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Las comparaciones (con Messi) son odiosas

Miércoles, 23 Septiembre, 2009

Desde que debutó, la carrera de Leo Messi ha estado salpicada por las comparaciones, pero el astro argentino las ha ido superando una a una con una tranquilidad tan pasmosa como su superioridad hasta ostentar un posición de mejor jugador del mundo que, actualmente, parece absurdo contestar.

Robinho, el primero

La primera de las (odiosas) comparaciones que ha tenido que soportar el de Rosario Central es con Robinho y data del año 2005. Por entonces el argentino ya había ganado el Mundial Sub-20 con dos goles en la final a Nigeria, pero aún no había explotado con el primer equipo azulgrana, pese a que ya había dispuesto de esporádicas apariciones. El Madrid, por contra, acababa de pagar más de 24 millones de euros por un extremo rápido y habilidoso, al que muchos en la capital querían encumbrar como el nuevo Ronaldinho (el de entonces, no el de ahora). Rápidamente, salieron las primeras comparaciones, pero cuando Messi obtuvo en septiembre del 2005 la doble nacionalidad y empezó a entrar con regularidad en el equipo de Rikjaard, que fue campeón de Liga, la comparación se desvaneció. La primera temporada de Robinho en el Madrid fue nefasta, marcando sólo 12 goles en todas las competiciones, mientras que el argentino, con apenas 18 años ya fue campeón de Liga y de la Champions con actuaciones determinantes y lesión incluída, que no le impidió apuntarse 7 goles. Y eso, pese a jugar pocos partidos.

Sergio Agüero, el siguiente

El siguiente en pasar la humillación pública de ser comparado con Leo Messi fue Sergio Agüero. Por su técnica, por su vinculación con Maradona, su parecida edad, por el dinero que había costado y por su calidad ,desde la capital quisieron presentarlo como el oponente perfecto. En la temporada 2007/08 el colchonero se disparó hasta los 28 goles, por los 16 de Messi, lo que dio pie a inicios de la campaña siguiente a ponerlos frente a frente en los reportajes de prensa. El punto culminante de este ‘enfrentamiento’ llegó en un duelo en el Camp Nou entre ambos equipos, pero se saldó con un 6-1 para el FC Bracelona, dos goles de Messi y con el colchonero deambulando por el campo. Luego, Agüero se fue hasta los 20 goles, pero lejos de los 32 del azulgrana.

Arjen Robben, el efímero

La comparación más efímera y que más burlas despertó fue con Arjen Robben, a mediados de la temporada pasada, después de un par de partidos buenos del ahora jugador del Bayern de Munich. Tras varias exhibiciones de Leo Messi, el mismo extremo holandés salió en la prensa pidiendo públicamente que no lo compararan con el argentino, porque era mucho mejor.

CR7 claudicó en Roma

Quizás el oponente más duro que ha tenido Leo Messi en esta pugna mediática ha sido Cristiano Ronaldo, pugna que encaró en inferioridad de condiciones, ya que el luso era un jugador ya consagrado, mayor, más experto y con un Balón de Oro a sus espaldas. La final de Roma del mayo pasado fue el escenario épico en el que dirimir este enfrentamiento periodístico y, pese a que los ingleses eran los favoritos y Cristiano estaba respaldado por el campeón de Europa, el argentino volvió a salir claramente ganador: El Barça fue campeón con un gol incluído del argentino.

El fichaje de Cristiano por el Madrid ha permitido a algunos sectores de la prensa alargar hasta la presente temporada este enfrentamiento ya dirimido. Sin embargo, pese al buen inicio goleador del portugués, Leo Messi ha empezado tan bien, de manera tan abrumadora, que de momento el duelo se ha planteado con la boca muy pequeña.

El último, Diego Armando Maradona?

Quizás la última comparación que le falta al astro argentino por superar sería la más grande y la imposible de dilucidar directamente: la de Diego Armando Maradona. De momento, Messi ya ha dado muestras más que suficientes de mayor calidad que el D10S argentino, con dos Champions e incluso un gol idéntico al que parecía irrepetible de Diego a Argentina, pero le falta triunfar en un Mundial para acabar definitivamente con esa leyenda. Hoy mismo, con lo mal que está Argentina, parece algo muy lejano, pero viendo la calidad y la facilidad con la que revienta las comparaciones ‘la pulga’, yo no lo diría demasiado alto.

 

 


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Fichajes del Barça? Calma y tranquilidad

Sábado, 20 Junio, 2009

Empieza a detectarse en el entorno culé un cierto hálito de impaciencia ante la ausencia de fichajes, lo cual demuestra quan escasa es la paciencia en el mundo del fútbol. En primer lugar, lo lógico es saber quién se queda y quién se va, para luego ir a buscar con cabeza lo que te falta. Y en eso ha centrado Txiki Beguiristain y la junta sus esfuerzos: renovar ahora es una tarea complicada, puesto que los jugadores se sienten fuertes tras el triplete y piden (con argumentos sobrados) la luna por seguir vistiendo de azulgrana.

