Archivo de la categoría ‘Cantera’

1,895 Comentarios

El Barça 3.0

Miércoles, 3 Febrero, 2010

Los números hablan por si solos: 20 partidos invictos, nunca una derrota por más de un gol, 50 goles a favor y 10 en contra… Dejando de lado Villaratos y campañas absurdas por parte de medios desquiciados, que prefieren cerrar los ojos e imaginar una realidad paralela, Pep Guardiola ha conseguido un equipo y un sistema casi perfectos. Equipo y sistema. Dos ideas indisociables y herederas de dos grandes sistemas que ya dieron dos Copas de Europa al FC Barcelona, pero nunca una solidez y superioridad tan completa.

Johan Cruyff fue el primero en instaurar un modelo de fútbol heredero de ‘la Naranja Mecánica’, pero adaptado al fútbol de los 90. ‘El flaco’ tuvo que lidiar con un club hecho añicos en el motín del Hesperia, instaurado en el victimismo permanente respecto al Madrid y encima convencer al mundo del fútbol y a sus jugadores de la eficacia de un sistema revolucionario. El Dream Team fue el primer en apostar por el axioma tan básico y a la vez tan complicado en el mundo del fútbol que dice que “si tú tienes la pelota, el contrario no pueda hacerte daño”. Su arriesgado 3-4-3, en una época dónde imperaba el 4-4-2 e incluso el 5-3-2, dejó grandes noche de gloria al barcelonismo, pero era demasiado arriesgado, un todo o nada: la defensa estaba mal cubierta y cuando el equipo perdía el balón se exponía a contras letales. El problema de Cruyff fue su misma soberbia, creerse que él y el sistema estaban por encima de los jugadores y así quiso demostrarlo echando a jugadores con recorrido y clase (Zubizarreta, Laudrup, Salinas…) para fichar a medianías como Korneiev, Hagi o Jordi Cruyff.

Tras unos años de infausto recuerdo para el barcelonismo, navegando para tratar de encontrar una identidad en el juego, la llegada de Frank Rijkaard supuso una segunda evolución del estilo del Dream Team. Defensa y procedente del fútbol italiano, el holandés se centró en primer lugar en reforzar la zaga, el tradicional ‘4′ azulgrana era ahora un pivote defensivo y el creador adelantaba su posición junto a otro centrocampista que variaba según los partidos y necesidades: más todoterreno (Van Bommel), más creativo (Deco). Rikjaard volvió a apostar por la posesión de balón y por castigar al rival con el desequilibrio de Ronnie, la fiereza de Eto’o y la verticalidad buscando el espacio de Giuly. El problema, en su caso, fue al contrario del de Cruyff: los jugadores acabaron sintiéndose más importantes que el sistema. Y éste, se pervirtió cuando Deco y Ronaldinho dejaron de lado el fútbol para dedicarse a otras cosas o Eto’o se obsesionó con meter goles para ser pichichi. El Barça se volvió un equipo previsible, que tenía la posesión pero no la manera de hacer daño con el balón, cuyos laterales tenían poco recorrido y con un sistema de juego que acababa convertido en un carrusel interminable de pases que, al no acabar en disparo a puerta, provocaban pérdidas de balones letales.

Y entonces llegó Pep Guardiola, con la herencia de Johan Cruyff y con un muestrario claro y extenso de todos los errores posibles que podía tener el sistema de Frank Rikjaard. De la corrección de estos defectos y de unas ideas muy claras nació el Barça 3.0:

· El jugador debe jugar para el equipo, no el equipo para el jugador: Por eso de deshizo sin parpadear de jugadores de una calidad fuera de dudas, pero egoistas y poco dados a las órdenes tácticas como Ronnie, Deco o Eto’o. Ahora, Messi se ha encumbrado como el mejor jugador del mundo, nadie discute que Alves es el mejor carrilero del planeta. Iniesta ha pasado de ser un niño tímido a un icono mediático y Xavi es reconocido mundialmente, pero todos saben que su aportación al sistema es básica, porque les acaba garantizando el éxito particular. El próximo en encumbrarse será Ibra, no lo dudéis. Aunque no marque, su trabajo táctico para el equipo es espectacular fijando a los centrales contrarios y bajando balones y tocando de cara o a los lados.

· Posesión sí, pero con llegada a puerta y ambición: El último Barça de Rikjaard era un conjunto plano que él mismo provocaba un inmenso embudo ofensivo. El equipo tocaba y tocaba, pero no chutaba a puerta y el rival cada vez se iba sintiendo más cómodo. En muchos partidos, el Barça 2.0 había bajado el pie del acelerador tras un 2-0 o 3-0. Ahora no, el Barça de Guardiola va siempre al ataque, incluso ganando por 0-1 en campo contrario en el minuto 90. Esta ambición ha provocado victorias gloriosas en el último suspiro como la de Stamford Bridge o Abu Dhabi, pero también que en partidos complicados no se sufra demasiado.

· Los laterales deben aprovechar las bandas: El 4-3-3, con un trivote en el centro del campo, deja casi todo el carril libre, pero con Rikjaard no se utilizaba porque los laterales eran bastante limitados técnicamente. La llegada de Dani Alves supuso el mejor fichable posible que le podían hacer al técnico: un jugador que llegaba desde atrás, que centra muy bien, tiene una gran técnica individual y que, al contrario que Belletti, es muy bueno defensivamente. Incluso en los últimos tiempos Abidal parece un clon mejorado e irreconocible del jugador que llegó del Lyon.

· La salida del balón: Para mi, quizás el factor más clave que ha introducido Guardiola. Cuando los equipos fuertes, como el Liverpool o el Chelsea, presionaban al Barça arriba, el equipo debía lanzar el balón por alto. Esto, en un centro del campo con jugadores bajos como Iniesta, Xavi o Deco se traducía en pérdidas constantes y, el Barça, sin el cuero, estaba perdido. Pep, cuando le empezaron a presionar arriba, asumió un riesgo impensable, pero lógico: retrasar a sus dos centrales a la línea de fondo y arriesgar sacando el balón desde atrás, a veces incluso con pases dentro de su área. Según cuentan, lo aprendió en el fútbol mexicano y está claro que la presencia de un jugador como Piqué, que saca bien el balón, ha sido determinante, pero también lo son el juego con los pies de Valdés, la técnica de los dos laterales y la capacidad de ayuda que tiene Sergio en el pivote. El riesgo es grande, pero si el Barça supera esta primera línea de balón, Xavi e Iniesta tiene mucho espacio para lanzar al equipo en ataques letales.

