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Periodo de indefinición

Miércoles, 28 Mayo, 2008

El Barcelona ha cerrado dos años en blanco en la peor de las situaciones posibles: instalado en la indefinición. Una situación que se extiende no sólo al ámbito deportivo, sinó también a la junta directiva, que deberá afrontar una moción de censura que podría paralizar al club durante tres meses. En el plano del primer equipo de fútbol, Josep Guardiola ha sido anunciado como entrenador, pero se supone que debe estar 100 por 100 concentrado en la promoción de ascenso al filial, que no acabará hasta dentro de tres semanas (si se elimina este fin de semana al Castillo en el Mini). Teniendo en cuenta el giro de la situación y que el técnico ya ha cumplido haciendo campeón del Grupo V de Tercera, no hubiera sido más lógico ‘apartarlo’ para que se centrara en el primer equipo y dejar el filial a su segundo, ‘Tito Vilanova’? Qué es más importante, subir al filial a Segunda B o edificar un primer equipo sólido y ganador para la temporada que viene? Por no mencionar el peligro que comportan las promociones y que sería fácil que Guardiola llegara al primer equipo habiendo sido incapaz de ascender a Segunda B.

La indefinición continúa con el perfil de fichajes que está haciendo o que parece buscar el club para el primer equipo. Hace un año se buscaban y se vendían ‘fantásticos’ y ahora se contratan jugadores de perfil ‘bajo’, más trabajadores que cracks. De entrada debo decir que no me parecen mal los fichajes de Keita y Piqué, aunque sí que me parece mal su precio. Pagar 14 millones por un jugador de 28 años por el que el Sevilla abonó cinco la temporada pasada me parece una tomadura de pelo, por no hablar de darle cinco millones al Manchester por un jugador salido de la cantera y que apenas ha jugado este año. Eso sí, tengo la intuición que Piqué tiene mucho margen de mejora y dará un buen rendimiento, siempre y cuando juegue de central. Ya veremos qué pasa con el de Mali y espero que me equivoque, pero yo personalmente hubiera fichado a Poulsen, cuya cláusula de rescisión era de 10 de millones de euros y puede jugar como medio centro o central. Es decir, uno que hace la faena de dos y a mitad de precio.

Equilibrio entre fuerza y técnica

Hace un tiempo expuse en un post algunos de los motivos de porqué los equipos ingleses se habían convertido en los grandes dominadores del panorama europeo cuando hace penas una década fracasaban estrepitosamente cuando salían de las islas. La idea era, básicamente, que la mayoría de equipos equilibraban perfectamente la dosis de fuerza física y calidad, sin primar ninguno de los dos aspectos. Jugadores como Frank Lampard, Steven Gerrard o Paul Scholes eran los máximos exponentes de este concepto, que tan claramente quedó reflejado en la final de la Champions entre Manchester y Chelsea. Una immensa batalla física entre jugadores que no rehuían el choque y que manejaban bien el balón.

Eso es exactamente lo que debería hacer ahora el FC Barcelona. Encontrar ese equilibrio entre el juego de toque y la fuerza física, sin perder de vista que en este club tradicionalmente se ha tenido el balón. Lo que está claro es que no se puede ir por Europa con un centro del campo formado por Iniestas, Silvas y Xavis, por mucha calidad que atesoren en los pies, porque luego viene un Mascherano, un Scholes o un Gerrard y te arrolla antes que tengas tiempo de mirar hacia ningún lado. Jugadores como Essien (pagaría lo que fuera por él), Lampard, Mascherano o Xabi Alonso serían fichajes excelentes en este sentido. Un vez buscado ese equilibrio en el centro del campo, encontrado uno o dos laterales con llegada (como Alves o Mancini) y asegurada la portería (Valdés), el Barcelona debería buscar tres cosas más. Un lanzador de faltas de primer nivel mundial (que para mi sin duda sería Diego del Werder Bremen), un delantero centro completo y con gol, pero también con técnica y un extremo vertical. Hleb (Arsenal) parece cerrado y es un jugador que me encanta, pero debería jugar aquí más pegado a la banda y arrancando desde atrás, estilo Giuly o Stoichkov, en su momento. Para la punta, Drogba es inmejorable pero mayor y necesitaría un proceso de adaptación. Por otro lado, Berbatov e Ibrahimovic son dos apuestas arriesgadas, puesto que poseen una calidad ilimitada que bien explotada les permitiría aspirar incluso al balón de oro, pero a la vez son jugadores apáticos, díscolos y a veces polémicos.