El segundo problema que hay ahora mismo es que el mercado está en ebullición. Los dos últimos grandes fichajes europeos son los galácticos del Real Madrid, que han inflacionado los precios y han insuflado una cantidad enorme de dinero en dos equipos grandes, que a su vez tienen ‘cash’ para ir a negociar. Eso implica que los clubes que disponen de jugadores apetecibles han echado el freno en sus intenciones vendedoras, esperando ofertas descabelladas por sus diamantes. Tiene su lógica y ante eso sólo se puede esperar a que se enfríe el mercado y vuelva a cifras un poco más cabales. No voy a caer en la tentación demagógica de criticar lo que el Madrid ha pagado por Cristiano y Kaká. Cada uno es dueño de su dinero y lo invierte como quiere. Lo que sí que encuentro un error estratégico por parte blanca es el orden de los fichajes. En primer lugar, los blancos han reforzado la delantera, cuando el verdadero punto débil que tuvo la temporada pasada fue su defensa y, especialmente, su capacidad de creación en el centro del campo. Cristiano y Kaká son dos enormes jugadores que no sobran en ningún equipo, pero el Madrid necesitaba ahora otras cosas, como por ejemplo un central y un medio centro creativo, al estilo Cesc Fábregas. En cambio, se ha gastado el oro y el moro por dos delanteros y ahora todo el mundo le pide barbaridades cuando va a buscar jugadores de menor nombre, pero quizás más necesarios en la composición el equipo.

Cesc Fábregas, si falla Ribéry

Volviendo al FC Barcelona, calma y paciencia. Lo primero es que hay que decir es que es trata de la mejor plantilla de la historia del club y el equipo que mejor fútbol ha hecho esta año en todo el mundo. Es decir, que empezar con esto, ya es arrancar a un nivel altísimo. Lógicamente hay que buscarle recambio a los que se van (Sylvinho y Jorquera), a los que probablemente se irán (Gudjohnsen) y un ariete de talla mundial por si lo de Eto’o se acaba rompiendo, que recordemos que el año pasado ya estuvo con un pie fuera y se acabó quedando. El Barça debe dormirse en los laureles, pero tampoco necesita volverse loco para fichar ahora a jugadores de primera línea. Puede permitirse el lujo de esperar unas semanas o, incluso, un año.

Viendo como está em mercado, yo apostaría por fichar un par de jugadores contrastados, pero que no estén en la rueda mediática de todos los traspasos y, por lo tanto, artificialmente encarecidos, y me la jugaría con un par de jugadores jóvenes. Lógicamente, Ribéry es apuesta segura, pero lo veo prohibitivo con la pasta que tiene el Manchester y el Madrid y Zidane por medio. Así pues, personalmente lo que haría es gastarme el dinero por Cesc Fábregas, un jugador ganador, con perfil y calidad Barça, y Mascherano, por el que tengo debilidad. Dos medios? Sí, porque teniendo a Cesc puedes permitirte el lujo de subir a Iniesta al extremo izquierdo. El lateral izquierdo? Teniendo a Abidal basta con fichar a un jugador joven y con un poco de proyección para ir dándole minutos. Pagar 10 millones por Luis Filipe? Demasiado, la verdad, cuando por Piqué el Barça pagó cinco.

Todo esto, contando que Eto’o se quede. Si se vende, un nombre que no ha sonado y que para mi sería demoledor en este Barça es Fernando Torres. Ya que se negocia con el Liverpool por Mascherano, yo intentaría meter a Torres en el paquete y dar a Eto’o mas una buena cantidad de dinero a cambio. Sería una jugada maestra y un delantero de talla mundial, que tiene gol y clase se sobras para triunfar en el Nou Camp.

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Tropezar dos veces en la misma piedra

Jueves, 8 Mayo, 2008

808379.jpgEl Barcelona vivió ayer en el Bernabéu el enésimo ridículo, quizás el más doloroso de todos ellos, de una temporada que está poniendo a prueba la resistencia del sentimiento barcelonista de muchos aficionados. Y ya no se trata de ganar o perder, sino de la imagen de una plantilla que si hace dos años era el reflejo de una junta trabajadora y emprendedora, ahora compone una metáfora casi perfecta del proceso de caos y decadencia que se está viviendo en la oficinas del Nou Camp. Lo único positivo de semejante desaguisado, de tan grande humillación, es que ahora nadie puede cerrar los ojos a la realidad del equipo, como ya se hizo la temporada pasada, pese a que muchos avisamos que la situación era grave. Se perdieron hasta siete títulos con un equipo mucho más ‘hecho’ que el actual y se dejó escapar la Liga ante un Real Madrid más débil que el actual, con ‘meneo’ incluído del Getafe en la Copa, pero se optó por maquillar el equipo y mantener la misma línea.

Ya hemos visto el resultado de semejante actuación, pero lo malo, lo triste, es que nadie asume las culpas. Laporta mira hacia Txiki, el director técnico, hacia Frank Rijkaard, el técnico a los jugadores y éstos, hacia el presidente completando un círculo que ha pasado de ser virtuoso a vicioso. Aún es hora que salga alguien en rueda de prensa y reconozca que se ha equivocado, algo que personalmente me saca de quicio. Mi posición ante un error ajeno es restarle importancia, porque todos nos equivocamos, pero exigir que se reconozca el error, puesto que es el primer paso para no volver a cometerlo. No hay mayor estupidez humana que tropezar dos veces en la misma piedra y creo sinceramente que vamos por el mismo camino con la elección para el primer equipo de Josep Guardiola.

Desde que el club ha filtrado a los medios de comunicación que será el nuevo técnico, la línea oficial de la mayoría de columnistas y periodistas ha sido la de alabar al entrenador del Barça B: no es plan de empezar criticando a alguien con el que vas a tener que convivir a diario, pero al que vas a poner a parir a la mínima de cambio. Por mi parte, debo confesar que tengo malas sensaciones respecto a esta elección y prefiero hacerlo ahora que sumarme al carro de los que reman a favor de la corriente. Y ojalá me equivoque. De verdad.

