Bien entrado ya el mes de febrero, empieza a flotar en el ambiente ese cosquilleo general, ese aroma exquisito a noches memorables y luchas de gigantes que desprende la Liga de Campeones. Como algunos (seguramente más bien pocos) de ustedes sabrán a estas alturas, soy de la opinión que, si bien es importantísimo y un gran triunfo salir campeón de Liga o de Copa, la competición más importante del año no puede ser otra que la Copa de Europa, donde los colosos europeos miden su grandeza y ponen sus fuerzas en liza por la hegemonía continental y por un hueco en la memoria colectiva. Como dirían Loquillo (a quien no conozco personalmente pero con quien, además de compartir una cierta “Simpatía por los Stones”, podría echar gustoso unas cañas) y sus Trogloditas: “¡A por ellos, que son pocos y cobardes!”
Uno es consciente que la rabiosa actualidad obligaría a hablar del partido de esta noche en Sevilla, del Barça contra este Betis “made in” Paco Chaparro, o del gran momento de la Selección Española tras la victoria incontestable ante Inglaterra (triunfo del que, dicho sea de antemano y para que conste en acta, me alegro muchísimo). Respecto al primero de los asuntos, parece que en los últimos días a surgido la idea que el Barça no puede ganar todos los partidos, que algún día tiene que perder, y que tras su victoria reciente en el Sánchez Pizjuán unida al regreso de Oliveira, el Betis puede ser un buen candidato a acabar con la gran racha barcelonista, a pesar de que hace escasas dos semanas su simpático entrenador estaba en la cuerda floja y el equipo al borde de la zona de descenso. A sabiendas que estas sensaciones tienen un cierto tufillo a prensa de Madrid (ese tipo de tufillo que, por otro lado, suele inexplicablemente calar siempre entre la prensa de barcelonesa y por tanto entre nosotros los culés), como también que esta misma noche podría tener que comerme estas líneas con patatas, uno se pregunta: ¿y por que no va a ser así? ¿Por que no puede el Barça seguir ganando y continuar su racha arrolladora y triunfal? Sin ir más lejos y a bote pronto, no hace tanto (en 2004, y por tanto en un contexto futbolístico moderno) el Arsenal logró salir campeón invicto de la Premier League (y conste por delante que uno no es ni mucho menos un fan de Arséne Wenger y su Arsenal de pimpollos, más bien todo lo contrario, como tengo previsto explicarles en otra ocasión). A ese sector de la prensa (agasajadores de Wengeres, Florentinos y furias rojas) le diría sin despeinarme que no se equivoquen: la Selección Española es un muy buen equipo de fútbol, el Barcelona es una barbaridad.
Centrándonos ya en el tema que nos ocupa, el periodista pugilístico estadounidense Bert Randolph describía así los instantes previos a los combates del “Bombardero de Detroit” Joe Louis allá por la década de los 40: “Los ojos profundos de Louis atraviesan a sus rivales, que comienzan a temblar porque saben que están en el bando de los perdedores.” ¿No es esta la sensación que tendrán a día de hoy los jugadores del Olympique de Lyon o el resto de supervivientes en la competición viendo el currículo que presenta el Barça esta temporada? Nunca la confianza en las propias posibilidades ha sido tan importante en ningún otro equipo deportivo como ha venido siendo para el Barça a lo largo de su historia. Es por esto mismo que dije en su día que la campaña pasada podía marcar un antes y un después para el barcelonismo, porque estaba a nuestro alcance el lograr el triunfo europeo sin esa necesidad de sentir el miedo en los ojos del rival, de sabernos superiores en todas las facetas, desde la más resultadista a la mas estética (hecho que para bien o para mal no aconteció, confirmando nuestro peor y hasta la fecha incorregible defecto). No me dirán, a toro pasado y tal como se desarrolló la semifinal en sus dos encuentros, que no era del todo factible eliminar al Manchester United… No estuvimos ni mucho menos tan lejos de lograrlo.
