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El Mosquetero

Jueves, 20 Agosto, 2009

Pinta de mosquetero, planta de futbolista. Narizota generosa, bigote estilizado, perilla recortada y media melena de espadachín, tan larga como para entregarle a un aire aventurero y tan corta como requiere el oficio de estilista del estoque. El mismísimo D’Artagnan. Brazos infinitos, porte de gigante y torso de bronce, como el Perseo de Cellini. No me cansaré de repetir que jamás le haría favores sexuales a ningún futbolista, entrenador, directivo, o demás personajes del mundillo, pero lo cierto es que uno está exultante con la llegada de Zlatan Ibrahimovic al Barça, al que colocaría sin dudarlo en el “top five” de los mejores futbolistas del mundo (por no situarlo directamente en el podio, lo cual podría llevar a más de uno a tacharme de oportunista, y no sin falta de argumentos).

Cuando Ángelo Moratti, presidente del Inter durante su época dorada en los 60, y padre de Massimo, actual presidente del club, vio a un joven Luís Suárez jugar en el Camp Nou quedó prendado de su fútbol, del cual dijo era “como un concierto de Paganini”. Sobre el césped, Zlatan Ibrahimovic es también un violinista, un bailarín, un cirujano. Su fútbol ha de suponer una (¿tranquila?) revolución para el complejo  engranaje blaugrana, hasta la fecha  sinfónico e implacable.

Algunos se preguntaran que si este sueco (rematadamente balcánico) es tan bueno, como es posible que uno de los entrenadores más prestigiosos del momento como José Mourinho lo haya dejado escapar. Desde luego no creo que fuera porque, como dicen algunos, la oferta del Barça fuera un disparate económico. El Inter de Milán que ha cosechado los últimos tres “scudettos” era un equipo que jugaba al son de su 9, su punta de lanza (tal como ya lo definí en el post ¡A por Ellos, que son Pocos y Cobardes!) en lugar de hacerlo, como la gran mayoría de los equipos profesionales, bajo la batuta de su centro del campo, con buenos futbolistas, pero más dado al choque y a la brega que a la destilación de un fútbol combinativo. Un poco al estilo con el que Ron Wood define la música de los Rolling Stones: “En otras bandas los músicos siguen al baterista, los Stones seguimos al guitarrista.” Era el Inter del todos para uno y uno para todos. Seguramente el amigo Mourinho hubiera preferido que el genio Zlatan permaneciera en la escuadra milanesa, pero un enfermo de la táctica como es el portugués habrá visto en la operación  una oportunidad de cambiar un modus operandi que, cierto es, ha servido a los “nerazurri” para reinar en el descafeinado “calcio” de los últimos tiempos, pero que nunca ha alcanzado para competir con los gigantes de Europa.

Hasta la llegada de Ibrahimovic el juego del Barça era completo, perfectamente meditado, coral y cuya harmoniosa cuadratura no encorsetaba la libertad creativa de nuestros fantásticos jugadores. Como un tema de Neil Young o una novela de Josef Conrad, donde todo encaja, hasta cada cabriola musical o cada pirueta literaria. El portento Zlatan es el delantero total: flirtea con el balón (ahora lo esconde, ahora lo muestra), remata de primeras, choca, dribla, se asocia, abre espacios, arrastra defensas… Decía Pep de Pedro (que apuesto será una de las sensaciones de la temporada) que “conoce bien el oficio de extremo”. En la misma línea se puede decir que no hay un aspecto del oficio del delantero que Ibrahimovic no domine de manera abrumadora. ¡Menudo ariete! ¡Imagínenlo junto a Messi, Iniesta, Xavi, Alves, etc.!

Es indiscutible que este es el Barça de Messi, tanto en el terreno de juego como a escala salarial, pero no podemos descartar que impregnado de nuestra filosofía futbolística y liberado de las ataduras del rígido fútbol italiano, Ibrahimovic destape el tarro de las esencias para convertirse en el alma misma de nuestro fútbol, y como “Long” John Silver o Hanníbal Lecter termine por ser el prodigioso personaje secundario que eclipsa al protagonista para otorgarle un sentido total al relato. Dice un proverbio japonés que “el alma del samurái es la katana, y su punta la parte más importante, pues es la parte que el samurái muestra al mundo.” En un equipo de fútbol, el perfil del 9 condiciona el espíritu mismo de su juego, constituyendo su vanguardia, su fachada principal. Ibra no es Eto’o, y algunas cosas cambiaran, pero los culés no podemos (ni debemos) esperar que vayan a hacerlo para mal, sino poner toda nuestra fe en que la combinación IbrahimovicBarça resultará demoledora para la temporada entrante y también para las que la vendrán.

Decía en el último post que el fútbol no es álgebra (¡menos mal!), y que por esta misma razón el Madrid de CR96 y Kaká no tenía porqué superar automáticamente los muchos puntos que consiguió el Madrid de Raúl e Higuaín. La misma afirmación es válida para el Barça actual. Quizás Zlatan no consiga los 30 goles de Eto’o, y es poco probable que el equipo repita el triplete del año pasado (no lo olvidemos: el Santo Grial de la Europa futbolística) a pesar de su contratación, pero sea como sea la incorporación de este fuera de serie ha sido, a priori y a mi entender, un golpe de mercado acertadísimo  que arrojará jugosos dividendos deportivos al Club.

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Parafernalia

Viernes, 3 Julio, 2009

Los que busquen en estas líneas una crítica a la política económica y de club que el Madrid ha rescatado en el segundo adbenimiento de Florentino (“¿Hay alguien que sea capaz de imaginarse el fútbol sin el Real Madrid?”) pueden dejar de leer. No se de dónde sacará los “millardos” el nuevo mesías de las huérfanas praderas futbolísticas, ni entraré en consideraciones éticas que otros estarán en mejor disposición intelectual de debatir. El merengón que lea estas líneas ha de saber por adelantado que éste culé no escribe sobre el Madrid muy a menudo (de hecho este será, quizás, el segundo o tercer párrafo que uno le dedica), ni sucumbe a esa supuesta monomanía obsesiva que se tiene en Barcelona por lo que se cuece en las blancuras, y que ciertos medios se dedican a medir con un curioso aparato bautizado con tanto éxito como “el cagómetro”.

Según cuentan los profesionales en la utilización de tan extraordinario aparato, en las últimas semanas las lecturas del “cagómetro” se han disparado hacia escalas nunca vistas hasta la fecha (ni siquiera alcanzadas tras el gol de Higuaín en el Bernabéu). Los pusilánimes culés, (léase paganos herejes), liderados por el infame Laporta, se revuelven temerosos en su vil oscuridad, aferrándose a falsas profecías sobre los cataclismos y dilubios universales que acarrearán las grandiosas inversiones económicas de Florentino, apelando a su falsa moral y a su incrédula hipocresía. Esta es la visión que parece sugerir la prensa madridista de Madrid. Y ojo, sólo digo que lo parece, o al menos esta es la impresión que uno humildemente tiene y a la que, insisto, no pretendo añadir una enésima réplica.

Aclarado esto, seámos un poco más serios, pues como dijo el piloto Robert Kubica (y me gustaría que constara que uno no es precisamente un fan de la Fórmula 1), “Preferiría haber competido hace 30 años, con menos parafernalia.” Se ha dicho muchas veces que a la plantilla que ha sufrido muchos cambios de un año para otro le cuesta más esamblarse y sublimar un fútbol de equipo, con sus automatismos, su autoconocimiento de las propias virtudes y limitaciones, así como de sus complegidades internas.  En contra de estos argumentos, es un hecho contrastable que los equipos que realizan inversiones fuertes y revolucionan sus plantillas con valores seguros suelen arrojar dividedos en un periodo de tiempo muy corto (aunque, claro está, habrá quien encuentre sonoras excepciones) llevados, quizás, por una inyección psicológica además del componente puramente futboísitico. La temporada 96/97 con el Barça de Sir Bobby Robson (con Luís Enrique, Giovanni, Ronaldo, Pizzi…) y el Madrid de Fabio Capello (Suker, Mijatovic, Roberto Carlos, Illgner, Panucci…) es un buen ejemplo de ello. Lo que quiero decir con esto es que seguramente (y no saben cuánto me gustaría equivocarme…) la temporada que viene el Madrid irá como un tiro. El problema para ellos es que el Barça, no lo duden, va más bien como un misil.

No se a ustedes, pero a un servidor le resulta muy difícil imaginar un equipo capaz de plantar cara al Barça del curso anterior, por muchos nombres y fichajes de relumbrón que tenga. Claro está que son muchos los factores que influyen en el nivel futbolístico de un equipo, y que el excelso momento de forma alcanzado por los chicos de Guardiola debe responder a un equilibrio muy frágil y complicado, y por ende difícil de mantener, lo que debe hacernos reflexionar acerca de la enorme dificultad de los éxitos vividos la temporada pasada. No vean en esta última frase una especie de epitafio al “Pep-Team” tras los movimientos de mercado de este verano (que no lo olviden, recién empieza), ¡ni muchísimo menos! Bien es cierto que una racha triunfal de tal calibre será difícilmente repetible, y que un Madrid tildado por muchos de mediocre pudo aguantar el tremendo tirón, pero no olbidemos que tanto los blancos como los blaugrana batieron récords durante este toma y daca espectacular. Los que piensen que el Madrid de Cristiano Ronaldo y Kaká superará automáticamente los puntos conseguidos por el de Higuaín y Raúl en la pasada campaña sucumben a una visión algebraica y simplista del fútbol muy alejada de la realidad.

