contienen estas líneas: lo que queremos todos es ganar, faltaría más, y uno no es ni por asomo una excepción. Pero no es menos cierto que el futbolero no va al campo solamente para ver ganar a su equipo (a no ser que sea merengón) o a ver espectáculo (a no ser que sea japonés). Todos quieren alcanzar la cumbre, pero pocos se atreven a atacarla por la senda del Barcelona, buscando la portería contraria des del minuto 1 al 90 sin siquiera echar un ojo furtivo al marcador, al reloj o a los colores de la camiseta rival.

El pueblo llena los estadios para reír y llorar, gritar hasta desgañitarse, llenarse de orgullo o desinflarse de tristeza… Como argumentaba en  el post citado, en definitiva uno va al campo a sufrir y, sobretodo, a sentir; algo que los culés hemos podido hacer a mares a lo largo de este año y medio. Qué precio pondría usted a eso? Qué precio le pondría Florentino? No es esta una idea que subyuga a la posible victoria o derrota de este miércoles? Nuestra manera de entender este deporte, nuestra idea de lo que es un equipo de fútbol, supera los marcadores y los trofeos alzados, porque el camino que hemos escogido, absoluta y conceptualmente universal en su forma y su contenido, ha sido y seguirá siendo el más altivo y ambicioso de cuantos se pueden recorrer en el planeta fútbol. El profeta Johan Cruyff suele decir que “nunca recibí tantas felicitaciones por ninguna victoria como las que recibí por perder el Mundial de Alemania’74.” Ningún holandés siente un ápice menos de orgullo por la derrota de los suyos ante la Alemania de Beckenbauer que el que hubieran sentido en caso de victoria (uno iría incluso más allá y diría que sus emociones al evocar la derrota son más profundas que las que sentirían de haberse alzado con la Copa del Mundo).

Es más, en su primera aproximación a la Teoría de la Relatividad, su vertiente bautizada como “Especial” o “Restringida”, Einstein limitó el enunciado a los “sistemas de referencia inerciales”, es decir a los observadores que se mueven a velocidades constantes e invariables entre sí, sin aceleraciones ni cambios de dirección. A pesar de los extraordinarios resultados que obtuvo, su implacable intuición (y porque no decirlo, sus convicciones filosóficas) le empujaron a ir más allá, extendiendo su teoría a “cualquier sistema de referencia” (incluyendo por tanto los observadores acelerados entre sí), y dando lugar a la versión “General” de su teoría. El principal obstáculo que encontró parecía insalvable: las leyes de la física cambiaban de forma ante tales observadores, no conservaban su espíritu. La absoluta convicción en la existencia de lo universal le llevó entonces a una ingeniosa y sorprendente revelación: no es la ley física la que cambia, sino el propio espacio-tiempo, el tejido en que nos movemos y la observamos. No sólo existe lo universal, que prevalece sobre lo relativo; además lo conceptual prevalece sobre lo material. De igual forma nuestra idea de fútbol, el alma misma de nuestra propuesta futbolística, ha de prevalecer sobre el resultado del miércoles, sea cual sea éste.

Cuando Einstein desarrolló su teoría “restringida” de la Relatividad, aplicando su postulado al Principio de Conservación de la Energía (que por ser ley física debe ser universal) se topó, casi accidentalmente y sin que fuera su principal objetivo, con un resultado aparentemente alejado de sus estudios, de consecuencias estruendosas y que hoy constituye uno de los mayores logros de la historia de la ciencia: E=mc2. La ecuación pregonaba a los cuatro vientos que masa y energía son una misma cosa: la divisa del universo, la moneda de cambio universal. Estamos hecho de la misma entelequia que las estrellas. Por que no pensar que al seguir nuestro camino, nuestra intuición y convicciones más profundas, al destino no nos reserva un resultado a la altura de nuestra ambición! Si bien uno confía plenamente en nuestra victoria (5-1 en la porra, como contra el Chelsea en el 2000!), tiene que anticipar que, ganemos o perdamos, nuestra actitud como Club debe ser la de continuar en la dirección que tantos dividendos nos ha arrojado en los últimos 20 años, por ser esta universal y ajena a toda relatividad resultadista. Que todo el mundo (y en especial el lector merengón) tenga clara esta implacable conclusión: las mismísimas leyes del universo dictan que, ganemos o perdamos este partido, seguiremos siendo los mejores.

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En Buenas Manos

Viernes, 19 Marzo, 2010

“La junta directiva ideal estaría compuesta por tres hombres: dos muertos y un agonizante.” Mucha gente de fútbol como el viejo gruñón Bill Shankly compartirán seguramente su opinión. En los últimos tiempos y en lo que al Barça se refiere, encontraríamos tristemente  multitud de socios, hinchas, periodistas e integrantes de ese extraño y etéreo ente que Johan Cruyff bautizó tan exitosamente como “el entorno”, que firmarían letra por letra tal afirmación, seguramente con el nombre de Joan Laporta como blanco de sus peores pensamientos.

Como ya hice en alguno de mis anteriores posts, y recordándoles que uno no se autodefine como “laportista” aunque a algunos les pueda parecer todo lo contrario, permítanme en lo que sigue alejarme un poco del mundanal ruido e intentar poner algunas cosas en su sitio, con el fin de ejercer una modesta defensa de la labor que esta presidente y su junta directiva ha venido haciendo en estos últimos años al timón del Club.

Des de hace ya mucho (demasiado) tiempo, existe un ámplio sector de la prensa española que tiene en el punto de mira de sus críticas a Joan Laporta, ya sea por la berborrea de su famoso loro, sus escarceos con la política o simplemente por su gestión al frente de la entidad. Han sido varias las ocasiones en que, en este mismo espacio, me he permitido la licencia de aplaudir sus decisiones, como también de lamentar amargamente otras (Modernizando, remodelando, rompiendo…), lo cual creo me exime de toda sospecha de parcialidad u oportunismo, tras los grandes resultados del equipo en estos últimos meses.

Hace ya casi siete años, el entonces candidato a la presidencia Jordi Majó decía, tras la bochornosa gestión de Joan Gaspart al frente de la entidad y el desánimo general de la “culerada”, que el objetivo del proyecto deportivo del nuevo Barça debía ser el de conseguir “dos Copas de Europa en ocho años” (entiéndanse dos legislaturas), que situarían al Club a la una altura acorde con su grandeza social y económica. Hoy el Barça es la escuadra más admirada y exitosa del mundo, con una estructura de equipo y una política de cantera que son la envidia de todo el planeta fútbol. Tras alzarnos con nuestra tercera Champions League, Joan Laporta pronunció una frase histórica y a mi entender más que acertada: “Tengo la sensación que con este triunfo el Club entra  por fin en la normalidad.” Suscribo completamente su opinión.

En términos deportivos el éxito de la gestión de Laporta es pues absolutamente indiscutible, y uno tiene la firme convicción que al final lo que cuenta es la pelota. Como decía Maradona sobre la FIFA antes de convertirse (para bien o para mal) en seleccionador argentino “Blater [léase los directivos del fútbol] es un esclavo de los futbolistas”. No olvidemos que algunos candidatos como Josep Maria Miguella, quien siempre se ha permitido la licencia de criticar las decisiones de la actual junta, esgrimía como bazas electorales nombres como D’Alessandro, Nihat, Petrov o Makaay.  Las bazas de Majó eran Karpin y Kezman. Algunos pensarán que los primeros triunfos conseguidos por el Barça de RijkaardRonaldinho fueron mérito de Sandro Rossell, quien negoció con gran habilidad la contratación del astro brasileño (al que, no olvidemos, tanto debemos), así como las incorporaciones de otros puntales de ese equipo campeón, como Deco, Márquez o Belletti. No hay que olvidar las intenciones del mismo Sandro, que tras una mala primera vuelta quiso cesar a Rijkaard para canviarlo por Luís Felipe Scolari, quien des de entonces ha fracasado allí donde ha entrenado, (si bien es cierto que nunca sabremos el rendimiento que hubiera dado en el Barça). Más tarde Rosell defendió la contratación de Luís Fabiano o incluso del problemático Adriano (que en ese momento era uno de los futbolistas más caros del mundo) por delante de Samuel Eto’o. La cabeza fría de Laporta y su confianza en la labor de Rijkaard (recordemos, tras una humillante derrota por 5 a 1 en Málaga) está sin lugar a dudas a la altura de la defensa a ultranza que Núñez, en contra de la opinión de su junta directiva al completo, otorgó a Cruyff su momento, y que es considerada hoy como una decisión clave en la exitosa historia reciente del Club. Es un hecho que en materia deportiva, Laporta ha sabido (bien sea por acierto personal, accidente, fortuna o combinación de todas ellas) rodearse de la gente que el Club ha necesitado en todo momento, incluídos Txiki (al que ya dediqué una modesta Oda hace ya algún tiempo), Rijkaard, el propio Rosell o el mismo Pep Guardiola.

