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El Mosquetero

20 Agosto, 2009 por rodri

Pinta de mosquetero, planta de futbolista. Narizota generosa, bigote estilizado, perilla recortada y media melena de espadachín, tan larga como para entregarle a un aire aventurero y tan corta como requiere el oficio de estilista del estoque. El mismísimo D’Artagnan. Brazos infinitos, porte de gigante y torso de bronce, como el Perseo de Cellini. No me cansaré de repetir que jamás le haría favores sexuales a ningún futbolista, entrenador, directivo, o demás personajes del mundillo, pero lo cierto es que uno está exultante con la llegada de Zlatan Ibrahimovic al Barça, al que colocaría sin dudarlo en el “top five” de los mejores futbolistas del mundo (por no situarlo directamente en el podio, lo cual podría llevar a más de uno a tacharme de oportunista, y no sin falta de argumentos).

Cuando Ángelo Moratti, presidente del Inter durante su época dorada en los 60, y padre de Massimo, actual presidente del club, vio a un joven Luís Suárez jugar en el Camp Nou quedó prendado de su fútbol, del cual dijo era “como un concierto de Paganini”. Sobre el césped, Zlatan Ibrahimovic es también un violinista, un bailarín, un cirujano. Su fútbol ha de suponer una (¿tranquila?) revolución para el complejo  engranaje blaugrana, hasta la fecha  sinfónico e implacable.

Algunos se preguntaran que si este sueco (rematadamente balcánico) es tan bueno, como es posible que uno de los entrenadores más prestigiosos del momento como José Mourinho lo haya dejado escapar. Desde luego no creo que fuera porque, como dicen algunos, la oferta del Barça fuera un disparate económico. El Inter de Milán que ha cosechado los últimos tres “scudettos” era un equipo que jugaba al son de su 9, su punta de lanza (tal como ya lo definí en el post ¡A por Ellos, que son Pocos y Cobardes!) en lugar de hacerlo, como la gran mayoría de los equipos profesionales, bajo la batuta de su centro del campo, con buenos futbolistas, pero más dado al choque y a la brega que a la destilación de un fútbol combinativo. Un poco al estilo con el que Ron Wood define la música de los Rolling Stones: “En otras bandas los músicos siguen al baterista, los Stones seguimos al guitarrista.” Era el Inter del todos para uno y uno para todos. Seguramente el amigo Mourinho hubiera preferido que el genio Zlatan permaneciera en la escuadra milanesa, pero un enfermo de la táctica como es el portugués habrá visto en la operación  una oportunidad de cambiar un modus operandi que, cierto es, ha servido a los “nerazurri” para reinar en el descafeinado “calcio” de los últimos tiempos, pero que nunca ha alcanzado para competir con los gigantes de Europa.

Hasta la llegada de Ibrahimovic el juego del Barça era completo, perfectamente meditado, coral y cuya harmoniosa cuadratura no encorsetaba la libertad creativa de nuestros fantásticos jugadores. Como un tema de Neil Young o una novela de Josef Conrad, donde todo encaja, hasta cada cabriola musical o cada pirueta literaria. El portento Zlatan es el delantero total: flirtea con el balón (ahora lo esconde, ahora lo muestra), remata de primeras, choca, dribla, se asocia, abre espacios, arrastra defensas… Decía Pep de Pedro (que apuesto será una de las sensaciones de la temporada) que “conoce bien el oficio de extremo”. En la misma línea se puede decir que no hay un aspecto del oficio del delantero que Ibrahimovic no domine de manera abrumadora. ¡Menudo ariete! ¡Imagínenlo junto a Messi, Iniesta, Xavi, Alves, etc.!

Es indiscutible que este es el Barça de Messi, tanto en el terreno de juego como a escala salarial, pero no podemos descartar que impregnado de nuestra filosofía futbolística y liberado de las ataduras del rígido fútbol italiano, Ibrahimovic destape el tarro de las esencias para convertirse en el alma misma de nuestro fútbol, y como “Long” John Silver o Hanníbal Lecter termine por ser el prodigioso personaje secundario que eclipsa al protagonista para otorgarle un sentido total al relato. Dice un proverbio japonés que “el alma del samurái es la katana, y su punta la parte más importante, pues es la parte que el samurái muestra al mundo.” En un equipo de fútbol, el perfil del 9 condiciona el espíritu mismo de su juego, constituyendo su vanguardia, su fachada principal. Ibra no es Eto’o, y algunas cosas cambiaran, pero los culés no podemos (ni debemos) esperar que vayan a hacerlo para mal, sino poner toda nuestra fe en que la combinación IbrahimovicBarça resultará demoledora para la temporada entrante y también para las que la vendrán.

Decía en el último post que el fútbol no es álgebra (¡menos mal!), y que por esta misma razón el Madrid de CR96 y Kaká no tenía porqué superar automáticamente los muchos puntos que consiguió el Madrid de Raúl e Higuaín. La misma afirmación es válida para el Barça actual. Quizás Zlatan no consiga los 30 goles de Eto’o, y es poco probable que el equipo repita el triplete del año pasado (no lo olvidemos: el Santo Grial de la Europa futbolística) a pesar de su contratación, pero sea como sea la incorporación de este fuera de serie ha sido, a priori y a mi entender, un golpe de mercado acertadísimo  que arrojará jugosos dividendos deportivos al Club.

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Parafernalia

3 Julio, 2009 por rodri

Los que busquen en estas líneas una crítica a la política económica y de club que el Madrid ha rescatado en el segundo adbenimiento de Florentino (“¿Hay alguien que sea capaz de imaginarse el fútbol sin el Real Madrid?”) pueden dejar de leer. No se de dónde sacará los “millardos” el nuevo mesías de las huérfanas praderas futbolísticas, ni entraré en consideraciones éticas que otros estarán en mejor disposición intelectual de debatir. El merengón que lea estas líneas ha de saber por adelantado que éste culé no escribe sobre el Madrid muy a menudo (de hecho este será, quizás, el segundo o tercer párrafo que uno le dedica), ni sucumbe a esa supuesta monomanía obsesiva que se tiene en Barcelona por lo que se cuece en las blancuras, y que ciertos medios se dedican a medir con un curioso aparato bautizado con tanto éxito como “el cagómetro”.

Según cuentan los profesionales en la utilización de tan extraordinario aparato, en las últimas semanas las lecturas del “cagómetro” se han disparado hacia escalas nunca vistas hasta la fecha (ni siquiera alcanzadas tras el gol de Higuaín en el Bernabéu). Los pusilánimes culés, (léase paganos herejes), liderados por el infame Laporta, se revuelven temerosos en su vil oscuridad, aferrándose a falsas profecías sobre los cataclismos y dilubios universales que acarrearán las grandiosas inversiones económicas de Florentino, apelando a su falsa moral y a su incrédula hipocresía. Esta es la visión que parece sugerir la prensa madridista de Madrid. Y ojo, sólo digo que lo parece, o al menos esta es la impresión que uno humildemente tiene y a la que, insisto, no pretendo añadir una enésima réplica.

Aclarado esto, seámos un poco más serios, pues como dijo el piloto Robert Kubica (y me gustaría que constara que uno no es precisamente un fan de la Fórmula 1), “Preferiría haber competido hace 30 años, con menos parafernalia.” Se ha dicho muchas veces que a la plantilla que ha sufrido muchos cambios de un año para otro le cuesta más esamblarse y sublimar un fútbol de equipo, con sus automatismos, su autoconocimiento de las propias virtudes y limitaciones, así como de sus complegidades internas.  En contra de estos argumentos, es un hecho contrastable que los equipos que realizan inversiones fuertes y revolucionan sus plantillas con valores seguros suelen arrojar dividedos en un periodo de tiempo muy corto (aunque, claro está, habrá quien encuentre sonoras excepciones) llevados, quizás, por una inyección psicológica además del componente puramente futboísitico. La temporada 96/97 con el Barça de Sir Bobby Robson (con Luís Enrique, Giovanni, Ronaldo, Pizzi…) y el Madrid de Fabio Capello (Suker, Mijatovic, Roberto Carlos, Illgner, Panucci…) es un buen ejemplo de ello. Lo que quiero decir con esto es que seguramente (y no saben cuánto me gustaría equivocarme…) la temporada que viene el Madrid irá como un tiro. El problema para ellos es que el Barça, no lo duden, va más bien como un misil.

No se a ustedes, pero a un servidor le resulta muy difícil imaginar un equipo capaz de plantar cara al Barça del curso anterior, por muchos nombres y fichajes de relumbrón que tenga. Claro está que son muchos los factores que influyen en el nivel futbolístico de un equipo, y que el excelso momento de forma alcanzado por los chicos de Guardiola debe responder a un equilibrio muy frágil y complicado, y por ende difícil de mantener, lo que debe hacernos reflexionar acerca de la enorme dificultad de los éxitos vividos la temporada pasada. No vean en esta última frase una especie de epitafio al “Pep-Team” tras los movimientos de mercado de este verano (que no lo olviden, recién empieza), ¡ni muchísimo menos! Bien es cierto que una racha triunfal de tal calibre será difícilmente repetible, y que un Madrid tildado por muchos de mediocre pudo aguantar el tremendo tirón, pero no olbidemos que tanto los blancos como los blaugrana batieron récords durante este toma y daca espectacular. Los que piensen que el Madrid de Cristiano Ronaldo y Kaká superará automáticamente los puntos conseguidos por el de Higuaín y Raúl en la pasada campaña sucumben a una visión algebraica y simplista del fútbol muy alejada de la realidad.

Lo único que podemos afirmar a día de hoy sobre el devenir de la temporada que está por llegar es la idea de fútbol que propondrá el Barça en su primer encuentro oficial, y esto ha de representar algo muy alentador para los culés. Nuestro fútbol de posesión y posición (el fútbol total más genuino) busca lo incontenstable, lo imparable: la perfección (que no por inalcanzable ha dejado de ser buscada con ímpetu por nuestros chicos). No olvidemos que varias personalidades del mundo del fútbol (quén sabe si de forma exagerada y sucumbiendo a la parafernalia de que nos advertía Kubica) nos colocaron entre los mejores equipos de la historia del fútbol, comparándonos con el fantasioso Brazil’70 de Pelé, la precisa Naranja Mecánica de Cruyff o el abasallador Milan de Sacchi entre otros. Pensar que le Madrid que está por venir entrará automáticamente en este selecto club por el mero hecho de haber gastado más que nadie hasta la fecha es, aunque en absoluto descartable, poco menos que aventurarse en una osadía a mi juicio algo temeraria. Si seguimos desplegando tal nivel futbolístico no impagino rival posible (si bien espero que el carácter cauto de Guardiola le empuje, por nuestro bien, a pensar todo lo contrario).