Lo único que podemos afirmar a día de hoy sobre el devenir de la temporada que está por llegar es la idea de fútbol que propondrá el Barça en su primer encuentro oficial, y esto ha de representar algo muy alentador para los culés. Nuestro fútbol de posesión y posición (el fútbol total más genuino) busca lo incontenstable, lo imparable: la perfección (que no por inalcanzable ha dejado de ser buscada con ímpetu por nuestros chicos). No olvidemos que varias personalidades del mundo del fútbol (quén sabe si de forma exagerada y sucumbiendo a la parafernalia de que nos advertía Kubica) nos colocaron entre los mejores equipos de la historia del fútbol, comparándonos con el fantasioso Brazil’70 de Pelé, la precisa Naranja Mecánica de Cruyff o el abasallador Milan de Sacchi entre otros. Pensar que le Madrid que está por venir entrará automáticamente en este selecto club por el mero hecho de haber gastado más que nadie hasta la fecha es, aunque en absoluto descartable, poco menos que aventurarse en una osadía a mi juicio algo temeraria. Si seguimos desplegando tal nivel futbolístico no impagino rival posible (si bien espero que el carácter cauto de Guardiola le empuje, por nuestro bien, a pensar todo lo contrario).

Así pues, no se si se dará el caso, pero el Madrid debería cuidarse mucho de subestimar al Barça. Por un lado, resulta difícil pensar que un tipo tan sensato como parece ser Manuel Pellegrini (“El entrenador es 95% en la semana y 5% en el partido”) pueda incurrir en este error fatal, si bien está por ver si su papel en todo este tinglado que es el Real Madrid será de una relevancia acorde con su cargo o bien, como sugieren algunos, el de mero comparsa del condescendiente Florentino, opinión esta última que no comparto en absoluto, pues no me imagino al presidente blanco, por muy tocado por todos los ángeles y arcángeles que esté, haciendo las alineaciones cada domingo.

Para acabar déjenme romper una lanza en favor del equipo técnico y directivo del Barça, que en las últimas fechas está recibiendo algunos palos por su supuesta pasibidad en el mercado. No se equivoquen, ni siquiera Manchester y Milan, con dinero fresco en sus arcas, han movido ficha. De bien seguro Txiki tenía una hoja de ruta ya trazada en primavera que las cantidades manejadas por el Madrid han hecho inviable. A falta del desenlace del caso Eto’o (una auténtica lástima), no se puede negar que la alternativa Villa, muy válida en mi opinión, habría sido mucho más fácil de no ser por Cristiano y Kaká, negociando con un Valencia que tristemente, y a pesar de las apariencias a juzgar por cómo está llevando la negociación, acumula una deuda de más de 500 millones de euros. No hay duda que si el fichaje cristalizara sería una gran notícia, además de que sería el segundo delantero (después, no lo olvidemos, del propio Eto’o) que llega al Barça gracias a la magnanimidad de Florentino, que en un acto conciliador decidió renunciar al Guaje por no “herir sensibilidades ni provocar un enfrentamiento con toda una comunidad autónoma como la valenciana”. Florentino Pérez, guardián y abanderado de la paz mundial, el nuevo Gandhi, ¡dejad que los niños se acerquen a él! ¡Oh happy day, oh happy day!

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¡A por Ellos, que son pocos y Cobardes!

Sábado, 14 Febrero, 2009

Bien entrado ya el mes de febrero, empieza a flotar en el ambiente ese cosquilleo general, ese aroma exquisito a noches memorables y luchas de gigantes que desprende la Liga de Campeones.  Como algunos (seguramente más bien pocos) de ustedes sabrán a estas alturas, soy de la opinión que, si bien es importantísimo y un gran triunfo salir campeón de Liga o de Copa, la competición más importante del año no puede ser otra que la Copa de Europa, donde los colosos europeos miden su grandeza y ponen sus fuerzas en liza por la hegemonía continental y por un hueco en la memoria colectiva. Como dirían Loquillo (a quien no conozco personalmente pero con quien, además de compartir una cierta “Simpatía por los Stones”, podría echar gustoso unas cañas) y sus Trogloditas: “¡A por ellos, que son pocos y cobardes!”

Uno es consciente que la rabiosa actualidad obligaría a hablar del partido de esta noche en Sevilla, del Barça contra este Betis “made in” Paco Chaparro, o del gran momento de la Selección Española tras la victoria incontestable ante Inglaterra (triunfo del que, dicho sea de antemano y para que conste en acta, me alegro muchísimo). Respecto al primero de los asuntos, parece que en los últimos días a surgido la idea que el Barça no puede ganar todos los partidos, que algún día tiene que perder, y que tras su victoria reciente en el Sánchez Pizjuán unida al regreso de Oliveira, el Betis puede ser un buen candidato a acabar con la gran racha barcelonista, a pesar de que hace escasas dos semanas su simpático entrenador estaba en la cuerda floja y el equipo al borde de la zona de descenso. A sabiendas que estas sensaciones tienen un cierto tufillo a prensa de Madrid (ese tipo de tufillo que, por otro lado, suele inexplicablemente calar siempre entre la prensa de barcelonesa y por tanto entre nosotros los culés), como también que esta misma noche podría tener que comerme estas líneas con patatas, uno se pregunta: ¿y por que no va a ser así? ¿Por que no puede el Barça seguir ganando y continuar su racha arrolladora y triunfal? Sin ir más lejos y a bote pronto, no hace tanto (en 2004, y por tanto en un contexto futbolístico moderno) el Arsenal logró salir campeón invicto de la Premier League (y conste por delante que uno no es ni mucho menos un fan de Arséne Wenger y su Arsenal de pimpollos, más bien todo lo contrario, como tengo previsto explicarles en otra ocasión). A ese sector de la prensa (agasajadores de Wengeres, Florentinos y furias rojas) le diría sin despeinarme que no se equivoquen: la Selección Española es un muy buen equipo de fútbol, el Barcelona es una barbaridad.

Centrándonos ya en el tema que nos ocupa, el periodista pugilístico estadounidense Bert Randolph describía así los instantes previos a los combates del “Bombardero de Detroit” Joe Louis allá por la década de los 40: “Los ojos profundos de Louis atraviesan a sus rivales, que comienzan a temblar porque saben que están en el bando de los perdedores.” ¿No es esta la sensación que tendrán a día de hoy los jugadores del Olympique de Lyon o el resto de supervivientes en la competición viendo el currículo que presenta el Barça esta temporada? Nunca la confianza en las propias posibilidades ha sido tan importante en ningún otro equipo deportivo como ha venido siendo para el Barça a lo largo de su historia. Es por esto mismo que dije en su día que la campaña pasada podía marcar un antes y un después para el barcelonismo, porque estaba a nuestro alcance el lograr el triunfo europeo sin esa necesidad de sentir el miedo en los ojos del rival, de sabernos superiores en todas las facetas, desde la más resultadista a la mas estética (hecho que para bien o para mal no aconteció, confirmando nuestro peor y hasta la fecha incorregible defecto). No me dirán, a toro pasado y tal como se desarrolló la semifinal en sus dos encuentros, que no era del todo factible eliminar al Manchester United… No estuvimos ni mucho menos tan lejos de lograrlo.

Pero el hecho es que, miren ustedes por donde, para sorpresa de todos y casi sin contar con ello, ha llegado de nuevo el febrero futbolístico y, como en el 92 o el 2006, “Cuando Fuimos los Mejores”, volvemos a ser Joe Louis, y todo el mundo futbolístico, incluidos nosotros mismos, sabe lo que en su día supo Bert Randolph: que este año el Barça es el caballo ganador. Mirando un poco el cuadro de equipos clasificados, se presentan a priori tres eliminatorias clave a la hora de vislumbrar cuáles sería nuestros rivales a batir si superamos al Lyon, triunfo que no podemos dar por hecho, por aquello que la magia del fútbol es que existan equipos respondones como el atrevido Hoffenheim alemán (algún día hablaremos de él) o el Getafe de la pasada campaña (del que hablé en el post Sobre Tristezas y Famas) capaces de amargar la fiesta al favorito en las apuestas.

En primer lugar hay que estar atentos al choque de trenes entre Manchester Utd.Inter, para mi la eliminatoria estrella de los octavos, pues de aquí podría salir nuestro principal obstáculo de cara a hacernos con la Copa en Roma. Retener el trofeo es una empresa complicadísima (imposible desde el Milan de de Sacchi en el 90), pero el United conserva una plantilla muy competitiva y cuenta con la mística de Old Trafford, si bien el equipo inglés sufre de males similares a los que nos azotan a los culés, a pesar incluso de su reciente triunfo del año pasado. Caso aparte es el Inter, dominador absoluto del calcio en los últimos años, se estrella año tras año con estrépito en los cruces eliminatorios bajo la losa de sus urgencias históricas en Europa, pero que de superar a los Diablos Rojos reforzaría peligrosamente su moral. Los nerazurros cuentan con una plantilla extraordinaria y muy extensa (aunque quizás con un centro del campo algo rudimentario) , además de tener al portento Zlatan Ibrahimovic como punta de lanza, un autentico fenómeno técnico a la vez que demoledor delantero; y a nuestro viejo conocido José Mourinho en el banco, hablando en términos futbolísticos siempre competitivo en eliminatorias a doble partido (por muy bien o muy mal que pueda caerle a algunos). En mi humilde opinión son el segundo equipo a batir tras el Barça (claro que, siendo el Inter, a lo mejor se la pegan en el primer partido de octavos y se acabó lo que se daba para sus sufridos tifosi).

Tras estos dos huesos, no hay que perder de vista al Liverpool y a su leyenda Steven Gerrard, pues todos sabemos que aunque este año se han propuesto como objetivo primero ganar (por fin) la Premier League, bajo la batuta de Benítez conservan intacta su (perdonen la expresión) “putería” en las competiciones de cruces directos. Ya lo saben, frente a ellos: ¿Y el Madrid? Pues ya he dicho en alguna ocasión que no me fío ni un pelo de los blancos, por desgracia para nosotros ellos no padecen el tipo de males de los que adolecemos nosotros (si bien padecen otros que por supuesto no pasaré a enumerar). ¿Qué tendrán estos equipos a los que nunca se puede dar por muertos? El Colmillo Retorcido amigos… Aun así, a priori la eliminatoria parece favorable a los de Anfield.