A pesar de los éxitos deportivos, hay quien sigue manteniendo que el Barça merece un presidente mejor que Joan Laporta, cuyas formas han sido en demasiadas ocasiones muy reprochables. Su actitud inflexible con respecto a algunos temas internos y sus apariciones públicas, en demasiadas ocasiones esperpénticas y lamentables, no deberían ser propias de una cargo a la altura del que ostenta. Por otro lado hay un sector de la prensa, definida por el propio presidente como  ” la caverna mediática española” que se dedica con demasiado interés ha ensañarse con dichas actitudes. No será uno sospechoso de compartir las ideas políticas de Laporta (en absoluto), ni conoce las segundas intenciones que podría tener en tal dirección, pero uno tiene que reconocer que sus palabras me parecen de una exactitud aplastante.

Qué decir de la tristemente publicitada moción de censura, promovida por el (enigmático, anónimo, independiente…) socio Oriol Giralt. Imaginen por un momento y a toro pasado, la catástrofe que hubiera supuesto para el equipo y sobretodo para la entidad (¡a sólo un año y medio para la finalización del mandato!)  la convocatoria de unas elecciones anticipadas, con todo el huracán mediático y autodestructivo que suele envolver al Club en tales situaciones para disfrute de algunos sectores periodísticos citados mas arriba, un revuelo de tal calibre, justo en el momento en que el equipo que ha conquistado la perfección en 2009 se encontraba en las fases más primarias de su proceso hembrionario, y todo armado alrededor de motivos puramente extradeportivos.

“¿Los hooligans en el fútbol ? Bueno, están ahí, pero la verdad es que creo que hay bastantes más en la Cámara de los Comunes que en los campos ingleses”. Valga la afirmación del gran Brian Clough (“¡Long live Brian Clough!”) para ejemplificar tanto la inesnsatez que impera entre aquellos quienes poseen el poder de decisión sobre la competiciones futbolísticas (ya sean directivos de clubes, miembros del “entorno”, FIFAs, UEFAs, etc.), blanco de la ironía de Bill Shankly, como también la de los grupos ultras que utilizan el deporte para ejercitar su estupidez. Habrá quienes pensarán, sobretodo en la capital, que Laporta se comporta en algunos sentidos y ocasiones como un hooligan, pero el hecho es que a la altura de la magnífica gestión deportiva, el gran logro de la presidencia de Laporta ha sido, sin lugar a la menor duda, la expulsión de los violentos de las gradas del Camp Nou. ¿Cuantos de los que se atreven a aleccionar a la presidencia del Club sobre la gestión de la entidad habrían tenido el aguante y el valor de enfrentarse a la ira de unos tipos cuya peligrosidad sólo es comparable a una estupidez? ¿Por que hasta la fecha el Club había cargado con unos gángsters de poca monta que se quieren hacer llamar orgullosamente “locos”, y que para colmo de males lo escriben con faltas de ortografía? (”boixos” en catalán es un tipo de arbusto, y no “locos”, que se escribe con jota y que supongo sería como estos energúmenos desearían ser llamados). Sorprende lo poco que se ha reconocido y publicitado la valentía de la actual directiva en este sentido, la primera y la única en todo el mundo que se ha atrevido a lidiar con un problema tristemente tan global. Algunos defienden que existen intereses ocultos en tal gesto, pero el resultado final e irrefutable es que los violentos ya no habitan en el Club, lo que en un mundo sensato debería haber sido una noticia de impacto y largo alcance.

Algunos opinarán que Joan Laporta ha tenido suerte, que ha tenido comportamientos impropios de su cargo, y que puede que se sirva en un futuro próximo de la posición mediática que ha ocupado como trampolín hacia aventuras personales. Otros dirán simplemente que ha servido al Club de manera desinteresada, sincera y sobretodo exitosa. Sea como sea, los resultados dictan que antes de su llegada el Club era un caos organizativo y económico, un equipo a la deriva y una entidad sumida en un pesimismo enquistado e interminables luchas internas. Siete años después, el Club ha escrito las páginas más brillantes de su historia, despertando la admiración y la envidia de todo el planeta fútbol. Dos veces campeón de Europa (con el Bernabéu en el horizonte…) y actualmente campeón del mundo, comparado con las escuadras más legendarias de la historia y completando el mejor año de la historia de un club de fútbol, enterrando el clásico pesimismo culé con un 60% de jugadores de la casa y practicando un fútbol espectáculo marcado ya a fuego en el mismo ADN del Club.

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El Mosquetero

Jueves, 20 Agosto, 2009

Pinta de mosquetero, planta de futbolista. Narizota generosa, bigote estilizado, perilla recortada y media melena de espadachín, tan larga como para entregarle a un aire aventurero y tan corta como requiere el oficio de estilista del estoque. El mismísimo D’Artagnan. Brazos infinitos, porte de gigante y torso de bronce, como el Perseo de Cellini. No me cansaré de repetir que jamás le haría favores sexuales a ningún futbolista, entrenador, directivo, o demás personajes del mundillo, pero lo cierto es que uno está exultante con la llegada de Zlatan Ibrahimovic al Barça, al que colocaría sin dudarlo en el “top five” de los mejores futbolistas del mundo (por no situarlo directamente en el podio, lo cual podría llevar a más de uno a tacharme de oportunista, y no sin falta de argumentos).

Cuando Ángelo Moratti, presidente del Inter durante su época dorada en los 60, y padre de Massimo, actual presidente del club, vio a un joven Luís Suárez jugar en el Camp Nou quedó prendado de su fútbol, del cual dijo era “como un concierto de Paganini”. Sobre el césped, Zlatan Ibrahimovic es también un violinista, un bailarín, un cirujano. Su fútbol ha de suponer una (¿tranquila?) revolución para el complejo  engranaje blaugrana, hasta la fecha  sinfónico e implacable.

Algunos se preguntaran que si este sueco (rematadamente balcánico) es tan bueno, como es posible que uno de los entrenadores más prestigiosos del momento como José Mourinho lo haya dejado escapar. Desde luego no creo que fuera porque, como dicen algunos, la oferta del Barça fuera un disparate económico. El Inter de Milán que ha cosechado los últimos tres “scudettos” era un equipo que jugaba al son de su 9, su punta de lanza (tal como ya lo definí en el post ¡A por Ellos, que son Pocos y Cobardes!) en lugar de hacerlo, como la gran mayoría de los equipos profesionales, bajo la batuta de su centro del campo, con buenos futbolistas, pero más dado al choque y a la brega que a la destilación de un fútbol combinativo. Un poco al estilo con el que Ron Wood define la música de los Rolling Stones: “En otras bandas los músicos siguen al baterista, los Stones seguimos al guitarrista.” Era el Inter del todos para uno y uno para todos. Seguramente el amigo Mourinho hubiera preferido que el genio Zlatan permaneciera en la escuadra milanesa, pero un enfermo de la táctica como es el portugués habrá visto en la operación  una oportunidad de cambiar un modus operandi que, cierto es, ha servido a los “nerazurri” para reinar en el descafeinado “calcio” de los últimos tiempos, pero que nunca ha alcanzado para competir con los gigantes de Europa.

Hasta la llegada de Ibrahimovic el juego del Barça era completo, perfectamente meditado, coral y cuya harmoniosa cuadratura no encorsetaba la libertad creativa de nuestros fantásticos jugadores. Como un tema de Neil Young o una novela de Josef Conrad, donde todo encaja, hasta cada cabriola musical o cada pirueta literaria. El portento Zlatan es el delantero total: flirtea con el balón (ahora lo esconde, ahora lo muestra), remata de primeras, choca, dribla, se asocia, abre espacios, arrastra defensas… Decía Pep de Pedro (que apuesto será una de las sensaciones de la temporada) que “conoce bien el oficio de extremo”. En la misma línea se puede decir que no hay un aspecto del oficio del delantero que Ibrahimovic no domine de manera abrumadora. ¡Menudo ariete! ¡Imagínenlo junto a Messi, Iniesta, Xavi, Alves, etc.!

Es indiscutible que este es el Barça de Messi, tanto en el terreno de juego como a escala salarial, pero no podemos descartar que impregnado de nuestra filosofía futbolística y liberado de las ataduras del rígido fútbol italiano, Ibrahimovic destape el tarro de las esencias para convertirse en el alma misma de nuestro fútbol, y como “Long” John Silver o Hanníbal Lecter termine por ser el prodigioso personaje secundario que eclipsa al protagonista para otorgarle un sentido total al relato. Dice un proverbio japonés que “el alma del samurái es la katana, y su punta la parte más importante, pues es la parte que el samurái muestra al mundo.” En un equipo de fútbol, el perfil del 9 condiciona el espíritu mismo de su juego, constituyendo su vanguardia, su fachada principal. Ibra no es Eto’o, y algunas cosas cambiaran, pero los culés no podemos (ni debemos) esperar que vayan a hacerlo para mal, sino poner toda nuestra fe en que la combinación IbrahimovicBarça resultará demoledora para la temporada entrante y también para las que la vendrán.