Así pues, no se si se dará el caso, pero el Madrid debería cuidarse mucho de subestimar al Barça. Por un lado, resulta difícil pensar que un tipo tan sensato como parece ser Manuel Pellegrini (“El entrenador es 95% en la semana y 5% en el partido”) pueda incurrir en este error fatal, si bien está por ver si su papel en todo este tinglado que es el Real Madrid será de una relevancia acorde con su cargo o bien, como sugieren algunos, el de mero comparsa del condescendiente Florentino, opinión esta última que no comparto en absoluto, pues no me imagino al presidente blanco, por muy tocado por todos los ángeles y arcángeles que esté, haciendo las alineaciones cada domingo.

Para acabar déjenme romper una lanza en favor del equipo técnico y directivo del Barça, que en las últimas fechas está recibiendo algunos palos por su supuesta pasibidad en el mercado. No se equivoquen, ni siquiera Manchester y Milan, con dinero fresco en sus arcas, han movido ficha. De bien seguro Txiki tenía una hoja de ruta ya trazada en primavera que las cantidades manejadas por el Madrid han hecho inviable. A falta del desenlace del caso Eto’o (una auténtica lástima), no se puede negar que la alternativa Villa, muy válida en mi opinión, habría sido mucho más fácil de no ser por Cristiano y Kaká, negociando con un Valencia que tristemente, y a pesar de las apariencias a juzgar por cómo está llevando la negociación, acumula una deuda de más de 500 millones de euros. No hay duda que si el fichaje cristalizara sería una gran notícia, además de que sería el segundo delantero (después, no lo olvidemos, del propio Eto’o) que llega al Barça gracias a la magnanimidad de Florentino, que en un acto conciliador decidió renunciar al Guaje por no “herir sensibilidades ni provocar un enfrentamiento con toda una comunidad autónoma como la valenciana”. Florentino Pérez, guardián y abanderado de la paz mundial, el nuevo Gandhi, ¡dejad que los niños se acerquen a él! ¡Oh happy day, oh happy day!

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¡A por Ellos, que son pocos y Cobardes!

14 Febrero, 2009 por rodri

Bien entrado ya el mes de febrero, empieza a flotar en el ambiente ese cosquilleo general, ese aroma exquisito a noches memorables y luchas de gigantes que desprende la Liga de Campeones.  Como algunos (seguramente más bien pocos) de ustedes sabrán a estas alturas, soy de la opinión que, si bien es importantísimo y un gran triunfo salir campeón de Liga o de Copa, la competición más importante del año no puede ser otra que la Copa de Europa, donde los colosos europeos miden su grandeza y ponen sus fuerzas en liza por la hegemonía continental y por un hueco en la memoria colectiva. Como dirían Loquillo (a quien no conozco personalmente pero con quien, además de compartir una cierta “Simpatía por los Stones”, podría echar gustoso unas cañas) y sus Trogloditas: “¡A por ellos, que son pocos y cobardes!”

Uno es consciente que la rabiosa actualidad obligaría a hablar del partido de esta noche en Sevilla, del Barça contra este Betis “made in” Paco Chaparro, o del gran momento de la Selección Española tras la victoria incontestable ante Inglaterra (triunfo del que, dicho sea de antemano y para que conste en acta, me alegro muchísimo). Respecto al primero de los asuntos, parece que en los últimos días a surgido la idea que el Barça no puede ganar todos los partidos, que algún día tiene que perder, y que tras su victoria reciente en el Sánchez Pizjuán unida al regreso de Oliveira, el Betis puede ser un buen candidato a acabar con la gran racha barcelonista, a pesar de que hace escasas dos semanas su simpático entrenador estaba en la cuerda floja y el equipo al borde de la zona de descenso. A sabiendas que estas sensaciones tienen un cierto tufillo a prensa de Madrid (ese tipo de tufillo que, por otro lado, suele inexplicablemente calar siempre entre la prensa de barcelonesa y por tanto entre nosotros los culés), como también que esta misma noche podría tener que comerme estas líneas con patatas, uno se pregunta: ¿y por que no va a ser así? ¿Por que no puede el Barça seguir ganando y continuar su racha arrolladora y triunfal? Sin ir más lejos y a bote pronto, no hace tanto (en 2004, y por tanto en un contexto futbolístico moderno) el Arsenal logró salir campeón invicto de la Premier League (y conste por delante que uno no es ni mucho menos un fan de Arséne Wenger y su Arsenal de pimpollos, más bien todo lo contrario, como tengo previsto explicarles en otra ocasión). A ese sector de la prensa (agasajadores de Wengeres, Florentinos y furias rojas) le diría sin despeinarme que no se equivoquen: la Selección Española es un muy buen equipo de fútbol, el Barcelona es una barbaridad.

Centrándonos ya en el tema que nos ocupa, el periodista pugilístico estadounidense Bert Randolph describía así los instantes previos a los combates del “Bombardero de Detroit” Joe Louis allá por la década de los 40: “Los ojos profundos de Louis atraviesan a sus rivales, que comienzan a temblar porque saben que están en el bando de los perdedores.” ¿No es esta la sensación que tendrán a día de hoy los jugadores del Olympique de Lyon o el resto de supervivientes en la competición viendo el currículo que presenta el Barça esta temporada? Nunca la confianza en las propias posibilidades ha sido tan importante en ningún otro equipo deportivo como ha venido siendo para el Barça a lo largo de su historia. Es por esto mismo que dije en su día que la campaña pasada podía marcar un antes y un después para el barcelonismo, porque estaba a nuestro alcance el lograr el triunfo europeo sin esa necesidad de sentir el miedo en los ojos del rival, de sabernos superiores en todas las facetas, desde la más resultadista a la mas estética (hecho que para bien o para mal no aconteció, confirmando nuestro peor y hasta la fecha incorregible defecto). No me dirán, a toro pasado y tal como se desarrolló la semifinal en sus dos encuentros, que no era del todo factible eliminar al Manchester United… No estuvimos ni mucho menos tan lejos de lograrlo.

Pero el hecho es que, miren ustedes por donde, para sorpresa de todos y casi sin contar con ello, ha llegado de nuevo el febrero futbolístico y, como en el 92 o el 2006, “Cuando Fuimos los Mejores”, volvemos a ser Joe Louis, y todo el mundo futbolístico, incluidos nosotros mismos, sabe lo que en su día supo Bert Randolph: que este año el Barça es el caballo ganador. Mirando un poco el cuadro de equipos clasificados, se presentan a priori tres eliminatorias clave a la hora de vislumbrar cuáles sería nuestros rivales a batir si superamos al Lyon, triunfo que no podemos dar por hecho, por aquello que la magia del fútbol es que existan equipos respondones como el atrevido Hoffenheim alemán (algún día hablaremos de él) o el Getafe de la pasada campaña (del que hablé en el post Sobre Tristezas y Famas) capaces de amargar la fiesta al favorito en las apuestas.

En primer lugar hay que estar atentos al choque de trenes entre Manchester Utd.Inter, para mi la eliminatoria estrella de los octavos, pues de aquí podría salir nuestro principal obstáculo de cara a hacernos con la Copa en Roma. Retener el trofeo es una empresa complicadísima (imposible desde el Milan de de Sacchi en el 90), pero el United conserva una plantilla muy competitiva y cuenta con la mística de Old Trafford, si bien el equipo inglés sufre de males similares a los que nos azotan a los culés, a pesar incluso de su reciente triunfo del año pasado. Caso aparte es el Inter, dominador absoluto del calcio en los últimos años, se estrella año tras año con estrépito en los cruces eliminatorios bajo la losa de sus urgencias históricas en Europa, pero que de superar a los Diablos Rojos reforzaría peligrosamente su moral. Los nerazurros cuentan con una plantilla extraordinaria y muy extensa (aunque quizás con un centro del campo algo rudimentario) , además de tener al portento Zlatan Ibrahimovic como punta de lanza, un autentico fenómeno técnico a la vez que demoledor delantero; y a nuestro viejo conocido José Mourinho en el banco, hablando en términos futbolísticos siempre competitivo en eliminatorias a doble partido (por muy bien o muy mal que pueda caerle a algunos). En mi humilde opinión son el segundo equipo a batir tras el Barça (claro que, siendo el Inter, a lo mejor se la pegan en el primer partido de octavos y se acabó lo que se daba para sus sufridos tifosi).

Tras estos dos huesos, no hay que perder de vista al Liverpool y a su leyenda Steven Gerrard, pues todos sabemos que aunque este año se han propuesto como objetivo primero ganar (por fin) la Premier League, bajo la batuta de Benítez conservan intacta su (perdonen la expresión) “putería” en las competiciones de cruces directos. Ya lo saben, frente a ellos: ¿Y el Madrid? Pues ya he dicho en alguna ocasión que no me fío ni un pelo de los blancos, por desgracia para nosotros ellos no padecen el tipo de males de los que adolecemos nosotros (si bien padecen otros que por supuesto no pasaré a enumerar). ¿Qué tendrán estos equipos a los que nunca se puede dar por muertos? El Colmillo Retorcido amigos… Aun así, a priori la eliminatoria parece favorable a los de Anfield.

El tercer partido importante es sin duda el JuventusChelsea, equipos a quienes no podemos perder de vista. La Juve de Alessandro del Piero es perfectamente capaz de dar un susto a cualquiera, pues posiblemente sea el equipo que menos tiene que perder entre los grandes después de su travesía por el desierto. Por otro lado, habrá que ver como reacciona el Chelsea al cambio de entrenador. Cuidado con ellos porque el año anterior pasaron por un proceso similar y acabaron por llegar a la gran Final, que pelearon hasta el último lanzamiento de penalti como bien recordarán. Tanto italianos como ingleses juegan cómodos sin el balón, y eso los hace especialmente peligrosos para nosotros.