El tercer partido importante es sin duda el JuventusChelsea, equipos a quienes no podemos perder de vista. La Juve de Alessandro del Piero es perfectamente capaz de dar un susto a cualquiera, pues posiblemente sea el equipo que menos tiene que perder entre los grandes después de su travesía por el desierto. Por otro lado, habrá que ver como reacciona el Chelsea al cambio de entrenador. Cuidado con ellos porque el año anterior pasaron por un proceso similar y acabaron por llegar a la gran Final, que pelearon hasta el último lanzamiento de penalti como bien recordarán. Tanto italianos como ingleses juegan cómodos sin el balón, y eso los hace especialmente peligrosos para nosotros.

Llegados a este punto, mucho me temo que los demás participantes van a ser meros comparsas en todo esto, si bien la eliminatoria ArsenalRoma puede ser bonita y competida (sin duda estoy con mi admirado Francesco Totti y los giallorossi) y desde luego cualquiera de los dos equipo puede dar un susto a los a priori favoritos, al igual que, por historia y savoir fer en esta competición, el Bayern de Munich. Tras este repaso de candidatos hay que insistir pues en remarcar que somos los favoritos al título, con nuestros Messi, Eto’o, Alves, Xavi, Iniesta y compañía a las órdenes de Pep. Que tiemblen nuestros rivales, porque además somos conscientes de ello, y esto garantiza que, al menos, vamos a competir esta Copa de Europa. Lo que pase a partir de aquí, y citando de nuevo a Loquillo, quizás sólo “Los Gatos lo Sabrán”.

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Jumpin’ Jack Flash

Martes, 27 Enero, 2009

Como algunos de ustedes sabrán, y otros habrán podido observar, uno simpatiza con la idea musical que representan los Rolling Stones, llegando incluso a plantearse el hecho de que si un extraterrestre perdido e ignorante llegara a la Tierra y le preguntara por el sonido de sus Satánicas Majestades, por su estilo característico, podría llegar a plantearle, con gran vehemencia y sin dejar lugar para la duda, que para conocer la respuesta debería escuchar su poderoso y maravillosamente estrambótico tema Jumpin’ Jack Flash, con el que Jagger, Richards y compañía suelen abrir todos sus conciertos. Que todo el mundo esté tranquilo, efectivamente este es un espacio de temática deportiva; pero uno es culé, y como le dijo el conguito Andrés Montes (y su pajarita) a su colega Antoni Daimiel en su época más exuberante como comentarista de la NBA: “El Barça es para el fútbol lo que el Satisfaction de los Rolling Stones es para el Rock ‘n’ Roll”. Por lo tanto, alguna relación habrá, digo yo…

De esta manera, si el mismo extraterrestre despistado le preguntara a uno por el juego del Barça de Guardiola,  por la idea futbolística que defiende, seguramente habría que mostrarle un video del partido contra el Deportivo de la Coruña, de hace escasamente dos semanas, o en menor medida por la victoria contra el Atlético en el Calderón en los octavos de Copa, de la misma forma que si preguntara por el Dream Team habría que enseñarle un video del Barça – Dinamo de Kiev del 93. Perfectamente colocado sobre el tapete, con un control insultante de la posición y la presión, y un vertiginoso juego con balón en cuanto a la precisión de los pases, la inteligencia en los desmarques y a la velocidad de los cambios de juego, el Barcelona arrolló al Depor con un juego vistoso y  efectivo a partes iguales, en busca no tanto de la victoria como de la excelencia. No se cuál es la idea que cada uno de ustedes tendrá sobre lo que consideraría “perfección” en cuanto a fútbol se refiere, ni siquiera si es correcto el mero hecho de plantear la existencia de este ideal, pero sea como sea creo que el citado partido contra el Deportivo tiene que acercársele mucho. Decía John Lenon que “Si trataras de darle otro nombre al Rock ‘n’ Roll, quizás deberías llamarlo Chuck Berry”; tampoco se si también quizás deberíamos ir pensando, como sugería Lenon, en acuñar un nombre para la idea futbolística que tan sólo el Barça entre los más grandes de Europa se atreve a poner en práctica desde hace ya algunos lustros.

Dicho esto, también hay que apuntar que desde luego, y muy a pesar del resultado final, tan provechoso para nosotros, en mi humilde opinión el partido de este fin de semana contra el Numancia no se contaría entre los “greatest hits” del Pep Team. Dejando de lado la actuación arbitral (tema recurrente sobre el que algún día hablaremos), no me pareció ver en el Barça esa aureola de invencibilidad y perfección que ha venido mostrando en otras ocasiones a lo largo de esta campaña, sino más bien todo lo contrario. Mis dudas se apoyan en la sensación que de haber desplegado el mismo juego en una eliminatoria directa de Liga de Campeones hubiéramos tenido serios problemas para superar a un rival de envergadura (aunque “Si mi abuela tuviera un pizelo… sería mi abuelo”), y sería una auténtica lástima después de haber demostrado el gran potencial que albergamos esta temporada. Baste lo que sigue para demostrar que sin duda y aunque suene a topicazo, efectivamente de momento no hemos ganado nada, aun a sabiendas que a lo mejor le metemos cinco al Español y siete al Racing en los dos próximos partidos, o que, porque no decirlo, otros lo tienen muchísimo más difícil que nosotros (como el Real Madrid, por poner un ejemplo al azar…)

Volviendo al partido del domingo, a pesar de algún destello en jugadas puntuales, como los rapidísimos y teledirigidos cambios de juego de una banda a otra, nuestro fútbol me pareció algo desordenado, desbocado más bien, un enorme riesgo de cometerse tal error contra equipos capaces de armar un buen contragolpe. Y cuando hablo de “buen contragolpe” no me refiero tanto a la velocidad con la que un equipo puede plantarse de un área a la otra, sino más bien a la precisión con la que algunos equipos saben percutir sobre una defensa desprotegida, víctima de alguna pérdida de balón en posiciones adelantadas, ya sea porque el equipo no ordene sus ataques o por un simple despiste táctico. Sin ir más lejos  tal como incluso el modesto Numancia pudo lograr (lo que les valió un golazo que el árbitro finalmente anuló), o como sin duda equipos europeos como la vieja Juventus o el complicado Liverpool son más que capaces de hacer, por mucho que, dicho sea de paso, la rapidez con la que el Barça recupera la posición tras una jugada ofensiva o el trabajo defensivo de nuestros hombres de ataque están siendo más que correctos hasta la fecha.

Por favor, no piensen que soy uno de esos culés pesimistas que se acostumbran demasiado rápido a un contexto de privilegio hasta el punto que incluso un 4 a 1 pueda saberme a poco: desde luego hicimos bien muchas cosas para rubricar un marcador tan amplio; pero esas complicadas conducciones en la frontal del área y esos intentos de paredes imposibles entre un muro de rivales me recuerdan a muchos episodios de impotencia de la pasada campaña, y se me ocurren varios equipos con el colmillo lo suficientemente retorcido como para hundirnos en la miseria futbolística por ello. No seré yo quien alimente el bulo infundado de que Messi es un “chupón”, pero he de confesar que a veces a uno le vendría en gana pegarle un buen cachete para que levantara la vista de sus botas. Ganamos por acoso y derribo, hecho que no es malo, pero que no nos servirá para levantar otra Copa de Europa.

Volviendo al tema del extraterrestre, y pensando en que quizás la gran diferencia con respecto a la temporada pesada en cuanto a los atascos en la frontal se refiere sean 33 millones de euros brasileños y un carril derecho con el césped maltrecho, a lo mejor si nosotros le preguntáramos al visitante sobre Dani Alves resultaría ser su primo, o cuando menos, un familiar lejano (o a lo mejor nos comentaría que si le hicieran mear en un bote quizás acabaría en la nevera de por vida, porque lo de este chico no es normal). A un servidor le parece que Alves tiene mucho de Jumpin’ Jack Flash, con esa potente arrancada (“I was boooorn in a cross-fire huricaaaane!!”) y ese aspecto de loco saltimbanqui. Sea como sea fue un acierto total, y seguramente también la viva imagen de las mayores virtudes y (pocos) defectos del Barça a día de hoy. (I’m Jumpin’ Jack Flash/It’s a gas gas gas!!)

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Mariscales

Martes, 16 Diciembre, 2008

Hace ya algún (o demasiado) tiempo que yacen abandonados en las catacumbas de este espacio una serie de estudios y disertaciones subjetivas, que desarrollé con la intención de catalogar las distintas especies que habitan el variopinto mundo del fútbol y del deporte, y que, como no podía ser de otra manera, acompañé con una suculenta guarnición de ilustrativos ejemplos. Ya va siendo hora pues, tras Tiburones, Pufos, Vedettes y Carniceros, que desvele la quinta entrega de la saga, inspirada en la visión de el gran Alessandro del Piero, luciendo su zamarra “bianconera” y su brazalete de capitán, a la cabeza de once juventinos en la boca de vestuarios del Santiago Bernabéu, soltando tensión con semblante rudo antes de pisar el césped, como el boxeador antes de enfilar el cuadrilátero, o el pájaro que bate con fuerza sus alas antes de elevarse por encima de los hombres. Tras su memorable actuación en los dos encuentros de Liga de Campeones contra el Real Madrid, toca hablar de Mariscales, los leones del deporte.

