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Guardiola y el Síndrome de Kiev

12 Junio, 2008 por rodri

A la espera de la finalización del playoff de ascenso a la Segunda División B del que nuestros chicos del Barça B parece (salvo catástrofe) van a salir victoriosos, la culerada no deja de preguntarse cuales van a ser las líneas maestras de la filosofía que el Pep Guardiola entrenador tiene pensado implantar en lo futbolístico en el Barça que se avecina, y des de luego un servidor no es una excepción. Muchos ven en el pasado de Pep como abanderado de la revolución que vivió nuestro Club des de la llegada de Cruyff y la construcción de su Dream Team un augurio de una futura filosofía netamente ofensiva y fundamentada en los jugadores que, como el mismo Guardiola, crecen en nuestra prolífica cantera. Permítanme desconfiar un poco de estos argumentos de la manera que sigue.

En primer lugar hay que analizar la figura de Guardiola como personaje singular en la historia reciente del Club. Como ya defendí en varias ocasiones en el pasado, la inercia del Barça se vio sacudida a finales de los 80 y principios de los 90, con la Final de Sevilla en el 86 (25 años después de la Final de Berna, la única disputada por el Club hasta la fecha) y la posterior llegada de Cruyff. En la célebre semifinal del 86 contra el Göteborg sueco, el equipo de los Urruti, “Lobo” Carrasco, Julio Alberto, “Pichi” Alonso y compañía perdió el partido de ida en Suecia por 3 a 0, remontando en el Camp Nou con un memorable hat trick de “Pichi” Alonso que llevó la eliminatoria a los penaltis, donde Urruri enmendó en un agónico quinto lanzamiento el fallo de “Lobo” Carrasco, marcó acto seguido el sexto y vio como los suecos lanzaban a las nubes su última oportunidad de estar en la Final. Si un aficionado moderno mira hoy las imágenes del 86, seguramente habrá un detalle que va a llamarle la atención: los recogepelotas, que saltaban al césped a celebrar los goles junto al equipo con la misma naturalidad con la que el televidente de la época observaba un desconocido chavalín de Santpedor felicitando eufórico a “Pichi Alonso”.

De esta forma podríamos decir que Guardiola es la cara misma de la inflexión barcelonista. La historia entrañable de Pep en nuestro Club continua con el debut en Figueres en plena gestación del Dream Team y con Cruyff en el banquillo, quien tras una primera parte discreta del joven y abrumado debutante, le dedicó delante de los demás jugadores la conocida frase “Has estado más lento que mi abuela.” Qué decir de Wembley, Final de la que Pep, titular tras la suspensión de Amor por acumulación de amarillas, suele recordar con una mezcla de alegría y rubor que sólo consiguió comer un yogurt en todo el día, preso de los nervios. Estamos pues ante una trayectoria única y hermosa, escrita al más puro estilo de la liturgia inglesa (o parafernalia, como prefieran decirlo), de las leyendas de Bill Shankly y Bob Paisley en el Liverpool, de la saga de los Maldini en el Milan o de Franz Beckenbauer en el Bayern. Pueden estar tranquilos, no son estos los desvaríos de un forofo mitómano, pues no estoy afirmando que Guardiola va a ser para el Barça lo que estos personajes fueron para sus respectivos clubes (¡ojalá fuera así!), pero tampoco renuncio a tal posibilidad, y des de luego no creo en absoluto que Pep vaya a ser el típico entrenador de Club comodín que llega al banquillo cuando no hay una opción foránea de más prestigio.

Dicho esto, se ha venido observando últimamente que existen diferencias sensibles entre el Guardiola entrenador y el Guardiola jugador, ya fuera recogepelotas, juvenil debutante o capitán del primer equipo. En primer lugar, y si bien es sabido que la responsabilidad en el diseño de la futura plantilla es compartida con Txiki, Ingla e incluso Laporta, estamos viendo estos días como el Barça prioriza la contratación de defensas y “todocampistas” a las de delanteros o futbolistas más creativos (para disgusto y alarma de algunos, entre los que no me alineo en absoluto), perfil que él mismo representó en su etapa de jugador. Si bien hay que tener en cuenta que el verano futbolístico recién empieza, se advierte en esta actitud una doble intención: empezar el diseño de la plantilla por unos cimientos sólidos y, me huelo, modernizar (lo que no debe significar necesariamente sucumbir a la racanería) el estilo cristalinamente ofensivo que nos caracteriza, huyendo de lo que yo llamo “El Síndrome de Kiev”.

El 29 de septiembre del 93, el Dream Team de Cruyff recibió en el Camp Nou al Dinamo de Kiev para remontar el 3-1 adverso de la ida. Lo que esa noche se vio en el césped es considerado hoy como el paradigma de la filosofía futbolística de Cruyff y el cenit futbolístico de un equipo de ensueño: una sinfonía vertiginosa y perfectamente estructurada, una obra de alta ingeniería futbolística de precisión, con una sucesión de jugadas al primer toque y desmarques harmoniosos, una llegada a puerta cada tres minutos en un espectáculo huracanado para el 4 a 1 final. Aunque el rival era el rocoso pero inferior Dinamo de Kiev, los que vimos el partido esa noche podemos asegurar sin dudar que cualquier equipo que hubiera pisado el Camp Nou esa día habría sido barrido del césped por los Laudrup, Bakero, Romario, Koeman y compañía. Como dijo en su día Gavriel Katchalin, entrenador del fabuloso equipo de la URSS que cayó en el Mundial de Suecia’58 contra el Brasil de los Pelé, Vavá, Didí, Zagallo y Garrincha: “No puedo creer que lo que vimos ésta tarde sea fútbol; jamás había visto un fútbol tan hermoso en mi vida”.