· Vulnerables arriba: El Barcelona llegó a tener un equipo tan bajo, que era imposible ver un gol de córner a favor y cada falta en contra, especialmente en Inglaterra, era un suplicio. La llegada de torres como Piqué, Sergio, Keita o Ibra, que baja a defender todos los córners, ha dado más altura a la plantilla y algunos recursos más en jugadas a balón parado. En el primer partido de la Liga, en casa ante el Sporting, el Barça se impuso por 3-0 en tres acciones de córner o bien de falta.

· Un equipo con recursos: El Barça de Rikjaard acabó siendo previsible. Si el balón no iba rápido y Ronaldinho o el aun joven Messi no desbordaba, el equipo se encallaba. No había casi nunca la opción de marcar de falta o de córner o a la contra. El Barcelona de ahora es más completo. Letal en estático, peligroso en faltas cercanas (Xavi) y lejanas (Ibra y Alves) e incluso nocivo al contraataque con goles de manual como los de Valladolid o Gijón, aprovechando la velocidad de Alves, Messi o Pedro.

Lógicamente, y Pep lo sabe, todo esto es posible gracias a una generación de jugadores excepcionales, a un equipo que equilibra casi a la perfección factores clave como talento, sacrificio, humildad, compañerismo, calidad, sentido táctico y ambición. Sin embargo, las evoluciones introducidas en poco más de un año y medio por el de Santpedor son notables. Llegará un punto en el que este ciclo, como todos, también se acabará, pero por ahora el técnico ha diseñado un sistema tan completo, con tantos recursos, que será complicado desactivar a este Barça 3.0.

8,165 Comentarios

Víctor Valdés y 10 más

Lunes, 25 Enero, 2010

Muchos análisis sobre las claves del gran año del FC Barcelona inciden en la gran aportación de Dani Alves por el carril derecho, en el crecimiento excelso en todos los sentidos de Xavi o la explosión goleadora de Leo Messi. Siendo todos ciertos, muy pocos han incluído entre estas causas el papel clave que está jugando Víctor Valdés, un portero que cae mal a muchos, pero que personalmente me he cansado de defender, incluso en años en los que no ha estado muy acertado.

Si sólo miramos su actuación bajo palos, parando, es cierto que hay porteros más completos que Valdés, como Casillas (Madrid), Cech (Chelsea) o Buffon (Juventus) y los buenos conocedores del fútbol mundial podrían añadir a esta lista algunos nombres más. De acuerdo, pero para ser portero de un club como el Barça no sólo hace falta ser técnicamente bueno, sinó tener el carácter suficiente, y ahí la lista se reduce a dos o tres nombres. Quiero recordar que por el Camp Nou han pasado recientemente porteros que llegaron con la vitola de internacionales (Lopetegui o Dutruel) o de ser los mejores del mundo (Vitor Baía o Rustu) y que han sucumbido miserablemente ante la presión de un estadio y un entorno que no perdona ni un error. Además, su estilo, su concentración, debe ser la adecuada para adaptarse a un equipo al que le llegan muy poco, pero cuando lo hacen suele ser de manera muy clara. No es lo mismo intervenir cinco veces en un período, que hacerlo una sola vez, en frío, pero a vida o muerte.

Valdés tiene, pues, la capacidad técnica y mental, pero también otra característica que ha ido mejorando con los años y que le convierte en un portero único para el Barça: su capacidad paa jugar con los pies. Después de una temporada en la que la mayoría de los equipos les esperaban atrás, una de las grandes ‘evoluciones’ del Barça de Guardiola ha sido cambiar radicalmente su manera de sacar el balón. Ante la presión adelantada de muchos equipos, el técnico retrasó a los dos centrales a la línea de cal, lo cual supone jugar con fuego, pero a la vez una arma letal una vez superada la primera línea de presión.

En esta estrategia son claves los dos centrales, de acuerdo, pero también el hecho de tener un portero en el que te puedas apoyar a veces y que siga dando continuidad al movimiento de balón de un lado a otro. Ante el Valladolid el Barcelona se hartó de hacer esa jugada y Valdés respondió bien en casi todas las ocasiones. Es cierto que a veces arriesga, pero su aportación es esencial en un equipo que necesita tener la pelota y tenerla por bajo. Haciendo esto, Valdés asume un riesgo personal notable, cuando lo más fácil sería colgar el balón a la grada y punto, pero el juego azulgrana se resentiría enormemente.

De esta manera, seguramente llegará un día en el que un mal pase, un mal bote, un fallo de concentración, provocarán un gol en contra por culpa de Valdés y volverán a salir muchos de los detractores que, por motivos que no alcanzo a comprender, tiene el de L’Hospitalet. Yo por mi parte, seguiré pensando como dijo Guardiola que ojalá por muchos años el Barça sea “Valdés y 10 más. No se discute”. Lo que más me duele es que muchos de los que ahora lo critican, lo echarán seguro de menos, porque difícilmente habrá un portero tan adecuado para el Barça como Valdés. La otra cosa que me fastidia es que quien le critica por chulo, ni tan siquiera lo ha conocido personalmente. Si lo hiciera, se daría cuenta que es muchísimo más educado y tranquilo que el 90% de jugadores de Primera.

1,483 Comentarios

Las comparaciones (con Messi) son odiosas

Miércoles, 23 Septiembre, 2009

Desde que debutó, la carrera de Leo Messi ha estado salpicada por las comparaciones, pero el astro argentino las ha ido superando una a una con una tranquilidad tan pasmosa como su superioridad hasta ostentar un posición de mejor jugador del mundo que, actualmente, parece absurdo contestar.

Robinho, el primero

La primera de las (odiosas) comparaciones que ha tenido que soportar el de Rosario Central es con Robinho y data del año 2005. Por entonces el argentino ya había ganado el Mundial Sub-20 con dos goles en la final a Nigeria, pero aún no había explotado con el primer equipo azulgrana, pese a que ya había dispuesto de esporádicas apariciones. El Madrid, por contra, acababa de pagar más de 24 millones de euros por un extremo rápido y habilidoso, al que muchos en la capital querían encumbrar como el nuevo Ronaldinho (el de entonces, no el de ahora). Rápidamente, salieron las primeras comparaciones, pero cuando Messi obtuvo en septiembre del 2005 la doble nacionalidad y empezó a entrar con regularidad en el equipo de Rikjaard, que fue campeón de Liga, la comparación se desvaneció. La primera temporada de Robinho en el Madrid fue nefasta, marcando sólo 12 goles en todas las competiciones, mientras que el argentino, con apenas 18 años ya fue campeón de Liga y de la Champions con actuaciones determinantes y lesión incluída, que no le impidió apuntarse 7 goles. Y eso, pese a jugar pocos partidos.