Según Michael Jordan, “El corazón es lo único que separa a los buenos jugadores de los grandes.” El 10 de la Juventus, orgullo de la hinchada turinesa, rocordó al mundo, sus 34 años recién cumplidos y sobre el césped, donde debe hacerlo un futbolista, el significado de la palabra liderazgo. Muchos (entre los que me incluyo) daban su carrera por acabada, bastante antes incluso de conocerse el descenso de la Bechia Signiora a la Serie B tras el escándalo del “Moggigate” hace ya un par de años. Al contrario que la mayoría de la plantilla de estrellas con que contaba por aquel entonces el equipo, incluído el entrenador Fabio Capello, el capitán mostró des del primer momento su intención de renunciar a su estátus de privilegiado en el escaparate futbolístico europeo y seguir a su Juventus hasta el mismísimo infierno futbolístico (pues esto era precisamente la segunda división para la escuadra con más “Scudettos” de la historia del “calcio” italiano), adquiriendo el compromiso firme de devolverla a los puestos de honor del futbol continental. Algunos, como el extraordinario delantero sueco Zlatan Ibrahimovic, el héroe del Mundial de Alemania Fabio Cannavaro o el mismo Capello, no dudaron en forzar su marcha; otros como Zambrotta o Thuram se fueron en silencio, y jugadores cotizados como David Trezeguet o Mauro Camoranessi permanecieron en la Club tras flirtear con el traspaso durante todo el verano. La determinación de Del Piero de reflotar el barco a toda costa arrastró a los veteranos Buffon y Nedved, y hace unas semanas, en el Bernabéu, cumplió su promesa haciendo justicia a su nombre y cerrando el círculo. Por momentos, su juego que recordó al de aquel chaval que ascendió al primer equipo para sustituir al gran Roberto Baggio, demostrando que fue un jugador de Serie B por entrega a sus colores, y nunca por haber perdido la capacidad de desequilibrar un partido de una competición de élite. Hay jugadores que pertenecen a una camiseta.

En las ocasiones en que uno habla sobre Marisacles, esta última afirmación adquiere importancia superlativa. Qué me dicen de Riquelme, futbolista apático que a penas dio una buena temporada en Villareal tras su discreto paso por el Camp Nou, pero que cuando se enfunda la casaca azul y oro de su Boca Júniors pasa a convertirse en Román, piedra angular y mito viviente del cuadro xeneize, y cuya trayectoria deportiva se ha desarrollado en paralelo a la de su extraño compañero de fatigas Martín Palermo, que en la Bombonera  sufre su metamorfosis particular para transformarse en “El Loco” Martín, bombardero cazador de goles. Para que los hinchas de River no se sientan ofnedidos, grande es también la historia del extraordinario “Principe” del Monumental, Enzo Francescoli, que vivió también el fracaso europeo, pero cubrió de gloria a los millonarios liderándolos magistralmente durante su dominio del fútbol suramericano en los 90.

El escritor Francisco Humbral dijo en una ocasión que “El fútbol es la estilización de la guerra”, y cuál ejército, cada equipo tiene sus soldados, sus mandos inetermedios y sus generales. A diferencia del Tiburón, el Mariscal entiende que la verdadera gloria se esconde en liderar un triunfo colectivo (y por tanto compartido) muy por encima de la que puede alcanzarse en el éxito invidividual (seguramente razón por la cual, por poner ejemplos ajenos al fútbol, a los golfistas les motiva tanto jugar la Ryder Cup o a los tenistas la Copa Davis). Es por ello que, volviendo a Italia y rememorando otras grandes actuaciones de futbolistas transalpinos en el Bernabéu, es imperativo honrar en estas líneas al mejor Mariscal de campo de la actualidad: “Juego para que me recuerden.”  No hay otro como Francesco Totti. Paradigma del líder entregado a sus colores, el Aquiles romano ha entendido como nadie la poderosa capacidad que el fútbol posee para inmortalizar sus leyendas. Tras su asombrosa victoria en la carrera por la Bota de Oro tras aceptar jugar de 9 como sacrificio personal en favor del equipo, fue preguntado por su temprana afiliación a la hinchada “giallorossi” en una época en la que el Milan de Sacchi dominaba Italia y Europa: “Es cierto que el Milan era más poderoso con Van Basten, Gullit y Rijkaard. No estaba mal. Pero, como romanista, no podía admirarlo.” En ocasiones uno gustaría de ser hincha de la Roma para poder sentir que ese tipo es uno de los tuyos. De esta forma, vemos en Totti uno de los rasgos más característicos de esta raza de leones: hoy es impossible imaginar a la Roma sin su Mariscal, su nombre no caerá en el olvido.

Como tampoco debería hacerlo para el gran público el que posiblemente sea el líder más feroz de la historia del futbol, protagonista a principios de los 50 de una de las hazañas más hermosas y recordadas de la historia del fútbol para gloria de la casaca celeste de Uruguay. Tras la clasificación para la Final de la Copa del Mundo de Brazil’50, los directivos uruguayos visitaron el vesuario del equipo satisfechos: “Muchachos, cumplieron”, dando por buena la segunda posición del campeonato, a lo que una voz de trueno respondió sin vacilar: “¡Cumpliremos sólo si somos campeones!”. En los minutos antes de saltar al césped de Maracaná bajo la mirada de 200.000 enfervorecidas almas brasileñas que ya celebraban la victoria, Obdulio Varela, orgulloso capitán del cuadro uruguayo, arengaba a los suyos: “¡Los de afuera son de palo!”. Tras el primer gol brasileño a cargo de Friaca, “El Negro Jefe”, con su mítico 5 en la espalda, se dirigió con tranquilidad y paso firme hacia la portería, recogió suavemente el balón de las mallas, y sin soltarlo se dirigió de la misma guisa primero al juez de línea y luego al árbitro para reclamar un fuera de juego inexistente, hasta el punto de pedir un traductor para poder dialogar con el juez. La repleta grada de Maracaná fue apagando su griterío hasta enfriarse por completo en el momento en que Varela colocaba el esférico en el punto central. El 5 de Uruguay paró el partido dando un respiro a los suyos; el resto es historia. Todos sus compañeros en el equipo uruguayo del Maracanazo coincidieron en considerar que sin el liderazgo de Varela nunca hubieran alcanzado el éxito. Con él sobre el césped, Uruguay jamás conoció la derrota en ningún encuentro mundialista. Murió como nació, en la pobreza, pero su nombre tampoco caerá jamás en el olbido.

En algunas ocasiones, la aureola de líder de un grupo, de mito viviente, traspasa aquello que únicamente concierne a los propios compañeros de equipo para empezar a hacer mella en el rival. ¿Qué me dicen sino del gran Eric Cantona y el murmullo que tomaba las gradas de los campos ingleses en las contadas ocasiones en las que, por alguna inusual razón, el francés salía des del banquillo? Pero desde luego si nos atenemos a este aspecto del carácter del Mariscal, no se puede pasar por alto al legendario meta soviético de los 50 y los 60 Lev Yashin, “La Araña Negra”. Único portero de la historia en ganar el Balón de Oro, cuenta la leyenda que los delanteros rusos que se enfrentaban a su Dinamo de Moscú creían que Yashin podía desviar el balón sólo con la mirada, y que algunos incluso sentían la obligación de pedirle perdón cuando le marcaban un gol. El mismísimo Pelé llegó a decir que “cuando encaras a Yashin, lo mejor que puedes hacer es entregarle directamente el balón”.

Aunque uno es culé y tiene que guardar las formas, sería poco menos que un pecado capital (recuerden que según el periodista de la Cadena SER Manolo Lama caminamos sobre un mundo en el que “Dios es del Real Madrid”) dejar de preguntarnos en una ocasión como esta, si sería imaginable pensar en el 7 de Raúl impreso sobre una camiseta que no fuera la (purísima y blanquísima) del Real Madrid; pues después de todo el beato Florentino Pérez se preguntaba hace ya algún tiempo: “¿Hay alguien que sea capaz de imaginarse el fútbol sin el Real Madrid?”

Volviendo a asuntos más terrenales, hablamos pues de jugadores con alma, grandes capitanes. Paul Scholes (según Bobby Charlton “el último jugador que simboliza todo lo que es el Manchester”); el poeta guerrero del Liverpool Steven Gerrard (tras una derrota: “La gente ha pagado dinero por vernos, se priva de caprichos, y no hemos estado a la altura del Liverpool. Tenemos una obligación con la camiseta, con la gente y con este pueblo. Que nos echen la culpa a los jugadores. Yo les pido perdón. Hoy no fui digno de jugar en el Liverpool”); Franco Baresi primero y Paolo Maldini después en el Milan; Puyol o Luis Enrique en nuestro Barça (del que el arisco Mourinho decía en sus tiempos de segundo de abordo de Bobby Robson “Yo siento por él algo especial. Habla poco, trabaja mucho, bromea con todo el mundo, no sabe perder y además no sabe responder en qué puesto le gusta jugar más”)…

Muchos pensarán que todos los equipos cuentan con un Mariscal, el hombre que tira del grupo en los momentos difíciles, pero la realidad es que sólo algunos elegidos consiguen elevarse por encima del resto y conseguir que su nombre permanezca tan íntimamente ligado a una camiseta como sus mismísimos colores imperecederos; de la misma manera automática en que nuestro subconsciente asocia el nombre de Julio César a la antigua Roma o el de Haníbal a los cartaginenses que hicieron temblar sus cimientos: “Encontraremos un camino o haremos uno nuevo.”

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El Partido del Año

Domingo, 20 Abril, 2008

“Ninguna enfermedad me hubiera mantenido alejado de este partido. Si hubiese estado muerto, hubiera hecho sacar la caja, ponerla en la grada y hacer un agujero en la tapa.” Supongo que la mayoría de ustedes estarán igual que yo: “¡Que empiece ya!” Ante una cita como el del próximo miércoles, hay que recurrir a los viejos maestros como el gran Bill Shankly, autor de la célebre frase y que sin duda, frente una situación como la de nuestro equipo a escasos tres días del partido del año, buscaría (y encontraría) varias razones para el optimismo.

