El Barcelona está a punto de desembolsar 25 millones por Chygrynsky, un futbolista al que casi nadie conocÃa hace medio año y que ahora parece tan imprescindible que ya nos lo imaginamos como el nuevo Beckenbauer, pero con el pelo largo y hablando en ruso ucraniano. No entraré a valorar si es justa o no esta cantidad en un verano en que se han llegado a pagar 94 millones por un único jugador, pero sà que sorprende la intransigencia de Josep Guardiola en su elección. Sin ir más lejos, este mismo fin de semana el Manchester City se ha gastado casi 30 millones de euros por Joleon Lescott, un central que a priori no me parece mejor que Dmytro Chygrynsky. Tampoco entraré a valorar si el jugador del Shaktar es tan bueno como para costar ese dinero, puesto que apenas lo he visto jugar un par de partidos y soy de los que, como muchos, confio en qué si Guardiola lo pide con tanta insistencia, es que debe ser bueno.
Hay, sin embargo, algunos factores que explican la insistencia del técnico y que apenas se han comentado, pero que pueden echar un poco de luz sobre el tema. Hace dÃas un conocido próximo al entrenador me explicaba que Pep pidió en navidades a tres jugadores: David Villa, para suplir a Samuel Eto’o, Frank Ribéry, para el carril izquierdo, y Dmytro Chygrynsky, para la posición de central. El técnico aconsejaba atarlos cuanto antes, pero la secretarÃa técnica, sumido en una espiral de tÃtulos y buen juego, fue esperando a final de temporada para cerrar las negociaciones, en parte esperando que el factor tÃtulos y buen juego jugara a su favor. Lo que nadie o muy pocos esperaban era la pomposa irrupción de un Florentino Pérez que disparó el mercado, encareció el precio y torpedeó los fichajes de Ribéry y de Villa, pese a que el asturiano estuvo muy cerca del Camp Nou.
Guardiola, un tio tranquilo y poco amante de los incendios, se guardó mucho de expresar su mosqueo en público, pero en contrapartida con su tercera petición fue taxativo: Chygrynsky o nadie, aunque ni tan siquiera pueda jugar la Champions. Esta posición radical también puede sorprender por parte del técnico, pero no tanto si tenemos en cuenta que es una posición delicada y que el de Santpedor ya ha tenido que tragar en el pasado con dos jugadores a los quen o querÃa (Henrique y MartÃn Cáceres) y que por el precio que se ha pagado parecen muy lejos del ‘perfil Barça’. Asà que, para que no se la volvieran a colar, Guardiola se ha plantado en el ucraniano pensando, bastante acertadamente, que puede ser que la apuesta le salga rana. Pero, por lo menos, será su apuesta y no la de otros que combinan con pasmosa facilidad aciertos deslumbrantes como Piqué o Yaya Touré con fichajes de muy dudosa procedencia y calidad.