Pablo Andújar nació en Cuenca pero se siente valenciano porque se fue a tierras levantinas de niño. Con 22 años ocupa el puesto 151 del ránking mundial. Su momento de gloria se limita a un equívoco que le llevó a todos los informativos durante un par de días: su amistad con la belga Kim Clijsters, con la que coincidió en torneos de base, se confundió con un noviazgo sin fundamento.
El chaval tiene planta, es de muy buen ver, además de simpático y educado. Ha vivido su debut en un Grand Slam, y se ha ido con una victoria y una derrota honrosa contra el chileno Fernando González. Y un talón de casi 24.000 dólares que le arregla prácticamente el año.
En una rueda de prensa en Roland Garros se quedó sorprendido por el cariño que le procesaba uno de los periodistas, José María Guimaraens, de la agencia Colpia y el diario La voz de Galicia. “Es que tú me quieres mucho”, le señaló Andújar ante el gracejo y continuos ánimos del veterano gallego. Éste acabó confesando en público el porqué: “Es que te pareces mucho a mi nieto”.
Pues bien, el ‘nieto’ tuvo el detalle de llamar al móvil de Guimaraens tras su derrota con González para darle las gracias por su atención y estima. Un hecho relevante en una época en que la mayoría de deportistas tienen una valla forjada a su alrededor, a modo de mánagers, asesores y relaciones públicas, que complican el acceso al crack.
Andújar no es un grande del tenis, nunca ha estado en el top-100, pero rezuma el encanto del deporte modesto, de la competición sin aditivos.






