“¡Quítate esa mariconada de venda! Y qué quieres decir con ‘tu’ rodilla, ¡esa rodilla pertenece al Liverpool!” De ésta forma espoleaba el legendario entrenador escocés del Liverpool Bill Shankly a Tom Smith, uno de sus jugadores en el equipo de Anfield. En la actualidad, los hinchas de los equipos más poderosos de Europa, miramos por encima del hombro hacia Escocia, sabedores de nuestra superioridad futbolística y sobretodo económica, que nos permite pagar a golpe de talonario el derecho a competir por el máximo cetro europeo. Lo que seguramente muchos de nosotros nos permitimos el lujo de obviar es la larga lista de extraordinarios hombres de fútbol nacidos en los remotos páramos de Escocia que han marcado el pasado (y por lo tanto el presente) del fútbol mundial. Horas antes del partido que nuestro Barça disputará (o seguramente luchará) en Celtic Park contra el Celtic de Glasgow en tierras escocesas, permítanme honrar brevemente su historia, ligada al carácter de la tierra del kilt, la gaita y el whisky.
En los últimos meses, des del sorteo de los Octavos de Final de la Liga de Campeones, no han cesado en las tertulias deportivas las largas conversaciones sobre le fútbol directo y rudimentario de los escoceses del Celtic de Glasgow, frente a lo que se presupone es un fútbol más refinado y preciosista practicado desde siempre aquí en Barcelona, como seguramente en el resto de España o de la Europa futbolísticamente más “civilizada”. Des de un punto de vista más global, ajeno al terreno estrictamente deportivo, ésta visión popular de Escocia como una tierra antigua, de raíces celtas, de gentes rudas y tipos peludos con falda, barbarizados (que no satanizados) por un mundo en el que seguramente aún resuenan con demasiada fuerza los ecos de la aristocrática Inglaterra colonial, se mantiene extrañamente invariante al paso del tiempo a pesar de la gran cantidad de importantísimos e ilustres personajes que ha dado ésta singular tierra: Graham Bell, Alexander Fleming, David Livingstone, James C. Maxwell, David Hume, R.L. Stevenson (al que incluyo aquí por ser el autor, entre otros, de la fascinante novela “La Isla del Tesoro”, por la que uno siente especial debilidad, a pesar de que hoy en día su autor no sea ni de largo más conocido que, por poner un ejemplo puramente escocés, Sean Connery). No es extraño pues que el fútbol forme también parte de ésta encrucijada, elevado incluso, en mi opinión, a la categoría de paradigma de ésta visión simplista de todo cuanto nos llega de la antigua Caledonia.
A pesar de ser un país pequeño y poco populoso, de los campos de fútbol escoceses ha salido un número de grandes entrenadores y futbolistas comparable al de países con una tradición futbolística mucho más publicitada; hecho que resulta, a mi entender, de un mérito extraordinario. El grandioso Bill Shankly (“También pasamos malos momentos: un año acabamos segundos…”), que rescató al mítico (e incluso místico…) Liverpool de las catacumbas del fútbol inglés en el 59 para convertirlo en leyenda: ocho temporadas consecutivas des del 76 al 84 ganando Liga, Copa de Europa o ambas, de la mano de sus discípulos Bob Paisley y Joe Fagan, tras su retirada en el 74. El visionario Sir Matt Busby, padre con letras mayúsculas del Manchester United y conocido por ello como “Míster Manchester United”, que forjó el jovencísimo equipo de los Busby Babes y lo refundó diez años después de la tragedia de Munich con la ayuda de la “Holy Trinity“, de la que el escocés Dennis Law, uno de los mejores delanteros de la historia, formaba parte (junto a Bobby Charlton y George Best, del que hablé en el post Vedettes).