Sergio Agüero, el siguiente

El siguiente en pasar la humillación pública de ser comparado con Leo Messi fue Sergio Agüero. Por su técnica, por su vinculación con Maradona, su parecida edad, por el dinero que había costado y por su calidad ,desde la capital quisieron presentarlo como el oponente perfecto. En la temporada 2007/08 el colchonero se disparó hasta los 28 goles, por los 16 de Messi, lo que dio pie a inicios de la campaña siguiente a ponerlos frente a frente en los reportajes de prensa. El punto culminante de este ‘enfrentamiento’ llegó en un duelo en el Camp Nou entre ambos equipos, pero se saldó con un 6-1 para el FC Bracelona, dos goles de Messi y con el colchonero deambulando por el campo. Luego, Agüero se fue hasta los 20 goles, pero lejos de los 32 del azulgrana.

Arjen Robben, el efímero

La comparación más efímera y que más burlas despertó fue con Arjen Robben, a mediados de la temporada pasada, después de un par de partidos buenos del ahora jugador del Bayern de Munich. Tras varias exhibiciones de Leo Messi, el mismo extremo holandés salió en la prensa pidiendo públicamente que no lo compararan con el argentino, porque era mucho mejor.

CR7 claudicó en Roma

Quizás el oponente más duro que ha tenido Leo Messi en esta pugna mediática ha sido Cristiano Ronaldo, pugna que encaró en inferioridad de condiciones, ya que el luso era un jugador ya consagrado, mayor, más experto y con un Balón de Oro a sus espaldas. La final de Roma del mayo pasado fue el escenario épico en el que dirimir este enfrentamiento periodístico y, pese a que los ingleses eran los favoritos y Cristiano estaba respaldado por el campeón de Europa, el argentino volvió a salir claramente ganador: El Barça fue campeón con un gol incluído del argentino.

El fichaje de Cristiano por el Madrid ha permitido a algunos sectores de la prensa alargar hasta la presente temporada este enfrentamiento ya dirimido. Sin embargo, pese al buen inicio goleador del portugués, Leo Messi ha empezado tan bien, de manera tan abrumadora, que de momento el duelo se ha planteado con la boca muy pequeña.

El último, Diego Armando Maradona?

Quizás la última comparación que le falta al astro argentino por superar sería la más grande y la imposible de dilucidar directamente: la de Diego Armando Maradona. De momento, Messi ya ha dado muestras más que suficientes de mayor calidad que el D10S argentino, con dos Champions e incluso un gol idéntico al que parecía irrepetible de Diego a Argentina, pero le falta triunfar en un Mundial para acabar definitivamente con esa leyenda. Hoy mismo, con lo mal que está Argentina, parece algo muy lejano, pero viendo la calidad y la facilidad con la que revienta las comparaciones ‘la pulga’, yo no lo diría demasiado alto.

 

 


YouTube Direkt

136 Comentarios

Pep, las cesiones y los canteranos

Miércoles, 2 Septiembre, 2009

Mucha gente ha mostrado últimamente su sorpresa ante la aparente contradicción que supone tener una plantilla tan corta y ceder a jugadores como Hleb, Henrique o Martín Cáceres. El último capítulo de este sorprendente proceso por parte de Pep Guardiola ha sido su ‘lucha’ por colocar a Eidur Gudjohnsen, que al final ha acabado recalando en el Mónaco y que, por cierto, ha dejado libre el número de mis amores (el 7) en la primera plantilla azulgrana. Cuáles son los motivos de este aparente sinsentido? Porqué parece el técnico estar tirándose piedras sobre su propio tejado? Es realmente tan corta la plantilla?

El Barcelona cuenta actualmente con 20 jugadores del primer equipo, de los cuales dos son porteros y Milito está lesionado y no parece contar a corto plazo para el cuerpo técnico. Esto nos deja un once y siete recambios, una cifra más que suficiente para afrontar una temporada, máximo cuando hay jugadores muy polivalentes que pueden actuar en dos y hasta tres posiciones. Hay quien esgrime la posibilidad de lesiones largas como posible factor de alto riesgo, pero a mi modo de entender es igualmente catastrófico que se lesione Messi con una plantilla de 18 jugadores, que con una de 25. También está en el aire la marcha de Touré y Keita a la Copa de África, pero no olvidemos que, por suerte, se produce en un mes, el de enero, en el que aún no ha arrancado la Champions y no hay una carga tan bestia de partidos decisivos. Aún así, es evidente que se corre un riesgo de cara a una temporada tan larga y con un nivel de exigencia tan alto en todos los frentes.

En una plantilla corta, todo el mundo se siente útil

La ventaja de una plantilla corta es que todo el mundo está tensionado y sabe que va a ser importante. Bojan, que el lunes jugó un gran partido ante el Sporting, sabe que sí o sí va a tener minutos este año, Pedro dispondrá de oportunidades de sobras y no juega tan presionado por hacer muchas cosas en poco tiempo. Y Busquets, que por cierto ha empezado la temporada ciertamente mal, tiene claro que por lo menos jugará tanto como la temporada pasada. Luego está el caso de los canteranos que suben desde el B o el juvenil y que también ven en el horizonte esta posibilidad seria de afianzarse en el primer equipo.

Cuando uno mira en perspectiva una temporada, se da cuenta que jugadores como Cáceres, Hleb o Gudjohnsen acababan jugando los partidos ‘embarcadas’ (los de Copa, Copa Catalunya o los más flojos en la Liga) o bien cuando no había más remedio por lesiones. Esto, en un jugador con prestigio, suele acabar provocando una enorme desmotivación, a menos que hablemos de casos raros, como el de Sylvinho. Simplificado: Gudjohnsen sabía que estaba de relleno y cuando jugaba lo hacía bastante desganado. Por contra, cuando Pep tire de Dos Santos, Thiago Alcántara (que personalmente me parece un crack en potencia) o Jeffren, éstos jugarán muchísimo más motivados. Ciertamente, les falta la experiencia de Guddy o no son tan buenos como Hleb, pero que es mejor, un jugador bueno motivado u otro muy bueno y en plan pasota? Yo lo tengo claro y creo que Guardiola, también.

