
Tengo el corazón roto. ¿Cómo puede ser? Hace unos meses, durante Roland Garros, empalagaba mirarlos. Todo eran carantoñas, guiños cómplices. Ella lucía un interesante anillo, para él no había babero que secase tanta baba. La suiza Martina Hingis y el checo Radek Stepanek formaban una de las parejas estelares del vestuario del tenis mundial.
Han dado mucho de sí. Los comentarios malévolos se esparcían como un reguero de pólvora por cada club en el que coincidían. Hingis arrastra fama de ardiente. En su nómina sentimental figuran ex tenistas como Julián Alonso (hasta intensificó sus estudios de inglés para intentar cruzar alguna palabra, aunque no fuera el objetivo ni de uno ni de otro), Ivo Heuberger, Justin Gimelstob, Magnus Norman. Y también el golfista Sergio García.
Stepanek está en el ‘top ten’ de las listas de belleza que se suceden en el mundillo de la raqueta. Cuando se trata de guapos o atractivos, aparece en las últimas posiciones. La clasificación se invierte si la configuración de la lista tiene que ver con físicos tirando a desagradables.
Stepanek ha pasado por malos momentos debido a una lesión de cuello. Fueron cuatro meses de martirio, de visitas continuas al médico bajo la amenaza de una pronta retirada. Buscaba consuelo en el hombro de Hingis, suiza de pasaporte pero eslovaca de origen. Ahora que está recuperando su mejor juego, cierra su gran semana en Montreal anunciando la ruptura de la pareja.
¿Será verdad eso de que no se puede mezclar el trabajo con el placer?
Es una de las parejas del verano, un continuo pasear por las portadas de la revista del corazón. Carlos Moyà, es número uno mundial, antiguo campeón de Roland Garros y la Copa Davis, ejerce de señor de… de Cerezuela. Sí, Carolina Cerezuela, ese torbellino de curvas que se ha hecho célebre en la pequeña pantalla a través de series como ‘Camera Café’.