Ernesto Bertarelli dice que se quedó sólo defendiendo una causa…perdida.
Haciendo un repaso a los distintos medios on line y blogs de vela, me he topado con un post publicado por Grupo Navega, en donde aparecen unas declaraciones del propietario de Alinghi y Defender de la Copa América, Ernesto Bertarelli, en donde habla, por fin de lo que le ha supuesto el Club Náutico Español de Vela.
Bertarelli en Ras Al Jaima cuando le hablé del CNEV puso cara de circunstancias, pero en Valencia ha hablado un poco más del fantasmagórico club que ha provocado que la 33 Copa América haya acabado de esta manera. Ahora reconoce que “era imposible pensar que el CNEV no existía”, se nota que no conoce a Gerardo Pombo y a Manuel Chirivella y de lo que son capaces de hacer, y si no quiere más problemas, le aconsejo que más le vale no conocerles en la vida.
Según sus declaraciones se deja entender que él fue de buena fe y se la acabaron metiendo doblada, y claro les vendieron una moto sin motor: “Era imposible pensar en una cosa como sucedió, con veinte mil personas llevando una bandera del verde del Desafío, después sólo yo lo defendía. Sólo yo”. Y claro, cuando se dio cuenta, se había montado ya el follón padre.
Ahora, lo que no entiendo es que teniendo a abogados que teóricamente sabían de esto, como Hamish Ross, los españoles les metieran un gol que ha salido más caro que pagar el traspaso y la ficha de Cristiano Ronaldo durante diez años. Eso sí, los culpables de tal embrollo siguen tan tranquilos y de rositas.
Y después de tantos líos judiciales, Bertarelli –que recordemos que por muy rico que sea es también deportista-, ha declarado que “no me interesan las acciones jurídicas; no concibo una victoria en los tribunales, no está en mi genética deportiva. Si pierdo, pues pierdo y fin, así es el deporte”.
Pues que aprendan los dos que la han liado y que, por cierto, la siguen liando y perdiendo en los tribunales. Pero eso ya lo contaré con calma otro día.







No creo que Bertarelli tenga derecho a quejarse. Lo del CNEV y protocolo consiguiente fué un acuerdo entre “pillos” (por ser suaves) que se creían que los demás eran idiotas.
Estuvo todo pefectamente planeado: Bertarelli necesitaba un comparsa para redactar un protocolo a su gusto y sabía que no lo encontraría en ningún club serio. Y, nuestra pareja feliz estaba dispuestos a prestarse a cualquier cosa con tal de salir en la foto. Lo malo para ellos es que, en la mejor foto que salieron fué en la de Buenafuente.