Llegados a este punto, mucho me temo que los demás participantes van a ser meros comparsas en todo esto, si bien la eliminatoria ArsenalRoma puede ser bonita y competida (sin duda estoy con mi admirado Francesco Totti y los giallorossi) y desde luego cualquiera de los dos equipo puede dar un susto a los a priori favoritos, al igual que, por historia y savoir fer en esta competición, el Bayern de Munich. Tras este repaso de candidatos hay que insistir pues en remarcar que somos los favoritos al título, con nuestros Messi, Eto’o, Alves, Xavi, Iniesta y compañía a las órdenes de Pep. Que tiemblen nuestros rivales, porque además somos conscientes de ello, y esto garantiza que, al menos, vamos a competir esta Copa de Europa. Lo que pase a partir de aquí, y citando de nuevo a Loquillo, quizás sólo “Los Gatos lo Sabrán”.

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Jumpin’ Jack Flash

27 Enero, 2009 por rodri

Como algunos de ustedes sabrán, y otros habrán podido observar, uno simpatiza con la idea musical que representan los Rolling Stones, llegando incluso a plantearse el hecho de que si un extraterrestre perdido e ignorante llegara a la Tierra y le preguntara por el sonido de sus Satánicas Majestades, por su estilo característico, podría llegar a plantearle, con gran vehemencia y sin dejar lugar para la duda, que para conocer la respuesta debería escuchar su poderoso y maravillosamente estrambótico tema Jumpin’ Jack Flash, con el que Jagger, Richards y compañía suelen abrir todos sus conciertos. Que todo el mundo esté tranquilo, efectivamente este es un espacio de temática deportiva; pero uno es culé, y como le dijo el conguito Andrés Montes (y su pajarita) a su colega Antoni Daimiel en su época más exuberante como comentarista de la NBA: “El Barça es para el fútbol lo que el Satisfaction de los Rolling Stones es para el Rock ‘n’ Roll”. Por lo tanto, alguna relación habrá, digo yo…

De esta manera, si el mismo extraterrestre despistado le preguntara a uno por el juego del Barça de Guardiola,  por la idea futbolística que defiende, seguramente habría que mostrarle un video del partido contra el Deportivo de la Coruña, de hace escasamente dos semanas, o en menor medida por la victoria contra el Atlético en el Calderón en los octavos de Copa, de la misma forma que si preguntara por el Dream Team habría que enseñarle un video del Barça – Dinamo de Kiev del 93. Perfectamente colocado sobre el tapete, con un control insultante de la posición y la presión, y un vertiginoso juego con balón en cuanto a la precisión de los pases, la inteligencia en los desmarques y a la velocidad de los cambios de juego, el Barcelona arrolló al Depor con un juego vistoso y  efectivo a partes iguales, en busca no tanto de la victoria como de la excelencia. No se cuál es la idea que cada uno de ustedes tendrá sobre lo que consideraría “perfección” en cuanto a fútbol se refiere, ni siquiera si es correcto el mero hecho de plantear la existencia de este ideal, pero sea como sea creo que el citado partido contra el Deportivo tiene que acercársele mucho. Decía John Lenon que “Si trataras de darle otro nombre al Rock ‘n’ Roll, quizás deberías llamarlo Chuck Berry”; tampoco se si también quizás deberíamos ir pensando, como sugería Lenon, en acuñar un nombre para la idea futbolística que tan sólo el Barça entre los más grandes de Europa se atreve a poner en práctica desde hace ya algunos lustros.

Dicho esto, también hay que apuntar que desde luego, y muy a pesar del resultado final, tan provechoso para nosotros, en mi humilde opinión el partido de este fin de semana contra el Numancia no se contaría entre los “greatest hits” del Pep Team. Dejando de lado la actuación arbitral (tema recurrente sobre el que algún día hablaremos), no me pareció ver en el Barça esa aureola de invencibilidad y perfección que ha venido mostrando en otras ocasiones a lo largo de esta campaña, sino más bien todo lo contrario. Mis dudas se apoyan en la sensación que de haber desplegado el mismo juego en una eliminatoria directa de Liga de Campeones hubiéramos tenido serios problemas para superar a un rival de envergadura (aunque “Si mi abuela tuviera un pizelo… sería mi abuelo”), y sería una auténtica lástima después de haber demostrado el gran potencial que albergamos esta temporada. Baste lo que sigue para demostrar que sin duda y aunque suene a topicazo, efectivamente de momento no hemos ganado nada, aun a sabiendas que a lo mejor le metemos cinco al Español y siete al Racing en los dos próximos partidos, o que, porque no decirlo, otros lo tienen muchísimo más difícil que nosotros (como el Real Madrid, por poner un ejemplo al azar…)

Volviendo al partido del domingo, a pesar de algún destello en jugadas puntuales, como los rapidísimos y teledirigidos cambios de juego de una banda a otra, nuestro fútbol me pareció algo desordenado, desbocado más bien, un enorme riesgo de cometerse tal error contra equipos capaces de armar un buen contragolpe. Y cuando hablo de “buen contragolpe” no me refiero tanto a la velocidad con la que un equipo puede plantarse de un área a la otra, sino más bien a la precisión con la que algunos equipos saben percutir sobre una defensa desprotegida, víctima de alguna pérdida de balón en posiciones adelantadas, ya sea porque el equipo no ordene sus ataques o por un simple despiste táctico. Sin ir más lejos  tal como incluso el modesto Numancia pudo lograr (lo que les valió un golazo que el árbitro finalmente anuló), o como sin duda equipos europeos como la vieja Juventus o el complicado Liverpool son más que capaces de hacer, por mucho que, dicho sea de paso, la rapidez con la que el Barça recupera la posición tras una jugada ofensiva o el trabajo defensivo de nuestros hombres de ataque están siendo más que correctos hasta la fecha.

Por favor, no piensen que soy uno de esos culés pesimistas que se acostumbran demasiado rápido a un contexto de privilegio hasta el punto que incluso un 4 a 1 pueda saberme a poco: desde luego hicimos bien muchas cosas para rubricar un marcador tan amplio; pero esas complicadas conducciones en la frontal del área y esos intentos de paredes imposibles entre un muro de rivales me recuerdan a muchos episodios de impotencia de la pasada campaña, y se me ocurren varios equipos con el colmillo lo suficientemente retorcido como para hundirnos en la miseria futbolística por ello. No seré yo quien alimente el bulo infundado de que Messi es un “chupón”, pero he de confesar que a veces a uno le vendría en gana pegarle un buen cachete para que levantara la vista de sus botas. Ganamos por acoso y derribo, hecho que no es malo, pero que no nos servirá para levantar otra Copa de Europa.

Volviendo al tema del extraterrestre, y pensando en que quizás la gran diferencia con respecto a la temporada pesada en cuanto a los atascos en la frontal se refiere sean 33 millones de euros brasileños y un carril derecho con el césped maltrecho, a lo mejor si nosotros le preguntáramos al visitante sobre Dani Alves resultaría ser su primo, o cuando menos, un familiar lejano (o a lo mejor nos comentaría que si le hicieran mear en un bote quizás acabaría en la nevera de por vida, porque lo de este chico no es normal). A un servidor le parece que Alves tiene mucho de Jumpin’ Jack Flash, con esa potente arrancada (“I was boooorn in a cross-fire huricaaaane!!”) y ese aspecto de loco saltimbanqui. Sea como sea fue un acierto total, y seguramente también la viva imagen de las mayores virtudes y (pocos) defectos del Barça a día de hoy. (I’m Jumpin’ Jack Flash/It’s a gas gas gas!!)

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Mariscales

16 Diciembre, 2008 por rodri

Hace ya algún (o demasiado) tiempo que yacen abandonados en las catacumbas de este espacio una serie de estudios y disertaciones subjetivas, que desarrollé con la intención de catalogar las distintas especies que habitan el variopinto mundo del fútbol y del deporte, y que, como no podía ser de otra manera, acompañé con una suculenta guarnición de ilustrativos ejemplos. Ya va siendo hora pues, tras Tiburones, Pufos, Vedettes y Carniceros, que desvele la quinta entrega de la saga, inspirada en la visión de el gran Alessandro del Piero, luciendo su zamarra “bianconera” y su brazalete de capitán, a la cabeza de once juventinos en la boca de vestuarios del Santiago Bernabéu, soltando tensión con semblante rudo antes de pisar el césped, como el boxeador antes de enfilar el cuadrilátero, o el pájaro que bate con fuerza sus alas antes de elevarse por encima de los hombres. Tras su memorable actuación en los dos encuentros de Liga de Campeones contra el Real Madrid, toca hablar de Mariscales, los leones del deporte.

Según Michael Jordan, “El corazón es lo único que separa a los buenos jugadores de los grandes.” El 10 de la Juventus, orgullo de la hinchada turinesa, rocordó al mundo, sus 34 años recién cumplidos y sobre el césped, donde debe hacerlo un futbolista, el significado de la palabra liderazgo. Muchos (entre los que me incluyo) daban su carrera por acabada, bastante antes incluso de conocerse el descenso de la Bechia Signiora a la Serie B tras el escándalo del “Moggigate” hace ya un par de años. Al contrario que la mayoría de la plantilla de estrellas con que contaba por aquel entonces el equipo, incluído el entrenador Fabio Capello, el capitán mostró des del primer momento su intención de renunciar a su estátus de privilegiado en el escaparate futbolístico europeo y seguir a su Juventus hasta el mismísimo infierno futbolístico (pues esto era precisamente la segunda división para la escuadra con más “Scudettos” de la historia del “calcio” italiano), adquiriendo el compromiso firme de devolverla a los puestos de honor del futbol continental. Algunos, como el extraordinario delantero sueco Zlatan Ibrahimovic, el héroe del Mundial de Alemania Fabio Cannavaro o el mismo Capello, no dudaron en forzar su marcha; otros como Zambrotta o Thuram se fueron en silencio, y jugadores cotizados como David Trezeguet o Mauro Camoranessi permanecieron en la Club tras flirtear con el traspaso durante todo el verano. La determinación de Del Piero de reflotar el barco a toda costa arrastró a los veteranos Buffon y Nedved, y hace unas semanas, en el Bernabéu, cumplió su promesa haciendo justicia a su nombre y cerrando el círculo. Por momentos, su juego que recordó al de aquel chaval que ascendió al primer equipo para sustituir al gran Roberto Baggio, demostrando que fue un jugador de Serie B por entrega a sus colores, y nunca por haber perdido la capacidad de desequilibrar un partido de una competición de élite. Hay jugadores que pertenecen a una camiseta.