Como apunté hace algún tiempo en el post Queda Europa, son muchos los grandes equipos que tristemente no lograron alcanzar el máximo título europeo, ya fuera por mala suerte o por alguna otra razón. Sin duda el Barça ha sido en demasiadas ocasiones protagonista de este tipo de situaciones en distintas épocas: ¡hagamos que esta vez sean otros los que se queden en la cuneta! En los últimos días se ha podido comprobar que en Manchester confían mucho en sus posibilidades (no es para menos dado el nivel de juego que están exhibiendo), pero también que nos consideran un equipo grande y peligroso, atributos que parece nosotros mismos no acabamos de asumir. De hecho tanto la prensa inglesa como el propio Alex Ferguson aún recordaban hace unos días el 4-0 del 95 (con un Romario espectacular), partido cuyo recuerdo permanece extrañamente más vivo en la memoria del United que en la nuestra, pues según el manager escocés en ese partido “El Barça nos enseñó a competir en Europa.” Quizás por esta razón no diría que nos temen, pero lo que es seguro es que no se fían del Barça. Ya se dieron el batacazo el año pasado cuando eran favoritos, y adolecen de nuestros mismos males: las urgencias históricas y la falta de Colmillo Retorcido, sin saber que lamentablemente los compartimos.

Hay que reconocer que no somos favoritos, pero también hay que analizar el partido tranquilamente, buscando las claves que puedan darnos la victoria; después de todo no se juega una Semifinal de Copa de Europa todos los años, y citando al desaparecido (y ex “Diablo Rojo”) Duncan Edwards: “¡Eh chicos, no hemos venido aquí para nada!”.

En primer lugar no podemos perder de vista el calendario del Manchester Utd. en esta semana y media: tras el partido contra el Blackburn Roberts (1-1) la Premier League está en un pañuelo, y en la próxima semana van a jugarse los dos partidos de la Semifinal con un trascendental choque contra el Chelsea entre medio, en el que de bien seguro se decidirá el campeón inglés. La historia demuestra que es casi imposible que ganen los tres partidos, por desgaste físico y psicológico; repito que debido a su juventud no es un equipo acostumbrado a estas situaciones (aun a sabiendas que el pasado curso ya disputaron la Semifinal contra el Milan, a la postre campeón). Asumiendo que no estamos en nuestro mejor momento de forma, no se me ocurre un momento mejor para enfrentarnos a ellos, atendiendo al calendario. En este sentido, recuerden la Final de Atenas [escalofrío], que todo un Dream Team disputó habiéndose jugado la Liga en el último suspiro contra el “Superdépor”, tras un penúltima jornada en el Bernabéu (0-1, gol de Amor), mientras el Milan, que sólo aspiraba ya a la Copa de Europa, preparaba la Final tranquilamente en Milanello durante esas dos semanas: el Barça era el gran favorito, todos conocemos el final (desgraciadamente).

Querría insistir en que el Manchester es un equipo muy joven e inexperto (mientras que por cierto el Barça alzó la Copa de Europa hace tan sólo dos años). Les costó mucho eliminar al Olympique de Lyon, equipo que defiende la misma idea futbolística que nosotros, hecho que viene a demostrar que les resulta muy incómodo lidiar con nuestro juego de toque. Sin duda buscarán resolver el partido por acoso y derribo, a la manera inglesa; pero como decía el reputado periodista norteamericano de la NBC Bob Costas, “En deporte, prever lo que puede ocurrir es casi tan importante como lo que realmente ocurre”, y estoy convencido que Frank Rijkaard y los suyos prevendrán a los jugadores de ello. Poseen una gran pegada, son muy rápidos y en un intercambio de golpes tenemos las de perder: no podemos permitir que el partido se descontrole, debemos imponer nuestro juego para que se desarrolle a nuestro ritmo y no se rompa hacia el “toma y daca”. Según el gran Arrigo Sacchi, “Cuando un equipo se rompe, o está en mala forma o está mal entrenado”; seguramente muchos de ustedes pensarán que el Barça padece de no sólo uno, si no de los dos defectos que denunciaba Sacchi, pero lo único que se puede hacer ante esta situación es adoptar la posición del viejo Bill Shankly: “Juega como si nunca pudieses cometer un error, pero no te sorprendas cuando lo hagas”. Es prácticamente seguro que el Manchester presionará arriba y que Barça pasará por algún momento de apuro, sobretodo en Old Trafford, pero nuestras opciones pasan por afrontar la inevitable situación con sangre fría, y no saltando al césped convencidos de que vamos a cometer errores fatales.

No pretendo jugar a ser entrenador, pero no creo decir ninguna barbaridad si afirmo que su centro del campo no es nada del otro mundo. Sí es cierto que cuando recuperan un balón saben exactamente qué hacer con él, y con dos pases se plantan en el área; por lo tanto es importantísimo (esta vez más que nunca) no perder balones en la medular. Como dijo no hace mucho Johan Cruyff, para ello es necesario que sean los delanteros quienes acaben las jugadas y no los centrocampistas, de manera que los contragolpes no nos pillen con el centro del campo despoblado. Si queremos que el partido no se nos vaya de las manos deberemos afrontar el ataque estático, y para que los delanteros puedan finalizar es vital que se muevan de manera eficaz, por eso en el Barça de las últimas semanas es tan importante Bojan: se mueve con mucha inteligencia, intuyendo la jugada que pudiera hacerle llevar el balón aunque éste se encuentre muy lejos de él, al contrario que Eto’o, cuyo fútbol racial le empuja a buscar siempre la portería contraria (lo cual, bien aprovechado, no tiene porqué ser un defecto). Recordando a Cruyff: “Mis delanteros sólo deben correr 15 metros, a no ser que sean estúpidos o estén durmiendo.”

No es menos cierto que físicamente nos superan de manera abrumadora (y seguramente indigna para un Club como el Barça), por ello es más importante si cabe imponer nuestro mejor trato del balón, pues en éste partido será muy difícil ejecutar el juego de presión que tan buenos resultados nos dio en el pasado, primero porque hace ya mucho tiempo que no lo practicamos y segundo porque en la actualidad no tenemos la condición física para ello. Citando de nuevo a Bill Shankly, “La pelota no se cansa nunca” (frase archiconocida y que hoy en día constituye uno de los más recurrentes tópicos futbolísticos, hecho que no le quita veracidad).

El fútbol del United se sigue moviendo al compás del veterano Paul Scholes (extraordinario futbolista que es una de mis debilidades de siempre); hay que estar muy atentos a sus pases largos milimétricos: él es el punto de apoyo mediante el que los “Red Devils” arman sus contragolpes. Para que el partido no desemboque en un alud de idas y venidas será necesario controlar muy de cerca a jugadores como el potentísimo lateral Evra, el centrocampista Nani (poseedor de un terrible disparo a media distancia) y por supuesto a Cristiano Ronaldo. Como también decía Cruyff, con todo esto tendremos el 75% de la eliminatoria en el bolsillo: el otro 25% es de ellos, pues depende sólo de su talento, por definición incontrolable (y si la cosa se pone fea, recuerden que también nosotros contamos con nuestro 25%). No olvidemos que también tenemos grandes jugadores en nuestro equipo, a quienes no nos gustaría lo más mínimo ver en el 11 rival. Sin ir más lejos y por poner un ejemplo, si Thierry Henry, con su bajo estado anímico y de forma actuales, engancha un chutazo como el de Glasgow o un balón en profundidad como el de los Cuartos de la Copa contra en Sevilla, ¡puede resolverte una eliminatoria!

Esto es deporte, y creo haber dicho en alguna ocasión que las grandes gestas del deporte se escriben sobre la palabra imposible. Lo digo porque muchos de ustedes pensarán que sería poco menos que una utopía que el Barça de las últimas semanas pueda no sólo ejecutar, si no llegar a pensar en todos estos detalles; pues a todo esto hay que añadir la opinión, compartida por muchos, que Johan Cruyff tiene sobre el Barça y las competiciones del KO: “Hay equipos expertos en estas competiciones cortas. Y el Barça no lo es” (perdónenme los “anticruyffistas” por citar tanto al holandés, recuerden: jamás le haría favores sexuales). Lo que uno añadiría a la frase es que el Manchester tampoco lo es (y menos, como he dicho, en estos momentos). Además, si no somos expertos ¡algún día habrá que empezar a serlo!

Para acabar uno no puede dejar de hacer referencia a la eliminatoria del Madrid de “La Octava” (con los Anelka, Karembeu, Geremi, Congo, Baljic y compañía en el campo, Del Bosque sustituyendo a Toshack a mediados de temporada y Lorenzo Sanz jugándose la pasta de las arcas del Club en timbas de póker clandestinas) contra el Manchester en el 2000, a pesar de que en los últimos días han corrido ríos de tinta al respecto. Ese equipo que quedó quinto (¡quinto!) en la Liga eliminó a los ingleses (que como en este momento eran favoritos) perdiendo por 0 a 1 en el Bernabéu y remontando la eliminatoria en el “infierno” de Old Trafford, con un Redondo y un Raúl espectaculares: ¿por qué no podemos igualar tal gesta, aun situándonos en el peor de los casos en que el resultado del partido de ida no fuera todo lo bueno que cabría esperar? La vuelta fuera de casa puede ser en ocasiones una carta a tu favor (de hecho este año ha quedado demostrado si repasan los resultados) si logras conectar un golpe certero en el momento justo, dado el valor doble de los goles en campo contrario.

