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Una historia diferente

23 Agosto, 2009 por Joan Justribó

Échenle la culpa a la naturaleza, no a la atleta. Tampoco culpen a los que la defienden. Ni siquiera culpen a sus rivales por sentirse impotentes y quejarse ante una rival que escapa a su comprensión, a su lógica. El caso de Caster Semenya refleja muchas cosas, entre ellas la falta de tacto de un mundo que jamás ha entendido ni ha respetado los casos de indefinición de sexo. La campeona  mundial de los 800 metros es una gran atleta. Enorme, un prodigio. Sus cromosomas son un misterio que se resolverá tarde o temprano. Hasta entonces, y quizá nunca, se deberían buscar responsables. La naturaleza es la que dispone.

Las palabras castigo o trampa no tienen cabida aquí. Menos comprensible aún es cualquier juicio a una joven que sólo tiene 18 años, y a la que esta situación puede provocar un daño psicológico gravísimo, añadido a las situaciones que ya ha tenido que vivir en su propio país desde mucho antes de convertirse en una estrella del deporte, en un rostro conocido. El morbo vende, impacta. Siempre llamó la atención la imagen de una mujer que no parece serlo, y más aún si es la mejor.

Semenya tiene derecho a competir, y las estructuras del deporte organizado tienen la obligación de ampararla y darle un marco adecuado en el que hacerlo. Ha de competir, explorar sus límites y mejorar, como cualquier persona. Debe sentirse atleta si es mujer, si es hermafrodita o sea cual sea su aparato reproductor. La historia del deporte nos ha recordado estos días casos parecidos al suyo y a todas las escalas, también en España. Deportistas a las que su peculiaridad las convirtió en noticia, deportistas que tuvieron que dejar de sentirse como tales. Mujeres a las que ahora todo el mundo busca y a las que, lógicamente, les cuesta y molesta recordar su calvario.

Tampoco tiene sentido juzgar a sus rivales por criticar la excepcionalidad de la joven sudafricana. No hicieron más que lo mismo que la mayoría de la opinión pública o que nosotros, los periodistas: dejarse llevar por la impresión. Son parte interesada y les cuesta entender la irrupción de un portento que rebaja ocho segundos su marca, o que se acerca al récord del mundo con sólo 18 años, cuando casi nadie lo ha hecho en un cuarto de siglo. Mayte Martínez no necesitaba disculparse, es humana y por tanto impresionable, pero lo hizo. Bravo por ella.

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El fútbol, el sofá y lo demás

20 Agosto, 2009 por Joan Justribó

Los alemanes también se quejan. Creíamos que la futbolitis era cosa sólo de España, y no. El fútbol ha tomado el mundo. Eso está bien. Es un deporte apasionante, un espectáculo francamente divertido. Pero tapa todo lo demás, lo reduce a cenizas, a escombros, a reseñas breves en los periódicos. Y eso está mal.

He aquí que Alemania, una de esas escuelas tradicionales en el mundo del atletismo, de las que daban envidia al aficionado español, le ha girado un poco la cabeza a este Mundial. Los jóvenes, se queja la gente del atletismo germano, no están para sufrir, la sociedad se ha vuelto cómoda y la juventud, más aún. Y el estadio no se llena. Ni siquiera el día de los 100 metros. Quien escribe esto vio, hace siete años, el Estadio Olímpico de Munich lleno cada día para un Europeo, todos los espectadores con su programa en la mano, con los atletas y las citas destacadas bien ‘empollados’. Y llovía, hacía frío. En Berlín hace un calor razonable, incluso agradable. Y la grada no responde, como pasó en Osaka.

Las entradas son caras, es verdad, pero el problema viene de lejos. El atletismo ha perdido cuota entre la juventud; el fútbol se lo come todo. Una encuesta reciente en Berlín entre los jóvenes reveló que muchos de ellos jamás habían oído hablar de Jesse Owens, el mito al que este Mundial ha recuperado para la memoria histórica del deporte porque aquí, entre estas columnas, alrededor de los 60.000 asientos y los 64 escalones del Olympia Stadion, desafió y ganó a Hitler. Y no saben quién es.