Jeffren mejor que Pedrito? No creo…

Dicho esto, un último apunte ahora que está tan de moda hablar de la cantera azulgrana en términos positivos. Que hayan salido un hornada de buenos jugadores en los últimos años es una señal que se está trabajando bien, pero seamos realistas: ni antes eran todos malos, ni ahora todos son Messis en potencia. Ciertamente han cambiado cosas en Can Barça y ahora el canterano que destaca sabe que se confía en él y que es probable que disponga de opciones, pero ya detecto en muchos medios la tendencia a alabar desmesuradamente a cualquier canterano que se viste con la camiseta del Barça. Ayer, por ejemplo, Miguel Rico afirmaba en la contra del Mundo Deportivo que Jeffren es mejor que Pedrito. Discrepo radicalmente. De hecho, después de verlo muchos partidos la temporada pasada tengo la sensación que esta pretemporada ha rendido muy por encima de sus posibilidades. Tampoco hace falta irnos muy lejos para recordar el caso de Giovanni Dos Santos, que hizo un buen Gamper y muchos ya lo señalaron como el nuevo Messi. El Barça tiene buenos canteranos y jugadores prometedores, pero tampoco generalicemos, para lo bueno y para lo malo. Pedro es Pedro y con minutos y oportunidades puede ser un jugador valioso y dar un buen rendimiento, pero el que marca diferencias es Messi, o Iniesta, o Xavi, o Henry, o Ibra.

1,177 Comentarios

Tic tac, tic tac…

Domingo, 16 Agosto, 2009

Hace ya casi dos meses pedía calma y tranquilidad para los fichajes azulgrana y ahora, a unas horas del inicio de la competición sigo calmado, pero a la vez preocupado por un hecho muy simple: cuando aún no ha empezado la vorágine de partidos a los que se verá sometido el tricampeón esta temporada, Pep Guardiola ya tiene que empezar haciendo remiendos en su alineación. Mal asunto.

Cierto es que la conjunción de problemas físicos de Messi, Henry, Iniesta, Ibrahimovic y Márquez se debe mas a la mala suerte que a otra cosa y que tampoco vale la pena forzar para la Supercopa, pero no deja de ser un aviso de lo que puede pasar cuando avance la temporada y el equipo que vea inmerso en un carrusel de partidos y sometido a una lucha abierta en varios frentes.

Dicho esto, yo sigo apostando por la calma a la hora de fichar. Es mejor no traer a nadie que precipitarse y pagar 18 millones por Martín Cáceres, por poner un ejemplo. Para eso, mejor darle la alternativa a canteranos como Rueda, Fontàs o Muniesa o cederle más protagonismo a Pedro o Jeffren, quien por cierto me ha sorprendido mejorando muchísimo sus prestaciones con el primer equipo respecto a las de la temporada pasada en Segunda B.

Eso sí, a estas alturas nadie duda que el Barcelona va a necesitar como mínimo un central (o defensa, mejor si es un lateral derecho) más para afrontar con un mínimo de garantías la temporada y que debe ser uno que pueda actuar en la Champions, lo cual deja muy poco margen de tiempo. El problema, está claro, es que el mercado está disparado y que se piden burradas como 25 millones por Chygrynsky. Ahí no se puede entrar. En eso estoy de acuerdo con los servicios técnicos del Barça. En no hacer locuras. Lo que no entiendo es que se pierda tiempo y esfuerzos iendo a buscar a Cesc Fàbregas. Yo hace siglos que pido a este jugador y estoy convencido que acabará jugando en el FC Barcelona, pero pensar que Arséne Wénger lo va a vender en una temporada en la que se ha desprendido de jugadores como Adebayor es ser muy iluso. El ‘ataque’ si se tiene que hacer, debería haberse producido mucho antes.

Dicho lo dicho y viendo el panorama, estoy seguro que el Barça fichará a un defensa antes del 31 de agosto y falta por ver qué más traerá. Está claro que el equipo no tiene urgencias y que la médula está bien cubierta, pero tampoco debe dormirse en los laureles y de momento sólo ha cambiado cromos (Eto’o por Ibra y Sylvinho por Maxwell), ha cedido a Cáceres y encima ha perdido a un atacante como Hleb que ha tenido una temporada decepcionante, pero que podría haber aportado cosas en una temporada en la que habrá oportunidades para todos. El problema es que a medida que se acercan los finales de etapa (inicio de la Champions, inicio de la Liga, cierre del mercado…) las prisas se acentúan y ya se sabe que suelen ser malas consejeras, especialmente en tema de fichajes.

764 Comentarios

Periodo de indefinición

Miércoles, 28 Mayo, 2008

El Barcelona ha cerrado dos años en blanco en la peor de las situaciones posibles: instalado en la indefinición. Una situación que se extiende no sólo al ámbito deportivo, sinó también a la junta directiva, que deberá afrontar una moción de censura que podría paralizar al club durante tres meses. En el plano del primer equipo de fútbol, Josep Guardiola ha sido anunciado como entrenador, pero se supone que debe estar 100 por 100 concentrado en la promoción de ascenso al filial, que no acabará hasta dentro de tres semanas (si se elimina este fin de semana al Castillo en el Mini). Teniendo en cuenta el giro de la situación y que el técnico ya ha cumplido haciendo campeón del Grupo V de Tercera, no hubiera sido más lógico ‘apartarlo’ para que se centrara en el primer equipo y dejar el filial a su segundo, ‘Tito Vilanova’? Qué es más importante, subir al filial a Segunda B o edificar un primer equipo sólido y ganador para la temporada que viene? Por no mencionar el peligro que comportan las promociones y que sería fácil que Guardiola llegara al primer equipo habiendo sido incapaz de ascender a Segunda B.

La indefinición continúa con el perfil de fichajes que está haciendo o que parece buscar el club para el primer equipo. Hace un año se buscaban y se vendían ‘fantásticos’ y ahora se contratan jugadores de perfil ‘bajo’, más trabajadores que cracks. De entrada debo decir que no me parecen mal los fichajes de Keita y Piqué, aunque sí que me parece mal su precio. Pagar 14 millones por un jugador de 28 años por el que el Sevilla abonó cinco la temporada pasada me parece una tomadura de pelo, por no hablar de darle cinco millones al Manchester por un jugador salido de la cantera y que apenas ha jugado este año. Eso sí, tengo la intuición que Piqué tiene mucho margen de mejora y dará un buen rendimiento, siempre y cuando juegue de central. Ya veremos qué pasa con el de Mali y espero que me equivoque, pero yo personalmente hubiera fichado a Poulsen, cuya cláusula de rescisión era de 10 de millones de euros y puede jugar como medio centro o central. Es decir, uno que hace la faena de dos y a mitad de precio.