Déjenme decirles que de los tres equipos ingleses que quedan el liza, el que en mi opinión no va con el juego del Barça es el Liverpool, que es mucho más camaleónico (copyright Benítez) y es capaz de adaptarse a cualquier situación, al contrario que el Manchester. Tal como estamos ahora mismo, una eliminatoria a doble partido contra ellos sería más peliaguda: ¡mejor enfrentarlos a un solo partido, no creen! Y si tenemos que caer, sólo podemos pedir que sea con la cabeza bien alta: no ganar la Liga de Campeones no es un fracaso (¡faltaría más, sólo tenemos 2!), pero sí lo sería no disputarla con todas las fuerzas y no ser dignos de ella. En definitiva, nuestras opciones son válidas y la oportunidad es única: sólo un cetro europeo en un mal año nos consagraría definitivamente en un grande de Europa capaz de ganar bajo cualquier circunstancia. Según el Campeón de Mundo Marcelo Lippi, “Sólo se es grande cuando se vence.” ¡¡A por ellos!!

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Sobre Tristezas y Famas

Viernes, 11 Abril, 2008

Con la extraordinaria lección de gloria y orgullo que impartió ayer el minúsculo Getafe contra el poderoso Bayern de Munich aún en la retina (por no decir en las tripas o, siendo más cursi, en el corazón), uno siente la necesidad de lanzarse, sin muchos preparativos y de manera seguramente demasiado osada, a escribir sobre las tristezas deportivas: “Quien no conoce las tristezas deportivas no conoce nada sobre la tristeza”, Julio Ramón Ribeyro (y su cigarro), escritor peruano.

Supongo que muchos de ustedes pensaría lo mismo que yo mientras miraban el partido: “¡Joder, cómo me gusta el fútbol!” No sé ustedes, pero un servidor se ha emocionado contadísimas veces con un equipo que no sea el propio, y la verdad es que ayer fue una de ellas (des de luego esto no les pasará si son ustedes madridistas, pues guiados por su histórico señorío siempre apoyarán a muerte a cualquier equipo español, y seguramente tendrán un segundo equipo más modesto en el corazón…). Sólo en este extraordinario deporte (y permítanme repetir la comparación que hice en Paladar Negro) David puede lanzarse con el cuchillo entre los dientes a por Goliath de la forma en que lo hizo ayer el Getafe. Con un planteamiento inicial ofensivo y transparente, con una expulsión injusta en el minuto 5, superaron su inferioridad numérica para adelantarse en el marcador, sufrieron un tremendo golpe a escasos minutos del final que les llevaba a la prórroga. Una plantilla corta que ha venido jugando tres competiciones hasta el mes de abril, sin apellidos de renombre, que recibe tal golpe de uno de los equipos más duros del continente, en lugar de derrumbarse física y anímicamente, empieza la prórroga apretando los dientes y estampando dos puñetazos en la cara de su altivo rival; y en el último suspiro, cuando parece que la gesta va a verse cumplida… el rival certifica su peligrosidad y le arrebata la victoria con dos zarpazos. Como decía el filósofo francés Albert Camus, “Después de muchos años en que el mundo me ofreció tantos espectáculos, lo que finalmente mejor sé sobre la moral y las obligaciones de los hombres, le debo al fútbol.”

Como argumentaba ya en uno de mis primeros posts, uno piensa con rotundidad que la razón por la que el fútbol es el deporte de las masas (además de su imprevisibilidad) es que el futbolero acude al campo principalmente a sufrir (a no ser que sea japonés o merengón). Pensarán que es ridículo que un culé piense así, pues muchos consideran que nos sentamos en las butacas del Camp Nou como el sibarita que se sienta en las del Liceo, y no puedo negar que en muchas ocasiones así lo parece (como por ejemplo en el último partido contra el Schalke 04). Pero como también defendí en otro de mis posts (Prometeo y la Invasión Vertical de los Bárbaros), el hecho de que una afición esté contenta u orgullosa de su equipo es exclusivamente una cuestión de objetivos iniciales. De ésta forma, un equipo como el Getafe cae en cuartos de la UEFA y jugará la Final de la Copa del Rey en breve, por lo que su afición estará sin duda exultante; pero con toda seguridad podemos afirmar que el equipo madrileño empezará el curso que viene con el mismo objetivo con el que empezó el actual: no perder la categoría, de forma que todos los logros añadidos serán éxitos para la entidad, y por lo tanto motivo de orgullo para sus seguidores. En mi humilde opinión, esto no significa que sea mucho más fácil ser de un equipo “grande” que de uno “pequeño” (tengo la intención de hablar sobre las comillas más adelante, pues considero que medir la grandeza deportiva no es algo trivial), si no todo lo contrario, pues la altura de los objetivos del “grande” multiplica la dificultad de su empresa, y por tanto las posibilidades de fracaso: la tristeza del equipo “pequeño” que desciende de categoría no es más acentuada que la del “grande” que pierde un título, o que ni siquiera alcanza a competirlo.

Sin duda, cualquier futbolero del globo ha sufrido en sus carnes la amargura de las tristezas deportivas. Incluso el eterno Milan vio como el Liverpool le arrebataba una final que tenía ganada en 2005. Qué decir del abusón Bayern, que sufrió la más cruel de las derrotas en la Final del 99 contra el Manchester, perdiendo la Copa de Europa tras 23 años de espera en dos lanzamientos de corner superado el minuto 90. El Barça sufrió el tremendo revés de la Final de Sevilla, o la “Final de los Palos Cuadrados” en Berna (“Somos campeones… ¡de la desgracia!” lamentaba el entrenador Enrique Oriazola), pero en cambio fue el responsable directo de la amargura del modesto “Superdepor” en el año del “Penalti de Djukic“. Tampoco podemos dejar de recordar uno de los momentos más célebres de la historia del fútbol: “El Maracanazo” del Uruguay de Obdulio Varela (gran personaje del que sin duda hablaré en el futuro) y Ghiggia en la Final del Mundial de Brazil’50 contra los anfitriones: “Sólo Frank Sinatra, el papa Juan Pablo II y yo fuimos capaces de callar el Maracaná lleno. Pensando hoy en ese momento, no consigo esconder mi tristeza por los aficionados.” Aun así, también se demostró que siempre hay espacio para la esperanza, pues viendo a su padre llorar desconsolado tras el partido, un niño de 9 años a quien llamaban Pelé hizo una promesa: “No llores papá. Yo ganaré un Mundial para ti.” Tan sólo tardó 8 años en cumplirla.

He de decir que el partido de ayer entre el Getafe y el Bayern me recordó muchísimo a otro momento sobrecogedor: la grandiosa Final de la Copa de la UEFA 2001 que el modestísimo Alavés de Mané (y curiosamente también de Cosmin Contra, que rubricó una actuación soberbia tanto en la eliminatoria entre Getafe y Bayern como en dicha Final) perdió por 5 goles a 4 tras un desgraciado gol en propia meta de Delfí Geli, también en el último suspiro de la prórroga, contra el Liverpool de Michael Owen, que ese mismo año se hizo con el Balón de Oro y conquistó con su equipo nada menos que cinco títulos. Con la seguridad de que no existe consuelo posible, y con la cita de Julio R. Ribeyro en la mente, diría a los héroes del Getafe, como también a los de Vitoria, lo que el viejo Eddie Futch dijo a su pupilo Joe Frazier tras arrojar la toalla en el legendario combate del 75 en Manila contra Muhammad Ali: “Siéntate hijo, nadie olvidará jamás lo que has hecho hoy aquí.”

Y pienso sinceramente que ésta es la lección más importante que cualquier deportista (y especialmente los jugadores del Barça actual) debería aprender de lo acontecido tanto ayer como en todos los momentos que hemos repasado. Calderón de la Barca ya se dio cuenta en el siglo XVII y lo escribió en su obra maestra “La Vida es Sueño”: “…acudamos a lo eterno; que es la fama vividora”, porque la vida deportiva de un futbolista es corta, y lo único que queda tras ella es la fama; el recuerdo que permanecerá gravado (o no) en la memoria imperecedera de la afición, que como tal no muere nunca. Ésta es una oportunidad de la que tan solo unos cuantos privilegiados pueden disponer: ¿no vale la pena aprovecharla? Sirva de lección la reflexión de Johan Cruyff: “Como ex futbolista, sé que no hay nada peor que estar convencido de que en su día dejaste escapar cosas que tenías en la mano. Es algo que se te queda dentro para siempre.” En vistas a la apasionante eliminatoria contra el Manchester, que nuestros futbolistas no dejen pasar esta oportunidad; y si hay que caer que sea como lo hizo el Getafe, peleando hasta el último segundo con orgullo.

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Instantes Decisivos

Jueves, 3 Abril, 2008

Hace largo tiempo que anuncié en este espacio que me gustaría hablar sobre “momentos decisivos“, los instantes cruciales que marcan profundamente, para bien o para mal, el devenir del deporte en general y el fútbol en particular. Llegados a estas alturas de la temporada, creo que ha llegado el momento de hacerlo, pues seguramente y hablando en clave blaugrana, nos encontramos en el contexto ideal para que una de estas situaciones acontezca.

Cuentan en Alemania, que allá por el año 1958 un jugador hoy desconocido del equipo juvenil del Munich 1860, por aquel entonces el Club grande de la ciudad bábara, propinó un tremendo puñetazo en la cara de un prometedor defensa rival, cuyo sueño des de niño siempre había sido firmar por el 1860. El chaval se llamaba Franz Beckenbauer, y tras el incidente decidió plantar al Club de sus amores para irse al segundo equipo de la ciudad, el Bayern, que por aquel entonces militaba en la Segunda División. El resto de la historia es de sobras conocido. Un instante fugaz, una insignificante riña entre adolescentes, un puñetazo que cambió la historia del fútbol europeo para siempre.

El instante en que Luís Figo estampó su firma en un precontrato junto al candidato Florentino Pérez; el día que los directivos del Manchester Utd. decidieron no pagar los 36 millones de euros que el Paris Saint Germain pedía por Ronaldinho… Situaciones que sin duda han cambiado el signo de la historia de manera trascendental, y que sin duda no son dominio exclusivo del deporte. Sin ir más lejos (y haciendo honor a la imagen de este blog), en 1962 un tal Keith Richards, que viajaba en el tren de Dartford, se fijó en unos discos de Chuck Berry y Little Richard que otro joven, de nombre Mick Jagger, llevaba bajo el brazo, sacudiendo con ello la historia de la música. Esas grandes (y benditas) pequeñeces que endulzan la vida adquieren, a mi modo de ver, altura superlativa en el deporte, hecho que explica su maravillosa imprevisibilidad, y por tanto su gran atractivo.