En las ocasiones en que uno habla sobre Marisacles, esta última afirmación adquiere importancia superlativa. Qué me dicen de Riquelme, futbolista apático que a penas dio una buena temporada en Villareal tras su discreto paso por el Camp Nou, pero que cuando se enfunda la casaca azul y oro de su Boca Júniors pasa a convertirse en Román, piedra angular y mito viviente del cuadro xeneize, y cuya trayectoria deportiva se ha desarrollado en paralelo a la de su extraño compañero de fatigas Martín Palermo, que en la Bombonera  sufre su metamorfosis particular para transformarse en “El Loco” Martín, bombardero cazador de goles. Para que los hinchas de River no se sientan ofnedidos, grande es también la historia del extraordinario “Principe” del Monumental, Enzo Francescoli, que vivió también el fracaso europeo, pero cubrió de gloria a los millonarios liderándolos magistralmente durante su dominio del fútbol suramericano en los 90.

El escritor Francisco Humbral dijo en una ocasión que “El fútbol es la estilización de la guerra”, y cuál ejército, cada equipo tiene sus soldados, sus mandos inetermedios y sus generales. A diferencia del Tiburón, el Mariscal entiende que la verdadera gloria se esconde en liderar un triunfo colectivo (y por tanto compartido) muy por encima de la que puede alcanzarse en el éxito invidividual (seguramente razón por la cual, por poner ejemplos ajenos al fútbol, a los golfistas les motiva tanto jugar la Ryder Cup o a los tenistas la Copa Davis). Es por ello que, volviendo a Italia y rememorando otras grandes actuaciones de futbolistas transalpinos en el Bernabéu, es imperativo honrar en estas líneas al mejor Mariscal de campo de la actualidad: “Juego para que me recuerden.”  No hay otro como Francesco Totti. Paradigma del líder entregado a sus colores, el Aquiles romano ha entendido como nadie la poderosa capacidad que el fútbol posee para inmortalizar sus leyendas. Tras su asombrosa victoria en la carrera por la Bota de Oro tras aceptar jugar de 9 como sacrificio personal en favor del equipo, fue preguntado por su temprana afiliación a la hinchada “giallorossi” en una época en la que el Milan de Sacchi dominaba Italia y Europa: “Es cierto que el Milan era más poderoso con Van Basten, Gullit y Rijkaard. No estaba mal. Pero, como romanista, no podía admirarlo.” En ocasiones uno gustaría de ser hincha de la Roma para poder sentir que ese tipo es uno de los tuyos. De esta forma, vemos en Totti uno de los rasgos más característicos de esta raza de leones: hoy es impossible imaginar a la Roma sin su Mariscal, su nombre no caerá en el olvido.

Como tampoco debería hacerlo para el gran público el que posiblemente sea el líder más feroz de la historia del futbol, protagonista a principios de los 50 de una de las hazañas más hermosas y recordadas de la historia del fútbol para gloria de la casaca celeste de Uruguay. Tras la clasificación para la Final de la Copa del Mundo de Brazil’50, los directivos uruguayos visitaron el vesuario del equipo satisfechos: “Muchachos, cumplieron”, dando por buena la segunda posición del campeonato, a lo que una voz de trueno respondió sin vacilar: “¡Cumpliremos sólo si somos campeones!”. En los minutos antes de saltar al césped de Maracaná bajo la mirada de 200.000 enfervorecidas almas brasileñas que ya celebraban la victoria, Obdulio Varela, orgulloso capitán del cuadro uruguayo, arengaba a los suyos: “¡Los de afuera son de palo!”. Tras el primer gol brasileño a cargo de Friaca, “El Negro Jefe”, con su mítico 5 en la espalda, se dirigió con tranquilidad y paso firme hacia la portería, recogió suavemente el balón de las mallas, y sin soltarlo se dirigió de la misma guisa primero al juez de línea y luego al árbitro para reclamar un fuera de juego inexistente, hasta el punto de pedir un traductor para poder dialogar con el juez. La repleta grada de Maracaná fue apagando su griterío hasta enfriarse por completo en el momento en que Varela colocaba el esférico en el punto central. El 5 de Uruguay paró el partido dando un respiro a los suyos; el resto es historia. Todos sus compañeros en el equipo uruguayo del Maracanazo coincidieron en considerar que sin el liderazgo de Varela nunca hubieran alcanzado el éxito. Con él sobre el césped, Uruguay jamás conoció la derrota en ningún encuentro mundialista. Murió como nació, en la pobreza, pero su nombre tampoco caerá jamás en el olbido.

En algunas ocasiones, la aureola de líder de un grupo, de mito viviente, traspasa aquello que únicamente concierne a los propios compañeros de equipo para empezar a hacer mella en el rival. ¿Qué me dicen sino del gran Eric Cantona y el murmullo que tomaba las gradas de los campos ingleses en las contadas ocasiones en las que, por alguna inusual razón, el francés salía des del banquillo? Pero desde luego si nos atenemos a este aspecto del carácter del Mariscal, no se puede pasar por alto al legendario meta soviético de los 50 y los 60 Lev Yashin, “La Araña Negra”. Único portero de la historia en ganar el Balón de Oro, cuenta la leyenda que los delanteros rusos que se enfrentaban a su Dinamo de Moscú creían que Yashin podía desviar el balón sólo con la mirada, y que algunos incluso sentían la obligación de pedirle perdón cuando le marcaban un gol. El mismísimo Pelé llegó a decir que “cuando encaras a Yashin, lo mejor que puedes hacer es entregarle directamente el balón”.

Aunque uno es culé y tiene que guardar las formas, sería poco menos que un pecado capital (recuerden que según el periodista de la Cadena SER Manolo Lama caminamos sobre un mundo en el que “Dios es del Real Madrid”) dejar de preguntarnos en una ocasión como esta, si sería imaginable pensar en el 7 de Raúl impreso sobre una camiseta que no fuera la (purísima y blanquísima) del Real Madrid; pues después de todo el beato Florentino Pérez se preguntaba hace ya algún tiempo: “¿Hay alguien que sea capaz de imaginarse el fútbol sin el Real Madrid?”

Volviendo a asuntos más terrenales, hablamos pues de jugadores con alma, grandes capitanes. Paul Scholes (según Bobby Charlton “el último jugador que simboliza todo lo que es el Manchester”); el poeta guerrero del Liverpool Steven Gerrard (tras una derrota: “La gente ha pagado dinero por vernos, se priva de caprichos, y no hemos estado a la altura del Liverpool. Tenemos una obligación con la camiseta, con la gente y con este pueblo. Que nos echen la culpa a los jugadores. Yo les pido perdón. Hoy no fui digno de jugar en el Liverpool”); Franco Baresi primero y Paolo Maldini después en el Milan; Puyol o Luis Enrique en nuestro Barça (del que el arisco Mourinho decía en sus tiempos de segundo de abordo de Bobby Robson “Yo siento por él algo especial. Habla poco, trabaja mucho, bromea con todo el mundo, no sabe perder y además no sabe responder en qué puesto le gusta jugar más”)…

Muchos pensarán que todos los equipos cuentan con un Mariscal, el hombre que tira del grupo en los momentos difíciles, pero la realidad es que sólo algunos elegidos consiguen elevarse por encima del resto y conseguir que su nombre permanezca tan íntimamente ligado a una camiseta como sus mismísimos colores imperecederos; de la misma manera automática en que nuestro subconsciente asocia el nombre de Julio César a la antigua Roma o el de Haníbal a los cartaginenses que hicieron temblar sus cimientos: “Encontraremos un camino o haremos uno nuevo.”

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Oda a “Txiki” Beguiristain

29 Octubre, 2008 por rodri

Se ha convertido en una molesta costumbre en los últimos tiempos el hecho que algunos periodistas deportivos y creadores de opinión del famoso “entorno” blaugrana dirijan sus ataques, e incluso en ocasiones sus burlas, hacia la figura de “Txiki” Beguiristain, como todos sabemos, actual secretario técnico del Barça. Permítanme, tras largo tiempo de silencio, romper una lanza en favor de este personaje del presente y pasado reciente del Club.

Me gustaría, en una ocasión como esta, saber escribir lo suficientemente bien como para ser capaz de redactar una oda poética a modo de la que en 1928 dedicó el gran Rafael Alberti al portero húngaro del Barça Platko, tras su heroica actuación en la Final de Copa contra la Real Sociedad en el Sardinero, y que obviamente adjunto para disfrute de todos ustedes (les recomiendo que dejen inmediatamente de leer mi palabrería y degusten el poema de Alberti). Muy a mi pesar, y como ya saben de sobras, mis dotes literarias no alcanzan para tanto, por lo que me limitaré a explicarles porqué me parece tan injusto el trato recibido por “Txiki”.

No lo olviden, ya he dejado claro en más de una ocasión que jamás le haría favores sexuales a ninguna leyenda del Barça, pero es que a mi entender eso es precisamente lo que es “Txiki”, una leyenda de nuestro Club. Para mí, pensar en Beguiristain es pensar en su imitación del Bruce Springsteen en TV3, o en un gol antológico contra la Real Sociedad, en que recoge fuera del área uno de esos balones largos teledirigidos de Koeman, lo para con el interior del pie izquierdo  (era zurdo), y sin dejarlo tocar el suelo, lo golpea rápidamente con el interior de la diestra en un gesto de una estética futbolística extraordinaria, para dibujar una vaselina perfecta sobre la salida del portero.  Pensar en “Txiki” es volver al Dream Team, el equipo de mi infancia como para tantos otros, tiempo en que cada partido era una sinfonía, o al menos así ha quedado para el recuerdo (¿y no es esto último, al fin y al cabo, lo que cuenta? Ya lo decía otro ilustre de las letras españolas, Vázquez Montalbán, “El público asocia a Cruyff a una edad de oro que a veces no lo fue, pero que consta como tal en el imaginario colectivo”).