Decía en el último post que el fútbol no es álgebra (¡menos mal!), y que por esta misma razón el Madrid de CR96 y Kaká no tenía porqué superar automáticamente los muchos puntos que consiguió el Madrid de Raúl e Higuaín. La misma afirmación es válida para el Barça actual. Quizás Zlatan no consiga los 30 goles de Eto’o, y es poco probable que el equipo repita el triplete del año pasado (no lo olvidemos: el Santo Grial de la Europa futbolística) a pesar de su contratación, pero sea como sea la incorporación de este fuera de serie ha sido, a priori y a mi entender, un golpe de mercado acertadísimo  que arrojará jugosos dividendos deportivos al Club.

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Parafernalia

Viernes, 3 Julio, 2009

Los que busquen en estas líneas una crítica a la política económica y de club que el Madrid ha rescatado en el segundo adbenimiento de Florentino (“¿Hay alguien que sea capaz de imaginarse el fútbol sin el Real Madrid?”) pueden dejar de leer. No se de dónde sacará los “millardos” el nuevo mesías de las huérfanas praderas futbolísticas, ni entraré en consideraciones éticas que otros estarán en mejor disposición intelectual de debatir. El merengón que lea estas líneas ha de saber por adelantado que éste culé no escribe sobre el Madrid muy a menudo (de hecho este será, quizás, el segundo o tercer párrafo que uno le dedica), ni sucumbe a esa supuesta monomanía obsesiva que se tiene en Barcelona por lo que se cuece en las blancuras, y que ciertos medios se dedican a medir con un curioso aparato bautizado con tanto éxito como “el cagómetro”.

Según cuentan los profesionales en la utilización de tan extraordinario aparato, en las últimas semanas las lecturas del “cagómetro” se han disparado hacia escalas nunca vistas hasta la fecha (ni siquiera alcanzadas tras el gol de Higuaín en el Bernabéu). Los pusilánimes culés, (léase paganos herejes), liderados por el infame Laporta, se revuelven temerosos en su vil oscuridad, aferrándose a falsas profecías sobre los cataclismos y dilubios universales que acarrearán las grandiosas inversiones económicas de Florentino, apelando a su falsa moral y a su incrédula hipocresía. Esta es la visión que parece sugerir la prensa madridista de Madrid. Y ojo, sólo digo que lo parece, o al menos esta es la impresión que uno humildemente tiene y a la que, insisto, no pretendo añadir una enésima réplica.

Aclarado esto, seámos un poco más serios, pues como dijo el piloto Robert Kubica (y me gustaría que constara que uno no es precisamente un fan de la Fórmula 1), “Preferiría haber competido hace 30 años, con menos parafernalia.” Se ha dicho muchas veces que a la plantilla que ha sufrido muchos cambios de un año para otro le cuesta más esamblarse y sublimar un fútbol de equipo, con sus automatismos, su autoconocimiento de las propias virtudes y limitaciones, así como de sus complegidades internas.  En contra de estos argumentos, es un hecho contrastable que los equipos que realizan inversiones fuertes y revolucionan sus plantillas con valores seguros suelen arrojar dividedos en un periodo de tiempo muy corto (aunque, claro está, habrá quien encuentre sonoras excepciones) llevados, quizás, por una inyección psicológica además del componente puramente futboísitico. La temporada 96/97 con el Barça de Sir Bobby Robson (con Luís Enrique, Giovanni, Ronaldo, Pizzi…) y el Madrid de Fabio Capello (Suker, Mijatovic, Roberto Carlos, Illgner, Panucci…) es un buen ejemplo de ello. Lo que quiero decir con esto es que seguramente (y no saben cuánto me gustaría equivocarme…) la temporada que viene el Madrid irá como un tiro. El problema para ellos es que el Barça, no lo duden, va más bien como un misil.

No se a ustedes, pero a un servidor le resulta muy difícil imaginar un equipo capaz de plantar cara al Barça del curso anterior, por muchos nombres y fichajes de relumbrón que tenga. Claro está que son muchos los factores que influyen en el nivel futbolístico de un equipo, y que el excelso momento de forma alcanzado por los chicos de Guardiola debe responder a un equilibrio muy frágil y complicado, y por ende difícil de mantener, lo que debe hacernos reflexionar acerca de la enorme dificultad de los éxitos vividos la temporada pasada. No vean en esta última frase una especie de epitafio al “Pep-Team” tras los movimientos de mercado de este verano (que no lo olviden, recién empieza), ¡ni muchísimo menos! Bien es cierto que una racha triunfal de tal calibre será difícilmente repetible, y que un Madrid tildado por muchos de mediocre pudo aguantar el tremendo tirón, pero no olbidemos que tanto los blancos como los blaugrana batieron récords durante este toma y daca espectacular. Los que piensen que el Madrid de Cristiano Ronaldo y Kaká superará automáticamente los puntos conseguidos por el de Higuaín y Raúl en la pasada campaña sucumben a una visión algebraica y simplista del fútbol muy alejada de la realidad.

Lo único que podemos afirmar a día de hoy sobre el devenir de la temporada que está por llegar es la idea de fútbol que propondrá el Barça en su primer encuentro oficial, y esto ha de representar algo muy alentador para los culés. Nuestro fútbol de posesión y posición (el fútbol total más genuino) busca lo incontenstable, lo imparable: la perfección (que no por inalcanzable ha dejado de ser buscada con ímpetu por nuestros chicos). No olvidemos que varias personalidades del mundo del fútbol (quén sabe si de forma exagerada y sucumbiendo a la parafernalia de que nos advertía Kubica) nos colocaron entre los mejores equipos de la historia del fútbol, comparándonos con el fantasioso Brazil’70 de Pelé, la precisa Naranja Mecánica de Cruyff o el abasallador Milan de Sacchi entre otros. Pensar que le Madrid que está por venir entrará automáticamente en este selecto club por el mero hecho de haber gastado más que nadie hasta la fecha es, aunque en absoluto descartable, poco menos que aventurarse en una osadía a mi juicio algo temeraria. Si seguimos desplegando tal nivel futbolístico no impagino rival posible (si bien espero que el carácter cauto de Guardiola le empuje, por nuestro bien, a pensar todo lo contrario).

Así pues, no se si se dará el caso, pero el Madrid debería cuidarse mucho de subestimar al Barça. Por un lado, resulta difícil pensar que un tipo tan sensato como parece ser Manuel Pellegrini (“El entrenador es 95% en la semana y 5% en el partido”) pueda incurrir en este error fatal, si bien está por ver si su papel en todo este tinglado que es el Real Madrid será de una relevancia acorde con su cargo o bien, como sugieren algunos, el de mero comparsa del condescendiente Florentino, opinión esta última que no comparto en absoluto, pues no me imagino al presidente blanco, por muy tocado por todos los ángeles y arcángeles que esté, haciendo las alineaciones cada domingo.

Para acabar déjenme romper una lanza en favor del equipo técnico y directivo del Barça, que en las últimas fechas está recibiendo algunos palos por su supuesta pasibidad en el mercado. No se equivoquen, ni siquiera Manchester y Milan, con dinero fresco en sus arcas, han movido ficha. De bien seguro Txiki tenía una hoja de ruta ya trazada en primavera que las cantidades manejadas por el Madrid han hecho inviable. A falta del desenlace del caso Eto’o (una auténtica lástima), no se puede negar que la alternativa Villa, muy válida en mi opinión, habría sido mucho más fácil de no ser por Cristiano y Kaká, negociando con un Valencia que tristemente, y a pesar de las apariencias a juzgar por cómo está llevando la negociación, acumula una deuda de más de 500 millones de euros. No hay duda que si el fichaje cristalizara sería una gran notícia, además de que sería el segundo delantero (después, no lo olvidemos, del propio Eto’o) que llega al Barça gracias a la magnanimidad de Florentino, que en un acto conciliador decidió renunciar al Guaje por no “herir sensibilidades ni provocar un enfrentamiento con toda una comunidad autónoma como la valenciana”. Florentino Pérez, guardián y abanderado de la paz mundial, el nuevo Gandhi, ¡dejad que los niños se acerquen a él! ¡Oh happy day, oh happy day!

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¡A por Ellos, que son pocos y Cobardes!