Como dice el que fuera extraordinario delantero del Sporting de Gijón y el Barça Enrique Castro ‘Quini‘, “El fútbol se decide entre los tres palos, todo lo demás no cuenta.” ¿Qué hubiera pasado si Gianluca Vialli hubiera metido alguna de sus tres clarísimas ocasiones ante Zubizarreta en Wembley? ¿O si Koeman hubiera impactado el balón tan sólo a unos centímetros de diferencia de dónde lo hizo aquel 20 de mayo del 92? En la gran Final del 99 el Bayern era campeón a dos minutos del pitido final y cedió dos córners tontos: fue la segunda Copa de Europa para el Manchester. Qué me dicen del famoso “Penalti de Djukic“: si Donato, gran especialista del equipo, hubiera podido lanzarlo, o Bebeto hubiera tenido tan sólo un instante de valentía, ¿no hubiera sido el “Superdepor” campeón de Liga en el año apoteósico de “los cuatro mejores extranjeros del mundo” vistiendo la camiseta blaugrana?

Seguramente pensarán (y con razón) “Sí, y si mi abuela tuviera un pizelo… sería mi abuelo”, o simplemente me dirán que si no hubiera pasado tal o cual cosa, hubiera pasado otra igual o quizás más trascendente, pero piénsenlo por un momento: en deporte, pequeñísimos detalles pueden cambiar por completo el rumbo de la historia si acontecen en el momento clave, canviando el nombre del campeón en el último suspiro o levantando a un equipo desplomado. Para un saltador de longitud, un mísero centímetro puede ser la diferencia entre un salto nulo y una medalla de oro.

Es por ésta razón que hay que estar muy al tanto de lo que acontece en estos momentos en nuestro Club. Volviendo al tema de los penaltis, decía el filósofo brasileño Ménem Prancha que “El penal es una cosa tan, pero tan, importante que lo debería patear el presidente del Club”, por ser el instante decisivo del fútbol por antonomasia. Leía hace ya algún tiempo en un blog amigo que las tandas de penaltis son, como se suele decir, una lotería, y que por tanto la elección de un ganador mediante tal sorteo podría no ser acorde con la realidad futbolística demostrada sobre el terreno de juego por las razones que fueran (ocasiones de gol, espectáculo, juego ofensivo…). Mi opinión es más bien la (radicalmente) contraria: me encanta ver las tandas de penaltis aunque no simpatice con ninguno de los dos equipos, con toda la parafernalia de los jugadores abrazados en el centro del campo, el tirador caminando lentamente hacia el área, el portero esperándolo e intentando aparentar seguridad, la tensión del momento, el todo o nada, el uno contra uno mismo… La gloria más absoluta del agónico triunfo o la tristeza más descarnada del que sabe que ha estado a tan sólo un ápice del éxito y no ha logrado alcanzarlo. En mi opinión no hay vencedor más justo que el equipo que supera al contrario en una tanda de penaltis, pues habrá demostrado tener más determinación, más sangre fría, más hagallas (o “putería”, con perdón de la expresión, llámenlo como quieran, todo tiene su mérito); un mayor carácter competitivo y, seguramente, un deseo de alcanzar la victoria superior a la de su rival. La tanda de penaltis es todo menos una lotería. Si un equipo de es capaz de materializar su superioridad sobre el terreno de juego, que gane imponiendo su mayor carácter en la tanda de penaltis, donde la calidad y la técnica de los contendientes se iguala para dejar paso al corage y a las vísceras; pues lo decía Helenio Herrera: “La psicología es el 50% del deporte.” En definitiva, ante un momento crucial, a pesar de su imprevisibilidad intrínseca y definitoria, uno puede ir a por él y ganarse el derecho a que la balanza de los caiga de su lado si cree en sus posibilidades más que su rival. Un partido de fútbol no se gana a los puntos, sólo puede ganarse por KO.

Con la eliminatoria contra el Schalke 04 (que por cierto superó al Oporto en una tanda de penaltis, hecho que a uno le inspira un gran respeto) bien encarrilada, debemos tener fe en que ante los momentos tan difíciles como decisivos que nos esperan en las próximas semanas (en especial en una más que probable eliminatoria de semifinales contra el Manchester Utd. de la que hablaré si llega el momento) sepamos buscar la fortuna necesaria para que los instantes decisivos se decanten a nuestro favor y podamos alzar la Copa de Europa de nuevo. Digan lo que digan (y quienquiera que lo diga): ¡sí se puede!

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¡Sláinte!

Martes, 19 Febrero, 2008

“¡Quítate esa mariconada de venda! Y qué quieres decir con ‘tu’ rodilla, ¡esa rodilla pertenece al Liverpool!” De ésta forma espoleaba el legendario entrenador escocés del Liverpool Bill Shankly a Tom Smith, uno de sus jugadores en el equipo de Anfield. En la actualidad, los hinchas de los equipos más poderosos de Europa, miramos por encima del hombro hacia Escocia, sabedores de nuestra superioridad futbolística y sobretodo económica, que nos permite pagar a golpe de talonario el derecho a competir por el máximo cetro europeo. Lo que seguramente muchos de nosotros nos permitimos el lujo de obviar es la larga lista de extraordinarios hombres de fútbol nacidos en los remotos páramos de Escocia que han marcado el pasado (y por lo tanto el presente) del fútbol mundial. Horas antes del partido que nuestro Barça disputará (o seguramente luchará) en Celtic Park contra el Celtic de Glasgow en tierras escocesas, permítanme honrar brevemente su historia, ligada al carácter de la tierra del kilt, la gaita y el whisky.

En los últimos meses, des del sorteo de los Octavos de Final de la Liga de Campeones, no han cesado en las tertulias deportivas las largas conversaciones sobre le fútbol directo y rudimentario de los escoceses del Celtic de Glasgow, frente a lo que se presupone es un fútbol más refinado y preciosista practicado desde siempre aquí en Barcelona, como seguramente en el resto de España o de la Europa futbolísticamente más “civilizada”. Des de un punto de vista más global, ajeno al terreno estrictamente deportivo, ésta visión popular de Escocia como una tierra antigua, de raíces celtas, de gentes rudas y tipos peludos con falda, barbarizados (que no satanizados) por un mundo en el que seguramente aún resuenan con demasiada fuerza los ecos de la aristocrática Inglaterra colonial, se mantiene extrañamente invariante al paso del tiempo a pesar de la gran cantidad de importantísimos e ilustres personajes que ha dado ésta singular tierra: Graham Bell, Alexander Fleming, David Livingstone, James C. Maxwell, David Hume, R.L. Stevenson (al que incluyo aquí por ser el autor, entre otros, de la fascinante novela “La Isla del Tesoro”, por la que uno siente especial debilidad, a pesar de que hoy en día su autor no sea ni de largo más conocido que, por poner un ejemplo puramente escocés, Sean Connery). No es extraño pues que el fútbol forme también parte de ésta encrucijada, elevado incluso, en mi opinión, a la categoría de paradigma de ésta visión simplista de todo cuanto nos llega de la antigua Caledonia.

A pesar de ser un país pequeño y poco populoso, de los campos de fútbol escoceses ha salido un número de grandes entrenadores y futbolistas comparable al de países con una tradición futbolística mucho más publicitada; hecho que resulta, a mi entender, de un mérito extraordinario. El grandioso Bill Shankly (“También pasamos malos momentos: un año acabamos segundos…”), que rescató al mítico (e incluso místico…) Liverpool de las catacumbas del fútbol inglés en el 59 para convertirlo en leyenda: ocho temporadas consecutivas des del 76 al 84 ganando Liga, Copa de Europa o ambas, de la mano de sus discípulos Bob Paisley y Joe Fagan, tras su retirada en el 74. El visionario Sir Matt Busby, padre con letras mayúsculas del Manchester United y conocido por ello como “Míster Manchester United”, que forjó el jovencísimo equipo de los Busby Babes y lo refundó diez años después de la tragedia de Munich con la ayuda de la Holy Trinity, de la que el escocés Dennis Law, uno de los mejores delanteros de la historia, formaba parte (junto a Bobby Charlton y George Best, del que hablé en el post Vedettes).

Futbolistas de la talla de John Robertson, pieza clave en la increíble historia del Nottingham Forest a finales de los 70 junto a Archie Gemmill, autor con la selección escocesa de un extraordinario gol contra la selección de Holanda en el Mundial de Argentina’78, recordado con orgullo por todos los hinchas escoceses a pesar de la eliminación de Escocia a manos de los tulipanes, que acabarían cayendo en la Final bajo el estoque del “Matador” Mario Kempes. Jimmy Johnstone, finísimo extremo y para muchos el mejor jugador de la historia del Celtic de Glasgow, y que junto el lateral zurdo Tommy Gemmell y al delantero Stevie Chalmers (entre otros) formarían parte del legendario equipo de los Lisbon Lions, de los que hablé en el post Paladar Negro, y que dirigidos por el mítico entrenador Jock “Big Man” Stein levantaron la Copa de Europa en el 67 practicando el mejor fútbol espectáculo en las mismísimas narices de Helenio Herrera y su aguerrido Inter, plagado de estrellas rutilantes contra un once formado íntegramente por jugadores nacidos en Glasgow. Jock Stein, sería más tarde seleccionador escocés y moriría en el 85 pocas horas después de un Escocia – Gales, víctima de un ataque al corazón. Unos meses atrás había contratado a un joven ayudante, un tal Alex Ferguson.

