Resbalón esperado por varios motivos. En primer lugar, porque los que no dependen de nosotros mismos marcaban en rojo este partido en su calendario particular, ése en el que ellos lo van a ganar todo. En segundo lugar, esperado porque nuestros vecinos y enemigos siempre salvan la temporada aunque sea empatando contra el Barça. Serán así felices, digo yo, empatando en su campo contra un Barça contra diez. Son aspiraciones de equipo pequeño, de lo que son, y debe ser muy duro vivir acomplejado en una ciudad tan grande y tan cosmopolita como Barcelona. Dejémoslo pasar. Y en tercer lugar, porque nuetro equipo llevaba pleno de puntos desde el día del Almería. Y a cada partido que pasaba se acercaba la posibilidad de ese pinchazo, de ese resbalón que se produjo anoche. Más aún, teniendo en cuenta que esta semana había tres partidos y se han sacado siete puntos de los nueve posibles (tres de ellos en el Bernabéu, por si a alguien se le olvida).
Pues tampoco yo contaba con los tres puntos de anoche. Igual que nunca cuento con los del Atlético de Madrid en el Calderón. Son esos puntos de desventaja con los que siempre partimos: Espanyol y Atlético siempre sacan algo contra nosotros y siempre le regalan los seis puntos a nuestro máximo rival. Sí, pericos, porque nuestro máximo rival no es el Espanyol, sino los que ahora van segundos. Hasta en eso son pequeños los pericos.
Pero ese máximo rival tiene “tentáculos” que son difíciles de controlar. Anoche no sólo jugamos contra el Espanyol: se jugó contra el Comité de Competición, el mismo que sancionó a Guardiola, nuestro entrenador, por decir la verdad; el mismo que sancionó a Ibrahimovic por un “desmayo” de un jugador del Almería simulando una agresión; el mismo que dejó jugar a Kameni tras haber sido expulsado en Santander por un penalty de libro sobre Munitis al que, además, le parte la pierna; el mismo que ha perdonado la quinta amarilla a Raúl Albiol para que pueda jugar esta noche contra el Valencia. Y nadie dice nada. Y nadie monta en cólera. Nadie protesta. Alguien ha decidido que, pese a nuestra aplastante superioridad en los duelos directos, debe haber Liga hasta el final. Y si puede ser, que la Liga sea para otro equipo.
Por eso anoche los pericos, que iban pasados de revoluciones, acabaron con 11 y nosotros con 10. A la más mínima, uno de los nuestros a la calle. ¿Cómo iban a echar a Osvaldo, con una amarilla ya por una entrada criminal sobre Sergio Busquets, por cortar un balón con la mano? ¿Cómo ibas a pitar penalty, Undiano, por manos de Dídac en el área? Las consignas están bien claras: esta Liga debe llegar igualada hasta el final. Y en caso de duda, pitar en contra del Barça. Florentino debe haberse dado cuenta de que es más barato presionar a comités y árbitros que gastarse otros 300 kilos para que nosotros vayamos a su campo, a su casa, a jugar mejor que ellos y a llevarnos los tres puntos. Como si fuera poco con el aparato mediático que ya tiene a sus espaldas y que silenciará todo esto cuanto antes mejor (¿verdad, Relaño, que hoy no hay villarato por ningún lado?).
Menos mal que Pep lo sabe. Y lo ha vuelto a decir claro: nadie nos regalará nada, nos lo tendremos que hacer nosotros mismos. Un Pep al que anoche no le salió la jugada de variar el esquema. No pasa nada. Ya nos han dado tantos puntos sus variantes tácticas que por una vez que hayamos patinado no lo vamos a crucificar. Los genios tienen esas cosas: a veces se equivocan. Para mí, además del planteamiento inicial, el principal error estuvo en meter a Henry, que es ya ex futbolista para mí, porque deambula por los campos de fútbol sin chispa, sin motivación. Yo habría metido a Bojan e Ibra del tirón. El de Linyola lo estaba haciendo bien y los jugadores de la casa saben mejor que los de fuera lo que es un derbi.
Además de los Comités, de los árbitros y de los rivales, parece que hasta los volcanes se empeñan en dificultar nuestro camino hacia la historia. A ver cómo llegamos el martes a Milán. Yo sigo confiando en este equipo: han demostrado de sobra que pueden superar las dificultades. ¡Ah! Un dato para Milán: Messi lleva dos partidos sin marcar. Ya le toca…