Puedo recordar un reportaje del programa “Gol a Gol”, en el que se llegaban a hacer muchas tonterías para rellenar su ámplia franja horaria, al estilo de pedir a los jugadores del Barça que mostraran sus pies desnudos, entendiendo que eran sus herramientas de trabajo. El gran “Txiki” Beguiristain, parapetado en su puntiaguda narizota y su gran sonrisa, hizo toda una explicación en perfecto catalán del porqué sus pies eran los más bonitos de la plantilla, mostrando con orgullo unos callos amarillentos que le habían causado sus botas. Y subrayo lo del catalán porque uno, a esas edades, tenía asumido que Beguiristain era catalán, pues de otra manera, ¿cómo podría ser que hablara el idioma, atendiendo a que era uno de lo pocos jugadores del equipo que lo hacía? Qué sabría yo en aquel entonces sobre apellidos rematadamente vascos como el suyo. Con lo que algunos dicen valorar aquí esas cosas, ¿cómo es posible que se haya olvidado tal gesto? ¿Cuántos lo han repetido hasta la fecha, Kluivert a parte (¡sí sí, Patrick Kluivert!)? En aquellos tiempos a todos, incluidos los periodistas de hoy, se nos caía la baba con “Txiki”; incluso más recientemente, antes de entrar en la secretaría técnica del Club, cuando trabajando en TV3 gravaba aquellos divertidísimos reportajes en los que, por ejemplo, ejercía de morlaco purasangre para enfrentarse al capote del entonces bético Joaquín.

Pero uno no llega al primer equipo del Barça o hace méritos para que le dediquen una (modestísima) oda por el simple hecho de que ser un tipo majo. Cuatro Ligas, dos Copas del Rey (una de ellas con la extraordinaria Real Sociedad de los 80), una Recopa, una Supercopa europea y una Copa de Europa. Muchos dirán que Karembeu también tiene un gran palmarés y sin embargo era el Pufo rey: desconozco si la mujer de Beguiristain también tiene las piernas más largas del mundo (¡maldigo mil veces tu suerte Karembeu!), pero lo que sí sé es que los disparos a puerta de “Txiki” no salían desviados 180 grados, y que el gol que recordaba más arriba no está al alcance de cualquiera. Por algo decía Johan Cruyff en su momento que “Txiki” era el jugador más listo sobre el césped en una plantilla que contaba con jugadores como Guardiola, Koeman o Laudrup.

No por decirlo muchas veces será menos cierto: el Dream Team nos convirtió definitivamente en un equipo puntero de Europa, asentado en la élite y acostumbrado a la victoria. Existe un antes y un después de ese equipo; desde entonces podemos pasar malas épocas, pero siempre volvemos con fuerza y peleamos por los objetivos más altos. Beguiristain, Zubizarreta, Salinas, Eusebio (la única persona junto a “Txiki” que ha participado de forma directa en las dos únicas Copas de Europa conseguidas por la entidad), Goikoechea, Bakero… ¡Esos tipos son héroes, auténticas leyendas! Nunca podremos saber qué hubiera pasado si todos ellos no hubieran recalado en el Camp Nou, pero el hecho irrefutable es que así fue, y que cambiaron la historia de un Club que hasta la fecha vagaba sin rumbo fijo. Algunos han llegado a decir que “Txiki” Beguiristain no era titular en el Dream Team, ¿pero cuántos de ellos podría enunciar el once tipo de Cruyff? El problema de esta visión de las cosas es que muchos siguen creyendo que las rotaciones en el fútbol fueron inventadas por Rafa Benítez.

La mayoría de críticas hacia la figura de “Txiki” vienen por su trabajo en la Secretaría Técnica del Club en los últimos años, llegando algunos incluso a mofarse del papel que ha jugado en el diseño de la plantilla, según las mismas fuentes completamente secundario o, como se ha llegado a decir, de mero espectador. Dichas corrientes de opinión le atribuyen tan sólo fichajes como los de Maxi López o Ezquerro, apuntando los tantos decisivos de las contrataciones importantes a Sandro Rossell o incluso al propio Joan Laporta. Lo que nadie puede negar es que cuando “Txiki” entró a la secretaría técnica encontró un equipo desastroso, y que hoy tenemos una plantilla que es la envidia de media Europa. Cuando Rossell abandonó el Club “Txiki”, con el consentimiento de Rijkaard, contrató a Zambrotta (en aquel momento flamante Campeón del Mundo), Thuram (que aunque veterano fue un muro durante todo el Mundial de Alemania) y Gudjohnsen; refuerzos que toda la Europa futbolística y la prensa nacional no dudaron de calificar al unísono de perfectos para un Barça Campeón de Europa, pues se elogiaba el hecho de haber reforzado tan sólo las posiciones necesarias, manteniendo el bloque del equipo. ¿No son los mismos que bendijeron en ese momento la labor de Beguiristain los que hoy hablan a toro pasado del fracaso de tales contrataciones? Anteriormente “Txiki” había apostado por Trezeguet para el 9, antes de que cristalizara la complicada opción de Eto’o: ¿alguien duda de que el “killer” francés no se hubiera hinchado a marcar goles rodeado por un equipo con Xavi, Deco y Ronaldinho entre otros si el complicado fichaje del camerunés no se hubiera materializado? Sé exactamente lo que estarán pensando: “sí claro, y si mi abuela tuviera un pizelo… sería mi abuelo”, pero no me negarán que era una buena bala en la recámara (ese mismo año Trezeguet fue “Capo Canioneri” de la Serie A con 23 dianas). ¿Qué hay de los Touré (aclamado por toda la hinchada), Alves, Larsson o Giuly?

Para muchos el paradigma de secretario técnico ideal es Monchi, del Sevilla, un gran conocedor del mercado y descubridor de talentos: ¿no firmó éste, con la ventaja en las negociaciones que supone comprar en nombre de un equipo modesto, a los Makukula, Jesuli, Fernando Sales, Hinkel o Aruna Koné (este último por la nada despreciable cantidad de 12 millones de euros)? Es inconcebible que alguien pueda pensar que durante estos años “Txiki” no ha intervenido en el diseño de la plantilla más que cualquier florero de las oficinas de can Barça, que la única labor del guipuzcoano haya sido dar entrevistas en el palco del Camp Nou durante los descansos o jugar al golf con Johan Cruyff; como lo es también el pensar que un secretario técnico de un equipo como el Barça debería dar en el blanco en todos y cada uno de los fichajes que realizara.

“Txiki” Beguiristain no ha sido ni mucho menos lo que Kubala o Cruyff para la entidad, pero personalmente me alegro de que su vida futbolística y profesional haya transcurrido en nuestro Club. Protagonista, primero como futbolista y luego en el equipo directivo de la época dorada del Barça (algo que sólo acontece, a nivel de los gigantes europeos, con algunos grandes nombres de la historia del fútbol como Rummenigge en el Bayern o Baresi en el Milan), su nombre no caerá en el olvido. En lo que a uno respecta, “Txiki” fue un gran futbolista con una zurda de seda, un tipo entrañable con el que uno podría tomarse unas cañitas muy agusto y un más que digno secretario técnico; pero sobretodo alguien que es y será siempre uno de los nuestros.

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El Barón Rampante

19 Agosto, 2008 por rodri

Confirmada la continuidad de Samuel Eto’o y la polémica que ha acompañado a la decisión (a partir de ahora es delantero del Barça, y por tanto para mí el mejor del mundo), sería bueno analizar, ya en frío, el contenido de sus famosas y explosivas declaraciones de febrero, y de paso las palabras de José Edmilson sobre sus populares “Ovejas Negras”, para vislumbrar un poco lo que de bien seguro Pep Guardiola entiende debe de ser el Barça del futuro a corto y largo plazo.

Como ya cité en otra ocasión (en el post Aprender a Volar), según Albert Einstein “Si tu intención es describir la verdad, hazlo con sencillez, y la elegancia déjasela al sastre.” Con esto quiero defender en cierta manera a Edmilson y Eto’o, si bien hay un abismo entre la falta de elegancia y las formas del camerunés, hasta el punto que en mi opinión el jugador debería haber sido apartado del equipo hasta el final de temporada y traspasado inmediatamente (insisto en que actualmente lo tenemos con nosotros y hay que estar a muerte con él). Como decía Romario sobre Pelé: “A Pelé Dios le ilumino los pies para que no tuviera que usar la boca” (seguramente el recíproco también verifica la afirmación). Dicho esto, no es menos cierto que el tiempo ha colmado de razones a algunas de sus quejas, resumidas perfectamente en dos frases con rúbrica italiana: “Dios le ha dado demasiado y no siempre lo ha intentado aprovechar” (Arrigo Sacchi sobre Ronaldinho), y “Rijkaard era un cachondo, pero también un poco perezoso” (Maldini sobre su amigo y ex compañero en el Milan, Frank Rijkaard).

Des de luego un ganador como Eto’o debería sentirse dolido en su orgullo por el nivel mostrado por el Barça “Fantástico” en algunos compases de la pasada campaña, pero lo peligroso de su enfado no fueron tanto sus formas como una idea subyacente tanto en este asunto concreto como en la actitud mostrada por varios jugadores a lo largo de la temporada. Justo antes del primer partido de la eliminatoria de Semifinales contra el Manchester Utd., Deco (enorme futbolista y un grandísimo campeón que seguro que triunfará en el Chelsea) declaraba que “este Barça ya ha hecho historia pase lo que pase.” No le faltaba razón, habían hecho historia, pero lo alarmante es que parecía (y ojo, sólo digo que lo parecía) que Eto’o, Deco y compañía pensaban incluso que eran lo mejor que había pasado con el Club, quizás porque por el Camp Nou pasaron astros de la talla de Cruyff, Maradona y compañía, pero ¿cuántos de ellos ganaron algo realmente importante? (Es por estas cosas que digo muchas veces que el nuestro no es un Club auténticamente ganador, al menos hasta que alguien lo remedie…) Creo firmemente que esta fue, como ya defendí en muchas ocasiones en este mismo espacio a lo largo de la temporada, la causa del principal mal que azotó al equipo: la famosa “autocomplacencia”, cesar en la ambición de mejorar. Según Pat Riley, legendario entrenador de los famosos Lakers del “show time”: “Si no estás mejorando, es que estás empeorando.”