La teoría de fichar a jugadores que no hayan ganado muchas cosas y tengan hambre de títulos está muy bien y creo que ahora es la que necesita el club, pero cuidado que si no han ganado cosas es por algo y que se corre el peligro de hacer un equipo sin cracks y plagado de jugadores de perfil medio. Es cierto que en el Dream Team había muchos jugadores de este tipo, pero no nos olvidemos que quienes marcaban las diferencias eran Stoichkov, Romario, Laudrup o incluso Koeman.

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Un embudo monumental

Lunes, 7 Abril, 2008

El Real Madrid salió vivo (o con un punto) de la carnicería a la que le sometió el Mallorca y el Villarreal demostró en Sevilla que le falta un paso para poder aspirar al título de Liga, por lo que ayer era una ocasión genial para que el Barcelona se diera un poco de oxígeno y moral ganando a un Getafe que había perdido en sus cinco visitas anteriores al Nou Camp. Sin embargo, la historia reciente se repitió de nuevo y el equipo dejó escapar dos puntos, que le complican una Liga en la que muy pocos o casi nadie ya cree. El problema no son los resultados y empiezo a creer que ni el físico ni las ganas. Justo en el día en el que Joan Laporta se destapó con unas contundentes declaraciones para venir a decir que “el equipo no está tan mal como lo quieren pintar”, los jugadores de Frank Rijkaard acabaron demostrando lo contrario.

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Nadie podrá acusar al Barça de no dejarse ayer la piel en el campo o de no tener mentalidad ganadora en un partido que, siendo justos, mereció llevarse por ocasiones y por palos. Y quizás eso es lo peor de todo. La sensación de impotencia, de ‘esto es lo que hay‘, de que sin Ronaldinho, Deco y Messi, este conjunto es un buen equipo… y punto. Lo siento por los que idolatran a Eto’o o por los que tienen a Puyol e Iniesta como ídolos, dos jugadores que por cierto ayer hicieron un gran partido. Son grandes jugadores, sí, pero no son decisivos como el gaucho, como un Deco que hacía jugar al equipo como los ángeles cuando estaba bien o como un Messi que vuelve locas a las defensas con su velocidad. El Barcelona ha acusado sobremanera estas ausencias, que han evidenciado un claro déficit estructural de esta plantilla que ya he apuntado en algún post anterior: no tiene extremos ni carrileros.

Todo el juego, por el centro

El FC Barcelona actual es un equipo diseñado para jugar por el centro, con tres delanteros centros, tres medios que se agrupan alrededor del círculo central y con laterales que, a excepción de Silvinho, son más bien defensivos y no saben llegar hasta la línea de fondo y centrar con garantías o desbordar en el uno contra uno. Ayer esta carencia de un jugador del perfil de Cristiano Ronaldo, Jesús Navas o Diego Capel se hizo sangrante. Los de Frank Rijkaard provocaron ellos mismos un monumental embudo por el centro ante el que el Getafe, pese a sus bajas y lesiones, le bastó con acumular gente y mantener el orden en esa parcela. A partir de ahí, las ansias azulgranas hicieron el resto y el partido terminó convertido en una monumental trampa en la que únicamente la mala selección de opciones en las contras y el cansancio físico de los visitantes acabó evitando que se convirtiera en mortal con un 0-1. Eto’o, apartado del centro, pierde pegada y Bojan, de delantero centro, es como una seta en un bosque de pinos si es él quien debe rematar el bombardeo de centros al que sometieron los azulgrana al Getafe. Un recurso al que el Barça no está acostumbrado y que se convierte en menos efectivo aún si los centros llegan desde el pico del área, y no desde la línea de fondo, ya que los centrales contrarios siempre tienen ventaja y ven venir la pelota de cara.

El gran problema del Barça ahora mismo es que nadie desborda en las bandas y por eso es tan necesario de cara a la temporada que viene fichar laterales con profundidad y recorrido, como Daniel Alves, o algún extremo bueno en el desborde, que juegue pegado a la línea, como Mancini (Roma), Diego Capel o Jesús Navas. Como única solución temporal, hasta la vuelta de Messi, se me ocurre que Rijkaard podría hacer entrar a Gudjohnsen en el centro del campo y situar a Iniesta en el flanco izquierdo, en el que ayer también demostró capacidad de desequilibrio. Pese a todo, el Barça es el gran favorito para pasar ante el Schalke 04 y tiene opciones en semifinales, pero pase lo que pase en la Champions, aunque se gane, este equipo necesita una remodelación en profundidad.