Tampoco saben quién es Armin Hary, el primer blanco europeo en hacer un 10”0 en los 100 metros hace medio siglo, el hombre que, decían, tenía un sexto sentido para ‘robar’ la salida, anticiparse al disparo del juez. Tampoco les suena Ulrike Meyfarth, poesía en movimiento en el salto de altura.

Así que el debate de la falta de sacrificio de la juventud actual, del desdén por el exigente deporte individual y por el duro entrenamiento que supone el atletismo, va más allá de España. Toda la Europa atlética está preocupada por ello, mientras África y muchos países de economías precarias encuentran proyectos de atleta dispuestos a todo por prosperar. La Playstation, el deporte del sedentarismo, ha alejado a los chavales de las pistas, de las piscinas, de la bici y de cualquier cosa que exija disciplina y trabajo.

Seguirá habiendo Martas Domínguez, pero poquitas. Las categorías inferiores españolas, sobre todo en pruebas de mediofondo y fondo, se están plagando de chicos de origen magrebí que en muchos casos nacieron ya en España, después de que sus padres emigraran. Es lógico, un paso más en la corriente migratoria, como le sucede a Francia, muchos de sus atletas de elite tienen sus genes en el Magreb.

El Barça es más que un club y el fútbol es más que un deporte”, decía Marta Domínguez. En otras palabras, no se puede competir con el gigante, pero hay que sobrevivir, seguir en la tele, ilusionar al espectador. Y eso sólo se conseguirá con resultados. De lo contrario, lo único que crecerá en el atletismo será el ‘boom’ de las carreras populares, como viene pasando desde hace una década. Es un fenómeno excelente, pero que vincula básicamente a los veteranos, a la gente de más de 35 años, con el deporte. A los jóvenes hay que atraparlos para el atletismo desde la escuela, y con buenos entrenadores. Es la guerra contra el sofá.

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El día del Barça en Berlín

19 Agosto, 2009 por Joan Justribó

Kemboi es azulgrana
El triplete tiene que salir por todas partes. Hasta en el Mundial de atletismo. Marta Domínguez dijo tras ganar el oro, para explicar el efecto que tiene el fútbol sobre el resto de deportes, que “si el Barça es más que un club, el fútbol es más que un deporte”. Quizás por eso Marta (y porque le gusta el buen fútbol), que es del Madrid, viajó a Berlín con una camiseta especial del Barça, conmemorativa del triplete. Una camiseta que le hizo llegar Nike, y en la que pone en la espalda ‘Marta’ con el dorsal 1. “Como soy del Madrid, se la dejé a César (su entrenador) y la lleva él”, explicó. En efecto: en la imagen de la fiesta post-medalla que publica Mundo Deportivo, aparece esa camiseta. Leer el resto de la entrada »

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Recuerdos de Marta

18 Agosto, 2009 por Joan Justribó

Ya han pasado de las nueve de la noche del martes en Berlín. En la zona mixta, entre una ensalada de sudores nada agradable por la acumulación de cuerpos (suena duro, pero era así) en apenas diez metros cuadrados, un gentío excitado espera a Marta Domínguez. Acaba de ganar su primer oro mundial, otra medalla más para la docena que guarda en casa la atleta de la cinta rosa, la mejor atleta española de siempre, quizás la mejor deportista española del momento. La mayoría llevan libretas, un boli gastado y se preparan para escribir apresurado y mal, con prisas, con garabatos que quieren parecer, sin serlo, taquigrafía. Todos llevan ese plan menos los políticos, Pérez Rubalcaba y Lissavetzky, que esperan también para felicitar a Marta. Rubalcaba parece tímido, no quiere molestar a la atleta. “Vámonos”, le dice a Lissavetzky, y éste insiste para que espere a Marta. “Ahora mismo llega, ya verás”.