El Celtic del 67 no fue el único equipo escocés que dominó Europa. Des del 78 al 86 el Aberdeen de Alex Ferguson ganaría la Recopa de Europa al Real Madrid en el 83, y el año siguiente la Supercopa de Europa al poderoso Hamburgo Campeón de Europa, con el fantástico delantero pelirrojo Gordon Strachan, que se sentará en el banquillo rival el miércoles como entrenador del Celtic, como figura indiscutible. El Aberdeen de Ferguson ganaría además 3 Ligas y 4 Copas de Escocia. En la actualidad, como es sabido, el técnico escocés dirige al Manchester United. Des del 86 (22 años en el cargo) 1 Copa de Europa, 1 Recopa de Europa, 1 Supercopa de Europa, 9 Ligas, 5 Copas y 2 Copas de la Liga le contemplan, tras 23 años de sequía en el Club de los Red Devils. Como dice el ilustre escocés de nacimiento (y australiano de adopción) Malcom Young, fundador de la histórica banda AC/DC, en una inverosímil fusión del rock más cañero y el sonido más genuino de las gaitas escocesas, “It’s a Long Way to the Top” (”…if you wanna rock and roll!”).

No malinterpreten éstas líneas: que gane el Barça y a Cuartos, que desgraciadamente nuestro orgullo sí es susceptible de ser herido. Como seleccionador escocés, Jock Stein fue preguntado en una ocasión acerca del apoyo incondicional de la afición escocesa hacia su selección, a lo que el escocés contestó “Tenemos la mejor hinchada del mundo, pero nunca he visto a un hincha marcar un gol”, lo cual demuestra su gran saber futbolístico y constituye un factor muy a tener en cuenta para nuestros jugadores de cara al partido del miércoles y el ambientazo que de bien seguro van a encontrarse en Glasgow. Es un hecho el que a pesar de la idea extendida en lo que ser refiere al fútbol supuestamente obsoleto de los escoceses, cualquier equipo, por grande que éste sea, pasa siempre por algún momento de apuro en cualquiera de los campos de fútbol de Escocia (y si no que se lo pregunten al experimentado Milan).

Como he dicho no me malinterpreten, pero cuando uno oye el Flower of Scotlandentonado por varios miles de escoceses entregados (a pesar de que cuando éste miércoles el Barça salte al césped del Celtic Park sonará el importado y archiconocido “You’ll Never Walk Alone”) no puede evitar sentir una cierta envidia. Envidia de su orgullo impermeable, de su ruidoso e incondicional apoyo, del empuje de su fútbol troglodita, de su cercano pero férreo carácter tosco, de su idiosincrasia “bárbara” inducida, de su Braveheart, del fabuloso sonido de las gaitas, de su whisky de malta… ¡¡Sláinte!!

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Carniceros

Sábado, 16 Febrero, 2008

No se ustedes, pero viendo la gran mayoría (por no decir la totalidad) de los partidos del Barça en este último año y medio uno echa en falta un factor colectivo (y ojo, debo insistir en lo de colectivo) en mi opinión importantísimo: el factor “mala leche”. Es evidente que jugadores como Samuel Eto’o o Deco no tienen precisamente horchata las venas, pero aun así los jugadores más impetuosos de este equipo se convierten en tiernas hermanitas de la caridad frente a los especimenes futbolísticos sobre los que hoy me propongo hablar, como siempre (siguiendo la línea de los anteriores posts Pufos, Tiburones y Vedettes), mediante ilustrativos ejemplos: carniceros, los tipos duros del fútbol (les aconsejo que no dejen de ver los videos).

“Cuando estás construyendo un equipo, buscas buenos jugadores, no chavales para casar a tus hijas.” Así se defendía Dave Bassett, hoy segundo entrenador del Leeds United, del acoso de los periodistas de Shefield, donde Bassett entrenaba, el día de la presentación de uno de los jugadores más salvajes y violentos que jamás ha pisado un terreno de juego, el central galés Vinnie Jones. “El Carnicero de Wimbledon” (vean el video, no tiene desperdicio), apodo que se ganó a pulso jugando en la ciudad del Old England Club, no entró en la lista de los 50 futbolistas más violentos de la historia según “The Times”. No le hacía falta, pues a lo largo de su carrera protagonizó hazañas de tan dudoso mérito cómo recibir una tarjeta amarilla a los 10 segundos del pitido inicial o protagonizar uno de los marcajes más escalofriantes que se recuerdan a otro de los angelitos británicos, el talentoso gamberro Paul Gascoigne (“Tuve 14 amonestaciones esta temporada. 8 de ellas fueron mi culpa, pero 7 pueden ser discutidas.”), futbolista cuya calidad fuera de serie rivalizaba con la descomunal capacidad que su rechoncho cuerpo de hooligan tenía de almacenar cerveza. Con respecto a los cariñosos agarrones a los genitales de Gascoigne por parte del gran Vinnie, éste llegó a decir un tiempo después que “Me cuesta creer que Paul todavía pueda usarlos”, mientras “Gazza” se encargaba de demostrar día tras día que no sólo conservaba intacta su virilidad, si no que además los tenía cuadrados: por ejemplo, jugando en el Middlesbrough ya en el declive de su carrera, en un partido contra el Aston Villa se rompió un brazo mientras intentaba estrellar un codazo a la cara del centrocampista George Boateng. Hoy en día, Vinnie Jones, aprovechando su aureola de chico malo, se gana la vida de actor; pueden verlo por ejemplo en la delirante película de Guy Ritchie “Snatch, Cerdos y Diamantes” donde, cómo no, ejerce de matón profesional.

Distinguiremos pues a partir de ahora entre dos tipos de carniceros: los “tipo Gascoigne” y los “tipo Vinnie Jones“. Empezando con los futbolistas “tipo Gascoigne“, y recordando el paso del viciosillo Paul por el Calcio, y en concreto por el Lazio de Roma, podemos empezar rememorando la figura de un ilustre tocayo suyo: el energúmeno Paolo di Canio, futbolista que dejó tremendos destellos de su enorme calidad y mal carácter en la Premier League antes de cumplir su sueño de jugar en el equipo que fundó el Duce y convertirse en el ídolo de la Curva Norte del Estadio Olímpico de Roma, hábitat natural de los neo-nazis seguidores del equipo lacial para desgracia del club romano. Para ser justos con di Canio y buscando un dato para la esperanza, hay que resaltar que el italiano protagonizó uno de los actos de fairplay más recordados por los seguidores ingleses, cuando militando en el West Ham United agarró el balón con las manos y renunció a marcar un gol a puerta bacía después de que le portero rival cayera lesionado sobre el césped en la misma jugada.

Siguiendo con éste tipo de futbolista, qué decir del rudo Eric Cantona, o “Eric el Rojo” como le recuerdan en Inglaterra tras su triunfal paso por el Manchester United, y su patada voladora al hincha del Crystal Palace; o las expulsiones de Zinedine Zidane, leyenda del fútbol mundial que repartía codazos en la Juventus y el Real Madrid, sancionado con dos partidos de suspensión en el Mundial de Francia’98 por pisotear a un rival tendido en el suelo, y que hoy recordamos como gran estrella e indiscutible artífice de la victoria bleu. Más tarde protagonizaría el célebre cabezazo en la Final del Mundial de Alemania’06 junto al carnicero “tipo Vinnie Jones” más de moda de la actualidad, el follonero Marco Materazzi. Qué decir de la leyenda de fútbol paraguayo y argentino, el polémico (y goleador) guardameta José Luís Chilavert, autor de frases tan célebres como “Lástima que no puedo pelearme con él, porque mojado pesa 35 kilos” en referencia al pufo “Loco” Abreu; o “Nunca le voy a dar la mano a un tipo que se viste de mujer” hablando sobre otro “Loco”, Martín Palermo. Aunque después de todo, y como se lamentaba no sin falta de razones Andoni Goikoetxea, “el Carnicero de Bilbao” (número uno en la lista de “The Times”) que partió la pierna de Maradona en San Mamés, “Siempre es importante ser el mejor del mundo en algo, aunque yo hice eso a Maradona y nadie habla de lo de Figo a un jugador del Zaragoza”, recordando la triste retirada del prometedor central de 21 años César Jiménez tras una entrada criminal de la superestrella lusa.

Pero si hay un jugador “tipo Gascoigne” con el diablo en el cuerpo y digno de mencionar en estas líneas, éste no puede ser otro que el excepcional 9 brasileño Edmundo, apodado “El Animal” por razones obvias. El delantero canarinho, que jugó en el Palmeiras, el Flamengo y el Vasco de Gama (donde llegó a las manos ni más ni menos que con “O Baixinho” Romario, otro angelito que repartió algún que otro puñetazo aquí en la Liga Española), además de un discreto paso por Europa en la Fiorentina. Edmundo poseía un don natural (o quizás sobrenatural) para el fútbol como no se había visto en muchos años en Brasil, pero a pesar de ello su insana agresividad tanto en los terrenos de juego como fuera de ellos truncó una trayectoria futbolística que tenía que ser digna de los grandes mitos del fútbol brasileño.

Para acabar citando a algunos futbolistas “tipo Vinnie Jones“, recordemos al tarzán Migueli y sus dotes de karateka; “Superlópez”, carnicero del Atlético del doblete, Pablo Alfaro (¡que es médico!) y del que Paolo Futre dijo tras el marcaje a que le sometió en La Romareda “No supe si consolarle por no conseguir que yo saliese en silla de ruedas”… Que conste que no pido la presencia de ningún “ángel de la muerte” en la plantilla del Barça (¡ni mucho menos!), pero como dijo el italiano Gentile tras su célebre (y denunciable) marcaje a Maradona en el Mundial de España’82, a veces parece que alguien debería recordarles a nuestros jugadores que “Esto no es una academia de baile, esto es fútbol”.