Equilibrio entre fuerza y técnica

Hace un tiempo expuse en un post algunos de los motivos de porqué los equipos ingleses se habían convertido en los grandes dominadores del panorama europeo cuando hace penas una década fracasaban estrepitosamente cuando salían de las islas. La idea era, básicamente, que la mayoría de equipos equilibraban perfectamente la dosis de fuerza física y calidad, sin primar ninguno de los dos aspectos. Jugadores como Frank Lampard, Steven Gerrard o Paul Scholes eran los máximos exponentes de este concepto, que tan claramente quedó reflejado en la final de la Champions entre Manchester y Chelsea. Una immensa batalla física entre jugadores que no rehuían el choque y que manejaban bien el balón.

Eso es exactamente lo que debería hacer ahora el FC Barcelona. Encontrar ese equilibrio entre el juego de toque y la fuerza física, sin perder de vista que en este club tradicionalmente se ha tenido el balón. Lo que está claro es que no se puede ir por Europa con un centro del campo formado por Iniestas, Silvas y Xavis, por mucha calidad que atesoren en los pies, porque luego viene un Mascherano, un Scholes o un Gerrard y te arrolla antes que tengas tiempo de mirar hacia ningún lado. Jugadores como Essien (pagaría lo que fuera por él), Lampard, Mascherano o Xabi Alonso serían fichajes excelentes en este sentido. Un vez buscado ese equilibrio en el centro del campo, encontrado uno o dos laterales con llegada (como Alves o Mancini) y asegurada la portería (Valdés), el Barcelona debería buscar tres cosas más. Un lanzador de faltas de primer nivel mundial (que para mi sin duda sería Diego del Werder Bremen), un delantero centro completo y con gol, pero también con técnica y un extremo vertical. Hleb (Arsenal) parece cerrado y es un jugador que me encanta, pero debería jugar aquí más pegado a la banda y arrancando desde atrás, estilo Giuly o Stoichkov, en su momento. Para la punta, Drogba es inmejorable pero mayor y necesitaría un proceso de adaptación. Por otro lado, Berbatov e Ibrahimovic son dos apuestas arriesgadas, puesto que poseen una calidad ilimitada que bien explotada les permitiría aspirar incluso al balón de oro, pero a la vez son jugadores apáticos, díscolos y a veces polémicos.

La teoría de fichar a jugadores que no hayan ganado muchas cosas y tengan hambre de títulos está muy bien y creo que ahora es la que necesita el club, pero cuidado que si no han ganado cosas es por algo y que se corre el peligro de hacer un equipo sin cracks y plagado de jugadores de perfil medio. Es cierto que en el Dream Team había muchos jugadores de este tipo, pero no nos olvidemos que quienes marcaban las diferencias eran Stoichkov, Romario, Laudrup o incluso Koeman.

425 Comentarios

La opción Josep Guardiola

Miércoles, 16 Abril, 2008

La indefinición de cara a tomar medidas para la temporada que viene de la junta directiva, que sigue esperando ‘el milagro de la Champions’ ha provocado lo que era de prever: que se vayan agotando todas las opciones disponibles cuanto a técnico y que uno de los que más sonaban, José Mourinho, esté ya trabajando para un Inter en el que seguramente la temporada que viene se reencontrará con Deco. De cara al FC Barcelona esto deja un escenario que es bastante fácil de dibujar: nadie se atreverá a echar a Frank Rijkaard si gana la Champions y, si hay que llegar a este extremo, el relevo consistirá en darle la alternativa a Josep Guardiola, actual entrenador del Barça B, tal como adelantó hace unos días TV3.

Hablar del de Santpedor implica el peligro de caer en la reacción fácil y acusarlo de no tener experiencia como entrenador y menospreciarlo por ser catalán y ‘de pueblo’, pero de entrada son dos razones que no lo invalidan para dirigir al primer equipo azulgrana. Frank Rijkaard tampoco había ganado nada cuando se hizo cargo del equipo en el 2003 y luego se reveló como un técnico excelente. Su único bagaje era haber sido una gran estrella como futbolista a nivel mundial y el prestigio y la experiencia que esto comporta. Sin llegar a sus extremos, Guardiola también goza de este prestigio en el mundo del fútbol europeo, tiene el respeto de la gran masa de aficionados azulgranas (aunque también había muchos críticos hacia su manera de ser y jugar), conoce hasta el cuartito del material del Nou Camp y, por su condición de catalán, canterano y capitán del Dream Team puede considerarse como un símbolo del club.

Como Frank Rijkaard, Guardiola tiene un carácter más bien pausado, reflexivo y es una persona inteligente, que suele leer algo más que periódicos deportivos, y que encaja con el perfil de entrenador que quiere Joan Laporta para el primer equipo del FC Barcelona. Se ha empezado a foguear esta temporada como entrenador con una perita en dulce, un Barça B que está muy por encima del resto de sus rivales en Tercera División, con permiso de un Sant Andreu al que le disputa el liderato. Las características de este grupo han hecho que esta temporada el filial no haya tenido en ningún momento la presión por entrar en las eliminatorias de ascenso, ya que estos dos equipos y el Reus se han escapado desde el primer momento en la tabla. La única presión real llegará en el momento de afrontar dichas eliminatorias, dentro de un mes, puesto que cualquier error le deja fuera y sin ascenso. Veremos cómo reacciona el técnico.

De momento, Josep Guardiola ha convertido a su equipo en un calco del de Frank Rijkaard, para lo bueno y para lo malo. Los azulgrana se han mostrado intratables en el Mini, donde los espacios y la calidad de sus jugadores le han permitido ganar 16 partidos y empatar uno. Sin embargo, fuera de casa el bagaje es muy pobre: cinco victorias, seis empates y cinco derrotas en campos con rivales agresivos, mucho público y en los que los jóvenes y talentosos jugadores azulgrana muchas veces se han arrugado. Como el primer equipo, el B ha marcado bastantes goles (60 en 33 partidos), pero ha encajado muchísimos (36 en 33 partidos), sólo uno menos que un Balaguer, por ejemplo, que está rozando la zona de descenso. La fragilidad en las jugadas a balón parado y la irregularidad de Oier bajo palos han sido claves en este sentido. También hay que reconocer que el técnico ha afinado mucho este problema en los últimos encuentros, ya que en los últimos seis partidos, el filial ha acabado cinco veces con la portería a cero. Curiosamente, también está marcando menos goles.

