
Miquel Pellicer, uno de los ‘alma mater’ de la web de MD, me ha derrotado por KO. Hace semanas, desde que acabara el Open USA, que insiste sobre la posibilidad de una relación sentimental entre Maria Sharapova y Novak Djokovic. Basa su sospecha en el hecho de que la rusa siguiera al serbio durante su final contra Roger Federer.
Hablar sobre estos dos personajes implica un riesgo físico difícil de asumir. Uno se imagina un encuentro con papá Sharapov, y palidece. Que nadie toque a su niña, que ahí estará él para salvarla de todos los males del universo. No respeta a rivales deportivos o imaginarios. En cuanto a papá Djokovic, el temor procede de sus anchas espaldas, de un robusto físico labrado en los campos de fútbol y en las pistas de esquí anexas a la pizzeria que regenta la familia en su país. Si Yuri ha sido incluso amonestado por árbitros y organizadores del circuito, de Srdjan sólo se conoce su pasión, controlada, por el mayor de sus tres vástagos. Nada anormal, pero sólo con su fortaleza física intimida.
O sea, mejor no andarse con bromas respecto a Maria y Novak, dos personajes muy diferentes. Su único punto en común, además de su condición de tenistas, es la maravillosa imitación que el serbio hace de la rusa. Sus dotes de cómico también alcanzan a Rafa Nadal o Roger Federer. Ella no goza de ese sentido del humor. Muy al contrario, no está muy bien vista dentro del circuito.
Ha sido señalada reina del glamour, pero las criticas de soberbia y engreída aparecen por doquier. Un tenista español que la conoce muy bien acabó huyendo de la ‘pesada’ Sharapova, cuya preocupación principal era el tamaño, color y marca del bolso que tocaba. “Es una auténtica cursi, una triste, no hay quien la aguante”. ¿Tienes la misma impresión? Nada que ver con el cachondo Novak Djokovic, te guste o no su faceta de bufón.
