Un Roland Garros más. Los franceses viviendo de recuerdos, celebrando los 80 años del estadio y rememorando los 25 años de la victoria de Yannick Noah. No les queda otra, desde que el jugador de origen camerunés levantara la Copa de los Mosqueteros el balance local de tÃtulos masculinos está a cero. Empieza a ser una tradición, con visos de seguir la de Wimbledon, donde todavÃa tienen que mirar más hacia atrás para buscar a Fred Perry como último británico campeón.
Los españoles pueden vivir del presente, de Rafa Nadal especialmente, pero ahà están asimismo los recientes antecedentes de Costa, Ferrero, Moyà o Bruguera. Pero no, el tema de conversación no es el excelente balance deportivo en el templo de la tierra batida. SÃ, nadie se olvida de la posibilidad de que el manacorà iguale las cuatro coronas consecutivas de Bjorn Borg, pero el tema de conversación es otro.
Es más divertido hacer coña con el chiki chiki y supone una necesidad hablar del follón de los jugadores con el presidente de la Federación Española, Pedro Muñoz. Los corrillos se suceden en la sala de los tenistas, los SMS de aquél han provocado hilaridad, pero también consternación. Muñoz que no dimite y los jugadores que no ceden ni tras los viajes de Jaime Lissavetzky.
Vaya, un mayo del 68 a la española. Uno, el breikindance (dÃcese de aquella jugada en la que un tenista consigue romper el saque del contrario; dos, el crusaÃto (el intercambio de comunicados entre tenistas, presidente de la Federación); tres, el maiquel yason (Lissavetzky moviéndose de puntillas de Madrid a ParÃs, pasando por Alicante y acabando en Dusseldorf); cuatro, el robocop (sÃ, para cualquier extranjero el lÃo del tenis español parece ciencia ficción).
Los ecos de Chikilicuatre en ParÃs se irán apagando porque Eurovisión quedó atrás. Pero el Chiki Chiki con Muñoz continúa.  Para reÃr… o para llorar, pero que nunca falte el buen humor.