Sábado, 14 Febrero, 2009

Bien entrado ya el mes de febrero, empieza a flotar en el ambiente ese cosquilleo general, ese aroma exquisito a noches memorables y luchas de gigantes que desprende la Liga de Campeones.  Como algunos (seguramente más bien pocos) de ustedes sabrán a estas alturas, soy de la opinión que, si bien es importantísimo y un gran triunfo salir campeón de Liga o de Copa, la competición más importante del año no puede ser otra que la Copa de Europa, donde los colosos europeos miden su grandeza y ponen sus fuerzas en liza por la hegemonía continental y por un hueco en la memoria colectiva. Como dirían Loquillo (a quien no conozco personalmente pero con quien, además de compartir una cierta “Simpatía por los Stones”, podría echar gustoso unas cañas) y sus Trogloditas: “¡A por ellos, que son pocos y cobardes!”

Uno es consciente que la rabiosa actualidad obligaría a hablar del partido de esta noche en Sevilla, del Barça contra este Betis “made in” Paco Chaparro, o del gran momento de la Selección Española tras la victoria incontestable ante Inglaterra (triunfo del que, dicho sea de antemano y para que conste en acta, me alegro muchísimo). Respecto al primero de los asuntos, parece que en los últimos días a surgido la idea que el Barça no puede ganar todos los partidos, que algún día tiene que perder, y que tras su victoria reciente en el Sánchez Pizjuán unida al regreso de Oliveira, el Betis puede ser un buen candidato a acabar con la gran racha barcelonista, a pesar de que hace escasas dos semanas su simpático entrenador estaba en la cuerda floja y el equipo al borde de la zona de descenso. A sabiendas que estas sensaciones tienen un cierto tufillo a prensa de Madrid (ese tipo de tufillo que, por otro lado, suele inexplicablemente calar siempre entre la prensa de barcelonesa y por tanto entre nosotros los culés), como también que esta misma noche podría tener que comerme estas líneas con patatas, uno se pregunta: ¿y por que no va a ser así? ¿Por que no puede el Barça seguir ganando y continuar su racha arrolladora y triunfal? Sin ir más lejos y a bote pronto, no hace tanto (en 2004, y por tanto en un contexto futbolístico moderno) el Arsenal logró salir campeón invicto de la Premier League (y conste por delante que uno no es ni mucho menos un fan de Arséne Wenger y su Arsenal de pimpollos, más bien todo lo contrario, como tengo previsto explicarles en otra ocasión). A ese sector de la prensa (agasajadores de Wengeres, Florentinos y furias rojas) le diría sin despeinarme que no se equivoquen: la Selección Española es un muy buen equipo de fútbol, el Barcelona es una barbaridad.

Centrándonos ya en el tema que nos ocupa, el periodista pugilístico estadounidense Bert Randolph describía así los instantes previos a los combates del “Bombardero de Detroit” Joe Louis allá por la década de los 40: “Los ojos profundos de Louis atraviesan a sus rivales, que comienzan a temblar porque saben que están en el bando de los perdedores.” ¿No es esta la sensación que tendrán a día de hoy los jugadores del Olympique de Lyon o el resto de supervivientes en la competición viendo el currículo que presenta el Barça esta temporada? Nunca la confianza en las propias posibilidades ha sido tan importante en ningún otro equipo deportivo como ha venido siendo para el Barça a lo largo de su historia. Es por esto mismo que dije en su día que la campaña pasada podía marcar un antes y un después para el barcelonismo, porque estaba a nuestro alcance el lograr el triunfo europeo sin esa necesidad de sentir el miedo en los ojos del rival, de sabernos superiores en todas las facetas, desde la más resultadista a la mas estética (hecho que para bien o para mal no aconteció, confirmando nuestro peor y hasta la fecha incorregible defecto). No me dirán, a toro pasado y tal como se desarrolló la semifinal en sus dos encuentros, que no era del todo factible eliminar al Manchester United… No estuvimos ni mucho menos tan lejos de lograrlo.

Pero el hecho es que, miren ustedes por donde, para sorpresa de todos y casi sin contar con ello, ha llegado de nuevo el febrero futbolístico y, como en el 92 o el 2006, “Cuando Fuimos los Mejores”, volvemos a ser Joe Louis, y todo el mundo futbolístico, incluidos nosotros mismos, sabe lo que en su día supo Bert Randolph: que este año el Barça es el caballo ganador. Mirando un poco el cuadro de equipos clasificados, se presentan a priori tres eliminatorias clave a la hora de vislumbrar cuáles sería nuestros rivales a batir si superamos al Lyon, triunfo que no podemos dar por hecho, por aquello que la magia del fútbol es que existan equipos respondones como el atrevido Hoffenheim alemán (algún día hablaremos de él) o el Getafe de la pasada campaña (del que hablé en el post Sobre Tristezas y Famas) capaces de amargar la fiesta al favorito en las apuestas.

En primer lugar hay que estar atentos al choque de trenes entre Manchester Utd.Inter, para mi la eliminatoria estrella de los octavos, pues de aquí podría salir nuestro principal obstáculo de cara a hacernos con la Copa en Roma. Retener el trofeo es una empresa complicadísima (imposible desde el Milan de de Sacchi en el 90), pero el United conserva una plantilla muy competitiva y cuenta con la mística de Old Trafford, si bien el equipo inglés sufre de males similares a los que nos azotan a los culés, a pesar incluso de su reciente triunfo del año pasado. Caso aparte es el Inter, dominador absoluto del calcio en los últimos años, se estrella año tras año con estrépito en los cruces eliminatorios bajo la losa de sus urgencias históricas en Europa, pero que de superar a los Diablos Rojos reforzaría peligrosamente su moral. Los nerazurros cuentan con una plantilla extraordinaria y muy extensa (aunque quizás con un centro del campo algo rudimentario) , además de tener al portento Zlatan Ibrahimovic como punta de lanza, un autentico fenómeno técnico a la vez que demoledor delantero; y a nuestro viejo conocido José Mourinho en el banco, hablando en términos futbolísticos siempre competitivo en eliminatorias a doble partido (por muy bien o muy mal que pueda caerle a algunos). En mi humilde opinión son el segundo equipo a batir tras el Barça (claro que, siendo el Inter, a lo mejor se la pegan en el primer partido de octavos y se acabó lo que se daba para sus sufridos tifosi).

Tras estos dos huesos, no hay que perder de vista al Liverpool y a su leyenda Steven Gerrard, pues todos sabemos que aunque este año se han propuesto como objetivo primero ganar (por fin) la Premier League, bajo la batuta de Benítez conservan intacta su (perdonen la expresión) “putería” en las competiciones de cruces directos. Ya lo saben, frente a ellos: ¿Y el Madrid? Pues ya he dicho en alguna ocasión que no me fío ni un pelo de los blancos, por desgracia para nosotros ellos no padecen el tipo de males de los que adolecemos nosotros (si bien padecen otros que por supuesto no pasaré a enumerar). ¿Qué tendrán estos equipos a los que nunca se puede dar por muertos? El Colmillo Retorcido amigos… Aun así, a priori la eliminatoria parece favorable a los de Anfield.

El tercer partido importante es sin duda el JuventusChelsea, equipos a quienes no podemos perder de vista. La Juve de Alessandro del Piero es perfectamente capaz de dar un susto a cualquiera, pues posiblemente sea el equipo que menos tiene que perder entre los grandes después de su travesía por el desierto. Por otro lado, habrá que ver como reacciona el Chelsea al cambio de entrenador. Cuidado con ellos porque el año anterior pasaron por un proceso similar y acabaron por llegar a la gran Final, que pelearon hasta el último lanzamiento de penalti como bien recordarán. Tanto italianos como ingleses juegan cómodos sin el balón, y eso los hace especialmente peligrosos para nosotros.

Llegados a este punto, mucho me temo que los demás participantes van a ser meros comparsas en todo esto, si bien la eliminatoria ArsenalRoma puede ser bonita y competida (sin duda estoy con mi admirado Francesco Totti y los giallorossi) y desde luego cualquiera de los dos equipo puede dar un susto a los a priori favoritos, al igual que, por historia y savoir fer en esta competición, el Bayern de Munich. Tras este repaso de candidatos hay que insistir pues en remarcar que somos los favoritos al título, con nuestros Messi, Eto’o, Alves, Xavi, Iniesta y compañía a las órdenes de Pep. Que tiemblen nuestros rivales, porque además somos conscientes de ello, y esto garantiza que, al menos, vamos a competir esta Copa de Europa. Lo que pase a partir de aquí, y citando de nuevo a Loquillo, quizás sólo “Los Gatos lo Sabrán”.

