Los que busquen en estas líneas una crítica a la política económica y de club que el Madrid ha rescatado en el segundo adbenimiento de Florentino (“¿Hay alguien que sea capaz de imaginarse el fútbol sin el Real Madrid?”) pueden dejar de leer. No se de dónde sacará los “millardos” el nuevo mesías de las huérfanas praderas futbolísticas, ni entraré en consideraciones éticas que otros estarán en mejor disposición intelectual de debatir. El merengón que lea estas líneas ha de saber por adelantado que éste culé no escribe sobre el Madrid muy a menudo (de hecho este será, quizás, el segundo o tercer párrafo que uno le dedica), ni sucumbe a esa supuesta monomanía obsesiva que se tiene en Barcelona por lo que se cuece en las blancuras, y que ciertos medios se dedican a medir con un curioso aparato bautizado con tanto éxito como “el cagómetro”.
Según cuentan los profesionales en la utilización de tan extraordinario aparato, en las últimas semanas las lecturas del “cagómetro” se han disparado hacia escalas nunca vistas hasta la fecha (ni siquiera alcanzadas tras el gol de Higuaín en el Bernabéu). Los pusilánimes culés, (léase paganos herejes), liderados por el infame Laporta, se revuelven temerosos en su vil oscuridad, aferrándose a falsas profecías sobre los cataclismos y dilubios universales que acarrearán las grandiosas inversiones económicas de Florentino, apelando a su falsa moral y a su incrédula hipocresía. Esta es la visión que parece sugerir la prensa madridista de Madrid. Y ojo, sólo digo que lo parece, o al menos esta es la impresión que uno humildemente tiene y a la que, insisto, no pretendo añadir una enésima réplica.
Aclarado esto, seámos un poco más serios, pues como dijo el piloto Robert Kubica (y me gustaría que constara que uno no es precisamente un fan de la Fórmula 1), “Preferiría haber competido hace 30 años, con menos parafernalia.” Se ha dicho muchas veces que a la plantilla que ha sufrido muchos cambios de un año para otro le cuesta más esamblarse y sublimar un fútbol de equipo, con sus automatismos, su autoconocimiento de las propias virtudes y limitaciones, así como de sus complegidades internas. En contra de estos argumentos, es un hecho contrastable que los equipos que realizan inversiones fuertes y revolucionan sus plantillas con valores seguros suelen arrojar dividedos en un periodo de tiempo muy corto (aunque, claro está, habrá quien encuentre sonoras excepciones) llevados, quizás, por una inyección psicológica además del componente puramente futboísitico. La temporada 96/97 con el Barça de Sir Bobby Robson (con Luís Enrique, Giovanni, Ronaldo, Pizzi…) y el Madrid de Fabio Capello (Suker, Mijatovic, Roberto Carlos, Illgner, Panucci…) es un buen ejemplo de ello. Lo que quiero decir con esto es que seguramente (y no saben cuánto me gustaría equivocarme…) la temporada que viene el Madrid irá como un tiro. El problema para ellos es que el Barça, no lo duden, va más bien como un misil.
No se a ustedes, pero a un servidor le resulta muy difícil imaginar un equipo capaz de plantar cara al Barça del curso anterior, por muchos nombres y fichajes de relumbrón que tenga. Claro está que son muchos los factores que influyen en el nivel futbolístico de un equipo, y que el excelso momento de forma alcanzado por los chicos de Guardiola debe responder a un equilibrio muy frágil y complicado, y por ende difícil de mantener, lo que debe hacernos reflexionar acerca de la enorme dificultad de los éxitos vividos la temporada pasada. No vean en esta última frase una especie de epitafio al “Pep-Team” tras los movimientos de mercado de este verano (que no lo olviden, recién empieza), ¡ni muchísimo menos! Bien es cierto que una racha triunfal de tal calibre será difícilmente repetible, y que un Madrid tildado por muchos de mediocre pudo aguantar el tremendo tirón, pero no olbidemos que tanto los blancos como los blaugrana batieron récords durante este toma y daca espectacular. Los que piensen que el Madrid de Cristiano Ronaldo y Kaká superará automáticamente los puntos conseguidos por el de Higuaín y Raúl en la pasada campaña sucumben a una visión algebraica y simplista del fútbol muy alejada de la realidad.
Lo único que podemos afirmar a día de hoy sobre el devenir de la temporada que está por llegar es la idea de fútbol que propondrá el Barça en su primer encuentro oficial, y esto ha de representar algo muy alentador para los culés. Nuestro fútbol de posesión y posición (el fútbol total más genuino) busca lo incontenstable, lo imparable: la perfección (que no por inalcanzable ha dejado de ser buscada con ímpetu por nuestros chicos). No olvidemos que varias personalidades del mundo del fútbol (quén sabe si de forma exagerada y sucumbiendo a la parafernalia de que nos advertía Kubica) nos colocaron entre los mejores equipos de la historia del fútbol, comparándonos con el fantasioso Brazil’70 de Pelé, la precisa Naranja Mecánica de Cruyff o el abasallador Milan de Sacchi entre otros. Pensar que le Madrid que está por venir entrará automáticamente en este selecto club por el mero hecho de haber gastado más que nadie hasta la fecha es, aunque en absoluto descartable, poco menos que aventurarse en una osadía a mi juicio algo temeraria. Si seguimos desplegando tal nivel futbolístico no impagino rival posible (si bien espero que el carácter cauto de Guardiola le empuje, por nuestro bien, a pensar todo lo contrario).
Así pues, no se si se dará el caso, pero el Madrid debería cuidarse mucho de subestimar al Barça. Por un lado, resulta difícil pensar que un tipo tan sensato como parece ser Manuel Pellegrini (“El entrenador es 95% en la semana y 5% en el partido”) pueda incurrir en este error fatal, si bien está por ver si su papel en todo este tinglado que es el Real Madrid será de una relevancia acorde con su cargo o bien, como sugieren algunos, el de mero comparsa del condescendiente Florentino, opinión esta última que no comparto en absoluto, pues no me imagino al presidente blanco, por muy tocado por todos los ángeles y arcángeles que esté, haciendo las alineaciones cada domingo.
Para acabar déjenme romper una lanza en favor del equipo técnico y directivo del Barça, que en las últimas fechas está recibiendo algunos palos por su supuesta pasibidad en el mercado. No se equivoquen, ni siquiera Manchester y Milan, con dinero fresco en sus arcas, han movido ficha. De bien seguro Txiki tenía una hoja de ruta ya trazada en primavera que las cantidades manejadas por el Madrid han hecho inviable. A falta del desenlace del caso Eto’o (una auténtica lástima), no se puede negar que la alternativa Villa, muy válida en mi opinión, habría sido mucho más fácil de no ser por Cristiano y Kaká, negociando con un Valencia que tristemente, y a pesar de las apariencias a juzgar por cómo está llevando la negociación, acumula una deuda de más de 500 millones de euros. No hay duda que si el fichaje cristalizara sería una gran notícia, además de que sería el segundo delantero (después, no lo olvidemos, del propio Eto’o) que llega al Barça gracias a la magnanimidad de Florentino, que en un acto conciliador decidió renunciar al Guaje por no “herir sensibilidades ni provocar un enfrentamiento con toda una comunidad autónoma como la valenciana”. Florentino Pérez, guardián y abanderado de la paz mundial, el nuevo Gandhi, ¡dejad que los niños se acerquen a él! ¡Oh happy day, oh happy day!