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El problema ya no es tanto si Josep Guardiola es un buen entrenador o no y si está capacitado para dirigir al primer equipo Barcelona, sino si es lo que necesita ahora mismo el club. Y ahí lo tengo claro: no. El Barcelona lleva tiempo sin tomar decisiones drásticas, que vayan directamente al centro de los problemas reales del equipo que son la falta de compromiso, de implicación y de carácter de los jugadores. Ahora mismo, ese es el principal problema y el mal a solucionar, más allá de tácticas, sistemas e incluso fichajes. Y os lo dice uno que es un apasionado de los sistemas tácticos.

Cuando el Real Madrid vivió el big bang de su Galaxia contrató a Fabio Capello, un entrenador cuyo equipo jugaba de un modo metalúrgico, poco agradable a la vista, pero que supo tomar medidas drásticas y llevarse un título de Liga ante el vigente campeón de Europa. No era un virtuoso, pero tenía dos o tres cosas claras y supo aplicarlas. Ahora, ante un proceso similar o incluso peor, el Barcelona confía el mando de la nave a un jugador que h mamado la filosofía del ‘Dream Team’, que tiene línea directa con un Johan Cruyff que asegura que no manda (aunque ‘aconseja’), que ciertamente es inteligente y conoce a fondo el Barça y su entorno, pero que no tiene experiencia ni argumentos como entrenador para tomar determinadas medidas drásticas que se precisan ahora mismo. Como muchos han apuntado, la contratación de Guardiola es una apuesta arriesgada que, por supuesto, puede salir bien, pero que ‘a priori’ también cuenta con muchas opciones de ir mal. En el fútbol no hay fórmulas matemáticas que te lleven a un resultado garantizado, pero está claro que si haces las cosas bien y con sentido común, tienes muchas más opciones de que te salgan bien. Y ojalá me equivoque, pero ya hace tiempo que en Can Barça las cosas no se hacen bien y no parece que haya un cambio de línea.

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El compromiso, la clave de la reconstrucción

Miércoles, 7 Mayo, 2008

g0507.jpgEl miércoles 7 de mayo quedará guardado en la particular historia de los Madrid-Barça como el día en el que los azulgrana fueron el convidado de piedra a la fiesta de celebración del título blanco. Una situación, con pasillo incluído, que ha levantado mucha expectación y numerosos comentarios ya días antes de su consumación. Los he visto de todos los colores, como los de Enric Banyeres, reclamando que los azulgrana no hagan el pasillo, una solución que me parecería simplemente vergonzosa. Duele ver al Barça en esa tesitura? Es una situación humillante? Evidentemente, pero más humillante ha sido para la mayoría de socios y aficionados la temporada que ha hecho un equipo plagado de cracks y que ha protagonizado capítulos vergonzosos, como la eliminación en la Copa ante un Valencia desquiciado al que el domingo le metieron un 6-0.

Es por todo esto que la posición valiente y deportiva es asumir la responsabilidad y formar un pasillo ante un Real Madrid que puede que no haya hecho un fútbol de campanillas, pero que por lo menos ha tirado de casta y narices para ganar justamente esta Liga. Otra cosa, y esto tampoco hay que olvidarlo, es la mofa de algunos jugadores durante las celebraciones y de los periódicos de Madrid al Barça y al pretendido pasillo. Portadas como la del As tras la eliminación ante el Manchester (… Y queda el pasillo) o la del Marca hoy (Barça es aquí) supongo que deben vender más, pero hacen gala de la misma falta de deportividad que los periodistas o aficionados del Barcelona que piden que no se haga el pasillo. Y, personalmente, me parece más triste no saber ganar, que encajar mal una derrota.

Habrá a quién le duela y a quién no

Probablemente, habrá jugadores que hoy sientan un ligero sentimiento de humillación al hacer el pasillo al Real Madrid. Una buena señal, puesto que por lo menos demostrarán que tienen algo de dignidad personal y que, a lo mejor, sienten algo los colores del escudo que llevan en el pecho. Hay otros que se quedarán en su casa y quizás esta noche saldrán de fiesta, mientras que hay quién ante el Valencia, en un partido altamente disputado, vieron sendas cartulinas amarillas que les impedirán jugar hoy en Madrid. En primer lugar, si yo sé las tarjetas que me han sacado en una liga de fútbol sala amateur, cómo no van a saber los jugadores si están apercibidos de sanción o no? En segundo, a Deco le he visto bastantes veces hacer entradas de este tipo, pero y Eto’o? Qué sentido tiene que un delantero centro, completamente en frío y con 3-0 en el marcador, haga una entrada absurda a un defensa? Ya lleva varios artículos diciendo quién ha sido el principal dinamitador del vestuario en los últimos años y no tengo ganas de seguir por el mismo camino, porque me aburre, pero espero que los que aún confiaban en el camerunés se den cuenta de cómo es realmente como persona. Y si queda alguien que no lo haya visto, que lea las declaraciones que hizo Eto’o el sábado reclamando “acabar la temporada con la cabeza alta”. Para ser un líder no hace falta decirlo públicamente; cuando alguien juega tocado, no corre a decírselo a la prensa; si alguien quiere demostrar orgullo, no hace una tarjeta para borrarse en Madrid; sencillamente, calla, juega y demuestra cosas.

Comportamientos como los de Eto’o, Deco o Henry, que estuvo una hora y media hablando por el móbil tras el partido de Manchester y riéndose a carcajada limpia, son lo que se deben erradicar si se quiere que este club vuelva a luchar por títulos. Ya casi da igual quién sea el entrenador, si tiene experiencia o no, si no se cortan de cuajo estos comportaminetos inadmisibles. La afición y la prensa no están tan decepcionados por haberlo perdido todo, sinó por el choteo generalizado de la junta y por actitudes impresentables, egoístas y de niños malcriados de una parte de la plantilla. La ‘limpieza’ si que de verdad va a existir, debe realizarse según este parámetro, el del compromiso, porque el de la calidad nadie se le discute a estos jugadores. Ahora bien, el desenlace de la Liga española ha sido el más claro ejemplo de que calidad sin actitud no sirve de nada y que una gran actitud, con la dosis necesaria de calidad, es una buena base para ganar títulos.

