Una de las señales de identidad de Wimbledon son las largas colas de aficionados que se forman a sus puertas para intentar hacerse con alguna de las entradas que diariamente se ponen a la venta en taquilla. Son alrededor de 500 tickets con derecho a pista central o a pista 1 y 2 y sobre unas 6.000 con derecho a entrada en el recinto para el resto de canchas, sin reserva de asiento.
Que haya papel en cada jornada provoca que muchos fans no reparen en esfuerzos con la esperanza de acabar entrando en el All England Club. Llegan la tarde del día anterior, duermen en la calle. Acuden con sus bocadillos y neveras con bebidas frías, juegos de cartas, libros. Cualquier entretenimiento es bueno para que las horas vayan sucediéndose lo más rápido posible.
Aunque desde la presente edición hacer cola en Wimbledon es un poco más cómodo. Las dos hileras de seres humanos de antaño se han unido en una sola. Y ya no deben dormir sobre el duro cemento de la acera, sino que la organización ha habilitado un espacio, a modo de camping, en el parque y situado en frente mismo del complejo tenístico. Las tiendas de campaña se han multiplicado por mil. Mayor comodidad para estos esforzados fans, a quienes había que ir sorteando a la salida del recinto.
A primera hora de la mañana los voluntarios del torneo van despertando a los aspirantes a una entrada, dirigiendo la formación de una cola que ahora transcurre por la hierba del campo del Wimbledon Park Golf Club. El tenis y el golf están separados únicamente por una calle de dos carriles de circulación.







