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Instantes Decisivos

3 Abril, 2008 por rodri

Hace largo tiempo que anuncié en este espacio que me gustaría hablar sobre “momentos decisivos“, los instantes cruciales que marcan profundamente, para bien o para mal, el devenir del deporte en general y el fútbol en particular. Llegados a estas alturas de la temporada, creo que ha llegado el momento de hacerlo, pues seguramente y hablando en clave blaugrana, nos encontramos en el contexto ideal para que una de estas situaciones acontezca.

Cuentan en Alemania, que allá por el año 1958 un jugador hoy desconocido del equipo juvenil del Munich 1860, por aquel entonces el Club grande de la ciudad bábara, propinó un tremendo puñetazo en la cara de un prometedor defensa rival, cuyo sueño des de niño siempre había sido firmar por el 1860. El chaval se llamaba Franz Beckenbauer, y tras el incidente decidió plantar al Club de sus amores para irse al segundo equipo de la ciudad, el Bayern, que por aquel entonces militaba en la Segunda División. El resto de la historia es de sobras conocido. Un instante fugaz, una insignificante riña entre adolescentes, un puñetazo que cambió la historia del fútbol europeo para siempre.

El instante en que Luís Figo estampó su firma en un precontrato junto al candidato Florentino Pérez; el día que los directivos del Manchester Utd. decidieron no pagar los 36 millones de euros que el Paris Saint Germain pedía por Ronaldinho… Situaciones que sin duda han cambiado el signo de la historia de manera trascendental, y que sin duda no son dominio exclusivo del deporte. Sin ir más lejos (y haciendo honor a la imagen de este blog), en 1962 un tal Keith Richards, que viajaba en el tren de Dartford, se fijó en unos discos de Chuck Berry y Little Richard que otro joven, de nombre Mick Jagger, llevaba bajo el brazo, sacudiendo con ello la historia de la música. Esas grandes (y benditas) pequeñeces que endulzan la vida adquieren, a mi modo de ver, altura superlativa en el deporte, hecho que explica su maravillosa imprevisibilidad, y por tanto su gran atractivo.

Como dice el que fuera extraordinario delantero del Sporting de Gijón y el Barça Enrique Castro ‘Quini‘, “El fútbol se decide entre los tres palos, todo lo demás no cuenta.” ¿Qué hubiera pasado si Gianluca Vialli hubiera metido alguna de sus tres clarísimas ocasiones ante Zubizarreta en Wembley? ¿O si Koeman hubiera impactado el balón tan sólo a unos centímetros de diferencia de dónde lo hizo aquel 20 de mayo del 92? En la gran Final del 99 el Bayern era campeón a dos minutos del pitido final y cedió dos córners tontos: fue la segunda Copa de Europa para el Manchester. Qué me dicen del famoso “Penalti de Djukic“: si Donato, gran especialista del equipo, hubiera podido lanzarlo, o Bebeto hubiera tenido tan sólo un instante de valentía, ¿no hubiera sido el “Superdepor” campeón de Liga en el año apoteósico de “los cuatro mejores extranjeros del mundo” vistiendo la camiseta blaugrana?

Seguramente pensarán (y con razón) “Sí, y si mi abuela tuviera un pizelo… sería mi abuelo”, o simplemente me dirán que si no hubiera pasado tal o cual cosa, hubiera pasado otra igual o quizás más trascendente, pero piénsenlo por un momento: en deporte, pequeñísimos detalles pueden cambiar por completo el rumbo de la historia si acontecen en el momento clave, canviando el nombre del campeón en el último suspiro o levantando a un equipo desplomado. Para un saltador de longitud, un mísero centímetro puede ser la diferencia entre un salto nulo y una medalla de oro.

Es por ésta razón que hay que estar muy al tanto de lo que acontece en estos momentos en nuestro Club. Volviendo al tema de los penaltis, decía el filósofo brasileño Ménem Prancha que “El penal es una cosa tan, pero tan, importante que lo debería patear el presidente del Club”, por ser el instante decisivo del fútbol por antonomasia. Leía hace ya algún tiempo en un blog amigo que las tandas de penaltis son, como se suele decir, una lotería, y que por tanto la elección de un ganador mediante tal sorteo podría no ser acorde con la realidad futbolística demostrada sobre el terreno de juego por las razones que fueran (ocasiones de gol, espectáculo, juego ofensivo…). Mi opinión es más bien la (radicalmente) contraria: me encanta ver las tandas de penaltis aunque no simpatice con ninguno de los dos equipos, con toda la parafernalia de los jugadores abrazados en el centro del campo, el tirador caminando lentamente hacia el área, el portero esperándolo e intentando aparentar seguridad, la tensión del momento, el todo o nada, el uno contra uno mismo… La gloria más absoluta del agónico triunfo o la tristeza más descarnada del que sabe que ha estado a tan sólo un ápice del éxito y no ha logrado alcanzarlo. En mi opinión no hay vencedor más justo que el equipo que supera al contrario en una tanda de penaltis, pues habrá demostrado tener más determinación, más sangre fría, más hagallas (o “putería”, con perdón de la expresión, llámenlo como quieran, todo tiene su mérito); un mayor carácter competitivo y, seguramente, un deseo de alcanzar la victoria superior a la de su rival. La tanda de penaltis es todo menos una lotería. Si un equipo de es capaz de materializar su superioridad sobre el terreno de juego, que gane imponiendo su mayor carácter en la tanda de penaltis, donde la calidad y la técnica de los contendientes se iguala para dejar paso al corage y a las vísceras; pues lo decía Helenio Herrera: “La psicología es el 50% del deporte.” En definitiva, ante un momento crucial, a pesar de su imprevisibilidad intrínseca y definitoria, uno puede ir a por él y ganarse el derecho a que la balanza de los caiga de su lado si cree en sus posibilidades más que su rival. Un partido de fútbol no se gana a los puntos, sólo puede ganarse por KO.

Con la eliminatoria contra el Schalke 04 (que por cierto superó al Oporto en una tanda de penaltis, hecho que a uno le inspira un gran respeto) bien encarrilada, debemos tener fe en que ante los momentos tan difíciles como decisivos que nos esperan en las próximas semanas (en especial en una más que probable eliminatoria de semifinales contra el Manchester Utd. de la que hablaré si llega el momento) sepamos buscar la fortuna necesaria para que los instantes decisivos se decanten a nuestro favor y podamos alzar la Copa de Europa de nuevo. Digan lo que digan (y quienquiera que lo diga): ¡sí se puede!

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2 Comentarios en “Instantes Decisivos”

  1. Toni dice:

    Clar que sí! A veure si canviem la història d’una vegada! Amunt Barça!

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