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Citas: La lógica de Joan Gaspart

Martes, 15 Abril, 2008

“Tiene más opciones de ganar la Liga el Barça que el Madrid la Champions”

 

- Joan Gaspart (expresidente del Barça). Me gustaría que dijera también cuál de los dos tiene más opciones de quedarse en blanco

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El bisturí de Joan Laporta

Martes, 8 Abril, 2008

Joan Laporta vivió el domingo su primera pañolada en el Nou Camp por parte de unos socios y aficionados que expresaron así su desacuerdo con la manera como está gestionando la junta directiva el club en los últimos meses. Porque ésta es la única lectura válida que se puede hacer de semejante reacción espontánea, espoleada en gran medida por las declaraciones que esa misma mañana había hecho el presidente en L’Hospitalet ante las peñas del Barça. Fue, sin duda, la ‘versión 2008′ de la Vilafrancada de Eto’o, una serie de expresiones y declaraciones histriónicas que pasarán a la historia del imaginario más cutre, más cómico, de los directivos del FC Barcelona. Porque sólo así se puede definir el contenido de lo que dijo el presidente, que resulta tan burdo y tan absurdo que casi no merece la pena comentarlo.

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Acusar a algunos periodistas de no ser del Barça me resulta cómico, puesto que es totalmente cierto que hay algunos que no lo son… y tampoco lo esconden! Eso, por si mismo, no les invalida para ser buenos periodistas, puesto que incluso les permite analizar las situaciones con menos atisbos de pasión o con una mayor imparcialidad, del mismo modo que hay periodistas por los que puedo poner la mano en el fuego y asegurar que son mucho más del Barça y sufren el doble que cualquiera de los directivos. El otro apunte que quería hacer sobre su discurso es que me indigna que se quiera confundir la crítica a determinadas situaciones, acciones o personas en ir contra los intereses del club. Ser del Barça no implica reirle las gracias a los directivos y los jugadores, que es poco menos lo que pasó la temporada pasada, en parte porque el equipo había ganado un crédito descomunal, y así nos fue. Ser del Barça es denunciar las cosas que no van bien y dejar que la gente juzgue, aunque también es verdad que la crítica se puede hacer desde un punto de vista constructivo o de una manera incendiaria. Ahí no entro y cada periodista sabe por dónde van sus tiros.

Lo que me sorprende sobremanera es la tendencia megalómana que tienen muchos líderes, de cualquier ámbito, de confundirse a si mismos con la entidad en el paroxismo de su poder. Joan Laporta representa y dirige al Barça, pero no es el Barça, y criticarle a él, o a Rijkaard o a Ronaldinho por hechos concretos y argumentados no es querer hacer daño al club. Al contrario. Si repasamos sus declaraciones van en consonancia con las Josep Lluís Núñez, en las épocas más crispadas de su mandato, de Joan Gaspart, que ya sabemos todos como es, o incluso de grandes dirigentes dictactoriales de la historia que han llegado a confundirse a si mismos con el país al que eventualmente estaban gobernando y, quizás, llevando a la ruina o a guerras fratricidas. Y con esto no quiero establecer comparaciones directas globales, sinó que quiero señalar sólo actitudes concretas.

Porque, lo que sorprendió del discurso de Joan Laporta no fue el contenido, que roza el absurdo y va en radicalmente contra precisamente de lo que él hacía en su época del Elefant Blau, sino su tono, la crispación del mensaje, que denotan el enorme nerviosismo que sufre el presidente. Hay quién postula que el mandatario ha sido siempre así y que se ha sacado la careta. Yo creo sinceramente que no, pese a algunos deslices como lo del aeropuerto o el enfrentamiento con Juanjo Castillo a la salida de un restaurante. En este sentido, os contaré una anécdota. En el primer año de su presidencia, la junta directiva montó un torneo interno de fútbol con medios de comunicación y en el que había un equipo de directivos, uno del cuerpo técnico, otro del fútbol base… El día en que nos tocó jugar a Mundo Deportivo contra los directivos, Jan Laporta fue sonriente a cada jugador del nuestro equipo antes de empezar dándonos la mano y diciendo “Hola, sóc en Joan“. Yo no soy una persona fácilmente impresionable, pero me dejó sin plabaras de todo un presidente del Barça hicera gala de esta humildad y apenas pude balbucear un ridículo “hola, sóc l’Albert“. Cómo si no lo conociéramos!

Puede que os parezca una historieta estúpida o banal, pero para mi es reveladora de una junta directiva que entonces era jóven, fresca, emprendedora, y que ahora parece cansada, bloqueada y desgastada. Me imagino que no debe ser fácil ser presidente del Barça. Lógicamente tiene muchas cosas buenas, pero a su vez debe resultar cansado estar siempre en el punto de mira de los medios de comunicación y cuestionado por cada pequeña decisión que tomes. Semejante infusión de poder y presión pueden poner a prueba el carácter más fuerte. Creo que la imagen que más se asemeja a lo que debe ser estar sentado en esa silla es el anillo único que forjó el maestro J.R.R. Tolkien y que dota de un poder casi ilimitado a quién lo posee, pero que a su vez conlleva el peligro de absorberlo, cambiarle la personalidad y consumirlo.