Así pues, el imborrable recuerdo de esa noche de septiembre del 93 no puede si no seguir latente en la retina culé. Muchos tendimos a mitificar los logros del Dream Team para compararlos con el momento actual, entendiendo el deslumbrante y efectivo juego contra el Dinamo de Kiev como la única meta a la que aspirar para lograr el éxito, llegando incluso a distorsionar lo vivido con la construcción de mitos y leyendas infundados sobre el dibujo táctico o la posesión del balón. Hablando ya de la situación actual del equipo, pienso sinceramente que Guardiola, que vivió de primera mano la eliminatoria, es plenamente consciente de la dificultad tremenda de emular el juego perfecto exhibido en su día contra el Dinamo, y si bien hay que recordarlo con admiración y mantenerlo en su pedestal, tampoco es el único camino para conseguir éxitos, y des de luego aun menos dentro del contexto futbolístico actual.

En mi humilde opinión, y a sabiendas de las amistades de Guardiola con Juanma Lillo o Marcelo Bielsa (se rumorea que fueron capaces de hablar sobre fútbol durante 11 horas seguidas, y recordemos que Bielsa incluyó más de 300 videos de rivales en el equipaje de la Selección Argentina para el Mundial de Corea-Japón’02, en que acabó cayendo a las primeras de cambio), parece que el estilo del nuevo Barça se asemejará más al del Liverpool de Benítez, por poner un ejemplo, y no en la supuesta tacañería “red”, si no en la versatilidad y en lo camaleónico de su juego. Las incorporaciones que se han formalizado hasta la fecha apuntan a que la intención de Guardiola es la de disponer de las piezas adecuadas como para poder adaptar el juego del equipo a las necesidades del momento: contar con un centro del campo fuerte y una defensa contundente para los partidos más reñidos sin renunciar a la fantasía necesaria para enfrentar a un rival inferior o ir hacia la portería contraria con insistencia. Aun sin conocer la faceta de Pep como entrenador, es por todos sabido que es un auténtico enfermo del fútbol (en el buen sentido de la palabra, por supuesto), que intenta controlar cada detalle, al estilo del Sacchi de finales de los 80 en el Milan (salvando claro está las distancias): la leyenda dice que en una de las comidas del equipo en Milanello, el entrenador se acercó a Marco van Basten y se dispuso a comentarle algunos de talles sobre movimientos de ataque que quería perfeccionar, a lo que el holandés respondió con mirada fría y gesto duro “Mientras como no.”

En mi opinión Pep construirá el equipo entorno a Alves, Messi y Henry , a falta de que se desencadenen o no las salidas de Ronaldinho, Deco y Eto’o, de las que dependen completamente las contrataciones en la línea ofensiva del equipo (en una actitud, en mi opinión, muy responsable y acertada por parte del equipo técnico), rotando al resto de la plantilla en función del partido y del rival, sin renunciar a buscar la portería contraria pero sin caer en el “Síndrome de Kiev”. También parece que el interés por Hleb (ya comenté de forma gratuita que a mí me gustaría mucho más que el Barça se interesara por “Lucho” González) destapa la labor que desarrollaría Seydou Keita, que no sería otra que la de centrocampista todo terreno al estilo Touré Yaya, y no la de ejercer de Deco, como muchos han apuntado (la calidad de Deco con el balón en los pies es infinitamente superior a la de Keita): así pues, creo que el 4 del Barça que viene no será un medio centro puro al estilo del propio Guardiola, hecho muy significativo a la hora de vislumbrar cuál va a ser el estilo futbolístico definitorio del nuevo proyecto.

De todas formas, todas estas reflexiones pueden no pasar de ser meros castillos de naipes tan sólo unos minutos después de la esperada rueda de prensa de presentación de Pep Guardiola, o siendo más optimista tras los primeros entrenamientos y pachangas de la pretemporada. Pase lo que pase, y aunque alguno hubiera preferido la opción Mourinho, Guardiola será el entrenador del Barça, y por tanto hay que estar a muerte con él. Recurriendo al topicazo, sólo el tiempo dirá si ha sido una buena decisión: sumemos todos para que así sea.

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4 Comentarios en “Guardiola y el Síndrome de Kiev”

  1. Toni dice:

    Totalmente de acuerdo, creo que lo has clavao. Por otra parte, rompo una lanza en favor de Txiqui en el tema fichajes: los del año pasado fueron todos un acierto (excepto el de Henry que esperemos que este año haga algo… el primer año de Márquez no recuerdo que fuese bueno para nada…). Luego ya será cosa de’n Pep. Amunt barça!

  2. lescorts80 dice:

    CHAPEAU a este post
    me quito el sombrero
    es la persona ideal para el barça, ojala tenga suerte
    VISCA EL BARÇA!!!

  3. Auntoque dice:

    me gusta el concepto del síndrome de kiev! estoy contigo, hay q estar a muerte con pep!!

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