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Sobre Tristezas y Famas

11 Abril, 2008 por rodri

Con la extraordinaria lección de gloria y orgullo que impartió ayer el minúsculo Getafe contra el poderoso Bayern de Munich aún en la retina (por no decir en las tripas o, siendo más cursi, en el corazón), uno siente la necesidad de lanzarse, sin muchos preparativos y de manera seguramente demasiado osada, a escribir sobre las tristezas deportivas: “Quien no conoce las tristezas deportivas no conoce nada sobre la tristeza”, Julio Ramón Ribeyro (y su cigarro), escritor peruano.

Supongo que muchos de ustedes pensaría lo mismo que yo mientras miraban el partido: “¡Joder, cómo me gusta el fútbol!” No sé ustedes, pero un servidor se ha emocionado contadísimas veces con un equipo que no sea el propio, y la verdad es que ayer fue una de ellas (des de luego esto no les pasará si son ustedes madridistas, pues guiados por su histórico señorío siempre apoyarán a muerte a cualquier equipo español, y seguramente tendrán un segundo equipo más modesto en el corazón…). Sólo en este extraordinario deporte (y permítanme repetir la comparación que hice en Paladar Negro) David puede lanzarse con el cuchillo entre los dientes a por Goliath de la forma en que lo hizo ayer el Getafe. Con un planteamiento inicial ofensivo y transparente, con una expulsión injusta en el minuto 5, superaron su inferioridad numérica para adelantarse en el marcador, sufrieron un tremendo golpe a escasos minutos del final que les llevaba a la prórroga. Una plantilla corta que ha venido jugando tres competiciones hasta el mes de abril, sin apellidos de renombre, que recibe tal golpe de uno de los equipos más duros del continente, en lugar de derrumbarse física y anímicamente, empieza la prórroga apretando los dientes y estampando dos puñetazos en la cara de su altivo rival; y en el último suspiro, cuando parece que la gesta va a verse cumplida… el rival certifica su peligrosidad y le arrebata la victoria con dos zarpazos. Como decía el filósofo francés Albert Camus, “Después de muchos años en que el mundo me ofreció tantos espectáculos, lo que finalmente mejor sé sobre la moral y las obligaciones de los hombres, le debo al fútbol.”

Como argumentaba ya en uno de mis primeros posts, uno piensa con rotundidad que la razón por la que el fútbol es el deporte de las masas (además de su imprevisibilidad) es que el futbolero acude al campo principalmente a sufrir (a no ser que sea japonés o merengón). Pensarán que es ridículo que un culé piense así, pues muchos consideran que nos sentamos en las butacas del Camp Nou como el sibarita que se sienta en las del Liceo, y no puedo negar que en muchas ocasiones así lo parece (como por ejemplo en el último partido contra el Schalke 04). Pero como también defendí en otro de mis posts (Prometeo y la Invasión Vertical de los Bárbaros), el hecho de que una afición esté contenta u orgullosa de su equipo es exclusivamente una cuestión de objetivos iniciales. De ésta forma, un equipo como el Getafe cae en cuartos de la UEFA y jugará la Final de la Copa del Rey en breve, por lo que su afición estará sin duda exultante; pero con toda seguridad podemos afirmar que el equipo madrileño empezará el curso que viene con el mismo objetivo con el que empezó el actual: no perder la categoría, de forma que todos los logros añadidos serán éxitos para la entidad, y por lo tanto motivo de orgullo para sus seguidores. En mi humilde opinión, esto no significa que sea mucho más fácil ser de un equipo “grande” que de uno “pequeño” (tengo la intención de hablar sobre las comillas más adelante, pues considero que medir la grandeza deportiva no es algo trivial), si no todo lo contrario, pues la altura de los objetivos del “grande” multiplica la dificultad de su empresa, y por tanto las posibilidades de fracaso: la tristeza del equipo “pequeño” que desciende de categoría no es más acentuada que la del “grande” que pierde un título, o que ni siquiera alcanza a competirlo.