Las tres fases del mandato de Joan Laporta

Visto en perspectiva, su mandato al frente del Barça consta de una primera fase de reconstrucción (trabajo incansable, muchas iniciativas, ilusión, buenas maneras…), una segunda de recogida de frutos (títulos, jogo bonito, algo de prepotencia…) y una tercera de autcomplacencia (dolce vita, ausencia de código interno y de decisiones traumáticas o comprometidas, nervios…). De la misma manera que su trabajo honrado, árduo y comprometido se acabó filtrando al primer equipo y llegaron los resultados, los nervios de ahora, la autocomplacencia y la indefinición han acabado llegando a una plantilla que transita por el campeonato sumida en una crisis de identidad y de confianza, preguntándose una y otra vez quiénes son sus referentes.

Es evidente que Joan Laporta está nervioso, pero yo creo que está más nervioso por el futuro que por un presente que, visto fríamente y como él defiende, no está TAN mal. El Barcelona quedará seguramente segundo en la Liga, ha caído en semifinales de Copa y tiene opciones en la Champions League, un panorama que no es desolador para un club que, no hace tanto, encadenó 18 temporadas sin ganar una Liga o que ha ganado dos Copas de Europa en su historia. El problema no es tan presente sinó futuro, puesto que ha llegado el momento de tomar decisiones valientes y que no admiten margen de error. Ha llegado el momento de decidir si se confía en Frank Rijkaard o en un proyecto continuista (Pep Guardiola) o se produce un cambio en el modelo de juego y la dirección del equipo. Ha llegado el momento de intervenir quirúrgicamente a una plantilla en la que no se pueden poner vendas, como la temporada pasada. Hay que coger el bisturí y decidir hasta qué punto debe ser agresiva este intervención. Si cambias a Larsson por Gudjohnsen te puedes equivocar, porque la columna vertebral del equipo sigue intacta. Pero si vendes a Ronaldinho y Deco, que han sido los dos jugadores más determinantes de tu mandato, debes acertar plenamente en sus sustitutos, porque si no el equipo queda huérfano de referentes, como ha pasado esta temporada. Y el gran problema, la fuente de todo este nerviosismo, es que creo firmemente que Joan Laporta no tiene ni idea de qué hacer y que está esperando al ‘milagro de la Champions’ para no tener que tomar decisiones drásticas y arriesgadas que ya deberían estar más que asumidas. Lo grave y él lo sabe, es que aunque se gane la orejona la situación es complicada y requiere la intervención del mejor cirujano. Ya no vale escorrer el bulto y dejar al enfermo en manos de los practicantes o esperar a que se cure solo.

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Un embudo monumental

Lunes, 7 Abril, 2008

El Real Madrid salió vivo (o con un punto) de la carnicería a la que le sometió el Mallorca y el Villarreal demostró en Sevilla que le falta un paso para poder aspirar al título de Liga, por lo que ayer era una ocasión genial para que el Barcelona se diera un poco de oxígeno y moral ganando a un Getafe que había perdido en sus cinco visitas anteriores al Nou Camp. Sin embargo, la historia reciente se repitió de nuevo y el equipo dejó escapar dos puntos, que le complican una Liga en la que muy pocos o casi nadie ya cree. El problema no son los resultados y empiezo a creer que ni el físico ni las ganas. Justo en el día en el que Joan Laporta se destapó con unas contundentes declaraciones para venir a decir que “el equipo no está tan mal como lo quieren pintar”, los jugadores de Frank Rijkaard acabaron demostrando lo contrario.

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Nadie podrá acusar al Barça de no dejarse ayer la piel en el campo o de no tener mentalidad ganadora en un partido que, siendo justos, mereció llevarse por ocasiones y por palos. Y quizás eso es lo peor de todo. La sensación de impotencia, de ‘esto es lo que hay‘, de que sin Ronaldinho, Deco y Messi, este conjunto es un buen equipo… y punto. Lo siento por los que idolatran a Eto’o o por los que tienen a Puyol e Iniesta como ídolos, dos jugadores que por cierto ayer hicieron un gran partido. Son grandes jugadores, sí, pero no son decisivos como el gaucho, como un Deco que hacía jugar al equipo como los ángeles cuando estaba bien o como un Messi que vuelve locas a las defensas con su velocidad. El Barcelona ha acusado sobremanera estas ausencias, que han evidenciado un claro déficit estructural de esta plantilla que ya he apuntado en algún post anterior: no tiene extremos ni carrileros.

Todo el juego, por el centro

El FC Barcelona actual es un equipo diseñado para jugar por el centro, con tres delanteros centros, tres medios que se agrupan alrededor del círculo central y con laterales que, a excepción de Silvinho, son más bien defensivos y no saben llegar hasta la línea de fondo y centrar con garantías o desbordar en el uno contra uno. Ayer esta carencia de un jugador del perfil de Cristiano Ronaldo, Jesús Navas o Diego Capel se hizo sangrante. Los de Frank Rijkaard provocaron ellos mismos un monumental embudo por el centro ante el que el Getafe, pese a sus bajas y lesiones, le bastó con acumular gente y mantener el orden en esa parcela. A partir de ahí, las ansias azulgranas hicieron el resto y el partido terminó convertido en una monumental trampa en la que únicamente la mala selección de opciones en las contras y el cansancio físico de los visitantes acabó evitando que se convirtiera en mortal con un 0-1. Eto’o, apartado del centro, pierde pegada y Bojan, de delantero centro, es como una seta en un bosque de pinos si es él quien debe rematar el bombardeo de centros al que sometieron los azulgrana al Getafe. Un recurso al que el Barça no está acostumbrado y que se convierte en menos efectivo aún si los centros llegan desde el pico del área, y no desde la línea de fondo, ya que los centrales contrarios siempre tienen ventaja y ven venir la pelota de cara.