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Jumpin’ Jack Flash

Martes, 27 Enero, 2009

Como algunos de ustedes sabrán, y otros habrán podido observar, uno simpatiza con la idea musical que representan los Rolling Stones, llegando incluso a plantearse el hecho de que si un extraterrestre perdido e ignorante llegara a la Tierra y le preguntara por el sonido de sus Satánicas Majestades, por su estilo característico, podría llegar a plantearle, con gran vehemencia y sin dejar lugar para la duda, que para conocer la respuesta debería escuchar su poderoso y maravillosamente estrambótico tema Jumpin’ Jack Flash, con el que Jagger, Richards y compañía suelen abrir todos sus conciertos. Que todo el mundo esté tranquilo, efectivamente este es un espacio de temática deportiva; pero uno es culé, y como le dijo el conguito Andrés Montes (y su pajarita) a su colega Antoni Daimiel en su época más exuberante como comentarista de la NBA: “El Barça es para el fútbol lo que el Satisfaction de los Rolling Stones es para el Rock ‘n’ Roll”. Por lo tanto, alguna relación habrá, digo yo…

De esta manera, si el mismo extraterrestre despistado le preguntara a uno por el juego del Barça de Guardiola,  por la idea futbolística que defiende, seguramente habría que mostrarle un video del partido contra el Deportivo de la Coruña, de hace escasamente dos semanas, o en menor medida por la victoria contra el Atlético en el Calderón en los octavos de Copa, de la misma forma que si preguntara por el Dream Team habría que enseñarle un video del Barça – Dinamo de Kiev del 93. Perfectamente colocado sobre el tapete, con un control insultante de la posición y la presión, y un vertiginoso juego con balón en cuanto a la precisión de los pases, la inteligencia en los desmarques y a la velocidad de los cambios de juego, el Barcelona arrolló al Depor con un juego vistoso y  efectivo a partes iguales, en busca no tanto de la victoria como de la excelencia. No se cuál es la idea que cada uno de ustedes tendrá sobre lo que consideraría “perfección” en cuanto a fútbol se refiere, ni siquiera si es correcto el mero hecho de plantear la existencia de este ideal, pero sea como sea creo que el citado partido contra el Deportivo tiene que acercársele mucho. Decía John Lenon que “Si trataras de darle otro nombre al Rock ‘n’ Roll, quizás deberías llamarlo Chuck Berry”; tampoco se si también quizás deberíamos ir pensando, como sugería Lenon, en acuñar un nombre para la idea futbolística que tan sólo el Barça entre los más grandes de Europa se atreve a poner en práctica desde hace ya algunos lustros.

Dicho esto, también hay que apuntar que desde luego, y muy a pesar del resultado final, tan provechoso para nosotros, en mi humilde opinión el partido de este fin de semana contra el Numancia no se contaría entre los “greatest hits” del Pep Team. Dejando de lado la actuación arbitral (tema recurrente sobre el que algún día hablaremos), no me pareció ver en el Barça esa aureola de invencibilidad y perfección que ha venido mostrando en otras ocasiones a lo largo de esta campaña, sino más bien todo lo contrario. Mis dudas se apoyan en la sensación que de haber desplegado el mismo juego en una eliminatoria directa de Liga de Campeones hubiéramos tenido serios problemas para superar a un rival de envergadura (aunque “Si mi abuela tuviera un pizelo… sería mi abuelo”), y sería una auténtica lástima después de haber demostrado el gran potencial que albergamos esta temporada. Baste lo que sigue para demostrar que sin duda y aunque suene a topicazo, efectivamente de momento no hemos ganado nada, aun a sabiendas que a lo mejor le metemos cinco al Español y siete al Racing en los dos próximos partidos, o que, porque no decirlo, otros lo tienen muchísimo más difícil que nosotros (como el Real Madrid, por poner un ejemplo al azar…)

Volviendo al partido del domingo, a pesar de algún destello en jugadas puntuales, como los rapidísimos y teledirigidos cambios de juego de una banda a otra, nuestro fútbol me pareció algo desordenado, desbocado más bien, un enorme riesgo de cometerse tal error contra equipos capaces de armar un buen contragolpe. Y cuando hablo de “buen contragolpe” no me refiero tanto a la velocidad con la que un equipo puede plantarse de un área a la otra, sino más bien a la precisión con la que algunos equipos saben percutir sobre una defensa desprotegida, víctima de alguna pérdida de balón en posiciones adelantadas, ya sea porque el equipo no ordene sus ataques o por un simple despiste táctico. Sin ir más lejos  tal como incluso el modesto Numancia pudo lograr (lo que les valió un golazo que el árbitro finalmente anuló), o como sin duda equipos europeos como la vieja Juventus o el complicado Liverpool son más que capaces de hacer, por mucho que, dicho sea de paso, la rapidez con la que el Barça recupera la posición tras una jugada ofensiva o el trabajo defensivo de nuestros hombres de ataque están siendo más que correctos hasta la fecha.

Por favor, no piensen que soy uno de esos culés pesimistas que se acostumbran demasiado rápido a un contexto de privilegio hasta el punto que incluso un 4 a 1 pueda saberme a poco: desde luego hicimos bien muchas cosas para rubricar un marcador tan amplio; pero esas complicadas conducciones en la frontal del área y esos intentos de paredes imposibles entre un muro de rivales me recuerdan a muchos episodios de impotencia de la pasada campaña, y se me ocurren varios equipos con el colmillo lo suficientemente retorcido como para hundirnos en la miseria futbolística por ello. No seré yo quien alimente el bulo infundado de que Messi es un “chupón”, pero he de confesar que a veces a uno le vendría en gana pegarle un buen cachete para que levantara la vista de sus botas. Ganamos por acoso y derribo, hecho que no es malo, pero que no nos servirá para levantar otra Copa de Europa.

Volviendo al tema del extraterrestre, y pensando en que quizás la gran diferencia con respecto a la temporada pesada en cuanto a los atascos en la frontal se refiere sean 33 millones de euros brasileños y un carril derecho con el césped maltrecho, a lo mejor si nosotros le preguntáramos al visitante sobre Dani Alves resultaría ser su primo, o cuando menos, un familiar lejano (o a lo mejor nos comentaría que si le hicieran mear en un bote quizás acabaría en la nevera de por vida, porque lo de este chico no es normal). A un servidor le parece que Alves tiene mucho de Jumpin’ Jack Flash, con esa potente arrancada (“I was boooorn in a cross-fire huricaaaane!!”) y ese aspecto de loco saltimbanqui. Sea como sea fue un acierto total, y seguramente también la viva imagen de las mayores virtudes y (pocos) defectos del Barça a día de hoy. (I’m Jumpin’ Jack Flash/It’s a gas gas gas!!)

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Mariscales

Martes, 16 Diciembre, 2008

Hace ya algún (o demasiado) tiempo que yacen abandonados en las catacumbas de este espacio una serie de estudios y disertaciones subjetivas, que desarrollé con la intención de catalogar las distintas especies que habitan el variopinto mundo del fútbol y del deporte, y que, como no podía ser de otra manera, acompañé con una suculenta guarnición de ilustrativos ejemplos. Ya va siendo hora pues, tras Tiburones, Pufos, Vedettes y Carniceros, que desvele la quinta entrega de la saga, inspirada en la visión de el gran Alessandro del Piero, luciendo su zamarra “bianconera” y su brazalete de capitán, a la cabeza de once juventinos en la boca de vestuarios del Santiago Bernabéu, soltando tensión con semblante rudo antes de pisar el césped, como el boxeador antes de enfilar el cuadrilátero, o el pájaro que bate con fuerza sus alas antes de elevarse por encima de los hombres. Tras su memorable actuación en los dos encuentros de Liga de Campeones contra el Real Madrid, toca hablar de Mariscales, los leones del deporte.

Según Michael Jordan, “El corazón es lo único que separa a los buenos jugadores de los grandes.” El 10 de la Juventus, orgullo de la hinchada turinesa, rocordó al mundo, sus 34 años recién cumplidos y sobre el césped, donde debe hacerlo un futbolista, el significado de la palabra liderazgo. Muchos (entre los que me incluyo) daban su carrera por acabada, bastante antes incluso de conocerse el descenso de la Bechia Signiora a la Serie B tras el escándalo del “Moggigate” hace ya un par de años. Al contrario que la mayoría de la plantilla de estrellas con que contaba por aquel entonces el equipo, incluído el entrenador Fabio Capello, el capitán mostró des del primer momento su intención de renunciar a su estátus de privilegiado en el escaparate futbolístico europeo y seguir a su Juventus hasta el mismísimo infierno futbolístico (pues esto era precisamente la segunda división para la escuadra con más “Scudettos” de la historia del “calcio” italiano), adquiriendo el compromiso firme de devolverla a los puestos de honor del futbol continental. Algunos, como el extraordinario delantero sueco Zlatan Ibrahimovic, el héroe del Mundial de Alemania Fabio Cannavaro o el mismo Capello, no dudaron en forzar su marcha; otros como Zambrotta o Thuram se fueron en silencio, y jugadores cotizados como David Trezeguet o Mauro Camoranessi permanecieron en la Club tras flirtear con el traspaso durante todo el verano. La determinación de Del Piero de reflotar el barco a toda costa arrastró a los veteranos Buffon y Nedved, y hace unas semanas, en el Bernabéu, cumplió su promesa haciendo justicia a su nombre y cerrando el círculo. Por momentos, su juego que recordó al de aquel chaval que ascendió al primer equipo para sustituir al gran Roberto Baggio, demostrando que fue un jugador de Serie B por entrega a sus colores, y nunca por haber perdido la capacidad de desequilibrar un partido de una competición de élite. Hay jugadores que pertenecen a una camiseta.