Es legítimo mostrar orgullo por los logros personales, pero nadie puede ponerse por encima de una institución futbolística de una importancia popular y de una historia tan grandes como hizo el propio Eto’o al final de la temporada: “si el año que viene no ganamos nada, me marcharé.” (¡como si él no tuviera nada que ver con la marcha del equipo!) Es en mi opinión de una falta de respeto y de una vanidad gravísimas y lamentables para un deportista de tal talla (y repito, ojalá Eto’o marque muchísimos goles esta temporada, porque ello hará más grande al Barça).

Muchos pensarán que no toca un post como éste, pues va a empezar la temporada y hay que mirar al futuro: no les falta razón, pero el “Proyecto Guardiola” no puede crecer si no es aprendiendo de estos errores, pues a pesar de la marcha de Ronaldinho y Deco continuamos contando con una plantilla de superestrellas. Necesitamos una generación inconformista, con alma escuálida. Nunca he defendido a ultranza la cantera (en ocasiones indefendible), pero con los buenos jugadores jóvenes que tenemos en la actualidad (nunca antes habían salido de La Masia jugadores de tanto nivel y en tanta cuantía como en la actualidad, ni hay ni de lejos en Europa un equipo con unas categorías inferiores tan prolíficas) quizás ha llegado el momento de forjar nuestra propia leyenda sin recurrir a fórmulas importadas (tal como escribí en el post que cité en el primer párrafo); para que los jugadores que lleguen en el futuro tengan la motivación de intentar superarles, y la humildad necesaria para no aburrirse de competir .

Es sobretodo por este contexto descrito que creo que Guardiola puede ser un gran timonel para el nuevo proyecto (no se si dejándome llevar por las ilusiones y esperanzas propias de los preludios de la temporada). La empresa es tremendamente ambiciosa y no será nada fácil, pero como decía el hermano de Cosimo Piovasco di Rondó, “El Barón Rampante” de la novela de Italo Calvino y que subió a un árbol siendo un niño para no volver a bajar jamás: “las gestas más osadas han de vivirse con el ánimo más sencillo.” Des de la distancia veo a un Pep, nuestro “Barón Rampante”, muy convencido de ello, y es por eso que le deseo mucha suerte, porque su suerte es ahora la suerte del Barça.

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Guardiola y el Síndrome de Kiev

12 Junio, 2008 por rodri

A la espera de la finalización del playoff de ascenso a la Segunda División B del que nuestros chicos del Barça B parece (salvo catástrofe) van a salir victoriosos, la culerada no deja de preguntarse cuales van a ser las líneas maestras de la filosofía que el Pep Guardiola entrenador tiene pensado implantar en lo futbolístico en el Barça que se avecina, y des de luego un servidor no es una excepción. Muchos ven en el pasado de Pep como abanderado de la revolución que vivió nuestro Club des de la llegada de Cruyff y la construcción de su Dream Team un augurio de una futura filosofía netamente ofensiva y fundamentada en los jugadores que, como el mismo Guardiola, crecen en nuestra prolífica cantera. Permítanme desconfiar un poco de estos argumentos de la manera que sigue.

En primer lugar hay que analizar la figura de Guardiola como personaje singular en la historia reciente del Club. Como ya defendí en varias ocasiones en el pasado, la inercia del Barça se vio sacudida a finales de los 80 y principios de los 90, con la Final de Sevilla en el 86 (25 años después de la Final de Berna, la única disputada por el Club hasta la fecha) y la posterior llegada de Cruyff. En la célebre semifinal del 86 contra el Göteborg sueco, el equipo de los Urruti, “Lobo” Carrasco, Julio Alberto, “Pichi” Alonso y compañía perdió el partido de ida en Suecia por 3 a 0, remontando en el Camp Nou con un memorable hat trick de “Pichi” Alonso que llevó la eliminatoria a los penaltis, donde Urruri enmendó en un agónico quinto lanzamiento el fallo de “Lobo” Carrasco, marcó acto seguido el sexto y vio como los suecos lanzaban a las nubes su última oportunidad de estar en la Final. Si un aficionado moderno mira hoy las imágenes del 86, seguramente habrá un detalle que va a llamarle la atención: los recogepelotas, que saltaban al césped a celebrar los goles junto al equipo con la misma naturalidad con la que el televidente de la época observaba un desconocido chavalín de Santpedor felicitando eufórico a “Pichi Alonso”.

De esta forma podríamos decir que Guardiola es la cara misma de la inflexión barcelonista. La historia entrañable de Pep en nuestro Club continua con el debut en Figueres en plena gestación del Dream Team y con Cruyff en el banquillo, quien tras una primera parte discreta del joven y abrumado debutante, le dedicó delante de los demás jugadores la conocida frase “Has estado más lento que mi abuela.” Qué decir de Wembley, Final de la que Pep, titular tras la suspensión de Amor por acumulación de amarillas, suele recordar con una mezcla de alegría y rubor que sólo consiguió comer un yogurt en todo el día, preso de los nervios. Estamos pues ante una trayectoria única y hermosa, escrita al más puro estilo de la liturgia inglesa (o parafernalia, como prefieran decirlo), de las leyendas de Bill Shankly y Bob Paisley en el Liverpool, de la saga de los Maldini en el Milan o de Franz Beckenbauer en el Bayern. Pueden estar tranquilos, no son estos los desvaríos de un forofo mitómano, pues no estoy afirmando que Guardiola va a ser para el Barça lo que estos personajes fueron para sus respectivos clubes (¡ojalá fuera así!), pero tampoco renuncio a tal posibilidad, y des de luego no creo en absoluto que Pep vaya a ser el típico entrenador de Club comodín que llega al banquillo cuando no hay una opción foránea de más prestigio.

Dicho esto, se ha venido observando últimamente que existen diferencias sensibles entre el Guardiola entrenador y el Guardiola jugador, ya fuera recogepelotas, juvenil debutante o capitán del primer equipo. En primer lugar, y si bien es sabido que la responsabilidad en el diseño de la futura plantilla es compartida con Txiki, Ingla e incluso Laporta, estamos viendo estos días como el Barça prioriza la contratación de defensas y “todocampistas” a las de delanteros o futbolistas más creativos (para disgusto y alarma de algunos, entre los que no me alineo en absoluto), perfil que él mismo representó en su etapa de jugador. Si bien hay que tener en cuenta que el verano futbolístico recién empieza, se advierte en esta actitud una doble intención: empezar el diseño de la plantilla por unos cimientos sólidos y, me huelo, modernizar (lo que no debe significar necesariamente sucumbir a la racanería) el estilo cristalinamente ofensivo que nos caracteriza, huyendo de lo que yo llamo “El Síndrome de Kiev”.

El 29 de septiembre del 93, el Dream Team de Cruyff recibió en el Camp Nou al Dinamo de Kiev para remontar el 3-1 adverso de la ida. Lo que esa noche se vio en el césped es considerado hoy como el paradigma de la filosofía futbolística de Cruyff y el cenit futbolístico de un equipo de ensueño: una sinfonía vertiginosa y perfectamente estructurada, una obra de alta ingeniería futbolística de precisión, con una sucesión de jugadas al primer toque y desmarques harmoniosos, una llegada a puerta cada tres minutos en un espectáculo huracanado para el 4 a 1 final. Aunque el rival era el rocoso pero inferior Dinamo de Kiev, los que vimos el partido esa noche podemos asegurar sin dudar que cualquier equipo que hubiera pisado el Camp Nou esa día habría sido barrido del césped por los Laudrup, Bakero, Romario, Koeman y compañía. Como dijo en su día Gavriel Katchalin, entrenador del fabuloso equipo de la URSS que cayó en el Mundial de Suecia’58 contra el Brasil de los Pelé, Vavá, Didí, Zagallo y Garrincha: “No puedo creer que lo que vimos ésta tarde sea fútbol; jamás había visto un fútbol tan hermoso en mi vida”.

Así pues, el imborrable recuerdo de esa noche de septiembre del 93 no puede si no seguir latente en la retina culé. Muchos tendimos a mitificar los logros del Dream Team para compararlos con el momento actual, entendiendo el deslumbrante y efectivo juego contra el Dinamo de Kiev como la única meta a la que aspirar para lograr el éxito, llegando incluso a distorsionar lo vivido con la construcción de mitos y leyendas infundados sobre el dibujo táctico o la posesión del balón. Hablando ya de la situación actual del equipo, pienso sinceramente que Guardiola, que vivió de primera mano la eliminatoria, es plenamente consciente de la dificultad tremenda de emular el juego perfecto exhibido en su día contra el Dinamo, y si bien hay que recordarlo con admiración y mantenerlo en su pedestal, tampoco es el único camino para conseguir éxitos, y des de luego aun menos dentro del contexto futbolístico actual.

En mi humilde opinión, y a sabiendas de las amistades de Guardiola con Juanma Lillo o Marcelo Bielsa (se rumorea que fueron capaces de hablar sobre fútbol durante 11 horas seguidas, y recordemos que Bielsa incluyó más de 300 videos de rivales en el equipaje de la Selección Argentina para el Mundial de Corea-Japón’02, en que acabó cayendo a las primeras de cambio), parece que el estilo del nuevo Barça se asemejará más al del Liverpool de Benítez, por poner un ejemplo, y no en la supuesta tacañería “red”, si no en la versatilidad y en lo camaleónico de su juego. Las incorporaciones que se han formalizado hasta la fecha apuntan a que la intención de Guardiola es la de disponer de las piezas adecuadas como para poder adaptar el juego del equipo a las necesidades del momento: contar con un centro del campo fuerte y una defensa contundente para los partidos más reñidos sin renunciar a la fantasía necesaria para enfrentar a un rival inferior o ir hacia la portería contraria con insistencia. Aun sin conocer la faceta de Pep como entrenador, es por todos sabido que es un auténtico enfermo del fútbol (en el buen sentido de la palabra, por supuesto), que intenta controlar cada detalle, al estilo del Sacchi de finales de los 80 en el Milan (salvando claro está las distancias): la leyenda dice que en una de las comidas del equipo en Milanello, el entrenador se acercó a Marco van Basten y se dispuso a comentarle algunos de talles sobre movimientos de ataque que quería perfeccionar, a lo que el holandés respondió con mirada fría y gesto duro “Mientras como no.”