El gran problema del Barça ahora mismo es que nadie desborda en las bandas y por eso es tan necesario de cara a la temporada que viene fichar laterales con profundidad y recorrido, como Daniel Alves, o algún extremo bueno en el desborde, que juegue pegado a la línea, como Mancini (Roma), Diego Capel o Jesús Navas. Como única solución temporal, hasta la vuelta de Messi, se me ocurre que Rijkaard podría hacer entrar a Gudjohnsen en el centro del campo y situar a Iniesta en el flanco izquierdo, en el que ayer también demostró capacidad de desequilibrio. Pese a todo, el Barça es el gran favorito para pasar ante el Schalke 04 y tiene opciones en semifinales, pero pase lo que pase en la Champions, aunque se gane, este equipo necesita una remodelación en profundidad.

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Sobre el compromiso

Martes, 1 Abril, 2008

Una de las palabras que más ha sonado en los últimos días en Can Barça y que se viene escuchando durante mucho tiempo en el fútbol español es compromiso. La Real Academia Española de la Lengua lo define en su primera acepción como obligación contraída, pero supongo que si hacemos una encuesta a nuestro entorno cercano sobre qué es el compromiso en el deporte obtendremos una cantidad de respuestas muy dispar. Para algunos el compromiso es dejarse la piel en el campo, para otros, rendir de manera acorde con el sueldo que se cobre, hay quien pide que el jugador sienta los colores y algunos se conforman con que se vayan apenados a sus casas después de una derrota.

El compromiso ha ido adquiriendo importancia en el vocabulario futbolístico a medida que crecía también su potencial económico. Leyes como la sentencia Bosman provocaron un verdadero cataclismo en la forma de entender y componer las plantillas de los clubes. Ya no eran cuatros extranjeros y jugadores del país, sino que se podía llegar a casos extremos como el del Arsenal, que lleva algunas temporadas jugando determinados partidos sin un sólo jugador de las islas y con un técnico francés en el banquillo. La libre circulación de jugadores y el dinero que suelen mover colateralmente los traspasos han propiciado contínuos cambios de camisetas y casos como los de Cristian Vieri, que ha jugado en 13 clubes a lo largo de su carrera. Todo esto provoca que muchos jugadores entiendan los clubes como una mera estación de tren, en la que se bajan un momento para proseguir su viaje más adelante, sin preocuparse lo más mínimo por la historia, las costumbres o el día a día de la ciudad en la que se ha apeado.

La falta de compromiso no es nueva, siempre ha habido jugadores poco comprometidos o que no han tenido el más mínimo pudor en canviar la camiseta de un club por la de su eterno rival. Uno de los casos más extremos fue el de Bernd Schuster, actual entrenador del Real Madrid, en la final de la Copa de Europa de 1986 en Sevilla. Con 0-0 en el marcador Terry Venables, con el que estaba enfrentado, le cambió y el jugador se marchó del estadio hacia el hotel. Cuentan que un taxista le recogió y le dijo: “Pero, si tu eres Bernd Schuster y tu equipo está jugando!” y el alemán respondió que le deba igual lo que pasara, puesto que su técnico le había cambiado porque no quería ganar la Copa de Europa con él en el campo.

Implicar a los extranjeros es complicado

No es justo pensar que todos los extranjeros son jugadores poco comprometidos con sus clubes. Hay casos en los que éstos jugadores se han convertido en historia viva de una entidad, como Thierry Henry en el Arsenal, Marco Van Basten en el Milan o Hugo Sánchez en el Real Madrid, poniendo un ejemplo más cercano, pero también es evidente que les cuesta más empaparse de la filosofía de una entidad por varios motivos, como el idioma. Muchos, además, viven completamente aislados de su entorno, pasando únicamente del campo de entreno a su finca privada, y carecen de la sensibilidad o el interés necesario para interesarse por la cultura local, el sentir de los aficionados o incluso la historia del club.

Hay un segundo grupo de jugadores, los criados en el mismo país, que tampoco son inmunes a la falta de compromiso, pero que por lo menos conocen aspectos básicos, como la historia de ese club, la manera de sentir de su afición, su importancia a nivel estatal y, si tienen algo de cultura, incluso puede que conozcan las costumbres de la región. Muy significatives son los casos de jugadores del primer ‘Dream Team’, como Bakero, Txiki, Julio Salinas o Eusebio, que no sólo se integraron perfectamente en la cultura catalana, sino que muchos han fijado aquí su residencia e incluso hablan el catalán. Son futbolistas que saben que si quieren jugar en España y no cambiar de país, vestir la camiseta del Barcelona, del Valencia o del Real Madrid es prácticamente lo más alto a lo que pueden aspirar, y que por tanto se preocupan algo más por el club que les emplea.

La tercera tipología de jugador es el canterano, una figura que despierta críticas tan enconadas como defensas encendidas y susceptibles de mucho debates demagógicos. Intentando no entrar en este campo, resulta obvio que estos jugadores que han nacido (Bojan, Xavi…) o se han criado (Iniesta, Messi…) en el club conocen a fondo su idiosincrasia, sus costumbres, sus problemas… Muchos han llorado por una derrota o celebrado una victoria de su club con los amigos cuando eran pequeños y no conciben el fútbol con otra camiseta. Su implicación suele ser máxima, porque saben que el futuro del club está íntimamente ligado al suyo.

Llegados a este punto, qué es para mi compromiso? Anteponer las necesidades y el bién del equipo al propio y entender las victorias y derrotas como propias. Cuando un jugador se desconecta del equipo o busca su propio bién por encima del colectivo, entonces no está comprometido. Cuando un jugador no asume una derrota como propia, entonces no está comprometido. Cuando Milito o Touré juegan, pese a que tienen molestias físicas, demuestran estar comprometidos. Cuando Ronaldinho sólo ha jugado siete partidos completos de los 29 de Liga esta temporada, casi siempre por molestias musculares, demuestra no estar comprometido con el equipo.