Un probable cambio táctico hace el modelo del ‘Dream Team’

Tácticamente, Guardiola se ha visto obligado a supeditar su juego al 4-3-3 que utiliza el primer equipo, pero le ha introducido variantes interesantes y más propias del Dream Team, como el buscar la polivalencia de sus jugadores. Esta temporada ha sido frecuente ver a extremos jugando en el centro del campo, centrales como pivotes (y viceversa) y interiores como laterales ofensivos. Dentro de sus aportaciones positivas hay de la tratar de hacer piña y premiar a la plantilla con una comida cada vez que logra un número determinado de victorias consecutivas o la de no temblarle el pulso a la hora de prescindir de jugadores que, como Marc Valiente, se rebelaron al principio de temporada por no querer jugar en Tercera División.

En resúmen, a mi Josep Guardiola no me parecería de entrada una mala solución para el primer equipo: es de la casa, tiene presitigio futbolístico como jugador y ha tenido un año para poder experimentar y jugar sin mucha presión. Me parece una persona inteligente, cultivada y que supongo que sabría adaptarse con flexibilidad al trago que supone verse sometido a la primera línea mediática que comporta el banquillo del FC Barcelona. Ahora bién, decantarse por él supone una línea demasiado continuista con Frank Rijkaard y creo que el Barcelona ahora mismo necesita un cambio, un nuevo modelo, sin llegar a extremos opuestos como el de Rafa Benítez, por citar alguno. Supongo que el cambio de Guardiola vendría dado por un giro hacia el sistema de juego y la disposición sobre el campo del Dream Team, la que él vivió más de cerca y que por supuesto contaría con un beneplácito de Johan Cruyff que parece imprescindible para cualquier decisión que se toma hoy en día en Can Barça. De cara a la directiva, su elección se puede presentar como un cambio y el prestigio del de Santpedor les dará un respiro de unos meses, hasta ver si la cosa va por buen o mal camino. Su condición de entrenador de perfil bajo, en comparación con Mourinho, por ejemplo, también les daría mayor margen a la hora de tratar con exigencias a nivel de fichajes. En definitiva un decisión muy de acuerdo con el seny catalán, menos arriesgada que la de Mourinho o Benítez, pero quizás menos efectiva de lo que requiere actualmente el primer equipo.

1,069 Comentarios

Sobre el compromiso

Martes, 1 Abril, 2008

Una de las palabras que más ha sonado en los últimos días en Can Barça y que se viene escuchando durante mucho tiempo en el fútbol español es compromiso. La Real Academia Española de la Lengua lo define en su primera acepción como obligación contraída, pero supongo que si hacemos una encuesta a nuestro entorno cercano sobre qué es el compromiso en el deporte obtendremos una cantidad de respuestas muy dispar. Para algunos el compromiso es dejarse la piel en el campo, para otros, rendir de manera acorde con el sueldo que se cobre, hay quien pide que el jugador sienta los colores y algunos se conforman con que se vayan apenados a sus casas después de una derrota.

El compromiso ha ido adquiriendo importancia en el vocabulario futbolístico a medida que crecía también su potencial económico. Leyes como la sentencia Bosman provocaron un verdadero cataclismo en la forma de entender y componer las plantillas de los clubes. Ya no eran cuatros extranjeros y jugadores del país, sino que se podía llegar a casos extremos como el del Arsenal, que lleva algunas temporadas jugando determinados partidos sin un sólo jugador de las islas y con un técnico francés en el banquillo. La libre circulación de jugadores y el dinero que suelen mover colateralmente los traspasos han propiciado contínuos cambios de camisetas y casos como los de Cristian Vieri, que ha jugado en 13 clubes a lo largo de su carrera. Todo esto provoca que muchos jugadores entiendan los clubes como una mera estación de tren, en la que se bajan un momento para proseguir su viaje más adelante, sin preocuparse lo más mínimo por la historia, las costumbres o el día a día de la ciudad en la que se ha apeado.

La falta de compromiso no es nueva, siempre ha habido jugadores poco comprometidos o que no han tenido el más mínimo pudor en canviar la camiseta de un club por la de su eterno rival. Uno de los casos más extremos fue el de Bernd Schuster, actual entrenador del Real Madrid, en la final de la Copa de Europa de 1986 en Sevilla. Con 0-0 en el marcador Terry Venables, con el que estaba enfrentado, le cambió y el jugador se marchó del estadio hacia el hotel. Cuentan que un taxista le recogió y le dijo: “Pero, si tu eres Bernd Schuster y tu equipo está jugando!” y el alemán respondió que le deba igual lo que pasara, puesto que su técnico le había cambiado porque no quería ganar la Copa de Europa con él en el campo.

Implicar a los extranjeros es complicado

No es justo pensar que todos los extranjeros son jugadores poco comprometidos con sus clubes. Hay casos en los que éstos jugadores se han convertido en historia viva de una entidad, como Thierry Henry en el Arsenal, Marco Van Basten en el Milan o Hugo Sánchez en el Real Madrid, poniendo un ejemplo más cercano, pero también es evidente que les cuesta más empaparse de la filosofía de una entidad por varios motivos, como el idioma. Muchos, además, viven completamente aislados de su entorno, pasando únicamente del campo de entreno a su finca privada, y carecen de la sensibilidad o el interés necesario para interesarse por la cultura local, el sentir de los aficionados o incluso la historia del club.

Hay un segundo grupo de jugadores, los criados en el mismo país, que tampoco son inmunes a la falta de compromiso, pero que por lo menos conocen aspectos básicos, como la historia de ese club, la manera de sentir de su afición, su importancia a nivel estatal y, si tienen algo de cultura, incluso puede que conozcan las costumbres de la región. Muy significatives son los casos de jugadores del primer ‘Dream Team’, como Bakero, Txiki, Julio Salinas o Eusebio, que no sólo se integraron perfectamente en la cultura catalana, sino que muchos han fijado aquí su residencia e incluso hablan el catalán. Son futbolistas que saben que si quieren jugar en España y no cambiar de país, vestir la camiseta del Barcelona, del Valencia o del Real Madrid es prácticamente lo más alto a lo que pueden aspirar, y que por tanto se preocupan algo más por el club que les emplea.