En las ocasiones en que uno habla sobre Marisacles, esta última afirmación adquiere importancia superlativa. Qué me dicen de Riquelme, futbolista apático que a penas dio una buena temporada en Villareal tras su discreto paso por el Camp Nou, pero que cuando se enfunda la casaca azul y oro de su Boca Júniors pasa a convertirse en Román, piedra angular y mito viviente del cuadro xeneize, y cuya trayectoria deportiva se ha desarrollado en paralelo a la de su extraño compañero de fatigas Martín Palermo, que en la Bombonera  sufre su metamorfosis particular para transformarse en “El Loco” Martín, bombardero cazador de goles. Para que los hinchas de River no se sientan ofnedidos, grande es también la historia del extraordinario “Principe” del Monumental, Enzo Francescoli, que vivió también el fracaso europeo, pero cubrió de gloria a los millonarios liderándolos magistralmente durante su dominio del fútbol suramericano en los 90.

El escritor Francisco Humbral dijo en una ocasión que “El fútbol es la estilización de la guerra”, y cuál ejército, cada equipo tiene sus soldados, sus mandos inetermedios y sus generales. A diferencia del Tiburón, el Mariscal entiende que la verdadera gloria se esconde en liderar un triunfo colectivo (y por tanto compartido) muy por encima de la que puede alcanzarse en el éxito invidividual (seguramente razón por la cual, por poner ejemplos ajenos al fútbol, a los golfistas les motiva tanto jugar la Ryder Cup o a los tenistas la Copa Davis). Es por ello que, volviendo a Italia y rememorando otras grandes actuaciones de futbolistas transalpinos en el Bernabéu, es imperativo honrar en estas líneas al mejor Mariscal de campo de la actualidad: “Juego para que me recuerden.”  No hay otro como Francesco Totti. Paradigma del líder entregado a sus colores, el Aquiles romano ha entendido como nadie la poderosa capacidad que el fútbol posee para inmortalizar sus leyendas. Tras su asombrosa victoria en la carrera por la Bota de Oro tras aceptar jugar de 9 como sacrificio personal en favor del equipo, fue preguntado por su temprana afiliación a la hinchada “giallorossi” en una época en la que el Milan de Sacchi dominaba Italia y Europa: “Es cierto que el Milan era más poderoso con Van Basten, Gullit y Rijkaard. No estaba mal. Pero, como romanista, no podía admirarlo.” En ocasiones uno gustaría de ser hincha de la Roma para poder sentir que ese tipo es uno de los tuyos. De esta forma, vemos en Totti uno de los rasgos más característicos de esta raza de leones: hoy es impossible imaginar a la Roma sin su Mariscal, su nombre no caerá en el olvido.

Como tampoco debería hacerlo para el gran público el que posiblemente sea el líder más feroz de la historia del futbol, protagonista a principios de los 50 de una de las hazañas más hermosas y recordadas de la historia del fútbol para gloria de la casaca celeste de Uruguay. Tras la clasificación para la Final de la Copa del Mundo de Brazil’50, los directivos uruguayos visitaron el vesuario del equipo satisfechos: “Muchachos, cumplieron”, dando por buena la segunda posición del campeonato, a lo que una voz de trueno respondió sin vacilar: “¡Cumpliremos sólo si somos campeones!”. En los minutos antes de saltar al césped de Maracaná bajo la mirada de 200.000 enfervorecidas almas brasileñas que ya celebraban la victoria, Obdulio Varela, orgulloso capitán del cuadro uruguayo, arengaba a los suyos: “¡Los de afuera son de palo!”. Tras el primer gol brasileño a cargo de Friaca, “El Negro Jefe”, con su mítico 5 en la espalda, se dirigió con tranquilidad y paso firme hacia la portería, recogió suavemente el balón de las mallas, y sin soltarlo se dirigió de la misma guisa primero al juez de línea y luego al árbitro para reclamar un fuera de juego inexistente, hasta el punto de pedir un traductor para poder dialogar con el juez. La repleta grada de Maracaná fue apagando su griterío hasta enfriarse por completo en el momento en que Varela colocaba el esférico en el punto central. El 5 de Uruguay paró el partido dando un respiro a los suyos; el resto es historia. Todos sus compañeros en el equipo uruguayo del Maracanazo coincidieron en considerar que sin el liderazgo de Varela nunca hubieran alcanzado el éxito. Con él sobre el césped, Uruguay jamás conoció la derrota en ningún encuentro mundialista. Murió como nació, en la pobreza, pero su nombre tampoco caerá jamás en el olbido.

En algunas ocasiones, la aureola de líder de un grupo, de mito viviente, traspasa aquello que únicamente concierne a los propios compañeros de equipo para empezar a hacer mella en el rival. ¿Qué me dicen sino del gran Eric Cantona y el murmullo que tomaba las gradas de los campos ingleses en las contadas ocasiones en las que, por alguna inusual razón, el francés salía des del banquillo? Pero desde luego si nos atenemos a este aspecto del carácter del Mariscal, no se puede pasar por alto al legendario meta soviético de los 50 y los 60 Lev Yashin, “La Araña Negra”. Único portero de la historia en ganar el Balón de Oro, cuenta la leyenda que los delanteros rusos que se enfrentaban a su Dinamo de Moscú creían que Yashin podía desviar el balón sólo con la mirada, y que algunos incluso sentían la obligación de pedirle perdón cuando le marcaban un gol. El mismísimo Pelé llegó a decir que “cuando encaras a Yashin, lo mejor que puedes hacer es entregarle directamente el balón”.

Aunque uno es culé y tiene que guardar las formas, sería poco menos que un pecado capital (recuerden que según el periodista de la Cadena SER Manolo Lama caminamos sobre un mundo en el que “Dios es del Real Madrid”) dejar de preguntarnos en una ocasión como esta, si sería imaginable pensar en el 7 de Raúl impreso sobre una camiseta que no fuera la (purísima y blanquísima) del Real Madrid; pues después de todo el beato Florentino Pérez se preguntaba hace ya algún tiempo: “¿Hay alguien que sea capaz de imaginarse el fútbol sin el Real Madrid?”

Volviendo a asuntos más terrenales, hablamos pues de jugadores con alma, grandes capitanes. Paul Scholes (según Bobby Charlton “el último jugador que simboliza todo lo que es el Manchester”); el poeta guerrero del Liverpool Steven Gerrard (tras una derrota: “La gente ha pagado dinero por vernos, se priva de caprichos, y no hemos estado a la altura del Liverpool. Tenemos una obligación con la camiseta, con la gente y con este pueblo. Que nos echen la culpa a los jugadores. Yo les pido perdón. Hoy no fui digno de jugar en el Liverpool”); Franco Baresi primero y Paolo Maldini después en el Milan; Puyol o Luis Enrique en nuestro Barça (del que el arisco Mourinho decía en sus tiempos de segundo de abordo de Bobby Robson “Yo siento por él algo especial. Habla poco, trabaja mucho, bromea con todo el mundo, no sabe perder y además no sabe responder en qué puesto le gusta jugar más”)…

Muchos pensarán que todos los equipos cuentan con un Mariscal, el hombre que tira del grupo en los momentos difíciles, pero la realidad es que sólo algunos elegidos consiguen elevarse por encima del resto y conseguir que su nombre permanezca tan íntimamente ligado a una camiseta como sus mismísimos colores imperecederos; de la misma manera automática en que nuestro subconsciente asocia el nombre de Julio César a la antigua Roma o el de Haníbal a los cartaginenses que hicieron temblar sus cimientos: “Encontraremos un camino o haremos uno nuevo.”

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El Partido del Año

Domingo, 20 Abril, 2008

“Ninguna enfermedad me hubiera mantenido alejado de este partido. Si hubiese estado muerto, hubiera hecho sacar la caja, ponerla en la grada y hacer un agujero en la tapa.” Supongo que la mayoría de ustedes estarán igual que yo: “¡Que empiece ya!” Ante una cita como el del próximo miércoles, hay que recurrir a los viejos maestros como el gran Bill Shankly, autor de la célebre frase y que sin duda, frente una situación como la de nuestro equipo a escasos tres días del partido del año, buscaría (y encontraría) varias razones para el optimismo.

