Nueve y media de la mañana. En el estadio, una atleta vestida de rojo, tercera, tiene cerca a la segunda, a pocos metros de la meta. ¿Les suena la película? Sí, como lo de Paquillo y su descalificación n los 20 kms. marcha masculinos. Pues la situación podía repetirse en la final femenina. De hecho, todo estaba igual al llegar al estadio, sólo que la distancia era un poco mayor y la rusa que María Vasco llevaba delante no estaba tan tocada como el tunecino Ghoula, y María ni arriesgó. Pero en la pista estaba el mismo juez, el estadounidense que la lió con Paquillo y, claro, en la delegación española ya estaban con la mosca detrás de la oreja. El presidente de la Federación Española, José María Odriozola, al que por si acaso le volvía a tocar estar en el comité de Apelación, no le quitaba el ojo de encima. A él también se le pasó por la cabeza que, puestos a hacer cosas raras, le podría aplicar la misma norma que Paquillo. Pero no. Hubiera sido demasiado.
CON VOCEROS SE COMPRA MEJOR
Mañana tranquila la del jueves, que por una vez ya está bien. Al enviado especial no se le puede olvidar traer regalos para la familia, amigos o compañeros, aunque este ritual a veces se converte en una pesadilla. No hay tiempo de perderse entre las tiendas, ni ganas de que a uno le timen, y la maleta, ya llena a la ida, no es un chicle que se expande para que quepa todo a la vuelta. Hay que comprar con mesura, sea en un mercadillo, grandes almacenes o en la tienda oficial del Mundial, que suele ser lo que está más a mano. Imagina uno que comprará tranquilo, sin que le presionen, porque este es el país de la educación, de las reverencias, en el que el espacio físico de uno es sagrado, porque el japonés no se’toca’ con los otros. No hay palmadas, no hay abrazos (como mucho entre los jóvenes), no hay roce. Sólo reverencias, cabezas inclinadas. Así que se supone que podrás pasear y comprar tranquilo, pero entonces aparece la fra del ‘vocero’ profesional, el incitador de la compra, que te sacude como un relámpago y por un momento piensas que has vuelto a la antigua España del vendedor ambulante. El ‘vocero’ japonés grita, y mucho, y no es una figura de mercadillo. Puedes verle a la entrada de una tenda de lo más normal, invitando a la gente a que entre, o incluso, y esto es fuerte, dentro de unos lujosos grandes almacenes, como si fuera necesario animar la compra en unas rebajas. Uno de ellos me perfora el tímpano, le miro y no se da por aludido. Está bien. Aquí no compraré. Otra curiosidad: no busquen ropa más o menos joven o de niños que lleve caracteres japoneses a la vista. Lo que para nosotros es exótico, un recuerdo evidente que todo aquel que lo mire relacionará enseguida con Japón, para ellos es rancio. Prefieren que las ‘letritas’ sean en inglés.
¿JAPONÉS O INGLÉS?
Por estar donde estamos, la habitual mayoría europea entre los periodistas del Mundial se ha onvertdo aquí en un empate o incluso derrota respecto al enorme contingente de enviados japoneses y chinos. Preparando la aventura olímpica del próximo año, los enviados especiales españoles juegan a adivinar si la conversación que oyen a sus espaldas es en chino o en nipón. Y, bueno, ya lo tenemos claro. Lo sabemos distinguir, aunque no entendamos una palabra. El chino suena saltarín, lleno de ‘is’. “Como una moneda cayendo al suelo”, dice Joan Carles Armengol, de El Periódico. El japonés suena duro, cortante, enfadado, y sostiene las vocales finales.
LA BISUTERÍA, EN EL VESTUARIO
Vaya guasa se montó con lo de Sanya Richards en las series de 200 metros. No se le ocurre otra cosa que ponerse a ompetir con un broche en el pecho valorado en 20.000 dólares. Y, como la ley de Murphy no descansa, sele cayó rodando por el tartán. Veinte años atrás, Lola Flores fue capaz de parar su actación en el programa de Iñigo para que todo el plató, incluido el público, se pusiese a buscar el pendiente. Sanya no tuvo valor para hacerlo ante 50.000 espectadores, pero se pasó toda la carrera pensando en ello, y al acabar un ejército de expeditivos vluntrios peinaron lioteralmente la pista hasta dar con la ‘baratija’. Seguro que no vuelve a hacerlo.
AOUITA, QUÉ CAMBIO
Anda por el Mundial Said Aouita con la credencial de periodista al pecho. Aouita fue lo que Morceli y El Guerrouj después, y lo que Coe, Ovett y Cram habían sido antes en el 1.500: el rey absoluto. Hoy parece otro, envejecido y calvo, y bastante menos imponente, por ejemplo, que su coetáneo José Luis González, comentarista en TVE, que conserva una gran presencia aunque los kilos, claro, han crecido. También puede verse a Steve Ovett, el campechano, el tipo abierto de esa pareja antagónica que protagonizó con sir Sebastian Coe, al que ya de atleta se le vía que iba a acabar en las altas esferas. Ovett es todo un bromista, el amigo que puedes encontrarte en el pub con una cerveza, y lo más antagónico al ceremonioso y estirado Coe.