La tercera tipología de jugador es el canterano, una figura que despierta críticas tan enconadas como defensas encendidas y susceptibles de mucho debates demagógicos. Intentando no entrar en este campo, resulta obvio que estos jugadores que han nacido (Bojan, Xavi…) o se han criado (Iniesta, Messi…) en el club conocen a fondo su idiosincrasia, sus costumbres, sus problemas… Muchos han llorado por una derrota o celebrado una victoria de su club con los amigos cuando eran pequeños y no conciben el fútbol con otra camiseta. Su implicación suele ser máxima, porque saben que el futuro del club está íntimamente ligado al suyo.

Llegados a este punto, qué es para mi compromiso? Anteponer las necesidades y el bién del equipo al propio y entender las victorias y derrotas como propias. Cuando un jugador se desconecta del equipo o busca su propio bién por encima del colectivo, entonces no está comprometido. Cuando un jugador no asume una derrota como propia, entonces no está comprometido. Cuando Milito o Touré juegan, pese a que tienen molestias físicas, demuestran estar comprometidos. Cuando Ronaldinho sólo ha jugado siete partidos completos de los 29 de Liga esta temporada, casi siempre por molestias musculares, demuestra no estar comprometido con el equipo.

Por todo lo antes expuesto, es por lo que me encantaría que fichara Cesc Fábregas por el Barça o por lo que no tengo ninguna duda a la hora de elegir entre Bojan y Giovanni. Es más, entre Bojan y Henry me quedo con Bojan, aunque el francés ahora mismo tenga mucha más calidad. No se trata de hacer jugar sí o sí a los canteranos, sino de aplicar una ecuación de “a igual o un poco menos de calidad, uno de casa“. Todo ello sin renunciar a la voluntad de fichar a los mejores extranjeros del mundo, a los más determinantes, pero buscando más un perfil Milito o Touré que otros más endiosados, que sólo piensan en sus coches, sus cuentas corrientes y en la salidas nocturnas y en su ropa de marca.

1,918 Comentarios

Joan Laporta, náufrago sin rumbo?

Miércoles, 26 Marzo, 2008

El viernes santo, unas horas después de la eliminación del Barça en Valencia, llegué al final de Las Benévolas uno de los libros más inquietantes que he leído en mi vida. A lo largo de más de 1200 páginas y a través de la vida de Maximilien Aue, un oficial que va haciendo carrera en las SS alemanas, Jonathan Littell narra el proceso que llevó a una nación como Alemania a dominar medio mundo para posteriormente ser arrasada por sus enemigos en el capítulo más sórdido de la historia de la humanidad. Crueldades y abominaciones a parte, la novela es hechizadora por los muchos retos morales que plantea y por su exhausta documentación, que demuestra que el vasto imperio nazi acabó cayendo tanto por la presión de los aliados como por su prepotencia, corrupción y errores infantiles. La última parte de la novela, pese a algún hilo suelto como la presencia de dos policías que buscan absurdamente al protagonista, resulta chocante por la destrucción, la decadencia de Berlín y de los principales personajes del tercer Reich, años antes tratados como semidioses por sus propios conciudadanos.

Probablemente influído por una novela que me ha marcado bastante, cuando vi a Joan Laporta el jueves, dando una rueda de prensa con la barba mal afeitada, diciendo que había visto rasgos de equipo campeón en el Barça tuve un flash. Era la misma imagen que había visto a través de los interminables párrafos de Littell, de decadencia, de humanidad mal llevada de quién hasta hace poco parecía tocado por una varita mágica y todo lo hacía bién y de repente veía impotente como el poderoso imperio que había forjado se despedazaba ante sus ojos.

Vaya por delante que ni por asomo quiero comparar a Joan Laporta con un dictador y a un asesino de esta calaña. Es más, yo no lo voté en el 2003 porque aún no era socio, pero no tengo ningún incoveniente en admitir que lo habría votado. Su llegada, además, me pareció una de las cosas más positivas de la historia del club, puesto que aterrizó en Can Barça en un momento en el que era preciso modernizar su estructura, su manera de hacer. Durante sus primeros años de gestión sacó al club del pozo en el que lo había sumido Joan Gaspart a nivel económico y también deportivo, ayudado en una gran medida por Sandro Rosell. El ‘ratio’ de acierto de ambos en los fichajes fue altísimo. El Barcelona de las ideas, de los partidos a medianoche, del powerpoint, de los directivos educados que hablaban bien y lucían mejor fue ganando partidos y títulos, hasta coronarse como el mejor de Europa una noche de mayo del 2006.

Se hablaba, aun os acordaréis, que nunca más se renovaría a jugadores por una chilena en el último partido de Liga, que no se pagarían comisiones a representantes chusqueros, que no se doblegarían ante los caprichos de unos cracks que cobrarían en función de variables, rendimiento y títulos… El discurso era humilde, había buen rollo con la plantilla y en la grada, las voces críticas, siempre presentes en este club, se reducían a la mínima expresión. El barcelonismo vivía, en definitiva, una especie de comunión en todos los sentidos que muy pocas veces se ha dado en la historia del club.

Pero entonces se fue Sandro Rosell y con él, Juanjo Castillo, amigo íntimo de jugadores de la plantilla como Deco o Ronaldinho. La prensa destapó el pasado de Alejandro Echevarría, que también gozaba de muy buena prensa por parte de una plantilla que le llamaba ‘el conseguidor’, y Joan Laporta no tuvo más remedio que prescindir de sus servicios. Medidas de puertas para adentro, que acabaron afectando al club de puertas para afuera, aunque muy a largo plazo. Y mientras este malestar no salía a la superficie, los títulos tapaban la horrible gestión a nivel de fútbol base (con descenso del B a Tercera), la desgracia del equipo de básket, la caída de la sección de balonmano… Mala gestión en algunos casos que no obtuvo la respuesta contundente y acertada por parte del presidente, al que muchos acusaron ya entonces de centrarse más en codearse con la alta sociedad catalana y de posicionarse políticamente de cara al final de su mandato en el club que en sus problemas mas acuciantes.

