“Yo no juego contra ningún equipo en particular. Yo juego contra la idea de perder” Asà definÃa Eric Cantona su manera de entender el fútbol. Hoy me propongo hablar sobre ganadores, los tiburones del deporte, en un momento en que la actitud ganadora de los jugadores de la plantilla del Barça está más que nunca en entredicho.
¿Qué impulsó a Sergei Bubka a superar el récord mundial de salto con pértiga hasta 35 veces a lo largo de su carrera? ¿Qué empujaba al ciclista Eddy Merckx a atacar a sus rivales en el primer kilómetro de la etapa? (No me sean malpensados sé que hablo de un ciclista…) ¿Por qué, aún siendo considerado por las grandes raquetas de la historia como el mejor tenista de todos los tiempos, Roger Federer contrata a un jugador zurdo amateur para entrenar sobre tierra batida con el fin de lograr batir a Rafa Nadal, siguiendo alzando trofeo tras trofeo? ¿Cual es el secreto de esta raza de reyes? Posiblemente sólo exista una respuesta a todas estas preguntas: querer desear (y ojo, no digo sólo desear, si no querer desear) la victoria más de lo que la desee cualquier rival, tener la convicción absoluta de poder conseguirlo y poner todas las fuerzas que se posean (y también las que no) para alcanzar esta meta.
Me gustarÃa en este momento hacer un pequeño paréntesis para apuntar la diferencia entre la figura del ganador y la del deportista que tiene el “Colmillo Retorcido” , que tal como expliqué en uno de mis anteriores post podrÃamos definir en pocas palabras, y perdonen la expresión, como la puterÃa de un pÃcaro embaucador, hablando siempre en términos deportivos.
Centrándonos ya en el Barça, deberÃamos replantearnos las anteriores cuestiones y preguntarnos: ¿Qué le falta a este Barça? Desde luego parece obvio que no es el talento lo que los culés echamos en falta en nuestros jugadores. En mi opinión esta falta de espÃritu ganador, de alma escuálida, si bien superlativa en la actual plantilla, no es una novedad en nuestra historia. Soy de la opinión que el nuestro no es un Club auténticamente ganador: las finales de Berna, Sevilla y Atenas lo corroboran, pues aún sabiendo que, como decÃa el maestro de las tópicos Vujadin Boskov, “Fútbol es fútbol”, en todas ellas partÃamos como favoritos casi indiscutibles (dejo el casi para Atenas, donde el Dream Team se estrelló contra un Club que sà es auténticamente ganador). Sin ir más lejos, Johan Cruyff ganó como jugador tres Copas de Europa consecutivas con el Ajax, pero en Barcelona sólo logró brillar en su primera media temporada, cuando se le contrató para que cambiara nuestra estrella en Europa. O qué me dicen de Maradona, seguramente y a pesar de todo (“Si nunca me hubiera drogado, ¡imaginen el jugador que hubiera sido!”) el mejor futbolista de todos los tiempos, que si bien tuvo mala suerte en sus dos años aquÃ, tenÃa la entidad suficiente como jugador para cambiar el signo de nuestra historia. Vayan por Europa y pregunten por Kubala, desgraciadamente en la actualidad nadie sabe de él. Un equipo como el Dream Team ¿no piensan que vistiendo casi cualquier otra camiseta huviera marcado una época en la Copa de Europa? FÃjense que cuando nos enfrentamos a algunos rivales europeos, como por ejemplo el Celtic de Glasgow o el Werder Bremen, aún sabiendo de nuestra superioridad en cuanto a la calidad futbolÃstica se refiere, los culés siempre tenemos dudas sobre la victoria final, y creo que ya opiné en otra ocasión que el carácter de un equipo es el reflejo del de su hinchada.
Pero por desgracia pienso que el gran problema que tenemos en estos momentos va más allá de nuestra naturaleza “no-ganadora”. Siempre habÃa pensado (o quizás más bien deseado) que un dÃa llegarÃa algún personaje que definitivamente cambiarÃa nuestro carácter de Club y que dejarÃa atrás esta vena pesimista que siempre hemos arrastrado; al estilo de lo que Franz Beckenbauer logró con el Bayern Munich, Di Stefano con el Madrid o Bill Shankly con su Liverpool (“También pasamos malos momentos : un año acabamos segundos…”). Por un momento pensé que Ronaldinho era ese hombre, pero desgraciadamente, como pasó con Cruyff y Maradona, en estos momentos parece que no va a ser asÃ. Tanto a lo largo de la pasada campaña como en los pocos partidos de la actual el culé observa alarmado como los integrantes de una plantilla que es la envidia de todo el mundo futbolÃstico no son capaces de desear la victoria más de lo que la desean todos sus demás rivales, por pequeños que estos sean. Parece que el pez pequeño pone más Ãmpetu en sobrevivir del que el pez grande pone en probar bocado; no hay voracidad en este Barça y un tiburón que no es voraz no es un tiburón, es sólo un pez más.
A nivel personal a uno le resulta difÃcil de entender que los jugadores del actual equipo no se den cuenta de que lo que hagan en sus diez años de carrera como futbolistas, además de permitirles vivir muy bien, será lo mejor que va a acontecer a lo largo de sus vidas, aquello por lo que serán recordados para siempre, pues como dijo Joan Gaspart [escalofrÃo...] “Dentro de 200 años ninguno de nosotros estará ya aquÃ, pero el Barça sÔ. Seguramente éste sentimiento es el que atormentaba a los ganadores que he citado al principio: lo que convertÃa a Eddy Merckx en “El CanÃbal”, lo que hizo que Sergei Bubka elevara el listón del récord mundial de 5.85 metros a 6.14, lo que hace que Federer desee con más fuerza derrotar a Nadal que alzar cualquier trofeo de los que ya posee. La idea de “El primero es el primero; el segundo no es nadie” (también copyright del viejo Shankly) es lo que no deja dormir por las noches a los auténticos campeones.







Buen post… pero me hubiera gustado más leerlo a final de temporada.
Yo no creo que se haya acabado el hambre en el club, de hecho los nuevos fichajes llegan con hambre y eso se nota… Creo, sÃ, como Rijkaard, un entrenador que perteneció al Milán, ese histórico y ganador equipo de Sacchi, que el equipo no esta fresco y que le falta continuidad de entrenos para poder ver su mejor cara, que no dudo, llegará… si los barcelonistas le dejamos.
Un blogsaludo.