Pero el hecho es que, miren ustedes por donde, para sorpresa de todos y casi sin contar con ello, ha llegado de nuevo el febrero futbolístico y, como en el 92 o el 2006, “Cuando Fuimos los Mejores”, volvemos a ser Joe Louis, y todo el mundo futbolístico, incluidos nosotros mismos, sabe lo que en su día supo Bert Randolph: que este año el Barça es el caballo ganador. Mirando un poco el cuadro de equipos clasificados, se presentan a priori tres eliminatorias clave a la hora de vislumbrar cuáles sería nuestros rivales a batir si superamos al Lyon, triunfo que no podemos dar por hecho, por aquello que la magia del fútbol es que existan equipos respondones como el atrevido Hoffenheim alemán (algún día hablaremos de él) o el Getafe de la pasada campaña (del que hablé en el post Sobre Tristezas y Famas) capaces de amargar la fiesta al favorito en las apuestas.
En primer lugar hay que estar atentos al choque de trenes entre Manchester Utd. – Inter, para mi la eliminatoria estrella de los octavos, pues de aquí podría salir nuestro principal obstáculo de cara a hacernos con la Copa en Roma. Retener el trofeo es una empresa complicadísima (imposible desde el Milan de de Sacchi en el 90), pero el United conserva una plantilla muy competitiva y cuenta con la mística de Old Trafford, si bien el equipo inglés sufre de males similares a los que nos azotan a los culés, a pesar incluso de su reciente triunfo del año pasado. Caso aparte es el Inter, dominador absoluto del calcio en los últimos años, se estrella año tras año con estrépito en los cruces eliminatorios bajo la losa de sus urgencias históricas en Europa, pero que de superar a los Diablos Rojos reforzaría peligrosamente su moral. Los nerazurros cuentan con una plantilla extraordinaria y muy extensa (aunque quizás con un centro del campo algo rudimentario) , además de tener al portento Zlatan Ibrahimovic como punta de lanza, un autentico fenómeno técnico a la vez que demoledor delantero; y a nuestro viejo conocido José Mourinho en el banco, hablando en términos futbolísticos siempre competitivo en eliminatorias a doble partido (por muy bien o muy mal que pueda caerle a algunos). En mi humilde opinión son el segundo equipo a batir tras el Barça (claro que, siendo el Inter, a lo mejor se la pegan en el primer partido de octavos y se acabó lo que se daba para sus sufridos tifosi).
Tras estos dos huesos, no hay que perder de vista al Liverpool y a su leyenda Steven Gerrard, pues todos sabemos que aunque este año se han propuesto como objetivo primero ganar (por fin) la Premier League, bajo la batuta de Benítez conservan intacta su (perdonen la expresión) “putería” en las competiciones de cruces directos. Ya lo saben, frente a ellos: ¿Y el Madrid? Pues ya he dicho en alguna ocasión que no me fío ni un pelo de los blancos, por desgracia para nosotros ellos no padecen el tipo de males de los que adolecemos nosotros (si bien padecen otros que por supuesto no pasaré a enumerar). ¿Qué tendrán estos equipos a los que nunca se puede dar por muertos? El Colmillo Retorcido amigos… Aun así, a priori la eliminatoria parece favorable a los de Anfield.
El tercer partido importante es sin duda el Juventus – Chelsea, equipos a quienes no podemos perder de vista. La Juve de Alessandro del Piero es perfectamente capaz de dar un susto a cualquiera, pues posiblemente sea el equipo que menos tiene que perder entre los grandes después de su travesía por el desierto. Por otro lado, habrá que ver como reacciona el Chelsea al cambio de entrenador. Cuidado con ellos porque el año anterior pasaron por un proceso similar y acabaron por llegar a la gran Final, que pelearon hasta el último lanzamiento de penalti como bien recordarán. Tanto italianos como ingleses juegan cómodos sin el balón, y eso los hace especialmente peligrosos para nosotros.
Llegados a este punto, mucho me temo que los demás participantes van a ser meros comparsas en todo esto, si bien la eliminatoria Arsenal – Roma puede ser bonita y competida (sin duda estoy con mi admirado Francesco Totti y los giallorossi) y desde luego cualquiera de los dos equipo puede dar un susto a los a priori favoritos, al igual que, por historia y savoir fer en esta competición, el Bayern de Munich. Tras este repaso de candidatos hay que insistir pues en remarcar que somos los favoritos al título, con nuestros Messi, Eto’o, Alves, Xavi, Iniesta y compañía a las órdenes de Pep. Que tiemblen nuestros rivales, porque además somos conscientes de ello, y esto garantiza que, al menos, vamos a competir esta Copa de Europa. Lo que pase a partir de aquí, y citando de nuevo a Loquillo, quizás sólo “Los Gatos lo Sabrán”.







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