Como apunté hace algún tiempo en el post Queda Europa, son muchos los grandes equipos que tristemente no lograron alcanzar el máximo título europeo, ya fuera por mala suerte o por alguna otra razón. Sin duda el Barça ha sido en demasiadas ocasiones protagonista de este tipo de situaciones en distintas épocas: ¡hagamos que esta vez sean otros los que se queden en la cuneta! En los últimos días se ha podido comprobar que en Manchester confían mucho en sus posibilidades (no es para menos dado el nivel de juego que están exhibiendo), pero también que nos consideran un equipo grande y peligroso, atributos que parece nosotros mismos no acabamos de asumir. De hecho tanto la prensa inglesa como el propio Alex Ferguson aún recordaban hace unos días el 4-0 del 95 (con un Romario espectacular), partido cuyo recuerdo permanece extrañamente más vivo en la memoria del United que en la nuestra, pues según el manager escocés en ese partido “El Barça nos enseñó a competir en Europa.” Quizás por esta razón no diría que nos temen, pero lo que es seguro es que no se fían del Barça. Ya se dieron el batacazo el año pasado cuando eran favoritos, y adolecen de nuestros mismos males: las urgencias históricas y la falta de Colmillo Retorcido, sin saber que lamentablemente los compartimos.

Hay que reconocer que no somos favoritos, pero también hay que analizar el partido tranquilamente, buscando las claves que puedan darnos la victoria; después de todo no se juega una Semifinal de Copa de Europa todos los años, y citando al desaparecido (y ex “Diablo Rojo”) Duncan Edwards: “¡Eh chicos, no hemos venido aquí para nada!”.

En primer lugar no podemos perder de vista el calendario del Manchester Utd. en esta semana y media: tras el partido contra el Blackburn Roberts (1-1) la Premier League está en un pañuelo, y en la próxima semana van a jugarse los dos partidos de la Semifinal con un trascendental choque contra el Chelsea entre medio, en el que de bien seguro se decidirá el campeón inglés. La historia demuestra que es casi imposible que ganen los tres partidos, por desgaste físico y psicológico; repito que debido a su juventud no es un equipo acostumbrado a estas situaciones (aun a sabiendas que el pasado curso ya disputaron la Semifinal contra el Milan, a la postre campeón). Asumiendo que no estamos en nuestro mejor momento de forma, no se me ocurre un momento mejor para enfrentarnos a ellos, atendiendo al calendario. En este sentido, recuerden la Final de Atenas [escalofrío], que todo un Dream Team disputó habiéndose jugado la Liga en el último suspiro contra el “Superdépor”, tras un penúltima jornada en el Bernabéu (0-1, gol de Amor), mientras el Milan, que sólo aspiraba ya a la Copa de Europa, preparaba la Final tranquilamente en Milanello durante esas dos semanas: el Barça era el gran favorito, todos conocemos el final (desgraciadamente).

Querría insistir en que el Manchester es un equipo muy joven e inexperto (mientras que por cierto el Barça alzó la Copa de Europa hace tan sólo dos años). Les costó mucho eliminar al Olympique de Lyon, equipo que defiende la misma idea futbolística que nosotros, hecho que viene a demostrar que les resulta muy incómodo lidiar con nuestro juego de toque. Sin duda buscarán resolver el partido por acoso y derribo, a la manera inglesa; pero como decía el reputado periodista norteamericano de la NBC Bob Costas, “En deporte, prever lo que puede ocurrir es casi tan importante como lo que realmente ocurre”, y estoy convencido que Frank Rijkaard y los suyos prevendrán a los jugadores de ello. Poseen una gran pegada, son muy rápidos y en un intercambio de golpes tenemos las de perder: no podemos permitir que el partido se descontrole, debemos imponer nuestro juego para que se desarrolle a nuestro ritmo y no se rompa hacia el “toma y daca”. Según el gran Arrigo Sacchi, “Cuando un equipo se rompe, o está en mala forma o está mal entrenado”; seguramente muchos de ustedes pensarán que el Barça padece de no sólo uno, si no de los dos defectos que denunciaba Sacchi, pero lo único que se puede hacer ante esta situación es adoptar la posición del viejo Bill Shankly: “Juega como si nunca pudieses cometer un error, pero no te sorprendas cuando lo hagas”. Es prácticamente seguro que el Manchester presionará arriba y que Barça pasará por algún momento de apuro, sobretodo en Old Trafford, pero nuestras opciones pasan por afrontar la inevitable situación con sangre fría, y no saltando al césped convencidos de que vamos a cometer errores fatales.

No pretendo jugar a ser entrenador, pero no creo decir ninguna barbaridad si afirmo que su centro del campo no es nada del otro mundo. Sí es cierto que cuando recuperan un balón saben exactamente qué hacer con él, y con dos pases se plantan en el área; por lo tanto es importantísimo (esta vez más que nunca) no perder balones en la medular. Como dijo no hace mucho Johan Cruyff, para ello es necesario que sean los delanteros quienes acaben las jugadas y no los centrocampistas, de manera que los contragolpes no nos pillen con el centro del campo despoblado. Si queremos que el partido no se nos vaya de las manos deberemos afrontar el ataque estático, y para que los delanteros puedan finalizar es vital que se muevan de manera eficaz, por eso en el Barça de las últimas semanas es tan importante Bojan: se mueve con mucha inteligencia, intuyendo la jugada que pudiera hacerle llevar el balón aunque éste se encuentre muy lejos de él, al contrario que Eto’o, cuyo fútbol racial le empuja a buscar siempre la portería contraria (lo cual, bien aprovechado, no tiene porqué ser un defecto). Recordando a Cruyff: “Mis delanteros sólo deben correr 15 metros, a no ser que sean estúpidos o estén durmiendo.”

No es menos cierto que físicamente nos superan de manera abrumadora (y seguramente indigna para un Club como el Barça), por ello es más importante si cabe imponer nuestro mejor trato del balón, pues en éste partido será muy difícil ejecutar el juego de presión que tan buenos resultados nos dio en el pasado, primero porque hace ya mucho tiempo que no lo practicamos y segundo porque en la actualidad no tenemos la condición física para ello. Citando de nuevo a Bill Shankly, “La pelota no se cansa nunca” (frase archiconocida y que hoy en día constituye uno de los más recurrentes tópicos futbolísticos, hecho que no le quita veracidad).

El fútbol del United se sigue moviendo al compás del veterano Paul Scholes (extraordinario futbolista que es una de mis debilidades de siempre); hay que estar muy atentos a sus pases largos milimétricos: él es el punto de apoyo mediante el que los “Red Devils” arman sus contragolpes. Para que el partido no desemboque en un alud de idas y venidas será necesario controlar muy de cerca a jugadores como el potentísimo lateral Evra, el centrocampista Nani (poseedor de un terrible disparo a media distancia) y por supuesto a Cristiano Ronaldo. Como también decía Cruyff, con todo esto tendremos el 75% de la eliminatoria en el bolsillo: el otro 25% es de ellos, pues depende sólo de su talento, por definición incontrolable (y si la cosa se pone fea, recuerden que también nosotros contamos con nuestro 25%). No olvidemos que también tenemos grandes jugadores en nuestro equipo, a quienes no nos gustaría lo más mínimo ver en el 11 rival. Sin ir más lejos y por poner un ejemplo, si Thierry Henry, con su bajo estado anímico y de forma actuales, engancha un chutazo como el de Glasgow o un balón en profundidad como el de los Cuartos de la Copa contra en Sevilla, ¡puede resolverte una eliminatoria!

Esto es deporte, y creo haber dicho en alguna ocasión que las grandes gestas del deporte se escriben sobre la palabra imposible. Lo digo porque muchos de ustedes pensarán que sería poco menos que una utopía que el Barça de las últimas semanas pueda no sólo ejecutar, si no llegar a pensar en todos estos detalles; pues a todo esto hay que añadir la opinión, compartida por muchos, que Johan Cruyff tiene sobre el Barça y las competiciones del KO: “Hay equipos expertos en estas competiciones cortas. Y el Barça no lo es” (perdónenme los “anticruyffistas” por citar tanto al holandés, recuerden: jamás le haría favores sexuales). Lo que uno añadiría a la frase es que el Manchester tampoco lo es (y menos, como he dicho, en estos momentos). Además, si no somos expertos ¡algún día habrá que empezar a serlo!

Para acabar uno no puede dejar de hacer referencia a la eliminatoria del Madrid de “La Octava” (con los Anelka, Karembeu, Geremi, Congo, Baljic y compañía en el campo, Del Bosque sustituyendo a Toshack a mediados de temporada y Lorenzo Sanz jugándose la pasta de las arcas del Club en timbas de póker clandestinas) contra el Manchester en el 2000, a pesar de que en los últimos días han corrido ríos de tinta al respecto. Ese equipo que quedó quinto (¡quinto!) en la Liga eliminó a los ingleses (que como en este momento eran favoritos) perdiendo por 0 a 1 en el Bernabéu y remontando la eliminatoria en el “infierno” de Old Trafford, con un Redondo y un Raúl espectaculares: ¿por qué no podemos igualar tal gesta, aun situándonos en el peor de los casos en que el resultado del partido de ida no fuera todo lo bueno que cabría esperar? La vuelta fuera de casa puede ser en ocasiones una carta a tu favor (de hecho este año ha quedado demostrado si repasan los resultados) si logras conectar un golpe certero en el momento justo, dado el valor doble de los goles en campo contrario.