Futbolistas de la talla de John Robertson, pieza clave en la increíble historia del Nottingham Forest a finales de los 70 junto a Archie Gemmill, autor con la selección escocesa de un extraordinario gol contra la selección de Holanda en el Mundial de Argentina’78, recordado con orgullo por todos los hinchas escoceses a pesar de la eliminación de Escocia a manos de los tulipanes, que acabarían cayendo en la Final bajo el estoque del “Matador” Mario Kempes. Jimmy Johnstone, finísimo extremo y para muchos el mejor jugador de la historia del Celtic de Glasgow, y que junto el lateral zurdo Tommy Gemmell y al delantero Stevie Chalmers (entre otros) formarían parte del legendario equipo de los Lisbon Lions, de los que hablé en el post Paladar Negro, y que dirigidos por el mítico entrenador Jock “Big Man” Stein levantaron la Copa de Europa en el 67 practicando el mejor fútbol espectáculo en las mismísimas narices de Helenio Herrera y su aguerrido Inter, plagado de estrellas rutilantes contra un once formado íntegramente por jugadores nacidos en Glasgow. Jock Stein, sería más tarde seleccionador escocés y moriría en el 85 pocas horas después de un Escocia – Gales, víctima de un ataque al corazón. Unos meses atrás había contratado a un joven ayudante, un tal Alex Ferguson.
El Celtic del 67 no fue el único equipo escocés que dominó Europa. Des del 78 al 86 el Aberdeen de Alex Ferguson ganaría la Recopa de Europa al Real Madrid en el 83, y el año siguiente la Supercopa de Europa al poderoso Hamburgo Campeón de Europa, con el fantástico delantero pelirrojo Gordon Strachan, que se sentará en el banquillo rival el miércoles como entrenador del Celtic, como figura indiscutible. El Aberdeen de Ferguson ganaría además 3 Ligas y 4 Copas de Escocia. En la actualidad, como es sabido, el técnico escocés dirige al Manchester United. Des del 86 (22 años en el cargo) 1 Copa de Europa, 1 Recopa de Europa, 1 Supercopa de Europa, 9 Ligas, 5 Copas y 2 Copas de la Liga le contemplan, tras 23 años de sequía en el Club de los Red Devils. Como dice el ilustre escocés de nacimiento (y australiano de adopción) Malcom Young, fundador de la histórica banda AC/DC, en una inverosímil fusión del rock más cañero y el sonido más genuino de las gaitas escocesas, “It’s a Long Way to the Top” (”…if you wanna rock and roll!”).
No malinterpreten éstas líneas: que gane el Barça y a Cuartos, que desgraciadamente nuestro orgullo sí es susceptible de ser herido. Como seleccionador escocés, Jock Stein fue preguntado en una ocasión acerca del apoyo incondicional de la afición escocesa hacia su selección, a lo que el escocés contestó “Tenemos la mejor hinchada del mundo, pero nunca he visto a un hincha marcar un gol”, lo cual demuestra su gran saber futbolístico y constituye un factor muy a tener en cuenta para nuestros jugadores de cara al partido del miércoles y el ambientazo que de bien seguro van a encontrarse en Glasgow. Es un hecho el que a pesar de la idea extendida en lo que ser refiere al fútbol supuestamente obsoleto de los escoceses, cualquier equipo, por grande que éste sea, pasa siempre por algún momento de apuro en cualquiera de los campos de fútbol de Escocia (y si no que se lo pregunten al experimentado Milan).
Como he dicho no me malinterpreten, pero cuando uno oye el “Flower of Scotland” entonado por varios miles de escoceses entregados (a pesar de que cuando éste miércoles el Barça salte al césped del Celtic Park sonará el importado y archiconocido “You’ll Never Walk Alone”) no puede evitar sentir una cierta envidia. Envidia de su orgullo impermeable, de su ruidoso e incondicional apoyo, del empuje de su fútbol troglodita, de su cercano pero férreo carácter tosco, de su idiosincrasia “bárbara” inducida, de su Braveheart, del fabuloso sonido de las gaitas, de su whisky de malta… ¡¡Sláinte!!







Geniaaaal post, one more time.