Provoca hilaridad que el Open de Australia pretenda controlar la vestimenta de las jugadoras de tenis. Que la francesa Alize Cornet está luciendo una faldilla que algunos consideran excesivamente corta, asà como un coulotte también escaso de tela, es consecuencia de que todos los organismos que participan en la dirección del tenis han visto con buenos ojos que las tenistas luzcan al máximo sus encantos. Incluso han fomentado la doble vertiente de deportista-modelo para vender imagen, atraer con ello a más patrocinadores y conseguir más audiencia televisiva.
Pura hipocreÃa intentar ahora frenar una tendencia que muchas veces aplauden, aunque en público, por pudor deportivo, en ocasiones quieran disimularlo. Algunos pudieran considerar que se trata de una actitud sexista, y quizás no les falte razón. Aunque muchas de las jugadoras importantes explotan sin rubor alguno el factor imagen. Dinero manda, asà como también la coqueterÃa de revindicarse más guapa que la rival.
Este tipo de polémicas no suele darse en el campo masculino, aunque en el Open USA de 2002 los hombres reivindicaron el derecho a mostrar palmito cuando al alemán Tommy Haas se le obligó a cambiar de uniforme porque llevaba una camiseta sin mangas. Entonces, según el reglamento, estaba prohibido. La regla quedó abolida enseguida, de ahà que tiempo después Rafa Nadal enseñara sus bÃceps sin problema alguno. También en Wimbledon, donde la organización revisa con esmero la ropa de cada participante antes de dar el OK. En la ‘Catedral’ Martina Navratilova se presentó con pantalones cortos, una novedad entre las mujeres, y tampoco pasó nada.
Cuando apareció el gran Gustavo Kuerten en Roland Garros, la Federación Francesa (FFT) puso el grito en el cielo por sus zapatillas y vestimenta multicolor. Amagó con prohibirlas, pero no se atrevió porque ‘Guga’ acabó convirtiéndose en un Ãdolo en la capital francesa.
La ropa siempre ha sido tema de debate en el tenis. Que haya cierto control, vale, pero que se apele al puritanismo cuando por detrás se siguen unos parámeros contrarios suena a chiste malo. Como dice Rafa Nadal, tras optar por las mangas y un pantalón más convencional, “un trozo de tela más o menos no cambia tu forma de ser”. Ni de jugar. Pero el tenis, como todos los deportes punteros, no se basa sólo en meter una bola, el marketing cuenta, y mucho.