En mi opinión Pep construirá el equipo entorno a Alves, Messi y Henry , a falta de que se desencadenen o no las salidas de Ronaldinho, Deco y Eto’o, de las que dependen completamente las contrataciones en la línea ofensiva del equipo (en una actitud, en mi opinión, muy responsable y acertada por parte del equipo técnico), rotando al resto de la plantilla en función del partido y del rival, sin renunciar a buscar la portería contraria pero sin caer en el “Síndrome de Kiev”. También parece que el interés por Hleb (ya comenté de forma gratuita que a mí me gustaría mucho más que el Barça se interesara por “Lucho” González) destapa la labor que desarrollaría Seydou Keita, que no sería otra que la de centrocampista todo terreno al estilo Touré Yaya, y no la de ejercer de Deco, como muchos han apuntado (la calidad de Deco con el balón en los pies es infinitamente superior a la de Keita): así pues, creo que el 4 del Barça que viene no será un medio centro puro al estilo del propio Guardiola, hecho muy significativo a la hora de vislumbrar cuál va a ser el estilo futbolístico definitorio del nuevo proyecto.

De todas formas, todas estas reflexiones pueden no pasar de ser meros castillos de naipes tan sólo unos minutos después de la esperada rueda de prensa de presentación de Pep Guardiola, o siendo más optimista tras los primeros entrenamientos y pachangas de la pretemporada. Pase lo que pase, y aunque alguno hubiera preferido la opción Mourinho, Guardiola será el entrenador del Barça, y por tanto hay que estar a muerte con él. Recurriendo al topicazo, sólo el tiempo dirá si ha sido una buena decisión: sumemos todos para que así sea.

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El Juego del Txiki Txiki

5 Mayo, 2008 por rodri

En vista de que la rumorología sobre fichajes empieza ya a desbocarse, me gustaría hacer un ejercicio de imaginación (o seguramente de ciencia ficción) y ponerme en la piel de Txiki, Ingla y Laporta para diseñar la nueva plantilla de cara a las próxima temporada, como supongo que harán la gran mayoría de los culés.

Dejando a un lado el tema del entrenador, del que como dije hablaré más adelante, presentaré en las siguientes líneas mis apuestas personales, siendo plenamente consciente de las terribles dificultades que entrañan las negociaciones en el intrincado mercado futbolístico. En este divertidísimo juego incluiré los precios de cada uno de los jugadores de una manera un tanto especial: introduciré los precios de venta como cifras de mínimos obtenibles por cada operación, y los de compra como máximos, de manera que nos situaremos en la peor de las situaciones des del punto de vista blaugrana, hecho que nos dará una cota máxima de la inversión neta a realizar (¡creo que mis números van a sorprenderles!).

Empecemos por las VENTAS. En primer lugar y asumiéndolo como un hecho inevitable (para bien o para mal, como ya dije en el post ¿Doble Bogey?) hay que afrontar la venta de Ranaldinho. Con el Milan interesado hemos tenido la suerte que un Club inglés, el Manchester City de Sven Goran Erikson, haya puesto sus ojos en el gaúcho, hecho que en condiciones normales debería aumentar su precio: no creo descabellado esperar un mínimo de 25 kilos por su venta. En segundo lugar creo que el Club debería plantearse la venta de Eto’o, después de su irregular rendimiento en las dos últimas temporadas (aun a sabiendas de sus repetidas lesiones y la inoportuna Copa de África). Bien es cierto que trabaja duro en la presión, y asegura un mínimo de goles por temporada, pero parece a todas luces que su nivel de juego está descendiendo, y dado el interés del Totenham de Juande Ramos, junto a las opciones que como veremos ofrece el mercado, una venta por un mínimo de 30 kilos sería un gran negocio para el Barça, pues es lo que por ejemplo oferta el Madrid por Villa (recuerden además sus repetidas e incendiarias declaraciones de las que hablaré en el balance final de la temporada cuando ésta finalice definitivamente).

Ya hemos vendido a dos de los fantásticos, y dado que no hay dos sin tres, el siguiente de la lista tiene que ser Henry. Comparando el rendimiento “Tití” con el de Ribery, que también interesaba al Barça el curso pasado y terminó en el Bayern por el mismo precio que nuestro “nuevo Cruyff”, a toro pasado podemos decir que fue una auténtica lástima no haber optado por la opción del centrocampista. El problema es donde colocarlo, pero pienso que no deberíamos ingresar menos de 15 millones por él.

Realizadas ya las ventas más importantes (noten que no he vendido a Deco, que para mi sigue siendo un jugador valiosísimo y ambicioso, como se demostró en la eliminatoria contra el United), llega el turno de los secundarios. El primero de ellos debe ser Zambrotta, venta de la que hace ya algún tiempo que se habla después del decepcionante paso del italiano por nuestro Club. Posiblemente rumbo a Milan, deberíamos obtener un mínimo de 8 kilos por la operación. Con la venta de Edmílson por unos 3 millones (medio millón arriba o abajo) y las bajas de Ezquerro y Thuram, previsiblemente sin retribución económica, acabaríamos con el capítulo de ventas (me quedo con Pinto de tercer portero y Oleguer, que no me parece tan malo como dicen algunos para salir des de el banquillo).

Mención a parte merece el tema Giovani dos Santos, que sin entender muy bien porque no ha calado en las gradas del Camp Nou. Dado que contamos con la previsible subida al primer equipo de los jóvenes talentos del “B” Gai Asulin y Thiago, quizás una venta sería lo mejor para ambas partes. Introduciremos por tanto un variable de 10 kilos en el montante final de ventas, para un total de entre 81 y 91 millones disponibles para contrataciones.

Entremos pues en el jugoso capítulo de CONTRATACIONES. En primer lugar tenemos que suplir a las estrellas que han salido encontrando algún jugador que constituya nuestro referente futbolístico junto al indiscutible (pero frágil) Leo Messi, y en mi opinión éste no puede ser otro que Karim Benzema, por un precio que en una mala negociación no debería superar los 45 millones de euros (a pesar del presidente lionés Jean Michel Aulas). Benzema es el futuro del fútbol europeo: delantero joven y con un físico imponente, con extraordinaria calidad para forjar sus propias jugadas y a su vez con gran inteligencia para el desmarque, un duro disparo con ambas piernas, el gol en la sangre y con una gran definición dentro del área: 19 goles en Liga esta temporada. No me parecen en absoluto exagerados los elogios que recibe a diario.

En segundo lugar no me parece mal la posible contratación de Dani Alves, todo un carácter en el césped y capaz de cubrir solito toda la banda derecha si recibe las ayudas necesarias: el mejor carrilero diestro que ha dado nuestra liga en mucho tiempo. Del Nido (“El que quiera acercarse a un jugador del Sevilla que se agarre los machos”) podría llegar a sacarnos unos 28 kilos (los mismos que obtuvo en su día por Sergio Ramos), precio más que respetable para un lateral.

La tercera contratación en importancia la reservaría para uno de mis jugadores preferidos en la actualidad: Lucho González, “todocampista” del Oporto (presidido por otro hueso: Pinto de Costa). El argentino tiene todo lo que necesita este equipo, pues ha crecido muchísimo en Portugal en los dos últimas temporadas, donde es ya líder indiscutible del equipo sobre el campo: aúna un gran derroche físico y un muy buen trato del balón, con una gran carácter y liderazgo (vean como lanzó su penalti en la tanda contra el Schalke 04), y un tremendo disparo a media distancia. Prefiero otro jugador al estilo Deco que un “barrendero” especialista como pueda ser Poulsen; y a mi entender Lucho González es mejor que Hleb, cuyo nombre ha sonado con fuerza las últimas semanas. Su precio podría ascender hasta los 18 millones de euros.

Para la banda izquierda pienso que tendríamos que aprovechar el hecho que el Valencia haya puesto toda su plantilla a la venta, pues cuentan con un zurdo de muchísima calidad que además es producto nacional: David Silva, que lleva ya bastante tiempo rubricando jugadas y goles extraordinarios. Últimamente su rendimiento ha bajado, pero con toda seguridad este hecho se debe a la difícil situación vivida por el Club de Mestalla en los últimos meses. 17 millones sería lo máximo que podrían sacarnos por él. De la misma manera, tras la pésima campaña del Zaragoza, y con más motivo si al final se confirma su descenso, sería un buen negocio contratar a alguno de sus delanteros, pues todos los equipos que han funcionado aquí en Barcelona contaban con un segundo 9 de garantías. 12 millones por Diego Milito (que tiene una media goleadora más que decente) serían la primera opción, y 6 millones por Oliveira la segunda; precios justos para un equipo con problemas que tuviera que desprenderse de sus fichas más altas (además, no olvidemos que Oliveira está cedido por el Milan, y éste está negociando con nosotros por Ronaldinho).

Por último, para apuntalar la defensa, veo con buenos ojos la opción Garay si el interés de otros clubes punteros no dispara su precio, que no debería exceder los 8 millones. Otra opción bonita sería la de recuperar a Gerard Piqué, jugador de la casa con un más que seguro compromiso con los colores, y que estoy seguro que pagaría por volver dada la poca confianza que Sir Alex Ferguson está depositando en él: su precio no debería ser superior a los 5 millones. En ésta línea, tampoco descartaría la vuelta de Marc Crosas (si no lo integramos en la operación Benzema como moneda de cambio), pues me parece un centrocampista muy válido para jugar en el primer equipo en sustitución de Edmilson.

