Necesitaba el Barça una victoria como la del Liverpool ayer en el Bernabeu. Tampoco hay que exagerar, no era una cuestión de vida o muerte, pero ha calmado las ansias de todos esos culés que, víctimas de su propia naturaleza pesimista, se han dejado llevar por la infame guerra de medios de las últimas dos semanas, centrada básicamente en deshonrar al Barça de todos los honores adquiridos desde principios de temporada. Notar que, tan viles son los misiles madridistas, como ingenua y autolesiva es la respuesta de los medios barcelonistas.
La explicación de lo que le pasa al Barça es sencilla: está en una mala dinámica. Una dinámica en la que todos los factores que pueden influir en el resultado de un partido van en contra. Por más explicaciones técnicas que se puedan hacer de los partidos (y se deben hacer), la dinámica se va a cambiar con un golito de Hleb con el trasero, por ponerlo surrealista. Como decía, siendo la guerra de medios uno de esos factores influyentes, la derrota ayer del Madrid le viene bien al Barça; se embozarán por unos días los desagües de la brunete mediática y se verterán menos residuos sobre las, hasta hace poco, cristalinas aguas barcelonesas.
Pero la derrota del Madrid me provoca también el sentimiento, si cabe, infantil de “te lo dije y tú no me creías”. Y es que es muy fácil poner en duda la capacidad de un equipo como el Barça, cuya propia apuesta loable y atrevida genera unos exagerados niveles de exigencia, cuando sus rivales juegan con un sólo delantero y le cosen a patadas. Ante la falta de calidad del Madrid, el Liverpool apenas necesitó lo primero.
En España, es normal que equipos (este año, Racing o Betis por ejemplo) se salgan con la suya ante el Barça y no ante el Madrid. El temor reverencial de los equipos españoles al Madrid le hace inmune hasta en tiempos de crisis. Pero como dice Sámano y como dirían intelectuales, emprendedores y demás, Europa es otra cosa.







