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El Mosquetero

20 Agosto, 2009 por rodri

Pinta de mosquetero, planta de futbolista. Narizota generosa, bigote estilizado, perilla recortada y media melena de espadachín, tan larga como para entregarle a un aire aventurero y tan corta como requiere el oficio de estilista del estoque. El mismísimo D’Artagnan. Brazos infinitos, porte de gigante y torso de bronce, como el Perseo de Cellini. No me cansaré de repetir que jamás le haría favores sexuales a ningún futbolista, entrenador, directivo, o demás personajes del mundillo, pero lo cierto es que uno está exultante con la llegada de Zlatan Ibrahimovic al Barça, al que colocaría sin dudarlo en el “top five” de los mejores futbolistas del mundo (por no situarlo directamente en el podio, lo cual podría llevar a más de uno a tacharme de oportunista, y no sin falta de argumentos).

Cuando Ángelo Moratti, presidente del Inter durante su época dorada en los 60, y padre de Massimo, actual presidente del club, vio a un joven Luís Suárez jugar en el Camp Nou quedó prendado de su fútbol, del cual dijo era “como un concierto de Paganini”. Sobre el césped, Zlatan Ibrahimovic es también un violinista, un bailarín, un cirujano. Su fútbol ha de suponer una (¿tranquila?) revolución para el complejo  engranaje blaugrana, hasta la fecha  sinfónico e implacable.

Algunos se preguntaran que si este sueco (rematadamente balcánico) es tan bueno, como es posible que uno de los entrenadores más prestigiosos del momento como José Mourinho lo haya dejado escapar. Desde luego no creo que fuera porque, como dicen algunos, la oferta del Barça fuera un disparate económico. El Inter de Milán que ha cosechado los últimos tres “scudettos” era un equipo que jugaba al son de su 9, su punta de lanza (tal como ya lo definí en el post ¡A por Ellos, que son Pocos y Cobardes!) en lugar de hacerlo, como la gran mayoría de los equipos profesionales, bajo la batuta de su centro del campo, con buenos futbolistas, pero más dado al choque y a la brega que a la destilación de un fútbol combinativo. Un poco al estilo con el que Ron Wood define la música de los Rolling Stones: “En otras bandas los músicos siguen al baterista, los Stones seguimos al guitarrista.” Era el Inter del todos para uno y uno para todos. Seguramente el amigo Mourinho hubiera preferido que el genio Zlatan permaneciera en la escuadra milanesa, pero un enfermo de la táctica como es el portugués habrá visto en la operación  una oportunidad de cambiar un modus operandi que, cierto es, ha servido a los “nerazurri” para reinar en el descafeinado “calcio” de los últimos tiempos, pero que nunca ha alcanzado para competir con los gigantes de Europa.

Hasta la llegada de Ibrahimovic el juego del Barça era completo, perfectamente meditado, coral y cuya harmoniosa cuadratura no encorsetaba la libertad creativa de nuestros fantásticos jugadores. Como un tema de Neil Young o una novela de Josef Conrad, donde todo encaja, hasta cada cabriola musical o cada pirueta literaria. El portento Zlatan es el delantero total: flirtea con el balón (ahora lo esconde, ahora lo muestra), remata de primeras, choca, dribla, se asocia, abre espacios, arrastra defensas… Decía Pep de Pedro (que apuesto será una de las sensaciones de la temporada) que “conoce bien el oficio de extremo”. En la misma línea se puede decir que no hay un aspecto del oficio del delantero que Ibrahimovic no domine de manera abrumadora. ¡Menudo ariete! ¡Imagínenlo junto a Messi, Iniesta, Xavi, Alves, etc.!

Es indiscutible que este es el Barça de Messi, tanto en el terreno de juego como a escala salarial, pero no podemos descartar que impregnado de nuestra filosofía futbolística y liberado de las ataduras del rígido fútbol italiano, Ibrahimovic destape el tarro de las esencias para convertirse en el alma misma de nuestro fútbol, y como “Long” John Silver o Hanníbal Lecter termine por ser el prodigioso personaje secundario que eclipsa al protagonista para otorgarle un sentido total al relato. Dice un proverbio japonés que “el alma del samurái es la katana, y su punta la parte más importante, pues es la parte que el samurái muestra al mundo.” En un equipo de fútbol, el perfil del 9 condiciona el espíritu mismo de su juego, constituyendo su vanguardia, su fachada principal. Ibra no es Eto’o, y algunas cosas cambiaran, pero los culés no podemos (ni debemos) esperar que vayan a hacerlo para mal, sino poner toda nuestra fe en que la combinación IbrahimovicBarça resultará demoledora para la temporada entrante y también para las que la vendrán.

Decía en el último post que el fútbol no es álgebra (¡menos mal!), y que por esta misma razón el Madrid de CR96 y Kaká no tenía porqué superar automáticamente los muchos puntos que consiguió el Madrid de Raúl e Higuaín. La misma afirmación es válida para el Barça actual. Quizás Zlatan no consiga los 30 goles de Eto’o, y es poco probable que el equipo repita el triplete del año pasado (no lo olvidemos: el Santo Grial de la Europa futbolística) a pesar de su contratación, pero sea como sea la incorporación de este fuera de serie ha sido, a priori y a mi entender, un golpe de mercado acertadísimo  que arrojará jugosos dividendos deportivos al Club.

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2 Comentarios en “El Mosquetero”

  1. PianoFan dice:

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  2. toni dice:

    En la vuelta de la supercopa lo pude ver en el campo… y aún estando medio-manco y un poco falto de forma… Delicatessen! Jabugo del bueno! Sólo falta esperar que las lesiones nos respeten y que nuestro espíritu campeón no decaiga. Se prevé de nuevo una temporada de espectáculo en Can Barça! Salut!

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