Porque, en apariencia, el Barcelona seguía en la cúspide del fútbol europeo y continuaba teniendo a un elenco de cracks imbatibles… en la Playstation. A nivel de títulos, el 2007 ya se cerró en blanco y Joan Laporta continuó con su línea de los últimos meses, la de cerrar los ojos y no querer actuar ante los problemas, los males reales del equipo, su falta de carácter, los desmadres nocturnos, la galactización de determinados cracks, la falta de jerarquía en el vestuario…

La lamentable idea de primar a la plantilla ante el Valencia

Y así, en esta dinámica decadente, se entró en la presente temporada, en la que se ha vivido lo que para mi es el punto más decepcionante de estos últimos años como aficionado del FC Barcelona: ver como Joan Laporta sólo atinaba a ofrecer una prima económica a los jugadores para eliminar al Valencia. A algunos le pareció una mera anécdota, pero para mi fue toda una revelación. Aquél presidente que parecía ir siempre un paso por delante nuestro, con una hoja de ruta marcada e inalterable por los resultados, no tenía otra salida al desmadre generalizado de la primera plantilla que tentarla con más dinero.

Recuerdo que cuando llegó Laporta se habló de cobrar una parte de la ficha en fijo y otra en variable según los títulos, una fórmula del todo lógica y coherente, pero que ya entonces me pareció inasumible si se quería tentar o retener a los mejores cracks del fútbol mundial. El tiempo dio la razón a mis peores presagios, pero nadie dijo nada porque la plantilla era de campanillas. Ahora bien, llegar a este punto de desmadre casi generalizado y tomar como única solución la de ofrecer más dinero me pareció de una simpleza impropia de una persona que considero inteligente como Joan Laporta. Es como el presidente de un país chusquero y subdesarrollado en el que el pueblo se queja que tiene hambre y, en lugar de iniciar una reforma valiente y decidida a largo plazo de la economía, sale a la calle y reparte unos cuantos billetes entre el pueblo. La medida, además, me pareció la de alguien desesperado, que se ha dejado llevar por la corriente en su balsa tomando el sol, bebiendo caipirinhas y comiendo plátanos, y de repente se da cuenta que está perdido en alta mar y no tiene ni la más remota idea de cómo volver a aguas seguras.

Eso es lo que realmente me preocupa. Hasta ahora siempre he pensado que Joan Laporta tenía una hoja de ruta muy clara y sabía exactamente cuáles eran los males del Barça y actuaba en consecuencia. Pero empiezo a dudarlo seriamente y a pensar que realmente, tuvo un golpe de suerte en la formación de un gran equipo y en el fichaje de un entrenador idóneo para el club y que luego se ha limitado a saborear sus mieles y sus réditos, sin aplicar medidas necesarias y a veces impopulares para que la maquinaria continuara funcionando. Siempre he dicho que lo peor no es cometer un error, sino no aprender de uno que ya has cometido previamente. Habrá aprendido la junta de lo que pasó la temporada pasada y actuará en consecuencia cuando acabe la presente? O se dejará llevar por los títulos que esperemos que consiga el club y hará otra operación de maquillaje?

711 Comentarios

Yo sí entiendo los pitos a Giovanni

Jueves, 24 Enero, 2008

Desde el lunes se ha podido ver en toda la prensa deportiva una unanimidad total a la hora de condenar los pitos a Giovanni Dos Santos en el partido ante el Rácing de Santander. Supongo que es lo qe queda bién de puertas para afuera, pero no estoy nada de acuerdo con esta lectura. Vaya por delante que soy de los que nunca pitan al equipo en el Camp Nou porque creo que es una cosa que nunca suma, sinó que resta, pero también debo reconocer que algún reniego se me ha escapado y que entiendo que determinada gente se desahogue pitando a algún jugador.

En primer lugar debo decir que la afición del Barça no es tonta, para nada. Los medios muchas veces se creen capaces de manipular el entorno con campañas a favor o en contra de un determinado jugador, pero la gente que va al campo tiene su propia opinión y no es tan fácilmente influenciable. Lo vimos hace poco, en plena dilapidación de Ronaldinho, cuando la grada se hartó de corear su nombre, o más recientemente con Deco. Puede que los aficionados azulgrana sean (seamos) fríos, analíticos o poco dados al ánimo gratuito, pero no son (somos) tontos ni, normalmente, injustos con nadie.

No estoy de acuerdo con la afirmación que no se debe pitar a un jugador por el hecho que sólo tiene 18 años. También por eso es tratado con mucho más mimo y se le permite mucho más que a los demás. Esto no implica que un futbolista pueda hacer absolutamente lo que le venga en gana y buscar, descaradamente, su lucimiento personal por encima del colectivo. Tengo que recordar, porque yo estaba allí, que no hubo ensañamiento con Giovanni, que no se le pitó desde el primer minuto y que no se castigaron sus fallos, sinó su reiterado egoísmo en acciones en las que tenía a compañeros mucho mejor situados y buscó la individual. Siempre he defendido que los jugadores que tienen uno contra uno, deben probarlo aunque a veces eso implique fallar más que los demás, pero todos los que entienden un poquito de futbol saben que no puedes jugártela sistemáticamente y la diferencia que hay entre un desborde para crear superioridad para el equipo y un regate o un disparo para el lucimiento personal.

Giovanni Dos Santos es un caso extraño. Estrella en las categorías inferiores, pasó sin pena ni gloria por el Barça B con el que, no debemos olvidarlo, acabó bajando a Tercera División. Como este año no podía jugar en esta categoría y no quería ir cedido, su entorno apretó para que ingresara en el primer equipo. Su buenísima pretemporada y un Gamper ante el Inter de Milán en el que se salió hicieron saltar todas las comparaciones con Leo Messi, pero creo sinceramente que todo aquello le ha perjudicado seriamente. Tampoco le ha ido nada bién el cambio de representante, ya que ahora sus asuntos los lleva Pina Zahavi, un magnate israelí empeñado en llevárselo a Inglaterra. Haced repaso y veréis que en pocos meses su nombre se ha vinculado al Manchester United y, especialmente, al Chelsea, entrenado por Avram Grant que es de nacionalidad… israelí. Bingo! Yo no tengo la certeza de qué busca exactamente Giovanni y su entorno, pero lo intuyo. Lo que está claro es que su rendimiento está yendo claramente más a menos en los últimos meses imbuido en un egoísmo evidente. No digo que Giovanni sea un mal jugador ni que no pueda llegar a serlo, ya que tiene características interesantes como el desborde y, sobretodo, la capacidad de desmarque vertical, pero creo que coincidiréis conmigo en el hecho que está tan empeñado en hacer la jugada del siglo en cada balón que toca que está perdiendo incluso la capacidad de hacer lo sencillo: dar un pase a un compañero y desmarcarse.