Pero Marta tiene trabajo. Acaba de ganar el oro y tiene trabajo: hablar con cada radio, cada tele, en un paseo por etapas que se hace infinito. Llega al fin y aparece la Marta radiante, feliz, nada que ver con la campeona concentrada que no está para nadie en los días previos a la gran batalla. Te lo perdonamos. Siempre lo hemos hecho. Leer el resto de la entrada »

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Nueve segundos y medio

17 Agosto, 2009 por Joan Justribó

Usain Bolt nos ha cambiado una verdad que creíamos absoluta. Los 100 metros duran 10 segundos. Había sido así toda vida. Cuando un servidor era pequeño, o incluso antes. También después, hasta hace poco. Porque un 9”9 o un 9”8 nos parecía un esfuerzo titánico. Vale, pues ahora los 100 metros se corren en nueve segundos y medio. O al menos los corre él. Leer el resto de la entrada »

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Aquí no entra nadie

17 Agosto, 2009 por Joan Justribó

Mundial de Atletismo, BERLIN.

Una ciudad dentro de una ciudad. O, mejor dicho, una fortaleza, con carceleros y todo, dentro de Berlín. Y con puerto para barcos. Así es el Hotel Estrel, el reducto de la selección española de atletismo en el Mundial de Berlín. Es uno de los más grandes complejos hoteleros de Europa, pero con tal tamaño que parece irreal y de dudosa rentabilidad. Y poco ‘amable’, por cierto.

De la grandeza del sitio pueden dar fe los atletas españoles y los del resto de delegaciones que, casi todas, tienen aquí su casa durante el campeonato. Y caben todos, porque el Estrel tiene 1.125 habitaciones, seis restaurantes, el famoso amarradero en el río, tropocientas salas de reuniones… y los ‘seguratas’ más eficientes del mundo.

No se cuela nadie. Nadie que no lleve la acreditación de atleta o miembro de equipo, claro. Si el color de tu cartón es amarillo (presa escrita) o morado (radio), está crudo el tema. Rápidamente aparece un armario empotrado con auriculares en las orejas para acompañarte de vuelta a la salida. Ni siquiera el presidente del Comité Olímpico Español pudo, el pasado jueves, entrar al recinto como una persona normal. Sólo tras la negociación pertinente llegó el permiso ‘diplomático’. Y costó lo suyo.

El hotel, por otro lado, es fantástico. La comida es buena, lo certifican los atletas, aunque entre ellos hay mucho maniático de la comida de casa, del hornillo para los spaghettis (Julio Rey, años atrás, no viajaba sin él), del aceite de oliva. El problema no es ese, sino el dichoso aire acondicionado, el anticristo de unos atletas que llegan muy finos, sobre todo los fondistas. Un soplo de aire de más significa un resfriado seguro. Así que abundan las mangas largas, los jerseys y las manos en la boca. Eliseo Martín, el obstaculista, ya ha tenido que pedir varias veces que suban la temperatura de la planta. Bastante difícil es luchar ya con los kenianos, como para tener que hacerlo con la gripe.

Y así, castigados a estar en la puerta, a mirar a los seguratas, el teatrillo de los periodistas es ver los entrenamientos de los españoles en la amplia avenida del hotel. Y es entretenido. Pasa Marta Domínguez con el chandal abrochado hasta arriba (hace fresco en Berlín…) y a toda leche. Veloz, veloz. “Desde luego estás en forma”, bromeo, y ella sonríe. “Ya veremos”, dice. Pasa Blanco, con la gorra puesta del revés y quejándose del frío. El singular obstaculista hace coña abundante de los madrugones que les dan los ‘vampiros’, los señores que hacen los controles de dopaje por sorpresa. A las seis o a las siete de la mañana, por si tienes insomnio. Unos minutos de charla y Landa, el responsable de fondo de la RFEA y a la vez su entrenador, se lo lleva al hotel. “Vamos, que hace fresco”. El dichoso resfriado da miedo.

Pasa Bea Pascual a un ritmo diferente al de Marta. Lo suyo es la marcha, claro. Y sale a entrenar Natalia Rodríguez, tímida como siempre. Y así pasa la mañana hasta la hora de pelearse con el tren y el metro, los ‘amigos’ de la prensa en Berlín. Porque este Mundial también es el de la crisis. Hay recorte de gastos, y las tijeras han empezado por el transporte de la prensa, los prácticos autocares que comunicaban los hoteles con el estadio. Ahora, mapa en mano y al metro, amigo.