Por todo lo antes expuesto, es por lo que me encantaría que fichara Cesc Fábregas por el Barça o por lo que no tengo ninguna duda a la hora de elegir entre Bojan y Giovanni. Es más, entre Bojan y Henry me quedo con Bojan, aunque el francés ahora mismo tenga mucha más calidad. No se trata de hacer jugar sí o sí a los canteranos, sino de aplicar una ecuación de “a igual o un poco menos de calidad, uno de casa“. Todo ello sin renunciar a la voluntad de fichar a los mejores extranjeros del mundo, a los más determinantes, pero buscando más un perfil Milito o Touré que otros más endiosados, que sólo piensan en sus coches, sus cuentas corrientes y en la salidas nocturnas y en su ropa de marca.

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El Big Bang del Decosistema

Miércoles, 19 Marzo, 2008

Hoy hace poco más de un año Martí Perarnau explicaba en un post sublime, de lo mejor que se ha escrito en internet sobre el Barça, el final de lo que él bautizó como el Decosistema. Os recomiendo su lectura porque allí encontraréis muchas de las claves de lo que está pasando hoy en el vestuario azulgrana, pero venía a decir que lo que se bautizó como la ‘vilafrancada’ de Eto’o dejó al descubierto y dinamitó el equilibrio fuerzas invisible en el interior de la plantilla. Un liderazgo interno que entonces ejercía Deco, que era la voz de Ronaldinho y compañero de bromas de Motta, y que impuso ese ‘dolce far niente’ en los entrenos, la proliferación de las salidas nocturnas y la escasez de concentraciones. Una situación que, no podemos olvidarlo, se permitió desde todos los estamentos del club y del cuerpo técnico, habida cuenta de los exitosos resultados deportivos.

La degeneración física y deportiva de la plantilla empezó antes de la final de París, a la que se llegó con la gasolina justa, y empezó a dar sus primeros síntomas en la final de la Supercopa de Mónaco, en agosto del 2006. Entonces se permitió a los jugadores salir la noche antes de un partido en el que fueron literalmente aplastados por el Sevilla. El primer toque de atención serio fue visto como un mero accidente y muy poco cambió, pese a que algunos de los recién llegados aquél verano, como Zambrotta o Gudjohnsen expresaron en público, pero con la boca pequeña, su sorpresa y malestar con la manera de entrenarse del equipo. Esa temporada pasó lo que todos recordamos: el Liverpool, un equipo con la calidad justa pero con mucha potencia física, apisonó al Barça en la Champions; el Getafe le sacó los colores remontándole un 5-2 a un equipo desconocido, que encajó un humillante 4-0 en las semifinales de Copa, y la Liga se escapó en una serie de partidos en los que el equipo mostró a la par errores de concentración y poco tono físico.

Llegó el verano y hacía falta tomar una decisión respecto a este Decosistema, este núcleo de jugadores que supuestamente estaban más pendientes de salir por la noche que de entrenarse por las mañanas y que corrían el peligro de acabar contagiando a otros miembros de la plantilla, como Márquez, ya perseguido por las revistas del corazón, o el mismo Leo Messi. La opción valiente por parte de Joan Laporta hubiera sido traspasarlos, pero no se hizo, en parte porque no llegaron ofertas con cara y ojos por Ronnie y Deco, y por otra parte porque tampoco se puso especial entusiasmo en situarlos en el mercado. A ver quién justificaba la venta del brasileño, quién pese a todo había mantenido al equipo con vida hasta el final en su mejor campaña goleadora y seguía vendiendo camisetas como nadie, o de Deco, cuyo fútbol había enamorado al Camp Nou durante dos temporadas. La única medida real, pero ineficaz, fue la de regalar a Thiago Motta al Atlético de Madrid. De puertas para adentro, se endureció el discurso y la permisividad hacia Ronaldinho y Deco.

La temporada arrancó con ambos cracks calentando banquillo en algunos partidos, algo completamente inusual hasta el momento, y su reacción fue la que todo el mundo puede esperarse de dos fieras heridas y con un ego por las nubes: la de sentirse decepcionados y humillados por ser convertidos en los cabezas de turco públicos de una situación que es mucho más global. De ahí se llegó al pasotismo, a la falta de implicación y al desánimo. A partir de este punto la historia ya la conocemos todos: un rosario de lesiones musculares en ambos casos, presencia intermitente en los entrenos, rendimiento deportivo más bien nulo, sólo 10 partidos como titular de Ronnie en toda la temporada y una situación insostenible que ha llegado a su punto crítico esta semana. Ronaldinho volvió a meterse en el gimnasio el jueves por la mañana, tras la fiesta de Leo Messi del miércoles noche, y no fue alineado en Almería por unas supuestas molestias en el adductor que el lunes fueron desmentidas por los servicios médicos del club, en una decisión sin precedentes en los últimos años. Hay quién dice que Joan Laporta se enteró que el jugador había llegado en mal estado al entreno y que ordenó que no se le cubriera más, pero en todo caso lo que está claro es que el futuro de Ronaldinho parece estar más fuera que dentro del club. Igual que el de Deco, de quién por cierto me han llegado rumores que lo tiene firmado con el Inter para el año que viene.

Y ahora quién lidera al Barça?

