Al poco de comunicarle a Cesc Fábregas que el Arsenal no accedería a firmar su pase al Barcelona este verano, el aclamado y recientemente renovado (acaba de prolongar su contrato con los “gunners” hasta 2014) Arsène Wenger trató de consolar a su capitán y a su plantilla de pimpollos en el discurso de inicio de la temporada: “Ya estáis maduros, ganaremos algún título.” Lo que uno se pregunta a día de hoy es: ¿y qué caray les dijo en los últimos 6 o 7 años? Como pueden comprobar, uno no es un fan del técnico francés ni de su manera de entender un equipo de fútbol, aun a sabiendas de su valiente propuesta futbolística y de la metamorfosis que ha inducido al antaño tradicionalista y vetusto club del norte de Londres. En unos días en que se especula con que Guardiola rellenará los huecos de la actual plantilla del Barça íntegramente con los prometedores chavales de la masía, permítanme reflexionar sobre lo que yo llamo el Experimento Wenger.
No se tiren de los pelos todavía, uno es culé y como tal babea al ver como el primer equipo recibe año tras año la llegada de nuevos talentos salidos de nuestra escuela de fútbol, la más prestigiosa del mundo. Su triunfo es posiblemente el mayor orgullo que tenemos hoy en día los culés. Es necesario resaltar aquí un dato que marca una diferencia capital entre la filosofía Barça y el Experimento Wenger, y que sorprendentemente parece pasar desapercibido a ojos de algunos gurús de la prensa deportiva nacional e internacional: el Arsenal no tiene cantera. De entre los grandes clubs de Europa, ¿saben ustedes cuál es el que más dinero invierte en su escuela de formación? Ninguno errará si responde que ese club es el Barça. Parece obvio. Por contra, ¿saben cuál es el club europeo que menos gasta en su cantera? De no ser por los derroteros por los que ya pueden intuir se encaminan estas líneas, pocos de ustedes hubieran adivinado que ese club no es otro que el Arsenal de Arsène Wenger. Se preguntarán cómo es posible que un club que hace 5 años estaba formado por veinteañeros (y que intuyo lo seguirá estando dentro de 5 años más) no invierta ni una pequeña parte del dineral que en los últimos años ha venido ganando venta tras venta en potenciar su fútbol base. La respuesta es inmediata: no lo necesitan.
Tanto los directivos del club como el propio Wenger se mostraron molestos por la, según ellos, desleal forma de proceder de Laporta y su directiva a la hora de intentar traer de vuelta a Cesc al Camp Nou en los días finales de su mandato. No será un servidor el que se dedique a dar lecciones sobre ética futbolística, dejemos los comportamientos caballerescos para asuntos menos viscerales que el fútbol. En cambio sí se puede decir, y es un dato contrastable, que la actual plantilla del Arsenal, con tan sólo 5 jugadores británicos, como las que inmediatamente la precedieron (97′5% de jugadores extranjeros hace tan sólo dos años) han sido adquiridas a precio de saldo tras el constante hostigamiento y saqueo al que Wenger y su aclamada red de ojeadores han sometido a medio mundo futbolístico. Algunos se preguntarán, y están legitimados para ello, que tiene de reprochable que en el Emirates Stadium se tenga tanta fe en los jugadores jóvenes; ¿no es una actitud valiente y digna de ser aplaudida? A lo que uno contestaría: ¿De verdad creen que todos los jugadores que han pasado por las manos de Wenger no hubieran llegado a ser profesionales creciendo en sus clubes de origen? ¿Es que Cesc, que jugaba para el club europeo que más y mejores jugadores promociona des de su base, no hubiera llegado a debutar en el primer equipo del Barça? ¿Hubiera debutado Pedrito en el Arsenal? (¿Si mi abuela tuviera un pizelo, sería mi abuelo?) Y finalmente, ¿ha valido la pena? Muchos responderán que indudable y rotundamente sí. Déjenme disentir.
Hace escasos días, la página web del Arsenal anunciaba la renovación de su manager, y este se dirigía a los “suporters”: “Firmar un nuevo acuerdo significa que puedo ver a este talentoso grupo de jugadores alcanzar su potencial. Creedme cuando digo que están preparados para conseguir resultados.” Estarán de acuerdo conmigo que de haber sido la trayectoria del equipo tan exitosa como algunos quieren publicitar, el bueno de Arsène Wenger no tendría ninguna necesidad de dar explicaciones y pedir crédito a su gente. Sus vitrinas no reciben un trofeo des de la Copa Inglesa en 2005, y su última Liga data del año anterior, 2004. (Los que piensen en la final de la Copa de Europa de 2006, y sin pretender quitar mérito al conjunto inglés, déjenme preguntarme qué hubiera pasado si en lugar de enfrentar al Villareal de Pellegrini en las semifinales los “gunners” hubieran tenido que vérselas con el Milan de Shevchenko, al que el Barça derrotó no sin algún que otro apuro, gol anulado incluído.)
Volviendo a Barcelona, la pregunta es si es correcta la decisión de dar por cerrada la plantilla con la incorporación de 3 o 4 futbolistas del Barça B para suplir las bajas de Henry, Márquez, Chigrinski y, sobretodo, Yaya Touré (en una plantilla que recordemos ya se tildaba de corta el año pasado, amén de la aparición estelar de Pedro). Posiblemente pensarán que a tenor de la forma que mostraron a lo largo de la pasada campaña no será difícil sustituir a los tres primeros, aunque nunca es bueno sufrir dos bajas en el centro de la defensa. El caso del marfileño es más peliagudo. Volviendo a Cesc Fábregas, si el chaval tenía tantas ganas de venir como se decía y un club vendedor como el Arsenal ha logrado retenerlo por imposición, porque el Barça no aprende de una vez y no ha retenido a un jugador clave como Touré, aun en contra de su voluntad? A su llegada uno no era demasiado optimista sobre el éxito del fichaje, pero la verdad es que partido tras partido el colosal Yaya ha ido conquistando el corazón y las tripas de la culerada. Decía B.J. Armstrong, sobre Scottie Pippen, con quien que compartió vestuario y cancha en los legendarios Chicago Bulls de Michael Jordan: “no sé en que posición jugaba, sólo tengo claro que era jugador de baloncesto.” Lo mismo se puede decir de Yaya Touré. Me parece muy osado tratar de suplir un jugador como éste con un debutante de la cantera, por muy sorprendentes y positivos que hayan sido los descubrimientos de Busquets y Pedrito, o por muy prometedoras que sean las carreras de los Thiago, dos Santos, Romeu y compañía, que este año tienen incluso la posibilidad de foguearse en una competición tan exigente como es la Segunda División española.
Si algo ha caracterizado a nuestra exitosa política de cantera ha sido la paciencia. Recordemos que el mismísimo Iniesta no disfrutó de la titularidad hasta hace escasamente dos años y medio: no era ni mucho menos titular en el Barça victorioso de Rijkaard, y no eran pocos los que veían inviable su compatibilidad con Xavi en el centro del campo, algo que actualmente sería considerado poco menos que una herejía. Hoy es considerado uno de los tres mejores futbolistas del mundo. Por mucha fe que tengamos en las decisiones de Guardiola (¡alabado sea!), nuestro club no debería hacer experimentos estilo Wenger, somos mejores y más inteligentes que eso.