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El baile de los entrenadores

Jueves, 27 Marzo, 2008

Arséne Wenger, Michael Laudrup, José Mourinho, ayer Rafa Benítez… Son muchos los nombres que han ido sonando en los últimos meses de cara a ocupar el banquillo del primer equipo del Futbol Club Barcelona la temporada que viene, pese a que Joan Laporta reiteró hace poco su confianza en Frank Rijkaard. El técnico holandés está sufriendo en sus carnes el desgaste de cinco temporadas en el banquillo azulgrana y el desmadre de parte de una plantilla que no ha sabido atar en corto con su habitual mano izquierda, sus libros de filosofía y sus técnicas de control de grupo. Sin embargo, aún guarda en su manga los ases de una Liga que no está perdida y de una Champions que está complicada, pero ni mucho menos imposible.

El presidente del club azulgrana sabe, sin embargo, que una segunda temporada en blanco y sin medidas efectivas acabarían señalándole a él como el gran culpable de la situación del primer equipo. Así que Joan Laporta se encuentra ante una ecuación difícil de resolver: si quiere fichar a un técnico de garantías debe decidirse ya, pero si se precipita corre el ‘peligro’ de cargarse al técnico que hubiera ganado dos de las tres Champions de la historia del club, hablando hipotéticamente. La eliminación de la Copa no ha alterado mucho este panorama, puesto que se sigue considerando un torneo menor pese a la decepción que supuso el KO en Valencia. Todo queda, pues, a expensas del torneo de la regularidad y, sobre todo, de la Champions League.

Es innegable que en los despachos de Can Barça se ha hablado de entrenadores y que José Mourinho, pese a que hace un año pudiera parecer imposible, es el favorito de gran parte de los directivos de peso, encabezados por Marc Ingla. Sin embargo, tal como explicaba ayer acertadamente el maestro Paco Aguilar, a Joan Laporta no le convence Mourinho. El portugués es un entrenador complicado para cualquier presidente puesto que acepta las mínimas ingerencias desde arriba y, además, tradicionalmente no ha encajado con el perfil de técnico sosegado y ‘caballero’ que ha tenido el FC Barcelona. Siempre he pensado que un comportamiento socarrón y provocador, como el que tuvo en muchos momentos en el Chelsea, podría convertir su vuelta a Barcelona en una ‘Van Gaal History, tercera parte’. Por otro lado, también es evidente que Mourinho es un tipo inteligente, que presumiblemente sabría adaptarse a este entorno inflamable, que por otra parte ya conoce de su etapa como segundo de Bobby Robson.

Sea como sea, a Laporta, que no es muy partidario de meterse en asuntos del vestuario, pero que a veces lo ha hecho (como en la vilafrancada de Eto’o), no le convence Mourinho. Y se resiste a firmarlo, pese a las indirectas del portugués y a las contínuas noticias de ofertas millonarias por parte del Inter de Milan ue llegan desde Italia. Si el presidente pudiera elegir sin cortapisas, su número uno por filosofía de juego y personalidad sería Arséne Wénger, pero arrancar al francés del Arsenal parece poco más que utópico. A partir de ahí, los nombres de Michael Laudrup, aún un poquito verde para el Barça, y de Rafa Benítez, un entrenador cuyo estilo no encaja ni con calzador en el Camp Nou, parecen más rumores y especulaciones de la prensa que otra cosa.

En esta indefinición vive sumido Laporta que espera un ‘golpe de suerte’ en un sentido o en el otro: una eliminación de la Champions ante el Schalke le daría las armas para justificar ante la opinión pública el cese de un entrenador como Frank Rijkaard, que tiene muchas más cosas positivas que negativas en su haber; mientras que un triunfo en la Champions borraría de un plumazo todas las dudas, ya que sería descabellado pensar en cesar al técnico después de semejante fracaso. Falta ver, también, qué haría entonces el holandés, quién podría hacer las maletas molesto por la falta de confianza del club. Como casi siempre en el mundo del fútbol, los resultados dictarán sentencia.

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