Llegados a esta situación, que para muchos por cierto se veía venir, queda analizar cómo queda el vestuario después del Big Bang de este Decosistema. Hace unas semanas me preguntaba quién lidera al Barça y me lo sigo preguntando. Deportivamente es Leo Messi, sin duda, pero las lesiones están lastrando su capacidad de ser influyente a otros niveles, a parte que aún es muy jóven y algo tímido para levantar la voz en el vestuario. Así pues, quién es el verdadero motor de este equipo, su alma? Parece que los catalanes (Valdés, Puyol y Xavi) han sido los primeros en salir a la palestra tras el sonrojante empate de Almería señalando, junto a Txiki Beguiristain, la falta de carácter y madurez del equipo, pero su voz nunca ha sido escuchada con fuerza en el vestuario ni en el club. Por lo menos hasta ahora. Henry, del que cada vez estoy más convencido que fue fichado para tomar el relevo de este Decosistema junto a Touré, Abidal, Thuram y Eto’o (la connexión francesa), ha demostrado con sus declaraciones sobre su hija tener la cabeza en otros asuntos y ser el jugador frágil emocionalmente que fracasó en la Juve y que ha vivido sus mejores momentos de la mano del psicólogo Arséne Wénger. Eto’o, que ha estado años viviendo a la sombra de Ronaldinho y consumiéndose interna y externamente por sus celos hacia el brasileño, ha demostrado ser un buen jugador, pero carecer hasta el momento del liderazgo que de palabra tantas veces ha querido ostentar. Milito podría ser un buen líder, pero acaba de llegar y la falta ascendente en el vestuario, de Rijkaard y su carácter mejor no hablamos… y así podríamos ir analizando caso por caso hasta darnos cuenta que el vestuario del Barça es ahora mismo un gran conglomerado de planetas que carece de un sol alrededor del cual debe girar. Bienvenidos al Big Bang.

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Punto muerto

Lunes, 17 Marzo, 2008

Las crónicas y las críticas se han cebado con el FC Barcelona tras su empate en Almería. Era algo que ya detecté anoche, tras el partido y que he podido comprobar hoy, leyendo la prensa, y es uno de los grandes problemas que tenemos los periodistas: que casi siempre nos vemos obligados a escribir o hablar en ‘caliente’, sin espacio para la más mínima y necesaria reflexión. Mirando la situación fríamente, el partido del Barça no fue tan malo como la reacción que ha provocado. Al fin y al cabo, Frank Rijkaard contaba con ocho bajas por lesión y una novena por sanción y visitaba un campo de aquellos incómodos, en el que el Real Madrid, sin ir más lejos, perdió no hace mucho. En muchas otras circunstancias, este punto hubiera sido visto de una manera muy positiva.

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Sin embargo, el Barça transita por el campeonato lastrado por todos los errores que ha venido cometiendo a lo largo del campeonato y por los siete puntos que le saca el Real Madrid. Y no es que duela esta distancia, sinó que lo doloroso es que por delante esté uno de los peores conjuntos blancos de los últimos años. Los de Bernd Schuster evidenciaron en A Coruña que son un bólido sin gasolina, pero al que le va a bastar la velocidad que tomó en la primera vuelta para llegar a la meta, aunque sea a trancas y a barrancas y sin saber a ciencia cierta a qué juega. Esta excusa, sin embargo, no sirve para devaluar una Liga en la que si alguna cosa ha quedado claro es que hoy en día la calidad, por si sola, no basta. Y que si no hay lucha, entrega, compromiso, sacrificio, sentido común y buen hacer táctico, los resultados no salen, como ha quedado demostrado en Sevilla o en Valencia. Mirado así, no es de extrañar que equipos como el Villarreal, el Mallorca y el Getafe estén haciendo una buena temporada sin tener cracks rutilantes: por lo menos disponen de un patrón de juego y saben a qué quieren jugar.

El Barça está en un punto muerto

La mejor definición del momento en el que se encuentra el Barça actualmente, de su indefinición, de su punto muerto esperando a ver si suena la flauta en alguna competición de eliminatorias, se vivió en el Estadio de los Juegos Meditarráneos tras el 2-2. El equipo se quedó bloqueado entre el deber de ir a ganar para evitar un empate un tanto estéril y el miedo a recibir un 3-2 que provocara un fuego de mayores dimensiones. Frank Rijkaard se escudó en que su equipo, y eso es cierto, jugaba con 10 tras la roja a Milito y el Almería apretaba mucho, pero la pregunta es saber qué hubiera pasado con once contra once? El Barça hubiera tenido el carácter suficiente para reponerse de un 2-2 en los últimos minutos y buscar (ya no lograrla) la victoria?

El empate de ayer duele por esto y por muchas cosas más. Porque es una oportunidad más de recortar distancias con el Madrid que se esfuma, porque se encajaron dos goles a balón parado de un equipo que se sabía que había marcado un tercio de sus tantos así, porque el Barça desperdició dos ventajas, porque, otra vez, no supo dormir el partido cuando le convenía y porque la Liga, en definitiva, se escapa. Con todo, creo que las lecturas negativas se han exagerado y tampoco es lícito pensar que por un partido o unos errores puntuales el Schalke, que es un especialista a balón parado, nos va a freir en los córners, o que el Valencia va eliminar el Barça de la Copa. Ahora bién, es normal que la afición esté descontenta y que no confíe en el equipo después de un varapalo tras otro, pero creo esto ya ni siquiera importa. A estas alturas de la película el debate no debería ser si la gente cree o no en esta plantilla, sino si los jugadores creen en ellos mismos. Si realmente se ven levantando la Copa en Madrid o la Champions en Moscú. Si la respuesta es que no, no hay nada que hacer en  ninguna competición. Si es que sí, este Barça tiene la calidad suficiente para lograrlo.