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Las entradas, muy caras; la IAFF no reacciona

1 Septiembre, 2007 por Joan Justribó

Una barbaridad lo que los japoneses han de pagar para ver en vivo el Mundial en el estadio Nagai. La entrada más barata sale por entre 5.000 y 6.000 yenes, que vendrían  ser unos 40 euros. Y, claro, el estadio no se llena ni por la noche, y en jornadas tan apasionantes omo la de ayer, en la que Wariner podía batir el récord del mundo de 400 metros y Liu Xiang, animado por una ruidosa colonia de aficionados chinos, podía hacer lo mismo en las vallas altas. Demasiados claros, sobre todo en la zona de las entradas caras, y un aspecto de media entrada, apenas 30.000 personas, que duele, porque si una vez al año el atletismo no puede permitirse enseñar ‘cemento’ es aquí, en el mejor producto que puede vender, el Mundial. La IAAF dice que no ha podido hacer más, que esto es cosa de los organizadores, que han pasado olímpicamente de ellos. Leer el resto de la entrada »

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Otra vez el juez

31 Agosto, 2007 por Joan Justribó

Nueve y media de la mañana. En el estadio, una atleta vestida de rojo, tercera, tiene cerca a la segunda, a pocos metros de la meta. ¿Les suena la película? Sí, como lo de Paquillo y su descalificación n los 20 kms. marcha masculinos. Pues la situación podía repetirse en la final femenina. De hecho, todo estaba igual al llegar al estadio, sólo que la distancia era un poco mayor y la rusa que María Vasco llevaba delante no estaba tan tocada como el tunecino Ghoula, y María ni arriesgó. Pero en la pista estaba el mismo juez, el estadounidense que la lió con Paquillo y, claro, en la delegación española ya estaban con la mosca detrás de la oreja. El presidente de la Federación Española, José María Odriozola, al que por si acaso le volvía a tocar estar en el comité de Apelación, no le quitaba el ojo de encima. A él también se le pasó por la cabeza que, puestos a hacer cosas raras, le podría aplicar la misma norma que  Paquillo. Pero no. Hubiera sido demasiado.

CON VOCEROS SE COMPRA MEJOR

Mañana tranquila la del jueves, que por una vez ya está bien. Al enviado especial no se le puede olvidar traer regalos para la familia, amigos o compañeros, aunque este ritual a veces se converte en una pesadilla. No hay tiempo de perderse entre las tiendas, ni ganas de que a uno le timen, y la maleta, ya llena a la ida, no es un chicle que se expande para que quepa todo a la vuelta. Hay que comprar con mesura, sea en un mercadillo, grandes almacenes o en la tienda oficial del Mundial, que suele ser lo que está más a mano. Imagina uno que comprará tranquilo, sin que le presionen, porque este es el país de la educación, de las reverencias, en el que el espacio físico de uno es sagrado, porque el japonés no se’toca’ con los otros. No hay palmadas, no hay abrazos (como mucho entre los jóvenes), no hay roce. Sólo reverencias, cabezas inclinadas. Así que se supone que podrás pasear y comprar tranquilo, pero entonces aparece la fra del ‘vocero’ profesional, el incitador de la compra, que te sacude como un relámpago y por un momento piensas que has vuelto a la antigua España del vendedor ambulante. El ‘vocero’ japonés grita, y mucho, y no es una figura de mercadillo. Puedes verle a la entrada de una tenda de lo más normal, invitando a la gente a que entre, o incluso, y esto es fuerte, dentro de unos lujosos grandes almacenes, como si fuera necesario animar la compra en unas rebajas. Uno de ellos me perfora el tímpano, le miro y no se da por aludido. Está bien. Aquí no compraré. Otra curiosidad: no busquen ropa más o menos joven o de niños que lleve caracteres japoneses a la vista. Lo que para nosotros es exótico, un recuerdo evidente que todo aquel que lo mire relacionará enseguida con Japón, para ellos es rancio. Prefieren que las ‘letritas’ sean en inglés.

 ¿JAPONÉS O INGLÉS?