El montante final de compras estaría pues definitivamente entre los 119 y 128 millones de euros, para unos gastos netos finales de entre (¡atención!) 28 y 47 kilos situándonos en el peor de los casos; cifras más que asumibles para un lavado de cara general en todas las líneas del equipo, y visto el gasto que hemos hecho en anteriores campañas tanto nosotros mismos como otros grandes clubes europeos.

Así pues, les dejo mi resumen y espero que alguien se anime a jugar (y si a Jan Laporta le gusta mi diseño de la nueva plantilla, le pasaré el número de mi representante para negociar las condiciones de mi contrato, pues en estos momentos estoy libre y en el mercado):

BAJAS: Ronaldinho, Eto’o, Henry, Zambrotta, Edmilson, Ezquerro, Thuram, (+ Giovani dos Santos).

ALTAS: Benzema, Dani Alves, Lucho González, Silva, Diego Milito/Oliveira, Garay/Piqué, Marc Crosas

TOTAL INGRESOS: 81/91 kilos TOTAL GASTOS: 119/128 kilos

INVERSIÓN NETA MÁXIMA: 28/47 kilos

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Algo más que una Empresa

3 Mayo, 2008 por rodri

Cuando alguien que no me conoce demasiado me pregunta de qué equipo soy suelo contestar con semblante sorprendido y tono de obviedad: “del Barça, naturalmente”, y me gusta añadir “no se puede ser de otro equipo”. Si la conversación continúa (y des de luego continuará si el interlocutor es merengón o en su defecto extranjero, pues en ambos casos el personaje en cuestión no se entera de qué va todo este asunto) me encanta soltar con rotunda seguridad que “nunca he entendido como se puede ser de otro equipo que no sea el Barça”, esgrimiendo a continuación y con absoluta vehemencia los motivos de mis afirmaciones.

¿Qué es lo hace del Barça “Més que un Club”? Como ya defendí ampliamente en el post ¿El Barça is Diferent? mi opinión es que en los tiempos que corren la razón última de esta distinción ya no es tanto la catalanidad de nuestra entidad ni la lealtad de su afición, hecho que desemboca irremediablemente en que muchos se cuestionen hoy la veracidad de la famosa frase. Sí existen en cambio algunas singularidades que nos distancian tremendamente del resto de clubes punteros en Europa y que pueden darnos la clave de la confusa situación que vivimos en estos momentos en Barcelona, un oscuro dejavú del que nunca hemos logrado escapar.

Después de leer el anterior párrafo algunos de ustedes (si no todos) se preguntarán qué es entonces qué nos da ese plus que no tengan ya equipos como el Liverpool, con sus Bill Shankly y Bob Paisley, su “You’ll Never Walk Alone”, su “This is Anfield” o la atronadora “Curva Kop”; el Manchester United con sus “Busby Babes” y la Tragedia de Munich a la que evoca el reloj parado a las 15:05 del día 6 de febrero del 58 en Old Trafford, “El Teatro de los Sueños” según Bobby Charlton y donde jugó el mito George Best con el 7 que heredó Eric Cantona. Qué me dicen del Milan y su legendaria ciudad deportiva de Milanello; o por qué no decirlo, el Madrid y sus 9 Copas de Europa. El Athletic de Bilbao, el Celtic de Glasgow, Boca Júniors, con La Bombonera y el 10 de Maradona, y un largo etcétera sólo para citar a los más ilustres. A un servidor también le encantan la liturgia de los ingleses y la pasión de los argentinos, y es cierto: el Camp Nou ha silbado al equipo cuando ganaba 6-0 al Logroñés para sorpresa de Sir Bobby Robson en el 97, recientemente dedicó una sonora pitada a un joven de la casa como Giovani dos Santos por chupón o, como apuntó con humor británico otro Sir, Alex Ferguson, nuestras gradas son propensas a sacar el pañuelo con saña contra los jugadores o la directiva. Dicho todo esto, a mi el equipo que me pone (con perdón por la expresión) sigue siendo el Barça, y me reafirmo en las frases que he lanzado al principio y que intentaré argumentar en lo que sigue.

Muchos periodistas deportivos, creadores de opinión o tertulianos (como prefieran llamarles) atribuyen tanto la grandeza del Barça como sus males crónicos a la “carga social” que arrastra el Club. Mi opinión es que esta idea no es del todo equivocada si se estudia des de la óptica adecuada y con el matiz necesario, pues como ya he dicho esta “carga social” no proviene de la supuesta catalanidad del Club.

Atendiendo a los “finales de ciclo” que se repiten dramáticamente en esta entidad, asumidos por la gran mayoría de la “masa social” como naturales e inevitables por defecto, pues aquí radica el significado de la recurrente palabra “ciclo”, uno cae en la cuenta de la gran diferencia actual existente entre nuestro Club y la mayoría de los citados anteriormente: el carácter empresarial de su propiedad y su gestión. Como es lógico en un ente que, aunque formado de personas, necesita del alimento del beneficio para subsistir, la empresa centra sus balances en el rendimiento de sus empleados: si un asalariado no rinde lo suficiente, no trabaja lo necesario o estipulado, o inclusive llega hasta el extremo indeseable de perjudicar la marcha o la imagen de la propia empresa, los propietarios tienen toda la potestad de tomar las medidas que consideren adecuadas por extremas que éstas puedan ser, pues en la sociedad del capitalismo no hay nada más personal e intransferible que la propia cuenta bancaria, hecho asumido por empresarios y trabajadores por igual.

Este principio de autoridad regido por la relación propietario-trabajador, por incuestionable, puede llegar a ser de vital importancia hablando en términos futbolísticos y de Club llegado el momento de tomar decisiones. En la gestión empresarial, como no podría ser de otra manera, se recurre o no al sentimentalismo con el único fin de aumentar los beneficios; y esta es una mentalidad que, aunque aquí nos sorprenda, puede arrojar sustanciosos dividendos deportivos. Es por todo esto que el Barça, por suerte para unos y desgracia para otros, es el último reducto de los románticos del fútbol, el último Club auténtico, “no se puede ser de otro equipo”, pues pertenece exclusivamente al pueblo, que es la razón última de la grandeza del fútbol como fenómeno de masas.

Naturalmente este matrimonio (hasta que la muerte nos separe) contraído con el romanticismo acarrea dramáticas consecuencias para nuestro Club, contra las que otros están completamente inmunizados por las razones antes esgrimidas. De esta forma ningún equipo inglés, con toda su mística y con sus propietarios multimillonarios rusos, árabes o estadounidenses, duda ya en presentar un once sin ningún jugador nacional, renunciar a su juego tradicional o bautizar su nuevo estadio con el nombre de la empresa que lo ha subvencionado si con ello obtiene beneficios deportivos (y por tanto económicos). Aquí en cambio cualquier decisión es puesta a debate social, pues no sólo el socio, si no también el aficionado raso, se ha sentido desde siempre propietario del Club y razón final de su existencia.

¿Cuantas horas semanales de radio y televisión, o páginas de periódicos, se dedican exclusivamente al Barça en Catalunya? No creo que haya ningún otro Club deportivo en el mundo que igualase la cifra de poder medirse. Hace pocos años vivimos las complicaciones éticas del patrocinador de la camiseta: al debate de “publicidad sí” o “publicidad no” (ya me posicioné por el “no” anteriormente) siguió el debate entre los que repudiaban la opción Bet and Win por ser una casa de apuestas o China (fuera cierta la oferta o no) por el tema de los derechos humanos, y los que apostaban por elegir Unicef no sólo sin cobrar, si no pagando por ello: hoy son varios los equipos que lucen la casa de apuestas por internet en su camiseta sin rubor alguno, y varias emisoras de radio cuyos periodistas asalariados hablaban en contra es esta opción emiten y publicitan hoy la misma firma o similares. Estos días estamos ante el encendido debate, incluso en el seno de la propia directiva, sobre el nombre del próximo entrenador: a muchos les puede la fibra culé y abogan por Guardiola frente a la posibilidad de traer a Mourinho: ¿qué otros grandes clubes del continente se plantearían tal debate?

Es esta y no otra la razón por la que el culé es más exigente que el resto de futboleros hasta el punto de abuchear al equipo al que ama o pedir un mayor compromiso a sus jugadores, a quienes paradójicamente y de bien seguro, una directiva del tipo empresarial que se jugase su propio dinero en el proyecto no habría dejado que se desbocaran de la forma en que lo han hecho, cerrando de nuevo el “ciclo” (esto no significa que la actual directiva no esté suficientemente comprometida con el Club, simplemente no puede llegar al grado de implicación personal que tiene un propietario con su propia empresa). La pregunta es: si, por poner un ejemplo, la afición del Liverpool sigue estando tan orgullosa de su equipo como lo estaba antaño, ¿de qué nos sirve nuestro romanticismo? (Pregunta de dificilísima respuesta, pues si realmente somos unos románticos no deberíamos estar planteándola…)

En el fútbol español también tenemos el caso del Athletic de Bilbao, pero este es un caso muy particular que algún día me gustaría tratar con más calma. Claro está, muchos de ustedes sabrán que el Madrid también pertenece a sus socios y por contra no adolecen de estos males: por ejemplo y volviendo al tema de la camiseta, lucen sin ningún problema la publicidad de Bet and Win simplemente porque era la mejor oferta económica. No es mi intención entrar en política y no me gustaría ofender a nadie, pero pienso que el Barça es un fiel reflejo de la sociedad catalana actual (lo que no significa que sea “Més que un Club” por ello): en su mayoría (y ojo, hablo de mayorías, no de totalidades) el catalán medio ya no quiere la independencia total, si no el reconocimiento de sus singularidades dentro del estado: nos gusta ser un “país petit” como el que describía Lluís Llach y si no fuéramos víctimas de vez en cuando (con o sin razón) parece que ya no seríamos catalanes, pues perderíamos ese carácter reivindicativo de lo propio. Extendiendo esta idea al Barça, todos estos debates, banales para le resto de clubes (incluido el Madrid) son parte de la salsa de nuestro Club, que sería menos especial sin ellos, aunque de bien seguro muchos lo preferirían así: ésta es el alma de todos nuestros debates.

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