Déjenme decirles que de los tres equipos ingleses que quedan el liza, el que en mi opinión no va con el juego del Barça es el Liverpool, que es mucho más camaleónico (copyright Benítez) y es capaz de adaptarse a cualquier situación, al contrario que el Manchester. Tal como estamos ahora mismo, una eliminatoria a doble partido contra ellos sería más peliaguda: ¡mejor enfrentarlos a un solo partido, no creen! Y si tenemos que caer, sólo podemos pedir que sea con la cabeza bien alta: no ganar la Liga de Campeones no es un fracaso (¡faltaría más, sólo tenemos 2!), pero sí lo sería no disputarla con todas las fuerzas y no ser dignos de ella. En definitiva, nuestras opciones son válidas y la oportunidad es única: sólo un cetro europeo en un mal año nos consagraría definitivamente en un grande de Europa capaz de ganar bajo cualquier circunstancia. Según el Campeón de Mundo Marcelo Lippi, “Sólo se es grande cuando se vence.” ¡¡A por ellos!!

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Sobre Tristezas y Famas

Viernes, 11 Abril, 2008

Con la extraordinaria lección de gloria y orgullo que impartió ayer el minúsculo Getafe contra el poderoso Bayern de Munich aún en la retina (por no decir en las tripas o, siendo más cursi, en el corazón), uno siente la necesidad de lanzarse, sin muchos preparativos y de manera seguramente demasiado osada, a escribir sobre las tristezas deportivas: “Quien no conoce las tristezas deportivas no conoce nada sobre la tristeza”, Julio Ramón Ribeyro (y su cigarro), escritor peruano.

Supongo que muchos de ustedes pensaría lo mismo que yo mientras miraban el partido: “¡Joder, cómo me gusta el fútbol!” No sé ustedes, pero un servidor se ha emocionado contadísimas veces con un equipo que no sea el propio, y la verdad es que ayer fue una de ellas (des de luego esto no les pasará si son ustedes madridistas, pues guiados por su histórico señorío siempre apoyarán a muerte a cualquier equipo español, y seguramente tendrán un segundo equipo más modesto en el corazón…). Sólo en este extraordinario deporte (y permítanme repetir la comparación que hice en Paladar Negro) David puede lanzarse con el cuchillo entre los dientes a por Goliath de la forma en que lo hizo ayer el Getafe. Con un planteamiento inicial ofensivo y transparente, con una expulsión injusta en el minuto 5, superaron su inferioridad numérica para adelantarse en el marcador, sufrieron un tremendo golpe a escasos minutos del final que les llevaba a la prórroga. Una plantilla corta que ha venido jugando tres competiciones hasta el mes de abril, sin apellidos de renombre, que recibe tal golpe de uno de los equipos más duros del continente, en lugar de derrumbarse física y anímicamente, empieza la prórroga apretando los dientes y estampando dos puñetazos en la cara de su altivo rival; y en el último suspiro, cuando parece que la gesta va a verse cumplida… el rival certifica su peligrosidad y le arrebata la victoria con dos zarpazos. Como decía el filósofo francés Albert Camus, “Después de muchos años en que el mundo me ofreció tantos espectáculos, lo que finalmente mejor sé sobre la moral y las obligaciones de los hombres, le debo al fútbol.”

Como argumentaba ya en uno de mis primeros posts, uno piensa con rotundidad que la razón por la que el fútbol es el deporte de las masas (además de su imprevisibilidad) es que el futbolero acude al campo principalmente a sufrir (a no ser que sea japonés o merengón). Pensarán que es ridículo que un culé piense así, pues muchos consideran que nos sentamos en las butacas del Camp Nou como el sibarita que se sienta en las del Liceo, y no puedo negar que en muchas ocasiones así lo parece (como por ejemplo en el último partido contra el Schalke 04). Pero como también defendí en otro de mis posts (Prometeo y la Invasión Vertical de los Bárbaros), el hecho de que una afición esté contenta u orgullosa de su equipo es exclusivamente una cuestión de objetivos iniciales. De ésta forma, un equipo como el Getafe cae en cuartos de la UEFA y jugará la Final de la Copa del Rey en breve, por lo que su afición estará sin duda exultante; pero con toda seguridad podemos afirmar que el equipo madrileño empezará el curso que viene con el mismo objetivo con el que empezó el actual: no perder la categoría, de forma que todos los logros añadidos serán éxitos para la entidad, y por lo tanto motivo de orgullo para sus seguidores. En mi humilde opinión, esto no significa que sea mucho más fácil ser de un equipo “grande” que de uno “pequeño” (tengo la intención de hablar sobre las comillas más adelante, pues considero que medir la grandeza deportiva no es algo trivial), si no todo lo contrario, pues la altura de los objetivos del “grande” multiplica la dificultad de su empresa, y por tanto las posibilidades de fracaso: la tristeza del equipo “pequeño” que desciende de categoría no es más acentuada que la del “grande” que pierde un título, o que ni siquiera alcanza a competirlo.

Sin duda, cualquier futbolero del globo ha sufrido en sus carnes la amargura de las tristezas deportivas. Incluso el eterno Milan vio como el Liverpool le arrebataba una final que tenía ganada en 2005. Qué decir del abusón Bayern, que sufrió la más cruel de las derrotas en la Final del 99 contra el Manchester, perdiendo la Copa de Europa tras 23 años de espera en dos lanzamientos de corner superado el minuto 90. El Barça sufrió el tremendo revés de la Final de Sevilla, o la “Final de los Palos Cuadrados” en Berna (“Somos campeones… ¡de la desgracia!” lamentaba el entrenador Enrique Oriazola), pero en cambio fue el responsable directo de la amargura del modesto “Superdepor” en el año del “Penalti de Djukic“. Tampoco podemos dejar de recordar uno de los momentos más célebres de la historia del fútbol: “El Maracanazo” del Uruguay de Obdulio Varela (gran personaje del que sin duda hablaré en el futuro) y Ghiggia en la Final del Mundial de Brazil’50 contra los anfitriones: “Sólo Frank Sinatra, el papa Juan Pablo II y yo fuimos capaces de callar el Maracaná lleno. Pensando hoy en ese momento, no consigo esconder mi tristeza por los aficionados.” Aun así, también se demostró que siempre hay espacio para la esperanza, pues viendo a su padre llorar desconsolado tras el partido, un niño de 9 años a quien llamaban Pelé hizo una promesa: “No llores papá. Yo ganaré un Mundial para ti.” Tan sólo tardó 8 años en cumplirla.

He de decir que el partido de ayer entre el Getafe y el Bayern me recordó muchísimo a otro momento sobrecogedor: la grandiosa Final de la Copa de la UEFA 2001 que el modestísimo Alavés de Mané (y curiosamente también de Cosmin Contra, que rubricó una actuación soberbia tanto en la eliminatoria entre Getafe y Bayern como en dicha Final) perdió por 5 goles a 4 tras un desgraciado gol en propia meta de Delfí Geli, también en el último suspiro de la prórroga, contra el Liverpool de Michael Owen, que ese mismo año se hizo con el Balón de Oro y conquistó con su equipo nada menos que cinco títulos. Con la seguridad de que no existe consuelo posible, y con la cita de Julio R. Ribeyro en la mente, diría a los héroes del Getafe, como también a los de Vitoria, lo que el viejo Eddie Futch dijo a su pupilo Joe Frazier tras arrojar la toalla en el legendario combate del 75 en Manila contra Muhammad Ali: “Siéntate hijo, nadie olvidará jamás lo que has hecho hoy aquí.”

Y pienso sinceramente que ésta es la lección más importante que cualquier deportista (y especialmente los jugadores del Barça actual) debería aprender de lo acontecido tanto ayer como en todos los momentos que hemos repasado. Calderón de la Barca ya se dio cuenta en el siglo XVII y lo escribió en su obra maestra “La Vida es Sueño”: “…acudamos a lo eterno; que es la fama vividora”, porque la vida deportiva de un futbolista es corta, y lo único que queda tras ella es la fama; el recuerdo que permanecerá gravado (o no) en la memoria imperecedera de la afición, que como tal no muere nunca. Ésta es una oportunidad de la que tan solo unos cuantos privilegiados pueden disponer: ¿no vale la pena aprovecharla? Sirva de lección la reflexión de Johan Cruyff: “Como ex futbolista, sé que no hay nada peor que estar convencido de que en su día dejaste escapar cosas que tenías en la mano. Es algo que se te queda dentro para siempre.” En vistas a la apasionante eliminatoria contra el Manchester, que nuestros futbolistas no dejen pasar esta oportunidad; y si hay que caer que sea como lo hizo el Getafe, peleando hasta el último segundo con orgullo.