Por estar donde estamos, la habitual mayoría europea entre los periodistas del Mundial se ha onvertdo aquí en un empate o incluso derrota respecto al enorme contingente de enviados japoneses y chinos. Preparando la aventura olímpica del próximo año, los enviados especiales españoles juegan a adivinar si la conversación que oyen a sus espaldas es en chino o en nipón. Y, bueno, ya lo tenemos claro. Lo sabemos distinguir, aunque no entendamos una palabra. El chino suena saltarín, lleno de ‘is’. “Como una moneda cayendo al suelo”, dice Joan Carles Armengol, de El Periódico. El japonés suena duro, cortante, enfadado, y sostiene las vocales finales.

 LA BISUTERÍA, EN EL VESTUARIO

Vaya guasa se montó con lo de Sanya Richards en las series de 200 metros. No se le ocurre otra cosa que ponerse a ompetir con un broche en el pecho valorado en 20.000 dólares. Y, como la ley de Murphy no descansa, sele cayó rodando por el tartán. Veinte años atrás, Lola Flores fue capaz de parar su actación en el programa de Iñigo para que todo el plató, incluido el público, se pusiese a buscar el pendiente. Sanya no tuvo valor para hacerlo ante 50.000 espectadores, pero se pasó toda la carrera pensando en ello, y al acabar un ejército de expeditivos vluntrios peinaron lioteralmente la pista hasta dar con la ‘baratija’. Seguro que no vuelve a hacerlo.

 AOUITA, QUÉ CAMBIO

Anda por el Mundial Said Aouita con la credencial de periodista al pecho. Aouita fue lo que Morceli y El Guerrouj después, y lo que Coe, Ovett y Cram habían sido antes en el 1.500: el rey absoluto. Hoy parece otro, envejecido y calvo, y bastante menos imponente, por ejemplo, que su coetáneo José Luis González, comentarista en TVE, que conserva una gran presencia aunque los kilos, claro, han crecido. También puede verse a Steve Ovett, el campechano, el tipo abierto de esa pareja antagónica que protagonizó con sir Sebastian Coe, al que ya de atleta se le vía que iba a acabar en las altas esferas. Ovett es todo un bromista, el amigo que puedes encontrarte en el pub con una cerveza, y lo más antagónico al ceremonioso y estirado Coe.

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¿Dónde están los ladrones?

29 Agosto, 2007 por Joan Justribó

Bienvenidos al país de la inseguridad ‘0’. Aquí, al menos que un servidor haya visto, no hay ladrones ni se les espera. Nada, ni un movimiento raro, ni una pandilla juvenil de madrugada mirando posesivamente tu bolsa con el ordenador, ni un carterista. En Japón, el hurto o el pequeño delito son más que residuales, herencia de una educación estricta de la que en Occidente deberíamos aprender. Al japonés ni se le ocurre mirar lo ajeno, y la marginación, aunque existe y se pueden ver vagabundos por las calles de Osaka, es mínima. Y al enviado especial, acostumbrado a mirar con prudencia al otro lado de la calle, a echar mano de su cartera con una rapidez enfermiza, fruto de algún que otro susto en otros viajes –o en casa-, esta paz le choca. De verdad. Quise sentir miedo a las cuatro de la madrugada, volviendo de trabajar y cenar través de un angosto pasadizo subterráneo que conduce al hotel, y no pude. Dicen aquí, puede que exagerando, que alguien puede dejarse la cartera en medio de la calle y sólo pueden pasar dos cosas: A: que al cabo de unas horas, cuando te des cuenta y regreses, siga allí, intacta. B: que alguien la recoja y se desviva por averiguar en qué hotel estás y te la traiga entre reverencias. Igualito que en España. Leer el resto de la entrada »

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¡Alto! Viene el emperador

28 Agosto, 2007 por Joan Justribó

BekeleUstedes me perdonarán, pero entre la catarata de páginas que un servidor debe escribir a contrahorario cada día en la edición impresa de Mundo Deportivo, la crisis del ‘Búfalo’ (luego les explico), que me dejó sin conexión en la red, estando como estoy en el país líder de la tecnología, la falta de horas de sueño y la loca carrera de autobuses y metro en que se convierte este Mundial, he tenido un poco olvidada esta sección. Trataré de compensarles con un buen surtido de ráfagas de lo que he visto, me ha pasado y pienso desde que estoy aquí. Leer el resto de la entrada »

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