Sin duda, cualquier futbolero del globo ha sufrido en sus carnes la amargura de las tristezas deportivas. Incluso el eterno Milan vio como el Liverpool le arrebataba una final que tenía ganada en 2005. Qué decir del abusón Bayern, que sufrió la más cruel de las derrotas en la Final del 99 contra el Manchester, perdiendo la Copa de Europa tras 23 años de espera en dos lanzamientos de corner superado el minuto 90. El Barça sufrió el tremendo revés de la Final de Sevilla, o la “Final de los Palos Cuadrados” en Berna (“Somos campeones… ¡de la desgracia!” lamentaba el entrenador Enrique Oriazola), pero en cambio fue el responsable directo de la amargura del modesto “Superdepor” en el año del “Penalti de Djukic“. Tampoco podemos dejar de recordar uno de los momentos más célebres de la historia del fútbol: “El Maracanazo” del Uruguay de Obdulio Varela (gran personaje del que sin duda hablaré en el futuro) y Ghiggia en la Final del Mundial de Brazil’50 contra los anfitriones: “Sólo Frank Sinatra, el papa Juan Pablo II y yo fuimos capaces de callar el Maracaná lleno. Pensando hoy en ese momento, no consigo esconder mi tristeza por los aficionados.” Aun así, también se demostró que siempre hay espacio para la esperanza, pues viendo a su padre llorar desconsolado tras el partido, un niño de 9 años a quien llamaban Pelé hizo una promesa: “No llores papá. Yo ganaré un Mundial para ti.” Tan sólo tardó 8 años en cumplirla.

He de decir que el partido de ayer entre el Getafe y el Bayern me recordó muchísimo a otro momento sobrecogedor: la grandiosa Final de la Copa de la UEFA 2001 que el modestísimo Alavés de Mané (y curiosamente también de Cosmin Contra, que rubricó una actuación soberbia tanto en la eliminatoria entre Getafe y Bayern como en dicha Final) perdió por 5 goles a 4 tras un desgraciado gol en propia meta de Delfí Geli, también en el último suspiro de la prórroga, contra el Liverpool de Michael Owen, que ese mismo año se hizo con el Balón de Oro y conquistó con su equipo nada menos que cinco títulos. Con la seguridad de que no existe consuelo posible, y con la cita de Julio R. Ribeyro en la mente, diría a los héroes del Getafe, como también a los de Vitoria, lo que el viejo Eddie Futch dijo a su pupilo Joe Frazier tras arrojar la toalla en el legendario combate del 75 en Manila contra Muhammad Ali: “Siéntate hijo, nadie olvidará jamás lo que has hecho hoy aquí.”

Y pienso sinceramente que ésta es la lección más importante que cualquier deportista (y especialmente los jugadores del Barça actual) debería aprender de lo acontecido tanto ayer como en todos los momentos que hemos repasado. Calderón de la Barca ya se dio cuenta en el siglo XVII y lo escribió en su obra maestra “La Vida es Sueño”: “…acudamos a lo eterno; que es la fama vividora”, porque la vida deportiva de un futbolista es corta, y lo único que queda tras ella es la fama; el recuerdo que permanecerá gravado (o no) en la memoria imperecedera de la afición, que como tal no muere nunca. Ésta es una oportunidad de la que tan solo unos cuantos privilegiados pueden disponer: ¿no vale la pena aprovecharla? Sirva de lección la reflexión de Johan Cruyff: “Como ex futbolista, sé que no hay nada peor que estar convencido de que en su día dejaste escapar cosas que tenías en la mano. Es algo que se te queda dentro para siempre.” En vistas a la apasionante eliminatoria contra el Manchester, que nuestros futbolistas no dejen pasar esta oportunidad; y si hay que caer que sea como lo hizo el Getafe, peleando hasta el último segundo con orgullo.

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4 Comentarios en “Sobre Tristezas y Famas”

  1. Toni dice:

    Gran post para empezar a saborear la gran semifinal que nos espera!!! Força Barça!!! Pero sobretodo, Força Rodri!!!

  2. TXIKI FORERO dice:

    Me encantó el artículo. Pleno de contenido y excepcionalmente desarrollado.

    Saludos.

  3. lescorts dice:

    Por cierto, he hecho una reflexión en otro foro sobre cómo discernir entre los atributos que hacen grande a un club en el concierto mundial.
    Te animo a desarrollarlo. No se me ocurre alguien mejor para hacerlo.
    Diego

  4. lescorts dice:

    Sencillamente genial. Delicatessen en el foro.
    Felicidades,
    Diego

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