
Pese a jugar 65 minutos con un jugador menos y acabar con nueve por un penalti que, cometido sobre Ibrahimovic “no sería suficiente para derribar a un jugador tan alto”, el Barça venció al Getafe con una exhibición de sus tres ‘pequeños’, Messi, Xavi e Iniesta, que demostraron una vez más que no solo son tres jugadores como la copa de un pino, sino que además son unos ganadores capaces de echarse al equipo a las espaldas.
No parecía día para hablar de Villarato, pero Alfredo Relaño se ha superado; para él Ibra invalida el tanto inicial de Messi por estorbar al portero y Pedro Ríos es derribado por Abidal. Resulta curioso, porque cuando Baena agarró a Xavi (dije entonces que para mí no era penalti, se puede leer) en el Barça-Espanyol, con mucha más intensidad de la que lo hizo Abidal, también le parecía un favor arbitral.
Además, la teoría del Villarato tiene dos vertientes que, si se parase a analizar con detenimiento, le acomplajarían. En primer lugar, supone admitir que los árbitros españoles, en contra de lo que afirma, no son malos, ni siquiera buenos, son excepcionales, capaces de decidir en pocas décimas de segundo lo que ha pasado en una jugada y qué conclusión sacar de ella para complacer a Ángel María Villar. Y por otro, si es, como dijo el viernes, Villarato favorecer al Atlético de Madrid porque interesa, porque pesa más de cara a una final, supone que el Madrid es un segundón, que no interesa que gane la Liga porque le quita brillo. Hansson, según él, ha sido premiado porque Francia da más lustre a un Mundial que Irlanda. Si el Barça da más lustre a una Liga es porque el Madrid ha dejado de ser la referencia.
Y por otro lado, si Villar paga favores a Laporta, ¿cómo explica el director de As que en los dos años de mandato de Calderón el Real Madrid ganara dos Ligas (una de ellas en igualdad de puntos y con gol de Van Nistelrooy con la mano incluido)? Máxime cuando el ahora ex-presidente madridista es directivo de la Federación. ¿Favores pagados?
No era, de todas maneras, este el asunto central del que pretendía hablar. Se trata del fuera de juego de Ibrahimovic en el gol de Messi. Según la norma, un fuera de juego posicional puede ser sancionado cuando el juegador tenga indicencia en la jugada. Es decir, que impida a un jugador llegar al balón o que debilite la visión de la jugada por parte del portero. Más allá de que Jordi Codina ha admitido que sí veía el balón (anda que no tiene que joder que te pases dos horas dándole vueltas a un partido en busca de algo que justifique tu paranoia para que te lo eche por tierra un canterano del Madrid), es necesario analizar la imagen ilustrativa que utiliza As.
Es evidente que Zlatan se encuentra en la trayectoria del balón, pero se aparta lo suficiente para no desviarla. Pero, a pesar de estar en la trayectoria, no parece que impida la visión de Codina. Porque la visión del meta no es la trayectoria del esférico, sino la línea recta entre la cabeza del meta y la pelota en cada momento. En el momento en el que Messi golpea son los cuatro defensores getafenses quienes pudieran perjudicar la visión. Solo en un momento, justo cuando pasa junto a la cabeza de Ibra, Codina no ve el balón por ‘culpa’ del sueco, apenas un segundo, lo que no parece suficiente para anular un gol.
Lo siento, Relaño. Sigue intentándolo…